martes, 3 de diciembre de 2019

...y cruz de las Medallas de Oro de Lugo

Humedades en el salón, acceso complicado... y otras cosillas.
Ayer me quise centrar más en lo positivo del acto de entrega de medallas de oro de la ciudad, pero no puedo dejar de mencionar varias cuestiones que le quitaron brillo al acto. No sé por qué pero me da que este artículo va a ser más leído que el de ayer... nos va la marcha, reconozcámoslo.

Hubo temas que, francamente, eran mejorables tanto en el fondo como en la forma, y si bien en general la impresión fue positiva y el propósito era bueno, es precisamente por esa sana intención por lo que llama la atención que se meta la pata en cosas tan básicas.

Empecemos por las cuestiones formales. Es obvio que el lugar elegido para la entrega pretende contestar a las fundadas dudas sobre la utilidad del MIHL, un espacio semiabandonado que solo se usa de pascuas en ramos y que visitan cuatro gatos (me gustaría saber si el público de ayer lo contabilizan en el cómputo anual de visitantes, para inflar las cifras). Si uno se fija en ciertos detalles, como las humedades en el salón en que estuvimos o las cristaleras sujetas con unos maderos cutres (aunque a lo mejor es una obra de arte, vaya usted a saber) se da cuenta de la nula atención que se presta a un edificio relativamente nuevo.

Si les digo la verdad este acto tendría que haber sido en el Salón de plenos del Ayuntamiento, en el Círculo o en algún lugar un poco más atractivo que el MIHL, porque al final no hacen más que darnos la razón a los que pensamos que allí no va nadie.


Las maderas sujetando los cristales estallados no dan muy buena imagen...
La segunda cuestión de forma es que para conseguir llegar a la sala donde se hizo la entrega casi nos matamos, porque la escalera estaba tan oscura que no se veían los peldaños y había que ir a tientas, literalmente hablando. De hecho yo bajé dando el brazo a una simpática exconcejala del PSOE que se jugaba una dura caída. “Hay luces en el suelo”, podrán decirme, y tendrán razón, pero son luces con trampa porque iluminan solo un escalón de cada dos y da la impresión de que es uno muy largo, con lo que no es sencillo evitar el bofetón. Curiosamente sí hay luz ambiental, porque para salir la encendieron, así que se debió más a una cuestión de “performance” que de necesidad.

Una vez alcanzado el lugar del acto sí es cierto que el montaje era muy llamativo y hasta diría que agradable estéticamente, con el color rojo corporativo. Es una pena que no lo viera casi nadie, porque salvo los familiares de los homenajeados y los concejales y exconcejales que formaron parte de las corporaciones, de público estábamos quince personas. Quince literalmente hablando, y creo que digo de más, porque alguno estaba sentado fuera de su sitio (eran exconcejales) así que no se podría contar como público “de calle”.

Que solo poco más una decena de lucenses hayan querido asistir a un acto en que se honró a los cinco exalcaldes de nuestra democracia dice muy poquito de nuestras corporaciones... o de la organización por la difusión que se hizo del evento. Me inclino por lo segundo. Les diré que yo me enteré el jueves de que se podía ir libremente, y porque me encontré con Lara Méndez y, con la amabilidad que le caracteriza, me lo dijo. Es una lástima que lo que en condiciones normales tendría que ser un homenaje del pueblo de Lugo a sus cabezas visibles de los últimos cuarenta años se convirtiera en una especie de rascado mútuo de espaldas.

En cuanto al contenido en sí, no voy a entrar en algunas cosas que se dijeron en algún discurso y que me hicieron abrir los ojos como platos, pero sí tengo que mencionar, por llamativo, una cuestión que me chocó tanto que es imposible soslayarla. Se hizo un resumen de los mandatos de cada Alcalde y se destacó que Orozco fue el que más tiempo estuvo en el cargo (16 años)… y de sus logros se mencionaron solo dos asuntos: la declaración de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad y la peatonalización de Lugo, dos cuestiones que Orozco recibió hechas de su antecesor, Joaquín García Díez. El casco histórico de Lugo era peatonal en abril de 1999 y él solo amplió dos calles de la zona y una en la Milagrosa (y encima creo recordar que por iniciativa de sus socios del BNG pero ahí no estoy seguro de todo). Es triste, muy triste, que ni los de tu propio partido sean capaces de encontrar alguna cosa positiva destacable en cuatro mandatos.

Por terminar con algo positivo, he leído últimamente críticas sobre este acto de grupos que afirman que no se puede premiar a estos cinco exalcaldes porque todos tienen sus sombras, aunque de uno (Notario) tuvieron que mencionar un tema por el que fue exonerado por el juzgado y de otro (Joaquín) una cuestión (el derribo del Gran Teatro) que no hizo él porque era un edificio privado y sus dueños lo vendieron para hacer pisos, cosa que el Ayuntamiento no puede evitar.

Comparto que puede haber algunas cuestiones judiciales aún pendientes (la imputación de Orozco concretamente) que pueden dar un disgusto si se resuelven contra él. ¿Le quitarían la medalla entonces? Pero a pesar de esa precaución les diré que hay dos cosas que desdicen eso: la primera que el reconocimiento es a los representantes de una institución desde la restauración de la Democracia, y la segunda (más importante) que Orozco es un señor inocente hasta que se demuestre lo contrario. Es inocente, sí, y hasta que se dicte una sentencia que lo condene no se le puede reprochar ningún comportamiento ilegal. Y no hay más.

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