jueves, 15 de noviembre de 2018

Ferrán Adriá viene a Lugo a enseñar ''gestión''



Que Ferrán Adriá venga a Lugo a dar lecciones de gestión de restaurantes tiene su guasa, sobre todo cuando cerró el suyo alegando “descanso creativo” después de reconocer que perdía medio millón de euros al año. Dijo que cerraba durante dos años en 2011, es decir, hace siete.

Si hubieran enfocado la charla como un tema de “cocina creativa” pues vale, eso tiene su público, y estamos en un momento en que cada cual hace lo que le viene en gana y lo vende mejor o peor, que es su derecho igual que el del consumidor de pagar fortunas por platos que valoran con mayor o menor acierto. Allá cada cual.

Pero no, la charla es sobre gestión, y hasta ha sacado un libro el tío con consejos para llevar un negocio. Insisto, el que lo cerró perdiendo medio millón de euros al año. En cualquier caso estoy seguro de que habrá público porque cuando viene alguien que sale en la tele es un éxito asegurado.

Viene a Lugo, la ciudad donde los restaurantes duran décadas si lo hacen mínimamente bien, a explicarnos cómo “gestionar”. Si la charla la diera la familia que regenta el Campos, que llevan ahí casi setenta años, o Alberto, que empezó con su restaurante hace 43, o Ramiro de La Palloza, que a base de duro trabajo y buena profesión montó un imperio de la nada, pues aún podría tener interés. Hasta, para evitar que se entienda como publicidad, podrían llamar a José Luis Puga, que acaba de jubilase tras 33 años rigiendo el Anda o a mi madre, que desde el día en que nació hasta su jubilación hace poco tiempo vivió en y para el Verruga durante 65 años. Eso sí es gestión, señores míos.

Hoy día los cocineros famosos parecen estrellas del rock, cosa que me parece muy bien, al menos para ellos. Sin embargo es una pena que las cuentas no salgan, quizá porque basan sus montajes en imagen y no en fondo.

Sergi Arola, otro de los fetiches de las estrellas Michelín (distinción que no premia la buena cocina, sino determinado tipo de cocina, que no es lo mismo) echó el candado dejando unas deudas de siete millones de euros, que yo hay días que no los gano.

Por supuesto, para mayor fantasía, son ya conocidas las inmensas fortunas destinadas a “promoción culinaria” que de nuestro dinero se destina a este tipo de cosas, y la subvención de siete millones de euros (casualmente los mismos que dejó a deber Arola) recibidos en 2009 por el “Basque Culinary Center Fundazioa” que, según ellos, era para estimular la economía y el empleo. Pues ya ven.

Pues nada, todos a ver a Adriá y que nos explique cómo puedes arruinarte y aún así dar lecciones a los demás de cómo gestionar tu restaurante. Ojalá haya turno de preguntas.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

De Lugo a Budapest: una micro guía práctica



Cuanto más se viaja más difícil es llegar a un sitio nuevo y sentirse impresionado. No es que yo sea Phileas Fogg, pero no me puedo quejar y he estado por ahí en unos cuantos sitios, así que cuando nos surgió la posibilidad de ir a Budapest con la excusa de visitar a una sobrina que estaba de Erasmus en Bratislava decidimos ir pero siendo sincero no pensé que la cosa fuera a resultar demasiado llamativa. Me equivocaba.

Budapest es una ciudad imperial en el amplio sentido de la palabra. Espacios enormes, dimensiones gigantescas, edificios asombrosos, rincones encantadores, detalles cuidados y un Danubio que además de separar Buda de Pest organiza la ciudad convirtiéndose en una especie de espina dorsal salpicada de puentes.

Este artículo es para echarles una mano por si ustedes están pensando en acercarse por allí, ahora que vienen el Puente de Diciembre y las fiestas navideñas caen muy bien para hacer una escapada. No es una guía de viaje al uso, simplemente les voy a dar una serie de puntos a tener en cuenta que tal vez sean totalmente subjetivos e incluso aleatorios pero que creo que les pueden ayudar a hacer más fácil su visita.

Vamos por partes, como Jack el Destripador.


1.- Llegar a Budapest:

Lo más normal desde España es ir en avión, claro está. Nosotros tuvimos que ir a Madrid a coger un vuelo de Ryanair porque las otras opciones eran carísimas. Los dos billetes de ida nos costaron 212 euros (es decir 106 por persona) y la vuelta algo menos pero como regresamos desde Bratislava no hace regla.

Aunque para ir a Madrid seguramente ustedes ya sabrán qué hacer, decidimos llevar el coche y dejarlo en el parking de larga estancia, porque los seis días que estuvimos ausentes nos costaron menos de 40 euros, así que sale más caro (y es más incómodo por los tiempos) ir en metro a Barajas si van dos personas. El parking de larga estancia está unido por un pequeño autobús gratuito que pasa cada quince minutos y que te acerca a la terminal en muy poco tiempo así que con llegar con media hora de antelación para resolver eso es más que suficiente. Si viajan sin maleta de facturar como era nuestro caso, una hora en el aeropuerto llega para pasar el control y llegar a la puerta de embarque.

