jueves, 23 de enero de 2020

El cambio climático ya está aquí

Inundaciones de París de 1910 - Inundaciones de Girona de 2020
Me encantan las efemérides. Sé que es una chorrada, porque los calendarios no dejan de ser una construcción humana y, como tal, completamente arbitraria, ya que se divide el año en 12 meses como se podía dividir en 10 o en 20, pero es lo que hay y no siempre va a ser uno totalmente lógico.

Hoy, día 23 de enero, por ejemplo, nacían Humphrey Bogart (1899), Richard Dean Anderson - más conocido como MacGyver - (1950), morían George Cukor (1983), Salvador Dalí (1989), Bimba Bosé (2017) o era asesinado Gregorio Ordóñez (1995). También se estrenaba en 1983 la mítica serie El Equipo A.

Pero las efemérides también sirven para situar ciertas cuestiones históricas en su debido contexto, alejando esa creencia de que las algunas cosas pasan ahora por primera vez… o para hacernos pensar de forma engañosa que nada cambia.

Por ejemplo, tal día como hoy en 1910 comenzaron las inundaciones de París. En la capital de Francia se encharcan 500 hectáreas, con 150.000 afectados, y se cubren de agua zonas simbólicas como Notre Dame, la Torre Eiffel (obviamente no la Catedral o la Torre enteras, supongo que las crónicas se refieren a que llegó el agua a sus bases) o los Campos Elíseos. En España también tuvimos riadas como la de Valencia de 1957, la Pantanada de Tous en 1982 o la tristemente célebre riada del cámping de Biescas de 1996.

En estos días terribles para la costa mediterránea, en que vemos anegadas zonas enteras como el Delta del Ebro o la destrucción causada por el temporal en paseos marítimos, carreteras, vías férreas y demás, nos preguntamos si es un fenómeno moderno derivado del calentamiento global, o si por el contrario es algo cíclico, más allá de la intervención humana.

Las efemérides nos pueden servir como recordatorio de que siempre ha habido momentos puntuales de grandes crecidas causadas por la acción de la naturaleza, y de hecho cualquiera que tenga un terreno cercano al río está familiarizado con términos como “máxima avenida” y cosas por el estilo, sabe que son cuestiones más o menos previstas, aunque con la imprecisión que caracteriza todo lo relacionado con la climatología.

Sin embargo, todo esto no puede ser una forma de negar el cambio climático o de abstenerse de intentar revertir lo que la acción humana está haciendo en el planeta. Que haya habido en el pasado casos excepcionales de grandes desastres no implica que los actuales sean ajenos a nuestra intervención.

El Delta del Ebro antes y después de "Gloria". Imagen de Antena 3 noticias.

No tengo datos científicos que lo avalen, porque aunque se nos dice que están contrastados no deja de ser una falacia “ad verecundiam” (es cuando un argumento se basa en “lo dice fulanito, que sabe de eso” o, dicho técnicamente, cuando se apela a la autoridad o prestigio de una persona para respaldar un argumento), pero sí una sensación de que cada vez hay más fenómenos metereológicos radicales, más desastres naturales relacionados con los temporales y más problemas de este tipo. También hay hechos incontestables relacionados con la contaminación, como ver la “boina” negra que está permanentemente sobre las grandes ciudades y te hace prever un futuro vomitivo en que la gente llevará mascarillas por la calle como en Japón.

Lo del cambio climático es como lo de cuidarse. Siempre piensas que tienes tiempo y que ya lo harás, pero el problema ya está aquí, y en este caso no es una cuestión personal, es un problema global.

miércoles, 22 de enero de 2020

Más autobuses a Foz que a FITUR

A la izquierda FITUR, a la que se envía a 20 personas.
A la derecha la fiesta del berberecho para la que se pusieron dos buses...
El día 18 en Foz tuvo lugar la fiesta del berberecho, que se dedicó a Lugo y pregonó nuestra alcaldesa. El Ayuntamiento de nuestra ciudad fletó dos autobuses para que los vecinos acudieran a este evento en el municipio costero. El 23 en FITUR de Madrid se presentará, una vez más, el Arde Lucus y se invita a las asociaciones que hacen dicha fiesta a ir con sus bártulos, pero se limita la asistencia a una persona de cada una de las, como máximo, 19 entidades (depende de cómo las contemos) que caben en un minibus, que tiene de 16 a 22 plazas. 

