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viernes, 25 de enero de 2013

Cuidando del casco histórico

Hay situaciones en esta ciudad que son como mínimo chocantes. Se aprueban una serie de normas salvajes para mantener una “estética” del casco histórico, con cosas tan ridículas como prohibir las puertas de madera (es en serio) y sin embargo llevamos años y años con solares llenos de mierda sin que nadie haga absolutamente nada para solucionarlo. 

Les hablo, por ejemplo, del solar que está entre la calle Montevideo y la Ruanova, del cruce de la Ronda de la Muralla con San Roque, de muchos de la Tinería… A los ojos del paseante esta ciudad parece que se cae en pedazos por algunos sitios y mientras tanto estamos muy preocupados de que nos pinten una puerta de madera, que lleva ahí 50 años, de blanco nuclear porque queda “como más moderno” dentro de ser clásico (yo tampoco lo entiendo). 

Es una cuestión de prioridades. Primero, entiendo yo, habría que ir a por los grandes focos de problemas, donde las ratas campan a sus anchas y que incluso, poniéndose en plan gafe-alarmista, se nos puede caer encima la pared el día menos pensado. Pero no, aquí se hacen las actuaciones pensando en fantasilandia, y dando por sentado que lo demás se arreglará solo. 

Esta foto es antigua, del 2007.
Ahora no hay plantas pero el solar sigue abandonado.
No sé si recuerdan ustedes las elecciones municipales de 1999. Yo sí. Uno de los grandes temas de la ciudad, por no decir el que decidió la campaña, fue la famosa casa apuntalada de la plaza del Campo. En el edificio donde hoy está el “centro de interpretación de la Muralla” (¿cómo se interpreta una Muralla?) había unas grandes vigas de metal que sujetaban la estructura para que no se viniera abajo. Fue uno de los debates más encarnizados, y se acusó al Ayuntamiento de descuidar el centro, lo cual no deja de ser paradójico porque fue de aquella cuando se peatonalizó el casco histórico. 

Hoy podemos ver en la Plaza de Santo Domingo una estructura metálica similar sujetando otra casa, además de edificios en ruinas de los que, cuando sopla de poniente, caen cristales a la calle… y no pasa nada. 

Nos gastamos una fortuna en una puñetera ventana arqueológica en la que, además, no se ve nada, para “atraer el turismo”, pero eso sí, pasamos olímpicamente de los grandes problemas que generan esos nidos de porquería situados estratégicamente para que las ratas puedan sobrevivir. Quizás sea una medida ecológica que yo no he pillado. 

Ya sé que los solares son privados, pero hay herramientas para obligar a los propietarios a tenerlos con un mínimo grado de decencia. Eso sí, si en lugar de tener un terreno insalubre tienes un local con puerta de madera, te pueden sancionar. Con un par.

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