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miércoles, 7 de marzo de 2012

Los experimentos, con gaseosa

LaserDisc Hay cosas que hacen de los avances algo de lo que desconfiar. Por ejemplo, en los 80 se puso a la venta el Laser Disc, una especie de DVD gigante que muchos aún recordamos y que se suponía que sería el sustituto del VHS, que a su vez había vencido al sistema 2000 y al video Beta. Uno de los motivos por los que fracasó fue su elevado coste y que no se podía grabar de la tele. No existía Internet ni había programas de zapping, y aún teníamos aquella idea de atesorar todo lo que se nos pasaba por la cabeza. Quién iba a imaginar que tendríamos todo en el Youtube a un clic.

Llegó el dvd y se cargó de un plumazo el VHS y al Laser disc y todo lo que se le puso por delante, y eso que no se podía grabar tampoco (al menos al principio). Ahora nos quieren colar el blue ray, pero algo me dice que les va a costar mucho trabajo hacer que todos nos pongamos a cambiar los reproductores que tenemos en casa y que funcionan perfectamente con el DVD, porque no notamos una diferencia entre ambos sistemas tan notoria como para merecer la pena el cambio.

Lo mismo ha pasado con los coches eléctricos que con los Laser Disc. Ahora nos dicen, después de inversiones millonarias, jugosas subvenciones y algún pardillo que ha picado, que no, que la cosa no va. Se han cargado la idea del coche eléctrico y vuelven con fuerza diesel y gasolina. Como si se hubieran ido alguna vez.

Pero esto no es una broma. ¿Qué pasa con todas esas personas que se han gastado unos milloncejos en apostar por el coche eléctrico influidos por la publicidad de empresas y administraciones públicas? ¿Qué haremos ahora con la “electrolinera” que inauguró Orozco todo contento junto a la Policía? ¿Dónde van a meter esos coches ahora?

coche-electrico Era la muerte anunciada de una idea no lo bastante madura. Si tienes que cargar tu coche ocho horas para poder circular 160 kilómetros (vamos, ir y volver a Betanzos, porque a Coruña no llegas) estás vendido totalmente. Nunca entendí el sistema, yo imaginaba otra fórmula, idea que regalo para el futuro y mejora de la raza humana: un sistema parecido al de las bombonas de gas. Lo normal sería que tú llegaras con tu cochecito a la “electrolinera” (por Dios, ¿de dónde han sacado ese nombre tan horrible?) y cambiaras tu batería descargada por una cargada, que todas fueran iguales, universales.

Así la cosa iría rápida y sería eficiente, que es lo que importa a día de hoy, porque a ver quién tiene tiempo de recargar el coche ocho horas y tomarse veinte cafés mientras espera. En cuanto al coste de las baterías, pues habría que hacer como con las bombonas: tú pagas el contenido, no el envase, que ese lo pagas la primera vez nada más. Las compañías suministradoras se harían cargo de las baterías deterioradas para que circularan siempre en un estado razonable. Pero no lo han enfocado así, sino con un sentido patrimonialista de “es mi batería, no la tuya”. Y así nos va.

El gran problema de todo esto es que la próxima gran novedad medioambiental la recibiremos con más cautela aún, porque no están los tiempos para andar comprando coches o motos y tener que aparcarlos indefinidamente.

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