El PP ha denunciado los dos buses que el gobierno local puso a disposición de los vecinos para ir a aplaudir a la alcaldesa, lo que quizá sea exagerado porque la fiesta se dedicó a nuestra ciudad y eso justifica razonablemente el gasto… pero sí es verdad que parece desproporcionado poner dos autocares a Foz y medio a FITUR. 

Aunque FITUR no es lo que era desde el punto de vista empresarial, se ha convertido en una cita cada vez más popular, con lo que también es más difícil llamar la atención. ¿No les parece que en vez de mandar a 20 personas a hacer una presentación ante la gente de Lugo desplazada a Madrid sería mejor poner tres autobuses y montar un buen sarao que recorra toda la Feria el sábado? Eso sí sería efectivo, con tambores, estandartes, castreños y legiones, todos unidos para atraer las miradas a nuestra ciudad. 

Se hizo en Sada hace un par de años y fue un exitazo porque hubo implicación. Las asociaciones de Arde Lucus están deseando ayudar, y eso no se consigue con un pequeño destacamento que vaya a adornar una foto de consumo interno. Porque ese es el problema, que el interés no es promocionar Lugo sino salir al día siguiente en la prensa local presumiendo de lo mucho que se hace por el turismo, cuando la realidad es, lamentablemente, bien distinta.

Artículo publicado en La Voz de Galicia el 22 de enero de 2020

martes, 21 de enero de 2020

La Diputación imprime un catálogo que ya no vale para nada


El día 30 de julio de 2019 se inauguró en el Museo Provincial una exposición llamada “Eu sempre soñei a miña historia” que repasa la obra de José Vázquez Cereijo y que se clausuró el 22 de septiembre del año pasado. Ayer, 20 de enero de 2020, cuatro meses después de liquidada la exposición, se presentó su catálogo, con esa parsimonia desesperante que caraceriza a la administración local de Lugo, en este caso concreto a la Diputación Provincial.

Presentar el catálogo de una exposición medio año después de que se inaugure es como llevar la carta a los clientes de un restaurante cuando están desayunando en su casa al día siguiente, una inutilidad que solo transmite dos cosas: la falta de interés en que el público que acude a la galería sepa lo que está viendo, y el despilfarro de recursos públicos para editar un libro que ya no tiene ningún sentido. También les diré que aunque no soy un fanático de la pintura, me encantaría echar mano a uno de esos catálogos porque la exposición realmente me pareció muy atractiva, que es mucho decir viniendo de un inculto pictórico como yo.

Anne Nikitik es la persona que más hace por el legado de Vázquez Cereijo
Foto: La Voz de Galicia
Conociendo a la propietaria de la colección, Anne Nikitik, la viuda de Vázquez Cereijo, estoy seguro de que habría preferido pagar ella misma el catálogo y que llegara a tiempo. De su carácter generoso y desprendido da fe que el día de la inauguración se ofreció un coctel en los jardines del propio Museo que pagó ella, ya que la administración no lo veía procedente. A ver cuánta gente conocen que haría algo así.

La cultura es como la ecología, algo que llena la boca de nuestros gobernantes pero que les da pereza practicar, o, lo que es peor, algo sobre lo que consideran estar. La pachorra que transmite presentar el catálogo a los cuatro meses de cerrarse la exposición (sí, sé que me repito pero es que me parece de chiste) no es solo una muestra más de la infinita burocracia que soportamos, sino del total y absoluto desinterés por que el libro cumpla su función.

