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martes, 10 de septiembre de 2019

A ver lo que dura el amor

Reuniones Méndez - Quiroga (foto: El Progreso) y Arroxo - Balseiro (Foto: La Voz de Galicia)
Hubo ayer dos reuniones relevantes para Lugo.

Una, entre Lara Méndez y José Antonio Quiroga, Alcaldesa de Lugo y presidente de la CHMS (Confederación Hidrográfica Miño-Sil), trató el tema del caneiro del Muiño, que se arreglará de urgencia (lo que no deja de tener su guasa con la de tiempo que lleva roto), y el desbloqueo de los permisos para la playa fluvial, que ahora anuncian para el 2020. Ambos representantes mostraron la sintonía y fluidez en las relaciones que todos deseamos para nuestros gestores.

La otra, entre José Manuel Balseiro y Rubén Arroxo, delegado de la Xunta en Lugo y Teniente de Alcaldesa respectivamente, ha acabado en una amable rueda de prensa que refleja el entendimiento entre ambos y el compromiso de las dos partes para desbloquear cosas tan importantes para la ciudad como la entrega del Auditorio (que ya lleva terminado años pero que sigue cerrado a cal y canto), el remate del Plan Paradai (que viene desde los años 90), y la solución urbanística de San Eufrasio.

Las dos reuniones parecen haber ido muy bien, en un clima de colaboración digno de aplauso. Lo triste de todo esto es que la noticia sea eso, normalidad, lo se supone que debería ser. Estamos tan poco acostumbrados a ver juntos, sonrientes y con actitud constructiva, a cargos públicos (sobre todo si representan a diferentes partidos) que nos parece ciencia ficción. Lo habitual es la rueda de prensa tirante, la reunión tensa, el apretón de manos con una sonrisa forzada… todo lo contrario de lo que vemos hoy.

Obviamente choca más la imagen en el caso de la reunión entre Balseiro y Arroxo, porque son de partidos políticos diferentes y, aunque se me hace raro tener que felicitar a alguien por, insisto, lo que tendría que ser normal y habitual, en este ambiente enrarecido en que las siglas partidistas suelen tapar las institucionales es digno de mención que sepan hacer el trabajo para el que les pagamos: hablar con lealtad y normalidad de los temas que han de solventar.

A los ciudadanos nos va el sainete político, no se puede negar, de lo contrario no se explica que elijamos a gente que le da más importancia a la refriega partidista que a la gestión pública. Pero incluso en un país tan aficionado al tema se detecta cansancio. Nos estamos dando cuenta de que aunque pueda resultar divertido (al que se lo parezca, claro), el enfrentamiento entre políticos es una cosa y entre instituciones es otra. Lo primero es circo, lo segundo va contra nuestros intereses directos.

No sé a ustedes, pero a mí me aburren soberanamente las declaraciones del PSOE y el BNG diciendo que la Xunta está contra Lugo, las del PP diciendo que el Gobierno está contra Galicia, y las de cualquiera que diga que una institución está contra una parte del territorio que debe administrar. Es una imbecilidad, la diga quien la diga, sobre todo porque la experiencia nos dice que en cuanto las administraciones cambian de color invierten el discurso: el inmovilismo del gobierno de Rajoy con el tren para Lugo era “abandono” y el inmovilismo de Sánchez con el tren para Lugo es “espera positiva”, según los de su partido y los acólitos que les rodean y que viven del talonario público. Y así todo.

Confiemos en que algo empieza a cambiar. La imagen de ayer entre Balseiro y Arroxo es un primer paso, aunque no sé yo lo que durará el idilio porque todo apunta a que habrá elecciones generales en noviembre de este año, y seguro que sí tendremos autonómicas el próximo, por lo que lo más probable es que volvamos a lo de siempre. Ojalá me equivoque.

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