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viernes, 24 de enero de 2020

El caro juego de las sillas de FITUR y más

Presentación en FITUR. Parece que hay algo de gente, ¿a que sí? Pero hasta de espaldas les digo el nombre de casi todos.
Como era previsible FITUR ha sido lo que ha sido siempre: una presentación entre amigos, y eso no es un piropo. La amistad es una gran cosa, pero cuando se confunde con la profesionalidad es que algo se está haciendo mal.

En las fotografías en que se ve al público se aprecia bastante más gente de la acostumbrada lo que inicialmente me sorprendió, pero la explicación se presenta sola cuando ves que al cambiar el “turno” la mayoría del público se pasa a la palestra y viceversa, ya que el desembarco de alcaldes y su personal adjunto ha sido mayor que en otras ocasiones, lo que puede dar una falsa sensación de que “había gente” en las presentaciones. Haber había, pero era gente de Lugo, jugando un peculiar (y carísimo) juego de las sillas, y encima sin música.

Se presentaron las iniciativas del Ayuntamiento de Lugo a los colegas de la provincia de Lugo desplazados a FITUR, y las de la Diputación de Lugo a los colegas de la ciudad de Lugo desplazados a FITUR. Para eso no hacía falta irse a Madrid. Habría sido más razonable, más rentable y mucho más ecológico ahorrarse todos esos viajes y quedar en el Círculo de las Artes, que es mucho más bonito que IFEMA y nos queda más a mano a todos. Hasta habrían tenido más público, estoy seguro.

Para mayor fantasía, en la orgía de gastos “de representación” que incluyen viajes, dietas y demás (alguien debería aclarar cuánto cuestan estas cosas) no se ha tenido la decencia de tener una previsión para agasajar decentemente a los seis lucenses que acudieron a colaborar desinteresadamente. Seis personas de tres asociaciones del Arde Lucus. Recordarán que les había dicho hace dos días que limitaron la asistencia a una persona de cada entidad, pero finalmente sí, les dejaron ir dos por asociación, no tengo claro si por un improbable arranque de generosidad, o, como supongo, ante el panorama de que no iba a apuntarse ni el gato.

Pero a lo que íbamos. Estas seis personas, generosas con su tiempo (lo único que no se puede comprar), se levantaron de la cama a las dos de la mañana para coger una furgoneta camino a IFEMA (supongo que los representantes públicos durmieron cómodamente en hoteles de la capital, pero esto es una sospecha, no un hecho) y tras la paliza llegaron, se cambiaron de ropa, posaron como maniquíes en las presentaciones de Lugo, se les ofreció un vino y cuatro pinchos… y hala, a casita. A las cinco de la tarde se les metió de nuevo en la furgoneta para regresar.

Observen los horarios. Salieron a las tres de la mañana y regresaron más o menos a las diez de la noche, y no hubo la previsión de invitarlos a comer. A seis personas, oigan, que no hablamos precisamente de que haga falta el milagro de los panes y los peces.

Aunque con los que hablé no oyeron tal cosa, desde el Ayuntamiento se asegura que se les dijo que pasaran los tickets si comían por ahí. Curiosamente el miércoles por la tarde en el servicio de Juventud se dijo lo contrario a varias asociaciones (“ah, no, la comida es por vuestra cuenta”) y alguna no acudió al ver el panorama, pero ni siquiera se trata de abonar los gastos. Se trata de tener una previsión, de tenerlos en cuenta, de que se sientan bienvenidos, de portarse, en definitiva, como se debe con quien ha hecho un esfuerzo considerable por ayudar sin pedir nada a cambio. Que les cueste dinero es el colmo, porque además IFEMA no se caracteriza por tener buenos precios en las comidas (y ya puestos ni siquiera por comer bien).

Esta gente es mucho más generosa que sus anfitriones y estoy seguro de que ninguno será tan cutre como para pasar los importes de las comidas. Me imagino que los demás asistentes, todos esos cargos y sus acompañantes, sí habrán comido a cuenta del erario público sin que se les pasara por la cabeza decirles a los seis vecinos “oye, veniros a comer con nosotros”. Ni siquiera los incluyeron en la foto "de familia", porque los consideran comparsas, adornos, como una mesa o una proyección.

Así es difícil crear un espíritu de colaboración, la verdad. Te quitan las ganas.

Foto de familia publicada en la prensa. ¿No les falta gente?
Foto: La Voz de Galicia

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