lunes, 4 de febrero de 2019

La Muralla se tiñe de esperanza




Ayer, a pesar del intensísimo frío que hacía, unas cuantas personas (más bien poquitas, la verdad) nos reunimos para ver la Muralla teñida de verde en homenaje al Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer que hoy se celebra. Una visión muy peculiar de nuestra querida Muralla en recuerdo de una lucha en la que todos hemos perdido soldados ya que familiares y amigos nos han sido arrebatados por esta enfermedad.

Yo, que como saben soy crítico con la gestión de la AECC en Lugo, acepté gustoso su invitación para participar en este acto porque creo que hay cosas que están por encima de los desacuerdos. Estoy convencido de que los asociados (y yo soy uno de ellos) de cualquier entidad de estas características no necesitan que nadie les convenza de sus fines, pero también que tenemos la obligación de mantenernos vigilantes para evitar problemas que, precisamente, enturbien el destino de los esfuerzos.

En Lugo sigue sin respuesta todavía mi artículo del año pasado sobre los abrigos de alta gama donados por un gran hombre, Emilio Eiras Mouriz, cuando cerró la archiconocida peletería Jañez. Tampoco he recibido noticia alguna de las trabas que parecían ponerse a los voluntarios que quería participar y que fueron recibidos con alegría y agradecimiento en “Somos unidos contra el cáncer”. Es extraño que, además siendo socio de la AECC, nadie haya dado respuesta a estas dudas.

El problema de muchas asociaciones y entidades benéficas no es que alguien discuta la nobleza de sus objetivos, sino que bajo ese paraguas de bondad se han ocultado muchas veces personas que solo buscan su beneficio personal. A todos se nos vienen a la cabeza los escándalos de desviación de fondos de Cruz Roja en Sierra Leona, los de los abusos sexuales protagonizados por miembros de OXFAM, o las “lagunas financieras” de los años 90 que obligaron a dimitir al director general de la AECC.

Todas las entidades tienen que ser limpias y transparentes, pero más aún las que recurren a nuestra voluntad, a nuestra bondad, y a conmovernos para que nos rasquemos el bolsillo. Nadie puede pretender que estas organizaciones no usen dinero, es casi imposible, pero sin duda alguna los escándalos hacen que te replantees seriamente si metes o no el euro en la hucha.

Es sorprendente que no se cumpla la legislación que obliga a las asociaciones que se financian con subvenciones públicas a publicar sus cuentas. En mi opinión tendrían que poner el destino de cada céntimo, ya que no deja de ser dinero de todos, aunque también, siendo sinceros, habría que pedir la misma transparencia a las administraciones y, a pesar de sus buenas palabras, no son capaces de hacerlo.

Sin embargo la Muralla se tiñó ayer de verde por una buena causa, y el verde es esperanza, así que seamos positivos y pensemos que tarde o temprano todas estas preguntas tengan respuesta y que los ciudadanos llegaremos a saber a dónde van nuestros dineros. La esperanza es lo último que se pierde.

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