Da igual, paga el lucense, pagamos todos y el dinero público “no es de nadie” según las inmortales palabras de la ministra Carmen Calvo así que se puede utilizar de forma caprichosa e inútil.

Imprimir ese libro solo sirve ya para poner el logotipo de la Diputación en unas páginas que no van a servir para nada. De hecho lo lógico habría sido reconvertirlo en una especie de “antología” en homenaje a Vázquez Cereijo, eliminando toda referencia a ser un catálogo de una exposición de hace medio año, porque así al menos no habrían hecho el ridículo.

En fin, una más. Da igual, a nadie le importa.

lunes, 20 de enero de 2020

La educación de los niños


Este país no tiene remedio. Somos la tierra del eterno debate sobre nosotros mismos y de la continua redefinición sobre nuestra propia naturaleza, y perdemos un tiempo precioso en estas discusiones bizantinas mientras el resto del mundo avanza, aplicando lo de “¡que inventen ellos!”, que tan bien nos refleja.

Resulta que ahora está sobre la mesa la competencia sobre la educación de los niños, algo que hace unos años era tan evidente que no resistía el menor debate pero que en este momento se abre a todo tipo de interpretaciones. Se habla de la “patria potestad”, como si ese concepto estuviera grabado en piedra, cuando realmente se está abandonando en favor del de “responsabilidad paterna”. La diferencia es notable. El primero es una especie de “derecho divino” del padre (la madre vino después pero con reticencias) para mantener su omnipotencia en la casa e imponer su voluntad, mientras que el segundo está enfocado como una obligación que tiene como fin último el bienestar del menor.

Pero el debate no hila tan fino, que hay que leer y eso da pereza. Por un lado tenemos a los del pin parental que, según sus adversarios, quieren imponer a la escuela lo que puede y no puede enseñar a sus hijos haciendo volver a las aulas el creacionismo, el terraplanismo y la religión ultracatólica que hace que las mujeres se sometan a su marido y que los padres puedan maltratar a los niños porque son suyos. Por el otro al ala siniestra que, de nuevo siguiendo el hilo de sus detractores, pretenden obligar a los niños a probar marihuana, follar sin condón cuanto antes y tomar la pastilla del día después, no comerse las lentejas porque pueden ejercer su libre albedrío, y votar a los comunistas para acabar con el mundo civilizado.

¿Han pensado que ninguna de las dos partes dice esto? ¿De verdad vamos a seguir opinando tomando en consideración, no los argumentos que defiende una parte, sino la retorcida interpretación sobre ellos que afirma la otra?

Verán, lo que propone Vox, que no es santo de mi devoción dicho sea de paso, es algo tan sencillo como que para las actividades extracurriculares (es decir, lo que no es materia de estudio) se pida autorización de los progenitores para que tengan conocimiento de lo que se va a explicar y decidan si desean que sus hijos vayan o no vayan. Parece algo bastante sencillo.

Por su parte, los detractores de esa medida entienden que aunque se trate de cuestiones no lectivas hay valores básicos que se han de explicar a los niños como la tolerancia, el respeto, la salud sexual y demás cuestiones que cuando yo era pequeño estaban implícitas (y explícitamente te las decían papá y mamá) pero que ahora se ve que necesitan refuerzo, y tienen razón. Lo malo es que quien decide eso deberían ser los padres, no el Estado.

Una cosa es hablar de las materias lectivas y otra de lo demás. En mi modesta opinión el punto clave es la palabra “extracurricular”. No estamos hablando de que los padres puedan decidir que sus hijos no estudien matemáticas o que cuando vayan a explicarles la evolución tengan que salir del aula. Tampoco que les haya que consultar sobre si la Historia de España se salta al Cid o mete la Reconquista como una especie de guerra imperialista moderna.

