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viernes, 26 de septiembre de 2014

La lenta justicia

Estoy haciendo pasillo (por cierto, mira que es feo), esperando para declarar en calidad de testigo en el Juzgado de Instrucción número 1 de Lugo, cuya titular es la popular jueza Pilar de Lara. El asunto es la Campeón, o si lo prefieren en su nombre en inglés, la Champions (no me he podido resistir a hacer el juego de palabras, no me digan que no es casualidad).

Antes de que se pongan a hacer cábalas sobre de qué demonios estoy hablando, les traigo a la memoria un artículo del 26 de mayo de este año (Parece que celebrar con sentidiño no es celebrar), en que les contaba cómo había sido testigo de cómo la inconsciencia de un chico acabó con una señora herida en la cabeza y la detención del tontaina.

Pues aunque cueste creerlo, de las dos docenas (generosas) de personas que estábamos allí y vimos todo, sólo yo di mis datos personales a la herida y a la policía por si hacía falta algo, como de hecho ha sido necesaria una declaración como testigo. Esto nos hace ver lo mal que está la sociedad, donde alguno puede que eche una mano, pero de forma anónima para “no meterse en líos”.

Ya salí. Hay que reconocer que las cosas tampoco te las ponen muy fáciles. Me citaron a las 9:30 de la mañana y me tuvieron esperando una hora, y todo para dictar a una (eso sí, amabilísima) oficial la declaración y firmarla, sin siquiera conocer a la jueza, lo que he de reconocer que me hacía ilusión. No todos los días uno pasa por el juzgado de una de las protagonistas de la actualidad local, bueno, a menos que sea el alcalde de Lugo, que entonces casi casi.

Entiéndanme bien, no se trata de que te pongan una alfombra roja y te ofrezcan un café con leche, pero cuando estás haciendo algo movido únicamente por una conciencia de ciudadano, lo que cuesta trabajo entender es sentirte abandonado a tu suerte haciendo tiempo en los pasillos. Me parece una falta absoluta de respeto y un decir “tu tiempo no es importante”. Quizás no lo sea para los poderes del Estado, pero para mí sí lo es.

Vuelvo a insistir en que la cosa no es para tanto… en mi caso. “Vaya tontería, protestar porque le hicieron esperar una hora en un juzgado”, pero hay que tener en cuenta que personalmente yo tengo la suerte de que en mi trabajo puedo faltar un rato sin que pase nada grave, y que además entre bueyes no hay cornadas y las administraciones son comprensivas con esto, pero ¿y si no fuera el caso? ¿Y si tuviera que cuidar de un familiar? Si la declaración llevara una hora entendería que es lo que hay que hacer, pero son cinco minutos tras una hora de retraso injustificado. No quiero exagerar, y ya sé que hay cosas mucho más peliagudas en la judicatura, pero oigan, es lo que me ha pasado hoy y se lo cuento tal cual.

La cuestión es que hay que dar facilidades, porque francamente, te hacen pensarte dos veces volver a dar tus datos la próxima vez que veas algo así.

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