Una vez llegas a Budapest para llegar a la ciudad desde el aeropuerto lo más sencillo es coger el autobús 100E, que es directo y en el centro tiene tres paradas. Nosotros nos bajamos en la última que era la más cercana a nuestro apartamento. También hay páginas especializadas en transfers desde los aeropuertos de todo el mundo hasta su destino (puerta a puerta, muy cómodo) que les recomiendo buscar en Google antes de tomar una decisión.


2.- El idioma y la moneda:

El húngaro me resultó totalmente incomprensible. Todo haches, jotas, vocales con diéresis y tildes de un lado y de otro… no fui capaz de encontrar raíces comunes con idiomas conocidos e incluso me resultó más difícil de entender que el alemán o el griego, y eso que este último tiene un alfabeto propio. Lleven instalado en el móvil el traductor de Google, que les va a sacar de más de un apuro, eso seguro.

Cuando escribí esto, a mediados de 2018, Hungría seguía sin estar en el euro así que la moneda era el florín húngaro. Cometimos la estupidez de cambiar dinero en España antes de viajar, cosa que en otras ocasiones nos funcionó muy bien, pero entre el cambio a favor del banco y la comisión, por 40.000 florines nos cobraron 156 euros, así que el cambio era de 256 florines por euro. En la propia Budapest, en las oficinas de cambio más rácanas, te daban 300 florines, así que no les recomiendo que hagan la misma tontería que nosotros. En alguna oficina cercana a la estación de tren llegaban a los 310 florines por euro.

Los billetes húngaros. Por un euro te dan sobre 300 florines.
También es habitual que las tiendas de todo tipo acepten euros. Encontrarán que muchas veces los precios los ponen en ambas monedas, pero fíjense en el cambio que les hacen porque muchas aplican el de un euro 300 florines pero otras bajan hasta los 250 así que no se fíen a las bravas. Budapest no es una ciudad cara, pero hay que andarse con ojo. En una terraza te pueden cobrar solamente 400 florines por una tónica (un euro y poco) y en otra nos cobraron 2000 florines por un zumo de naranja. Miren bien los precios y luego decidan.

Mi recomendación es no cambiar demasiado dinero. Casi todo se puede pagar con tarjeta (incluso gastos pequeños como las máquinas de billetes de bus urbano) y el cambio es más ventajoso. A mí me pasó algo sorprendente y es que con una tarjeta Mastercard normal y corriente me cobraban una pequeña comisión por el cambio de moneda y con la prepago no, saliendo el cambio a 312 florines por euro.


3.- Dónde alojarse:

Bueno, aquí cada bolsillo tiene sus posibilidades. Nosotros tenemos la costumbre de alojarnos en lugares modestos (es lo que se puede pagar) pero muy céntricos. Nuestros únicos requisitos son tener baño propio (lo de compartirlo no me convence) y buena ubicación. En este caso fuimos a un estudio ubicado en el número 12 de la calle Mérleg (calle en húngaro es “utca”), un lugar fantástico entre el Puente de las Cadenas y la Basílica de San Esteban, pleno centro y con todo a mano. Baste decir que compartíamos zona con el Hotel Four Seasons cuyo aparcamiento estaba lleno de Bentley, Ferrari y otros coches de altísima gama. Dudo que esa gente se vaya a zonas malas.

Mi recomendación en todo caso es alojarse en la zona de Pest. Buda es donde están los grandes palacios, en Pest por su parte se ubica el Parlamento… y la zona “centro-moderno” de la ciudad. Hay varios puentes que unen ambas orillas, pero el Danubio es muy ancho en esa zona y se tarda en cruzar. La zona entre el Puente de las Cadenas, San Esteban y el puente Elisabeth (Erzsébet) es donde yo les recomiendo quedarse.

Más o menos esa es la zona en que yo recomiendo alojarse


4.- Qué visitar:

Ahí sí que me voy a parar poco tiempo porque verán innumerables guías de viaje de la zona. Les diré que a mí lo que más me gustó es subir al Palacio y a la Iglesia de San Matías, desde donde hay un espectacular panorama en el Bastión de los Pescadores. Es una zona porticada y en la parte cubierta hay restaurantes y bares desde los que se ve toda la orilla de Pest y la impresionante construcción del Parlamento. Como es una zona muy alta se ve mucho más que al revés.

Por lo demás los sitios recomendables son los que verán en cualquier página: el mercado, los balnearios, los ya mencionados palacio de Buda, San Matías, bastión de los pescadores, parlamento…


5.- Cómo moverse:

Las distancias en Budapest son grandes. Es una ciudad extensa y llegar de un sitio a otro lleva mucho tiempo si se va andando. No lo recomiendo porque cansa.

El transporte público en Budapest es maravilloso. El tranvía y los autobuses circulan cada poco tiempo y la ayuda del móvil con Google maps te dice cómo ir de un sitio a otro sin liarte demasiado. El billete (vale para cualquier transporte público) cuesta solo 350 florines y si coges el bono de diez sale cada viaje a 300 florines, un euro aproximadamente. Hay tarjetas tipo “Budapest Card” que no cogimos pero les recomiendo echarle un vistazo porque puede salir bien si van varios días. El metro no lo llegamos a usar, aunque es de los más antiguos del mundo y no tiene mala pinta.