En estas cosas es muy fácil opinar dando la vuelta a la situación. Imaginen que una administración quiere hacer obligatorio el estudio del Catecismo como vía para la mejora de la moralidad del grupo, la loa al Señor y esas cosas. ¿No creen que los padres (sobre todo los no creyentes, como es obvio) saltarían como hidras con toda la razón? Por supuesto se puede argumentar que obviamente no es lo mismo inculcar a patadas una fe que unos valores cívicos básicos que recoge cualquier ordenamiento jurídico, pero el principio básico es el mismo. Si otorgamos a la administración, o lo que es lo mismo, al Estado, la exclusiva competencia sobre la educación moral, sexual y social de los niños se la damos para bien y para mal, y qué quieren que les diga, me cuesta mucho tragar eso.

Es muy llamativo que mientras debatimos si se puede poner carne de cerdo en los colegios por respeto a los musulmanes o si en escuelas de Cataluña se adoctrina a los chavales intoxicándolos con un glorioso pasado independiente que nunca existió y se miente directamente sobre las supuestas invasiones del malvado estado español a su tierra, nadie diga nada pero que salten porque alguien pide que se pregunte a los padres sobre aspectos que sobrepasan (la palabra “extracurricular” es, precisamente, eso) la educación de sus hijos.

Es un debate muy amplio, por supuesto, pero parece razonable que la decisión final sobre cualquier asunto de esta índole la tengan los padres, que por cierto son los que tienen que educar los valores de los críos. Como sobre cualquier otro hasta la emancipación del crío. Lo contrario nos acerca a peligrosos abismos.

viernes, 17 de enero de 2020

Endilgar el muerto (a otra administración)

La cafetería del MIHL, San Fernando, la cafetería de la Cárcel y la fábrica de la luz. Cuatro ejemplos obvios de intentos de escurrir el bulto y largar el problema a otra administración o empresa.
Antes eran más discretos a la hora de intentar librarse de los marrones. Me refiero a las administraciones, claro. Hay dos formas fundamentales de escurrir el bulto cuando no se sabe qué hacer con algo, ya sea un servicio, un edificio o cualquier otro bien público. La primera es intentar colocárselo a una empresa, mediante una “adjudicación” que puede ser más o menos golosa o un auténtico disparate. La segunda es echarle el muerto a otra administración a ver si cuela. Por supuesto hay muchas más formas de librarse de asuntos peliagudos, como por ejemplo hundirlos en caso de que hablemos de un catamarán con el que no sabes qué hacer, pero mayoritariamente se tira de una de las dos expuestas inicialmente porque es mucho más peliagudo conseguir hundir un edificio entero, aunque mejor no demos ideas.

Lo de las adjudicaciones tiene su aquel. Si el negocio es bueno se acusará a la administración de buscar el lucro privado y si no lo es nadie querrá pujar (por supuesto ninguno de los mencionados acusadores del lucro se animará, que son muy generosos siempre que el dinero no salga de su propio bolsillo, claro está). Si quien gobierna es un partido de izquierdas debería ser una fórmula poco usada, ya que se supone que creen en la gestión pública a pesar de que en Lugo encontrar un servicio gestionado directamente por la administración no es como toparse con un unicornio pero sí como ver el rayo verde, que existe pero no hay quien lo pille.

Nuestra ciudad no se caracteriza precisamente por hacer buenos negocios con sus adjudicaciones. Por ejemplo nos gastamos una fortuna en arreglar la vieja fábrica de la luz y se le da a una empresa por un alquiler de 450 euros mensuales. Por ese precio la cogía yo, que hasta como almacén sale rentable. Bueno, y encima la cosa sale rana y nos va a costar una millonada indemnizar a la empresa. Ya ni hablamos de las fracasadas “inversiones” en la disparatada cafetería de la Vieja Cárcel, que no debería ni existir (es muy mona pero tapa el edificio). Un dineral gastado en construirla y lleva tres años vacía porque nadie la quiere coger, y no es de extrañar vistas las condiciones. Tampoco se ha conseguido un primo que pique y gestione la cafetería del MIHL, que ya ni se intenta colocar porque con la gente que pasa por allí un bar tiene menos futuro que una tienda espejos en el pueblo de Drácula.

