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lunes, 19 de septiembre de 2016

Monforte se traslada a los años 40

En la batalla
El sábado en el Museo del Ferrocarril de Monforte tuvo lugar una recreación histórica espectacular, aunque lo de “recreación” es más por la época que por el acto en sí, ya que lo que se reprodujo nunca tuvo lugar históricamente. Era el supuesto asalto a un tren de oro nazi que huía de Dusseldolf camino a Berlín durante la invasión aliada de Europa en la II Guerra Mundial, cosa que jamás sucedió.
Al evento acudimos bastantes curiosos, calculo que unos 1000 como mínimo, y por una módica entrada de 3 euros podías ver de cerca muchas cosas, como la joya de la corona del Museo, una locomotora Mikado totalmente restaurada y en perfecto estado de funcionamiento. Impresiona estar de pie al lado de ese monstruo de acero.
El  Mercedes de José Ramón
La recreación estuvo completada con la participación de varios vehículos como tanquetas, motos con sidecar, incluso un tanque y dos Mercedes de época, uno de ellos uno descapotable perteneciente a la colección de José Ramón (de la pastelería Madarro), y que fue de lo que más llamó la atención, rivalizando en protagonismo con la propia Mikado, que ya es decir.
La representación también sirvió para grabar un documental. En la primera parte del mismo una serie de paisanos de la zona huían en el tren de la ciudad ante la amenaza de las tropas americanas, y compartían convoy con el oro alemán que se dirigía a Berlín para su mayor protección. Hubo detenciones de aliados que pretendían volar el tren y de ciudadanos que no tenían la documentación en regla (aquí el único fallo que vi de la representación es que uno se iba partiendo de risa mientras lo detenían, cosa poco creíble). La segunda parte, en otra zona del museo, fue una batalla entre los defensores del tren, los nazis, y los americanos que por supuesto acabaron ganando. No sería plan de que vencieran los malos. En esta segunda parte había incluso un tanque y pirotecnia como para dejar sordo a cualquiera. Parecía que estabas en medio de una película.
Si les soy sincero me sorprendió que hubiera tanto público por lo inmovilistas que solemos ser, pero por otra parte me llamó la atención que hubiera tan poco pensando en el esfuerzo que debió suponer montar todo aquello. Bien es cierto que si hubiera más gente no tendría dónde meterse, porque no tuvieron la previsión de poner unas gradas para que todos pudiéramos ver bien la representación. Supongo que por cuestiones económicas.
Me gustan los ferrocarriles y me gustan los museos del ferrocarril. El de Ponferrada tenía unas piezas espectaculares, aunque las últimas veces que pasé por allí no las vi, no sé si están de reformas o algo (tampoco entré, solo pasé por delante, pero se ve el interior) y el de Madrid, en la estación de las Delicias, tiene entre otras curiosidades un vagón restaurante antiguo en el que puedes tomarte un café en un entorno llamativo y por poco dinero. Para ser Madrid, claro.
Las patrullas vigilando el convoy
Siempre que veo cosas con cierta solera, como las antiguas locomotoras de vapor, los espectaculares vagones de madera, la estética inigualable de los coches de época, e incluso los edificios que ya peinan canas, me pregunto si la humanidad ha avanzado en cuestiones visuales o vamos hacia atrás. No conozco ningún coche de hoy en día que se pueda siquiera aproximar a la elegancia y la clase del Mercedes que custodia José Ramón, ni un AVE, por práctico que sea (que lo es) se asemeja en lo más mínimo a esos vagones-museo que visitas con veneración por lo antiguo.
Los civiles huyendo de la batalla
Probablemente muchos cambios se deban a la aerodinámica y esas cosas, no se lo discuto, pero permitan que eche de menos la elegancia de diseños de hace casi cien años que nos dan sopas con hondas. Incluso, dejando a un lado ideologías y cuestiones morales (aunque no sea fácil), hay que admitir que los nazis en esto sabían lo que se hacían, y no en vano gran parte de sus uniformes los diseñó Hugo Boss. En la representación había un puesto de complementos de época, y si no fuera porque mi estómago no me permite ponerme una gorra con una esvástica, me habría traído una de los alemanes.
En fin, felicidades al Museo del Ferrocarril de Monforte de Lemos, a la coruñesa Asociación The Royal Green Jackets (que colaboraron con el tinglado) y a todos aquellos que hayan tenido algo que ver. Ha sido memorable.

 


 

1 comentario:

  1. Alégrome de poder ler unha crónica e de saber que houbo xente. Unha mágoa non poder ir (falta de transporte no meu caso), a ver se hai algunha recreación mais por estos lares a cal acudir...

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