Nosotros optamos por el servicio público de bicicletas. Una maravilla. Es un regalo, por tres días nos cobraron 1000 florines (tres euros y unos céntimos) pero no lo entiendan mal que veo que hay confusión con eso: no alquilas una bicicleta para tres días sino que te das de alta en el sistema para 72 horas. He visto quejas de gente a la que le metían sablazos de miles de florines, pero es porque entendieron mal la filosofía del sistema. No está pensado, insisto, para quedarte la bici sino para dejarla en su sitio al terminar su uso puntual. No es un sistema de turismo en bici sino de transporte urbano.

Les explico cómo va: te puedes dar de alta en varias máquinas que tienen pantalla táctil, pero nosotros no lo hicimos. Nos bajamos la aplicación “MOL Bubi” (el logo es rojo y blanco, y se ve una especie de bici y debajo pone bubi, de BUdapest BIci) y nos dimos de alta allí. Comodísimo. Tienes que dar una tarjeta bancaria y te retienen inicialmente 25.000 florines como depósito para cada bici. Una vez terminado el plazo del bono te devuelven lo no gastado.

Eliges tu bici, enfocas con el móvil a un código QR, y es tuya.
Nosotros cogimos el bono de72 horas, que como les decía eran 1000 florines cada uno. Nos retuvieron los 25.000 florines de rigor y en el saldo disponible aparecían 24.000, lógicamente, porque ya te restan esos 1.000.

La aplicación te permite usar un escáner de códigos QR, y cada bici tiene el suyo. Enfocas el código, te pone que la bici está disponible y confirmas que la quieres… y listo. El sistema a distancia desbloquea automáticamente la bici y ya puedes llevártela (hay que cogerle el tranquillo porque tienes que tirar hacia atrás y un pelín hacia arriba). Cuando la quieres dejar la metes en cualquier base de cualquier sitio y se oyen dos pitidos que indican que la has devuelto correctamente. Si quieres comprobarlo abriendo la aplicación en tiempo real te pone la devolución. Funciona muy bien.

Las bases del centro.
Las grises son las que no tienen bici
Ya ven que son pocas.
Ahora viene lo bueno: el uso de la bicicleta por periodos de menos de 30 minutos es GRATUITO. No está pensado para quedarte la bici 72 horas sino para hacer trayectos cortos de base a base. Media hora en bici da para mucho así que si quieres ir a cualquier sitio te coges la bici en una base cercana (las hay a patadas) y la dejas en el destino. La propia APP tiene un mapa con geolocalización y puedes ver la base más cercana y cuántas bicis tiene disponibles. Si no tiene ninguna sale en gris pero es poco habitual. El único sitio donde no hay bases es en la zona alta de Buda, donde el Palacio y San Matías. Tiene lógica porque si hubiera todos subirían en autobús y bajarían en bici, así que se pasarían el día remolcando bicicletas cuesta arriba y no compensa.

Pero a lo que iba. Si ves que te entretienes y que no llegas a donde quieres ir y se te pasa la media hora no tienes más que devolver la bicicleta a una base y cogerla otra vez. Se reinicia el plazo. Es un sistema estupendo, similar al que habíamos visto en ciudades como Amberes.

Las calles son anchas y hay carriles bici en muchas pintados en naranja. También hay señales que te permiten ir por dirección prohibida si te pegas a la derecha de la calzada (esto lo había visto también en Florencia) e incluso semáforos propios para la bici.

Un gran sistema con un único inconveniente: las bicicletas pesan un pelín de más, pero nadie es perfecto.

Pues eso...

Con estas nociones pueden ustedes defenderse en Budapest. No me voy a meter a comentarles mucho más, porque como les decía hay muchas guías de viaje con el “qué ver”. Solo decirles que si van con frío se acerquen al Balneario de Széchenyi porque lo de bañarse en agua caliente al al aire libre cuando se está a pocos grados es una sensación maravillosa. También le recomiendo que, si van con días, se planteen ir a dar un paseo en el Tren de los niños, que está a las afueras (media hora de bus o tranvía para ir y otro tanto para volver), y hagan el recorrido, que es agradable: Cruzas un parque en un tren gestionado por niños que, sorprendentemente, son muy profesionales en su labor.

Si tienen dudas, pregúntenme… y si puedo les digo.

martes, 13 de noviembre de 2018

No, la cafetería de la vieja cárcel no es un chollo

La cafetería de la vieja cárcel disfruta de unas vistas envidiables. Pero con eso no llega.
Publicaba recientemente La Voz de Galicia que “fuentes municipales” veían incomprensible que nadie se quiera hacer cargo de la cafetería de la vieja cárcel porque consideran una “bicoca” la licitación. Muy poco sabe esta gente de hostelería, porque reducen todo a que el precio es un supuesto chollo.

2.000 euros mensuales de alquiler es lo que tendrá que pagar el adjudicatario, y siendo sinceros es posible que fuera un importe asumible (no un chollo, pero razonable) teniendo en cuenta que se supone que la luz y el gas corren por cuenta de la administración, aunque curiosamente no el agua, que ha de dar de alta y mantener el adjudicatario, cosa que no se comprende muy bien visto lo anterior.