A la vista de la sucesión de fracasos se ve que el Ayuntamiento le ha cogido alergia a sacar concursos, y en Lugo tenemos una terrorífica lista de servicios cuyos contratos de concesión están más que caducados (algunos llevan así lustros) y las denuncias de la oposición no hacen mella, porque se vive mejor sin trabajar excesivamente, que saca arrugas.

Las privatizaciones desastrosas no son patrimonio de la corporación municipal únicamente. También tenemos casos como el que les conté el otro día, el de Augasmestas, un absurdo que podría ser centro del guión de una nueva película de la Escopeta Nacional.

Pero hoy está más de actualidad la otra fórmula, la de endilgar el tema a otra administración.

Lo hizo ya en su día la Diputación, que se puso a construir residencias para la tercera edad como una enajenada y después le quiso pasar el tema a la Xunta. Lo pretende hacer la Xunta haciendo un trágala inaceptable al Ayuntamiento y al Estado con la ocurrencia, a estas alturas, de volver a empezar de cero con San Fernando y convertirlo en un Parador (una década después de contarnos lo fundamental que era el Museo de la Romanización que iban a hacer allí). La administración autonómica propone, para un edificio que no es suyo, una instalación que tampoco gestionan ellos. Así también propongo yo. Y también lo ha hecho esta mañana el Ayuntamiento proponiendo que la Xunta asuma sus guarderías, que se ve que le dan mucho chollo… Así hasta el infinito.

El problema de base es el mismo: la diarrea constructiva de nuestros próceres. Les encanta el ladrillo, edificar… con esa megalomanía que esconde traumas más o menos obvios y que da trabajo a las fábricas de placas de “siendo Fulanito un tío importantísimo se inauguró este mamotreto”. Se ponen a proyectar a lo loco sin pensar que no solo se trata de levantar edificios, sino de mantenerlos, hipotecando el futuro de su mandato y de los que vengan.

No es razonable, ni ecológico, ni económico ni aceptable. Eso de que una administración se ponga a hacer cosas que no son suyas para después reclamar a otros que lo mantengan no puede continuar. El truco es hacer edificios resultones: auditorios, guarderías, residencias, colegios… todo muy necesario, muy social y muy útil… pero que cuando te llegan los recibos de la luz, el agua, la calefacción y el personal quieres abandonar. Y no es tan sencillo.

Pues nada, sigamos para bingo. Construyamos más cosas: más barrios innecesarios, más viviendas en una ciudad con un 20% vacías, más bañeras colectivas de agua del grifo calentada, más edificios que intentaremos endilgar a otros… más gasto, más ladrillo, ¡más, más, más!… Hasta que un día esto parta por la base.

jueves, 16 de enero de 2020

El Holocausto: 5 lucenses asesinados por los nazis... y muchos millones de personas más

La inauguración de la exposición en la Biblioteca Nodal. La tienen allí hasta el día 27 así que no se despisten.
El martes se inauguró en la Biblioteca Nodal (la de Ramón Ferreiro) una exposición llamada “los 13 pilares del Holocausto”, organizada por la asociación AGAI (Asociación Gallega de Amistad con Israel) y que presentó mi amiga Ana Argiz. Les recomiendo visitarla, es más, les diría incluso que es imprescindible visitarla.

Usamos el término “nazi” con mucha facilidad, quizás excesiva, y yo mismo me incluyo en esa crítica. También les diré que en mi caso es algo hecho con cierta conciencia del término, ya que se utiliza como un ejemplo de todo lo que puede suponer el extremismo ideológico y el uso del Estado de forma abusiva sobre el individuo. Tras la acertada resolución de la Unión Europea que equiparaba ambos regímenes, ahora también podemos usar indistintamente el término “Comunista” para describir el horror sufrido por millones de individuos, aplastados y asesinados por la maquinaria pública durante la dictadura de la URSS. Sin embargo seguimos viendo hoces y martilos en todas partes (y cargos públicos que los lucen orgullosos) con una pasmosa indiferencia hacia sus innumerables víctimas, cosa que bajo ningún concepto se aceptaría si fueran esvásticas.

