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lunes, 2 de junio de 2014

Vivimos un momento muy peligroso

Siempre he tenido a los catalanes por personas prudentes, espabiladas y que saben medir bien las situaciones y actuar en consecuencia. Pues va a ser que no todos, lo que nos demuestra que las generalizaciones son tan tontas en este caso como en casi todos los demás, valga la redundante generalización “ad se” que recoge esta frase.

¿Defendiendo su derecho a una vivienda digna?
Un ejemplo de que a veces dan palos de ciego como el resto de los mortales es la metedura de pata del Alcalde de Barcelona, que ha tenido la ocurrencia de dar una victoria a los vándalos que se dedican a quemar contendores y destrozar comercios para ver si así dejan de hacerlo. Y no, claro.

La comparación con el Gamonal es obvia. Si en aquel momento advertíamos que dar la razón, aunque la tengan, a quienes plantean sus argumentos por la vía del spray, la piedra, la antorcha o el garrotazo y tentetieso no es buena idea, ahora se confirma el principio básico de que la democracia no quiere decir que te encierres en el despacho cuando unos cuantos salen a la calle.

Se trata de buscar un equilibrio entre “escuchar al pueblo” y asustarse ante los que rompen cosas. No es lo mismo, ni parecido, un grupo de cafres que se lían a palos con la policía que una manifestación pacífica a la que, estés o no de acuerdo, tienes que tener en cuenta (léase las macro manifestaciones de “no a la guerra”, “nunca máis”, las que hubo tras el 11-M…) aunque sólo sea para explicar mucho mejor y con más cuidado por qué haces lo que haces aunque no sea popular.

La democracia no puede hincar la rodilla ante nadie, y un alcalde elegido por sufragio universal, igual, directo y secreto bajo ningún concepto puede agachar las orejas ante una pandilla de gentuza cuyos argumentos para mantener una situación ilegal es cometer otros delitos. Y aunque fuera para mantener una situación legal tampoco.

España vive un momento peligrosísimo. Volvemos a nuestro ejemplo de cabecera con la Alemania de entreguerras y el ascenso al poder de un señor llamado Adolf Hitler. Verán, siempre pongo de ejemplo esto porque los extremos ilustran muy bien las cosas, y como les expliqué en más de una ocasión cada vez se ven más paralelismos entre aquella situación y la actual. “Eso no podría pasar en España hoy día”, me dirán. Tampoco pensaba nadie que podría pasar en uno de los países más democráticos y avanzados del mundo en su época, y pasó.

Ser muchos y tener razón no es necesariamente lo mismo
Los nazis eran expertos en utilizar las herramientas que les daba la democracia para mover “la calle”. Se presentaban como revolucionarios que luchaban por el pueblo, contra el marxismo, el capitalismo, los poderosos, la banca… como salvadores de un país que estaba atravesando una dura crisis... no sé si les suena. Cuando servía a sus propósitos se autodenominaban gente “de orden” y cuando no tomaban las antorchas y quemaban libros en actos públicos aplaudidos por parte de la población ante el silencio de los demás.

Ahora vemos que en Barcelona unos tipos que estaban ocupando ilegalmente un inmueble reaccionan violentamente cuando se les quiere echar de lo que no es suyo, y que se les da la razón por la vía de los actos como si se pudiera razonar con la irracionalidad, y el espectador mira pasmado cómo le embargan su cuenta por no pagar una multa de aparcamiento mientras a esta gente se le permite utilizar la violencia para defender lo indefendible. Y el ciudadano calla, no sé muy bien por qué, pero calla.

Y ese es el verdadero problema de todo esto, la mayoría que, aunque no está de acuerdo con lo que ve, guarda silencio cobardemente ante los desmanes de unos cuantos que se autoerigen como salvadores del Pueblo sin que nadie los haya señalado. Los alemanes fueron cómplices de Hitler en el mejor de los casos. No seamos nosotros actores necesarios hoy día. Nos podríamos arrepentir demasiado tarde.

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