El problema no es solo el tema del precio sino las condiciones del local. Los jerifaltes políticos, que no ven mucho más allá de sus narices y tienen la empatía de un ladrillo, consideran que como es bonito y tiene buenas vistas ya está todo dicho, así que consideran normal poner en alquiler un local que, por ejemplo, no tiene almacén ni posibilidad de tenerlo. Eso es no saber de qué se habla, sinceramente. Tampoco te permiten traer productos elaborados de fuera, con lo que no vale preparar platos en otro sitio y llevarlos.

Con este espacio y sin almacén ya me dirán dónde se mete la mercancía.
También hay problemas con los horarios. Por ejemplo, se establece la obligación de abrir todos los días del año de 8:00 a 24:00 horas. Teniendo en cuenta que, por ejemplo, el horario de la vieja cárcel el lunes es de 11:00 a 14:00 y que los días que abre por la tarde lo hace a las 17:30, cerrando varios de ellos a las 20:30, ya me dirán qué pinta ahí el de la cafetería con el centro cerrado. La diferencia de horarios se entiende teniendo en cuenta que el personal del centro lo paga el Ayuntamiento y el de la cafetería el hostelero, así que les tira de un pie implantar esas horas, insisto, TODOS los días del año, incluyendo festivos y fiestas de guardar, con lo que el día de Nochebuena o el que sea allí tienen que estar los trabajadores porque lo decreta el Ayuntamiento de Lugo.

No son esos únicamente los problemas de gestión. Obligan a tener menús hechos con productos de “agricultura ecológica”, productos de comercio justo y menús para celiacos. Esto último me parece más que razonable, pero lo otro no. Que uno considere conveniente ofrecer esos platos es una opción pero que se quiera hacer campaña de “mira cómo molamos” a costa del adjudicatario no es razonable. Quizá se podría haber incluido como un elemento a baremar o a puntuar, pero jamás como obligación absoluta.

Otras cuestiones difíciles de asumir es que el que coja la cafetería asume el mantenimiento del ascensor. Es curioso porque se entiende que el edificio debe tener sus propios servicios técnicos y si bien es lógico que se imponga una serie de obligaciones relativas al uso de los elementos comunes (como en cualquier comunidad de propietarios y usuarios), de ahí a encasquetar esa obligación al inquilino media un abismo. De hecho tengo mis serias dudas de que sea legal porque normalmente los mantenimientos de ese tipo de elementos corren a cargo del propietario.

Por último, aunque no menor, el local no cuenta con instalación de fibra ni posibilidad de instalar antena, con lo que uno de los atractivos más de moda en los bares desaparece del escenario: el fútbol. Ya sé que no es un local que tenga mucha pinta de albergar a fans del deporte, pero oigan, eso será cosa del que lo explote y no una necesidad impuesta. Además hay más cosas que fútbol y sin posibilidad de enganchar nada no se pueden ver partidos pero tampoco óperas o canales de pago que puedan atraer a clientes.

Las condiciones impuestas al adjudicatario no son asumibles, y la prueba está en que solo tuvo un candidato, que fue rechazado por los servicios jurídicos municipales, y no se ha vuelto a saber nada del asunto.

Quizás alguna de esas cabezas pensantes que diseñaron estas condiciones y las consideran una “bicoca” podría montar una empresa y explotar la cafetería. No sería la primera vez que alguien muy cercano a un equipo de gobierno de Lugo crea una empresa para conseguir licitaciones públicas, así que en eso tienen experiencia. Y si la consiguen verán que de chollo nada.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Fernando Blanco, el enésimo inocente

Fernando Blanco, inocente como era previsible. Foto: El Progreso
Estoy convencido de que los líderes políticos, esos que sufrimos actualmente y en lugar de seguir una ideología van creándola a medida de las circunstancias para encajarla a las encuestas que usan como única guía de su acción, no veían de jóvenes “Se ha escrito un crimen” o a “Perry Mason”. Si lo hubieran hecho habrían aprendido dos cosas: que nunca se puede invitar a casa a pasar el fin de semana a Jessica Fletcher si no quieres que asesinen a alguien y que los acusados de un crimen no siempre son culpables por mucho que los indicios parezcan apuntarles a ellos.

Lo malo es que lo saben perfectamente pero lo ignoran porque el cortoplacismo que impera en la política hace que mientras acusen al rival político se utiliza lo que haga falta y cuando toca a uno mismo es cuando llega el llanto y crujir de dientes.

Ahora ha sido Fernando Blanco, el antiguo concejal y conselleiro lucense, el que ha sido absuelto de todos los cargos de delitos que no cometió pero por los que lleva siete años pagando un calvario que no se le desea a nadie. Sigue los pasos de Orozco, de Pepe Blanco (que pasó de ser el azote del imputado a escribir un libro sobre la presunción de inocencia), de Francisco Camps, de José Manuel Barreiro (este último tuvo más suerte por cuestión de plazos y de no tuvo consecuencias políticas directas), de Francisco Cacharro y de tantísimos otros acusados que han visto frustradas sus carreras por falsas acusaciones.