Esto último se debe, creo yo, a que a pesar de esa resolución de la UE, los horrores de los campos de exterminio nazis están mucho más fijados en nuestra conciencia colectiva gracias al cine. Sin embargo Hollywood no se ha molestado demasiado en retratar los crímenes comunistas y como la gente lee poquito lo que no está en la gran pantalla no existe.

Pero centrándonos en los crímenes nazis, creemos que asumimos la magnitud del genocidio… pero no es así. Nos quedamos muy cortos y la costumbre nos hace incluso tomarnos como algo relativamente ordinario lo que desde ningún punto de vista lo fue.

La exposición de la que les hablo, que pueden ver hasta el día 27 de este mes, retrata una situación tan terrible, tan exagerada que si les soy sincero creo que es imposible abarcar todo su espanto, el de la masacre de millones y millones de personas por cuestiones tan arbitrarias como el del pueblo al que pertenecen.

En la presentación de la exposición Ana Argiz explicó ciertas incorrecciones que todos asumíamos como ciertas, la primera de ellas es la de considerar a los judíos una “raza”, un concepto que proviene de Hitler y que ha calado notablemente. Los judíos son un pueblo, no una raza, y aunque parezca un matiz no lo es: hay judíos negros, chinos, hispanos, caucásicos… No es una nacionalidad: hay judíos españoles, franceses, estadounidenses, polacos, rusos… y de cualquier otro país. Tampoco es una religión (aunque sea una de sus más habituales definiciones): hay judíos creyentes y hay judíos ateos. Entonces ¿qué define a un judío? pues lo mismo que a cualquier pueblo: sus costumbres y su sentimiento de pertenencia a esa comunidad. Quizá por eso Hitler fracasó en su intento de exterminar el judaísmo, porque su concepto era incorrecto, aunque no sería porque no lo intentó.

Que haya hoy día personas que niegan el Holocausto es como los que dicen que la tierra es plana o que las vacunas están pensadas para matar niños: un disparate que solo se sostiene por la incultura o por el fanatismo ideológico que hace cerrar los ojos ante la realidad. Por si las fotos y los vídeos no llegan, tenemos registros ya que los nazis eran meticulosos hasta para eso y su burocracia es probablemente la prueba más sólida de su efectividad a la hora de asesinar a millones de personas.

También hubo españoles asesinados en los campos de concentración. Unos 5.000 ciudadanos de este país (a pesar de que Franco les negó su nacionalidad porque eran mayoritariamente republicanos huídos) murieron a manos de los nazis, entre ellos 175 gallegos y 5 de Lugo. Incluso hay apasionantes historias como la de las hermanas Touza de Rivadavia, investigadas por la Gestapo (sí, estuvieron en Rivadavia) por esconder a fugados del Reich que escapaban por allí de camino a Portugal. Las hermanas Touza pronto contarán (junto a otros 6 españoles) con su reconocimiento como uno de los 28.000 “Justos entre las naciones”, el mayor honor que Israel concede a los héroes que se jugaron (o perdieron) sus vidas por ayudar a los demás.

No me quiero extender más, porque lo importante es que vayan ustedes a la exposición y se lean con tranquilidad los desplegables que explican detalles de lo que ocurrió, porque el conocimiento de la historia es lo único que nos ayuda a evitar que se repita.

miércoles, 15 de enero de 2020

El bus de Lugo: ¿malo pero barato o barato pero malo?

