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martes, 10 de junio de 2014

Salir como única salida

Tener tres alcaldes en tres años no es una situación que podamos calificar de “normal”. Es el caso de Santiago de Compostela, la capital de Galicia, ciudad a la que tengo un especial cariño por haber vivido en ella durante cinco años de estudios, en que también hubo tiempo para pasear por sus callejuelas y tomar muchos cafés en locales inolvidables como el Paraíso Perdido, el Airas Nunes o el Metate. 

Ni Santiago, ni sus habitantes, ni los gallegos merecemos el espectáculo de circo que se ha dado en la capital. Ese juego del ratón y el gato, ese alcalde que ha dimitido pero que hasta unos minutos antes de la rueda de prensa lo negaba, esas “presiones” que ahora se revelan pero que hasta hace pocas horas eran “respeto a la autonomía local”… ese tipo de tonterías son las que nos han traído a donde estamos en la crisis política e institucional que vive este país. 

Feijoo, que suele tener un instinto más acertado, esta vez se ha equivocado dejando que las cosas llegaran tan lejos. Los compostelanos dieron al PP una oportunidad de oro en Santiago que se ha desperdiciado, y no tanto por la dimisión o la inhabilitación de los concejales, que también, como por la forma de llevar el tema. Muchas veces las crisis no se pueden evitar, pero sí se pueden afrontar con decisión, ahorrándonos todo este espectáculo lamentable. 

Orense y Lugo, ciudades cuyos gobiernos están siendo investigados y que también pueden acabar malamente, tienen ahora un precedente al que agarrarse si pintan bastos. Ese barniz de europeísmo del que tanto nos gusta presumir, sobre todo ante los americanos, no deja de ser un disfraz que no acabamos de asumir cuando llegan momentos como este, en que hay que ser consecuente y marcharse a su casa quien llegó a la alcaldía de carambola y se quedó sin concejales por inhabilitación judicial. 

Puedo parecer duro, pero es que no creo que haya otra postura razonable. Verán, es difícil para mí pedir la dimisión de un alcalde por algo que él no ha hecho. El juez no lo condenó porque él no firmó el famoso acuerdo por el que se empezó todo este proceso judicial, pero no es que se negara a rubricarlo por considerarlo ilegal, sino que simplemente se ausentó para evitarse problemas. Y no fue la única vez que lo hizo. 

Ángel Currás, alcalde dimisionario - Foto de El Mundo
Por eso ha de dimitir. Porque sabía que había algo que no encajaba y aun así permitió que todo siguiera adelante. Porque fue cómplice por omisión. Porque si eres Alcalde, aunque sólo eres responsable de tus actos, también tienes un importante grado de culpa si consientes a sabiendas que los concejales hagan lo que no deben. 

Esto hace un daño terrible a la ciudad de Santiago y a su imagen. En Lugo sabemos de eso porque sólo salimos en el telediario por barbaridades, pero entre lo del códice, el asesinato de Asunta y esto ya nos vamos poniendo a la par. 

El nuevo alcalde tiene once meses nada más para demostrar que no todos son iguales, pero lo tiene muy complicado porque lo más probable es que aunque lo haga bien no tenga tiempo para poner ciertas cosas en su sitio. 

En cualquier caso le deseo suerte, por el bien de mi segunda ciudad.

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