Estoy seguro de que alguno de ustedes pegó un respingo cuando leyó lo de “Francisco Camps”, porque “ese sí era culpable”. Pues no, es igual de inocente que el resto. Si ponemos nuestras filias y fobias al servicio de la política estamos perdidos. Solo una sentencia judicial cambia el estatus de alguien de inocente a culpable, ninguna otra fuerza sobre la Tierra puede hacer semejante cosa si creemos en una sociedad civilizada.

Fernando Blanco se vio obligado a entregar la espada por una acusación, que hoy se demuestra falsa, y con el ostracismo público al que le relegaron muchos de sus propios compañeros, obsesionados con la falsa pureza de considerar un apestado el imputado, como si fuera un condenado.

PP, PSOE y BNG al menos ya comparten compañeros caídos por esta situación, defenestrados sin haber hecho nada malo, y aún así muchos siguen insistiendo en la estúpida idea de que el hecho de que el delito del que te acusan sea muy grave influye directamente en las consecuencias de la acusación. Irrelevante. Como si te acusan de comer niños. Si no hay condena, eres inocente. Bueno, podríamos estudiar el tema de otra forma si hay pruebas directas, tipo grabación o similar, pero ya saben de qué hablo, no sean maximalistas.

¿Quién le devuelve a Fernando Blanco ahora su tiempo perdido? ¿Quién le repone su carrera política? ¿Quién le lava la imagen ante los que seguro que seguirán diciendo que “algo habría”?

Les diré que aunque no lo conozco mucho siempre me ha caído bien, porque aunque la distancia ideológica es mucha, es una persona afable y que siempre ha mantenido uno de los puntales de nuestra civilización: educación y buenas formas. Pero aunque me cayera regular o mal también defendería su presunción de inocencia (he hecho una férrea defensa de la de Orozco, si les sirve de ejemplo) porque los principios solo son válidos cuando los mantienes ante quien no te apetecería.

A ver si vamos aprendiendo, ¡coño!

viernes, 9 de noviembre de 2018

La farragosa y absurda votación de los Presupuestos Participativos

La forma de votar los presupuestos participativos es un "casi pero no". La idea es buena pero la ejecución terrible.

Hace unas pocas semanas escribí favorablemente sobre la aplicación del Ayuntamiento para votar los Presupuestos Participativos, que ya están en fase de elección por parte de la gente (vamos, que ustedes pueden votar cuando quieran, cosa que les recomiendo hacer para poder elegir lo que más les guste). Hoy, lamentablemente, me tengo que desdecir, porque el sistema es tan sumamente (e inútilmente) farragoso que echa atrás a cualquiera.

Lo primero que llama la atención es que para votar tienes que obtener un código que te llega por correo ¡postal!, sí, lo que leen, como en el siglo XIX… una carta que llegará a tiempo para las votaciones o no llegará (se puede votar hasta el miércoles), dependiendo de cuándo te la manden con la habitual parsimonia de la administración puede ser un jueves o el viernes… de diciembre.

Te dan la opción de ir a una oficina en persona, la de “nuevas tecnologías” (nombre rimbombante de una sala con una gran mesa blanca y unos pocos ordenadores), que está en la parte de atrás del Ayuntamiento (en la plaza de Ángel Fernández Gómez). Allí te atienden (aunque estos días había solo en ocasiones una persona y cola) y presentando tu DNI te dan acceso instantáneo a la plataforma. Por supuesto, lo de identificarse en la web con el DNI electrónico o la firma digital les debe sonar a ciencia ficción, aunque a finales de 2018 sería lo lógico.

Aunque consigas a tiempo la clave el problema no solo no termina, sino que casi empieza ahí… ¿Cómo votas? Pues aunque el sistema me sonaba muy bien cuando nos lo explicaron, ya que tienes un “saldo” de 350.000 euros que puedes “gastar” en las iniciativas que consideres oportuno, lo peliagudo es seleccionarlas.

Para empezar no puedes ver un resumen de todas al mismo tiempo, ni siquiera puedes buscar por zonas, por barrios, por contenidos o por categorías. Bueno, corrijo, sí hay categorías pero no valen de nada porque solo se hacen por "proponentes" y lo único que demuestra es que ni la alcaldía, ni los concejales ni las secciones han hecho ninguna. La única búsqueda que te permite hacer es por palabras, con lo que no puedes estar seguro de lo que tienes que buscar.

No hay un listado de todas las iniciativa que se pueden elegir, que sería lo lógico. Aunque son bastantes lo suyo sería poder bajarte, por ejemplo, un pdf con una breve explicación de cada una y poder así decidir. Aún así tendrían que mejorar la forma de buscar cada una porque es muy complejo. Tienes que ir navegando página a página y solo aparecen por orden de gasto (y como hay muchas del máximo no te vale de nada) o por orden aleatorio.

Francamente no han acertado. La idea de la “cesta de la compra” estaba muy bien pero han metido la pata con el funcionamientos.