Arroxo pilota los autobuses urbanos (metafóricamente) que siguen siendo lo que eran: un caos.
Foto: Web municipal de Lugo.
Hace pocos días Rubén Arroxo anunció, con la simpatía que le caracteriza (ni su peor enemigo, de tenerlo, puede acusarlo de escasez de sonrisas), que “más de dos millones de personas utilizaron el bus urbano en Lugo durante el año 2019”, lo que hace que nos preguntemos si hemos recibido 1,9 millones de turistas que se han subido al bus. No, no es eso. Lo que quiere decir es que ha habido dos millones de usos, de trayectos o de billetes vendidos, que no es lo mismo.

Si una persona usa el autubús dos veces al día, en un año la cuentan 700 veces, que es lo que hacía Carmen Basadre cuando se inventaba las cifras de visitantes al Arde Lucus (parecía contar cada vez que alguien pasaba por una puerta de la Muralla) y que disparaba hasta las 600.000, y eso que le hicieron cortar el argumentario porque era ridículo, que si no hoy rondaría el millón (la mitad que los usuarios de bus de Arroxo). También es cierto que Rubén tiene un dato cierto (el número de trayectos vendidos) y estoy convencido de que su antecesora directamente se lo inventaba.

Pero lo preocupante no es la confusión entre usuarios y trayectos, que es un tema menor, sino el lenguaje utilizado para evitar concretar compromisos de futuro, algo que, con toda la razón, Rubén reclamaba cuando estaba en la oposición. Llevamos años esperando por la instauración de nuevas líneas y horarios de bus, paradas con pantallas informativas que funcionen, frecuencias aceptables y un servicio efectivo, y se nos aseguraba que “en breve” funcionaría. Incluso habían hecho una prueba con unos móviles y un ordenador para demostrar que era una cuestión de voluntad y que eso se ponía a funcionar en un periquete. “En breve” lleva siendo ya mucho tiempo, y lo que no me hace mucha gracia es ver que se evita concretar plazos diciendo cosas como “cuanto antes” o que se “está trabajando en ello”.

Desde junio de 2017 tendrían que estar funcionando los sistemas de información en tiempo real, y nada. Hace más de una década que el Plan de Movilidad diagnosticó los problemas de autobús urbano en Lugo, y nada. Se nos prometen una y otra vez las mismas cosas… y nada.

¿El autobús en Lugo es malo, pero barato o barato, pero malo? Parece lo mismo pero no lo es. No podemos presumir de un servicio por su bajo coste (alto para las arcas municipales) si es el de sastre que es hoy día y que no tiene visos de mejora a corto plazo. Quizá lambobada de renovar el contrato ante de diseñar las nuevas líneas tenga algo que ver, ya que lo suyo habría sido hacer lo contrario.

Lugo es una ciudad eminentemente lineal. Desde la Medusa (incluso desde el Ceao) hasta la Universidad hay una larga espina dorsal básica de nuestra ciudad, que se completa con otra perpendicular que iría desde avenida de las Américas hasta Sagrado Corazón. Ambas se encuentran en la Ronda de la Muralla como centro neurálgico del sistema.

Tener eso en cuenta hace que sea mucho más sencillo establecer un servicio público que tenga sentido, y que no te encuentres con cuatro autobuses haciendo el trenecito mientras has esperado 45 minutos en la parada, usando una tabla de ouija para adivinar cuándo vendrá un transporte, ya que los horarios son tan incomprensibles como los símbolos de las pirámides ante de la aparición de la piedra Rosetta.

Lugo tiene un autobús barato, sí, pero el precio no es lo único que importa aunque sea algo fundamental si se cree en un sistema público de transportes. Lo más relevante es la eficacia del conjunto, algo que hay que poner en tela de juicio.

Recordemos lo que decía Arroxo en El Progreso en febrero de 2019, antes de formar parte del Gobierno: "Si desde el BNG, con 12 teléfonos móviles somos capaces de crear un sistema de control, a la alcaldesa tendría que caerle la cara de vergüenza" cuando dice que no se puede implantar un sistema similar en la ciudad "por dificultades técnicas".