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jueves, 17 de enero de 2013

La farola

Hoy no les voy a hablar de Lugo ciudad, aunque les garantizo que hay miles de ejemplos de lo que les voy a contar, quizás no tan exagerados, o sí… 

Ésta es la historia de una farola que no se quería mojar, así que buscó acomodo en medio de un edificio particular. El lugar, Foz, más concretamente una de sus dos principales avenidas, las que antes conformaban la “carretera general” que ahora ya no pasa por el centro del pueblo pero que siguen siendo su principal arteria, además de la que baja a la playa. 

Lo que me sorprende es que alguien, quien fuera, no viera anormal o no diera aviso a quien correspondiera a la hora de hacer lo que fuera de segundo, que no sé si es la farola o el edificio. Tan absurdo es instalar una luminaria taladrando una casa en obras, como poner ladrillos rodeando un farol. A mi, personalmente, no me resulta normal. 

En ocasiones las obras se hacen mal porque están mal pensadas, mal diseñadas o mal ejecutadas, pero no acaba de entrarme en la cabeza que quien pone físicamente el hierrajo en mal sitio o el ladrillo donde no es no se pare a decir a su jefe, “oiga, que esto es una estupidez”, quizás porque el jefe le va a contestar “¿y usted quién se cree que es para decirme a mí lo que es o no una estupidez?” o quizás, la opción más triste, porque le importa un carajo. 

Es como lo de las rampas para sillas de ruedas que ponen en algún sitio. No tienes muy claro si es para permitir a la gente en silla que vaya por esa zona o para crear más usuarios de sillas, porque eso es para matarse. Pendientes imposibles, maniobras ridículas, obstáculos insalvables… cosas que se hacen para cumplir una normativa esperpéntica que obliga a ejecutar accesos que nadie puede utilizar sin riesgo de romperse la crisma. 

Y, por supuesto, tenemos también el apartado de “obras que no sirven para nada”, que en España somos expertos, como las carreteras que no van a ninguna parte, los puentes de cuatro carriles que comunican vías de dos, los aeropuertos sin vuelos y los museos con peceras y mesas llenas de unto. 

Si en España se dejara de tirar el dinero a manos llenas lo de la crisis no digo que se solucionara, pero que se aliviaba notablemente casi seguro que sí. En conexión con lo que les decía ayer, si aquí viene un alemán a ver lo que se ha hecho con el dinero “que viene de Europa” ya no es que nos cierren el grifo, es que nos echan de la Unión Europea a patadas, y no sin cierta razón. 

La cuestión, además de gastar menos, es gastar bien. Explíquenle a un vienés, cuando vea la nueva terminal del Aeropuerto de Santiago, que ha costado más de 200 millones de euros, junto a la vieja que aunque no era ninguna maravilla de la arquitectura valía perfectamente con algunas reformas, que nos están pagando esa obra mientras en su casa ellos siguen tirando con estructuras de los años 40 o 50 parcheándolas para no despilfarrar (si ven ustedes la estación de autobuses de Viena se sorprenderían). 

No se trata de no querer obras, se trata de no quemar el dinero. Anda que no hay necesidades más que suficientes donde gastar los cuartos. Pero claro, a lo mejor en otro tipo de cosas no ponemos placa con nuestro nombre para que perdure hasta el fin de los tiempos, que a este paso será antes de lo que imaginábamos.

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