Aún así les recomiendo hacer un esfuerzo y echarle un vistazo porque a lo mejor ven cosas que les parecen interesantes y que quieren votar para que se hagan. Aunque nos lo pongan difícil es bueno participar.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Ni las lenguas ni los territorios tienen derechos

Encuentro entre Vázquez y Rivera para hablar del Constitucionalismo. Foto: El País
El martes, en Coruña, hubo un encuentro organizado por Ciudadanos que tuvo como protagonistas a Paco Vázquez y a Albert Rivera, al que acudí invitado por Olga Louzao (sí, ya saben, hoy toca decirme que busco acomodo en su lista, otros días me dicen que en la del PP y otros en la de Lara… Reconozco que siempre me sorprende el interés que despierta lo que hará mi modesta persona en las municipales).

Entre otras grandes verdades que resultan ciertamente incómodas para el mundo ficticio en que vive gran parte de la clase política, se dijo por parte del exalcalde coruñés que hay que hacer una pedagogía de lo obvio, y explicar cosas que deberían darse por sentadas porque son difícilmente discutibles. Una de esas obviedades, que afirmó Albert Rivera, es que ni las lenguas ni los territorios tienen derechos, solo las personas.

Es curioso el revuelo que se arma cada vez que alguien dice eso, porque no hace falta ser doctor en leyes para entender que es una verdad indiscutible. El derecho, como tal, solo reconoce como sujeto, es decir, como unidad sobre la que se pueden imputar deberes y derechos, a las personas. Hablar por lo tanto de que las lenguas no tienen derechos no es ningún disparate sino una simple realidad jurídica imposible de rebatir. Es lo que hay.

El problema no viene realmente de la frase sino de sus connotaciones, o mejor dicho, de las connotaciones que algunos buscan para justificar su rechazo a tal verdad. Se interpreta automáticamente que quien afirma eso está atacando a las lenguas o los territorios, que pretende reducirlos o destruirlos, que es un enemigo a batir y que por eso dice lo que dice. Puede ser cierto, no les digo que no, pero cuando haga esas cosas es cuando hay que darles cera, no cuando afirman algo que es básico en la teoría del derecho.

Por ponerles un ejemplo ilustrativo que cualquiera puede entender, no ser sujeto de derechos no quiere decir que se esté desprotegido. Por ejemplo las Meninas, la Muralla de Lugo o el Moisés de Miguel Ángel no tienen derechos pero no por ello puden ser destruidos. Nadie puede decir que “la Muralla tiene derecho a no ser derribada”, sería una estupidez, pero no por ello “tenemos derecho a derribar la Murall”. No confundamos los términos.

Decir que quien tiene derechos es la persona no quiere decir nada más que algo obvio: que hay que proteger a esa persona y sus derechos como tal. Si una persona quiere hablar castellano, gallego, catalán, vasco o lo que le venga en gana hay que proteger ese derecho, independientemente de todo lo demás (lo mismo ocurre con el lugar donde resida dicha persona), pero por el derecho de la persona, no por la lengua o el territorio.

Defender el derecho de la persona quiere decir que tiene las mismas obligaciones y derechos esté donde esté, frente a los “derechos territoriales” que, por definición, son una sandez que pretende decirnos que unos territorios valen más que otros. Abandonar el ilegal concepto del derecho de los territorios implica, lógicamente, que hay que acabar con ciertas aberraciones como que en Lugo la Sanidad pública no te cubra cosas que sí hace en Sevilla o viceversa. Porque es la persona, insisto, la que tiene derechos, no el territorio.

También implica que cualquier agresión a las personas por los supuestos derechos de una lengua o un territorio son un disparate. Eso quiere decir que es igual de grave obligar a alguien a usar un idioma que no quiere como prohibirle hacer uso de su lengua. Normalmente el nacionalismo (el que sea) oculta sus aviesas intenciones y sus abusos sobre las personas escudándose en el "derecho de las lenguas" o de "los territorios", una ficción que el derecho afortunadamente no reconoce.

Tener que explicar estas cosas suena ridículo en una sociedad que presume de moderna y de preparada, con gente que en el Facebook afirma saber de lo que habla (aunque no lo respalde con otro argumento que “porque lo digo yo”) pero recordando nuevamente lo que dijo Paco Vázquez, hay que hacer pedagogía de lo obvio.

Pues es obvio: solo las personas tienen derechos.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La estafa de la Intermodal

El proyecto de la mal llamada "intermodal", que realmente es una dársena de buses externa al lado de la estación de tren, no deja de ser una distracción que oculta que NO tendremos AVE.
La insistencia de nuestros próceres en el error hace pensar que no es tal, sino engaño. Uno puede equivocarse una vez, dos, hasta tres en lo mismo, pero cuando alguien le explica su metedura de pata la insistencia revela intencionalidad.

Dice nuestra alcaldesa que la estación Intermodal es “Imprescindible” para la llegada del AVE a Lugo. Desdice esa necesidad el hecho de que Coruña, Santiago, Vigo, Orense, León o Madrid tengan AVE pero no tengan intermodales, por mucho que en algunas ciudades estén proyectadas como una “actualización”, pero jamás como una obligación.

Contar a los lucenses la patraña de que gastarse muchos millones de euros en un nuevo inmueble que sustituya a una estación de tren más que funcional (no es para tirar bombas, pero hasta que tengamos trenes decentes vamos sobrados) y una de autobús que es comodísima por su ubicación (aunque nadie dice que no necesite unas reformas que la conviertan en un lugar más adecuado a su función), es una forma de intentar hacer ver que se hace algo por la Alta Velocidad en Lugo cuando la realidad es terriblemente distinta.

