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miércoles, 17 de febrero de 2021

Sectores ahogados

En estos tiempos tan convulsos las noticias sobre concursos de acreedores y cierres empiezan a ser frecuentes, y lo triste es que lo serán más aún si nadie lo remedia, y no parece que se vaya a hacer. La gran tragedia es que muchos negocios de toda la vida que van a cerrar sus puertas para siempre o que van a pasar por el mal trago de enfrentarse a una reorganización de sus deudas, no se ven en esa situación por su mala gestión o por decisiones empresariales incorrectas, sino porque les han obligado a dejar de trabajar.

No me entiendan mal, si hay que cerrar por la seguridad de todos se cierra, pero lo lógico es compensar a los empresarios por las pérdidas que les acarrea dicha clausura. Siguen pagando alquileres o créditos, impuestos, luz, basuras, agua, autónomos, seguridad social… sin facturar nada. Así no hay quien resista, y ya no hablemos de que, al igual que a los trabajadores se les paga un paro del 70% de su nómina, los empresarios también necesitan ingresos porque tienen la extraña costumbre de comer varias veces al día, pagar sus hipotecas, calentar sus casas y vestir a sus hijos.

Por si todo esto fuera poco, algunas empresas ven que sus cierres son todavía más acusados. Los pubs, por ejemplo, llevan cerrados desde agosto (sin contar los cierres anteriores y que ya funcionaban a medio gas en los meses de apertura de aquella manera) con lo que es casi imposible su supervivencia. Además, para mayor sarcasmo, nuestros dirigentes salen a felicitarse a sí mismos por las ayudas tramitadas sin explicar que lo que les dan por un lado se lo quitan por otro: los locales de ocio nocturno siguen pagando exageradísimos recibos de agua y basuras en sus mismos importes sin que consuman agua ni generen basura. Ya no les llega la limosna municipal que les dieron para pagar los costes abusivos generados desde el propio ayuntamiento durante su cierre, y eso sin contar que hay que pagar el IRPF de esas ayudas. Las cuentas no salen. 

Agencias de viajes, guías de turismo, hoteles… son otros sectores que se llevan un año sin trabajar (algunos sólo ocasionalmente y otros ni eso) y sin que casi nadie se fije en ellos. Son los grandes olvidados en una crisis en que no íbamos a dejar a nadie en el camino pero que está llenando los cementerios económicos de firmas devastadas, que cuando son PYMES se traducen en familias en quiebra.

Al menos parte del sector privado está reaccionando con cierto “sentidiño”. Hay muchos propietarios de locales que han condonado o reducido notablemente sus alquileres, comprendiendo que es imposible afrontar todos los gastos sin ingresos. Pero la administración no, su implacable máquina recaudadora hace que los recibos se sigan acumulando, llevando al abismo a quienes generarían la mayor parte de sus ingresos si les dejaran sobrevivir hasta que todo esto termine. Pan para hoy y hambre para mañana.

Encima vemos que ese dinero se usa para seguir pagando proyectos absurdos como alejar una comodísima estación de autobuses de un sitio privilegiado, desarrollar un barrio nuevo en una ciudad con innumerables viviendas vacías o construir dos pasos de costes millonarios para superar la nacional VI a pocos metros uno de otro. Si toca apretarse el cinturón lo suyo sería dar ejemplo y posponer actuaciones innecesarias (cuando no discutibles).

En todo caso, al margen de lo que hagan nuestros dirigentes, hoy más que nunca tenemos que apoyarnos unos a otros. Comprar en el pequeño comercio, consumir en locales de nuestras poblaciones, hacer pedidos a los restaurantes que van tirando con esa mínima actividad… y cuando reabran tengamos presente que sólo las pequeñas empresas de Lugo pagan sus impuestos en Lugo, dejan su riqueza en Lugo y crean puestos de trabajo en Lugo. No lo olvidemos nunca. Nos va el futuro en ello.

Artículo publicado en El Progreso del 14 de Febrero de 2021

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