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viernes, 21 de junio de 2019

Solo unos meses para cambiar las cosas


El Bloque tiene unos meses para poner a andar los cambios que quiera hacer o no los hará. Esto no lo digo yo, sino uno de los artículos que más me calaron de todo lo que me hicieron ver en mi vida de estudiante, de algo sirvió alguna de las lecturas obligatorias.

En los años 80 Rose y Milton Friedman firmaban un artículo llamado “La tiranía del statu quo” que, en resumen, viene a decir que todo gobernante tiene un periodo de entre seis y nueve meses como máximo para poner en marcha las reformas que desea ejecutar, y que si no lo hace el inmovilismo acaba por triunfar y la reticencia del que llamaban el “triángulo de hierro” formado por la maquinaria administrativa, social y política, que impiden cualquier avance. Lo escribió pensando en Ronald Reagan, y es curioso porque fue uno de sus más destacados asesores, pero se sintió decepcionado al ver que no ponía en marcha lo que habían hablado largamente antes de su victoria electoral.

Tal vez los Friedman hoy reducirían ese tiempo. El mundo de la tecnología hace que seis meses de los ochenta se hayan reducido a dos de los actuales, y que la máquina devoradora de novedades en que nos hemos convertido se canse en un tercio del tiempo de la ausencia de movimientos por parte de los regidores.

En cualquier caso, lo que es obvio es que cualquier gobierno recién elegido tiene un periodo de gracia, lo que aquí llamamos los 100 días, en que se le da cuartelillo para poner a andar sus reformas y mostrar por dónde pretende ir.

Cuando Lara Méndez llegó a la alcaldía confié en que daría un nuevo aire al Ayuntamiento y que supondría un cambio respecto a la forma de actuar de Orozco, que nunca me convenció a pesar de que era un regidor muy popular. Con el tiempo vi que la marca de la casa era la parálisis y la inactividad, y que realmente no solo no se avanzaba sino que la única preocupación era la sala de prensa. Echó la culpa a los demás: al Estado (hasta que cambió de color político, claro), a la Xunta, a la oposición e incluso a los funcionarios. Nada se le podía achacar a su gobierno, todo era cosa de los demás.

Pero ahora se han acabado las excusas. Entre PSOE y BNG tienen mayoría absoluta, tendrán presupuestos, podrán aprobar lo que quieran en el Pleno… y cumplirlo. Es, probablemente, un momento crítico para Lugo y uno de los últimos cartuchos que nos quedan antes de que esto acabe como un páramo económico, social y demográfico y tengamos que recurrir a una repoblación como la del Obispo Odoario en el siglo VIII.

Tengo esperanza, matizada por la experiencia, pero esperanza a fin de cuentas. Obviamente no puedo creer en el nuevo gobierno con la candidez que me hizo esperar mucho hace cuatro años, pero sí es cierto que confío en que las cosas empiecen a funcionar.

Lara Méndez ahora tiene un equipo elegido por ella, un programa redactado por ella, un gobierno nombrado por ella y un socio de gobierno pactado por ella. Y no olvidemos que al ser bipartito es posible que la competencia entre socios haga que ambas partes se pongan las pilas. Es su única ventaja para el pueblo.

Toca trabajar, y ponerse a ello ya mismo. Recuerden a los Friedman y la tiranía del statu quo. 

Ya no hay excusas.

1 comentario:

  1. Bien dicho, se acabaron las excusas. Ahora puede empezar a abrir expedientes a quien no quiera hacer su trabajo, a quien deje pasar los días y los papeles sigan durmiendo el sueño eterno, a quien decide que mejor no hacer nada para que todo siga igual. Ya no puede decir que no tiene mayoría suficiente para poner el Ayuntamiento en marcha. Ya no puede decir que no sabía nada de las cosas. Las sabía y las dejaba morir. Ya nada es lo que se decía señora Alcaldesa. El virus sigue en el mismo lugar, y ya se verá si el Bng decide coger el fumigador o seguirá alimentando el bicho.

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