Los mapas del AVE en España nos indican claramente que Lugo ha perdido esa batalla. Mientras las plataformas vecinales surgidas para hacer fuerza por el tren (lo que cifran en cobrar subvenciones y hacer campaña cuando gobiernan sus adversarios políticos, como es habitual en cierta gente) no hacen fuerza por el tren y mientras los administradores no administran sino que están muy ocupados pensando en las urnas de mayo, Lugo no avanza en las conexiones ferroviarias y queda fuera de todos los proyectos.

El AVE en Galicia pasa ya por Coruña, Santiago y enlaza con la meseta a través de Orense, prescindiendo de la tradicional línea Monforte-Lugo, que queda aislada de los trenes más modernos a pesar de las reiteradas e incumplidas promesas que nos hacen año sí y año también cada vez que tocan elecciones.

Pero lo importante es hacer una estación, un nuevo juguete con el que nos quieren distraer de la durísima realidad que es que nadie tiene proyectada la electrificación de la línea Lugo-Orense (que es lo que necesitamos para tener, al menos, un ramal que nos conecte con la línea principal) y la eliminación de ciertos puntos negros del recorrido que permita que los trenes vayan a la velocidad que permiten sus locomotoras.

El AVE Lugo-Madrid es ya una quimera, una realidad que no tendremos pero que nadie se atreve a dar por difunta porque saben que el pueblo suele matar en las urnas a los mensajeros de las duras verdades. Y como los muchos millones de euros de una Intermodal que no servirá para nada son de todos y, por lo tanto, “no son de nadie” según dijo la ministra, se gastarán alegremente para conseguir la foto más cara de este triste asunto.

Eso sí, por el camino se llevarán por delante una estación de autobuses bien situada y cómoda para la mayoría de sus usuarios (eso dicen las estadísticas de la Xunta) empeorando la vida de los ciudadanos para lograr, paradógicamente, su apoyo.

No es que nos tomen por tontos, es que a veces lo parecemos.

martes, 6 de noviembre de 2018

¿Espectáculos en el Cementerio?... así, sí

Un momento del concierto de Noemi. Tan maravillosa como siempre.
Hacer un concierto en el Cementerio puede ser una idea fantástica o un disparate, según el concierto. Lógicamente no es lo mismo invitar a cantar entre las tumbas a The Kiss que a Noemi Mazoy, y esto último fue lo que Rosana Rielo, la concejala que lleva el tema, hizo ayer con gran acierto.

A pesar de que se trasladó a la capilla del cementerio, el frío terrible y la noche desapacible que sufrimos ayer deberían haber desanimado a la gente a acudir a la llamada, pero eso es no conocer el poder de convocatoria de Noemi, que llenó hasta el abarrote la capilla y dio un extraordinario concierto.

Sí, ya sé que siempre digo que sus recitales son fuera de lo normal, y que ya deberíamos irnos acostumbrando a que su prodigiosa voz cante lo que le venga en gana sin dudar una nota ni quedar fuera de lugar, pero no sé qué tiene esa mujer que cada concierto es único, irrepetible, diferente.. y sobre todo emocionante.

Habrá cantantes con mejor voz, no estoy preparado para decirles si técnicamente está a la altura de sopranos más populares como Ainhoa Arteta (en ese mundillo también hay un componente de “publicidad” al que Noemi es alérgica por su forma de ser), pero jamás he escuchado a nadie que sepa transmitir como transmite Noemi Mazoy. Cuando vas a un concierto suyo has de llevarte la entrada y los pañuelos, porque es imposible no conmoverse.

El de ayer, además, dedicado a los difuntos que nos rodeaban, con un respeto y un buen gusto exquisitos, demostró la sensibilidad de quien cantaba a su madre, a su padre, a su hermano, a amigos y a gente querida. Tuvo palabras para muchos de los familiares de los que allí estábamos (por si la música no era bastante su recuerdo de mi abuela Emilia acabó por desarmarme) y hasta nos invitó a decir a quién queríamos rememorar en el concierto.

Si no han ido nunca a un concierto suyo estén atentos al próximo. Ayer por ejemplo vino por primera vez una amiga de mi madre que salió totalmente impresionada, no se esperaba más que una extraordinaria voz y se encontró con muchísimo más.

Acompañada por Valery al acordeón y Cristina al violonchelo, sin más adornos, fue un excelente homenaje a nuestros difuntos, algo que sí procede hacer en un cementerio, por lo que hay que felicitar a Rosana por su acierto en este acto.

Lamentablemente volverán a hacer las payasadas habituales, como representar don Juan Tenorio y hacer una visita nocturna, en plan Santa Compaña, que me parece insultante, qué quieren que les diga. Estoy de acuerdo con quitar drama a la muerte, y asumirla como parte inextricable de la vida, pero de ahí a convertir las lápidas en un escenario media un abismo, y una cosa es un concierto como el de ayer y otra muy diferente andar con coñas.

Es curioso que con tanto presupuesto destinado a estas cosas en el cementerio, tanta preocupación por su buena conservación y tanto rollo macabeo no haya un duro para reponer con una lápida digna, la muy deteriorada cubierta de la tumba del músico lucense Juan Montes. El desinterés por su lamentable estado no tiene mucho encaje en tanta supuesta preocupación por el Cementerio de Lugo, y si se pretende hacer un atractivo turístico (en fin…) vamos a dar una muy pobre imagen si conservamos así la sepultura de uno de nuestros músicos más insignes.

Triste estado de la lápida del insigne
músico Juan Montes

lunes, 5 de noviembre de 2018

Samhaín o Halloween... ¿A quién le importa?

¿De verdad una tradición necesita pedigrí para disfrutarla?

Si les soy sincero me chirría mucho que en España se celebre el Halloween, principalmente porque me parece una memez hacer aquí lo del “truco o trato” a menos que seas E.T. y tengas que salir a dar un paseo con una sábana que te disimule el alienismo (los que ya tienen una edad recordarán esa referencia, el resto, que vea la peli). Sin embargo, paradójicamente me vuelven loco las películas de Tim Burton (Pesadilla antes de Navidad es una obra de arte, sin ir más lejos) y el mundillo ambientado en esa peculiar tradición americana que nos meten con calzador a través de la globalización que el cine impone con arrollador éxito.

Alguno habrá saltado de la silla al leer lo de “tradición americana” porque, por supuesto, ya sabemos que bebe de una fuente europea, concretamente celta, que es el Samhaín. Vamos por partes porque esto es difícil de explicar.

Celebrar el Samhaín en España me parece estupendo, pero si lo que se hace es el Halloween me parece más discutible en principio. El matiz es saber qué demonios se celebra y las diferencias entre ambas cuestiones.

El Samhaín (o Samaín si quiren), término que viene del gaélico (“fin del verano”) es más difícil de encorsetar con una fiesta a celebrar hoy día. Su origen celta era el inicio del año, en la primera luna llena después de la última cosecha (los meses celtas siempre empezaban con la luna llena) y, como todas las celebraciones de cierta antigüedad está muy ligada a la supervivencia basada en la agricultura. A ver cómo meten eso en una fiesta comercial de hoy en día.

El Halloween, sin embargo, es algo más británico (luego exportado a Estados Unidos) y es la víspera de Todos los Santos, de ahí su nombre, una contracción de All Hallows (todos los santos) Eve (víspera). Los pobres salían ese día a pedir y se hacían pasteles especiales, lo que dio origen a lo del “truco o trato”, solo que la gente no iba disfrazada de Spiderman, eso fue una vulgarización estadounidense que, como todo lo que tocan, se convierte en una exageración.

Una vez tenemos esto claro vienen las confusiones. ¿Las calabazas son de Halloween o de Samaín? ¿Lo de vestirse de vampiro es nuestro o americano?... Pues qué quieren que les diga no tengo ni idea. Mi impresión es que lo nuestro es más espiritual, más relacionado con los difuntos y esas cosas, la Santa Compaña, las supersticiones gallegas... El nacionalismo nos pretende vender que de aquí salió todo, y me resulta chocante, como cuando oigo a los próceres catalanes decir que Cervantes era de Badalona o que inventaron la bombilla, exageraciones de autobombo que cuesta que alguien se trague.

Así que la cuestión es, ¿y si no está claro qué hacemos? ¿Nos resistimos con ese orgullo patrio que nos hace avergonzarnos de darnos los regalos en Navidad en vez de esperar a los Reyes Magos? ¿Nos dejamos llevar y nos ponemos a vaciar calabazas como enajenados y a disfrazarnos de brujas verdes y vampiros de cine de los años 40?...

Lugdunum, Trebas Galaicas, Mercenarios Galaicos y Clan de Breogán se unieron para organizar esta fantástica fiesta

Pues miren, cada uno que haga lo que le vengan en gana. El sábado en la Plaza de la Soledad las asociaciones Lugdunum, Trebas Galaicas, Mercenarios Galaicos y Clan de Breogán organizaron una actividad de lámparas de calabaza y pintado de caras que fue un éxito tremendo, con chocolatada incluida. ¿Quiénes somos nosotros para privar a los niños de una diversión como esa?

Digan a esos niños que no pueden pasarlo bien porque es "muy americano". Una chorrada.
Desde luego no seré yo quien les saque la ilusión, y si les digo la verdad tenía ganas de unirme y hacer mi lámpara-calabaza (no lo hice porque había mucha demanda y no era plan dejar a un crío sin la suya para hacer yo allí el indio). Así que no adornemos tradiciones que no tenemos, no exageremos su “nacionalidad”… pero tampoco nos cerremos en banda.

Si hay que pasarlo bien, ¿qué más da que sea una americanada que una tradición milenaria de los celtas? Mientras no nos hagan comulgar con ruedas de molino y sea una sana diversión, ya me dirán dónde está el problema.

Unos se lo pueden tomar como algo más místico, más ligado a la Iglesia, al cementerio y a recordar a nuestros difuntos. Otros pueden entenderlo como un Carnaval de Noviembre… ¿Quién tiene razón? Probablemente todos.