miércoles, 25 de noviembre de 2020

¿Salvar la Navidad? No, ¡salvar la vida!


 “Salvar el verano”, “salvar el puente de Noviembre”, “salvar la Navidad”… y así todo. Estamos en un mundo tan sumamente obtuso que nos empecinamos en dar importancia a cuestiones menores como la celebración de determinadas fechas arbitrarias.

En cualquier caso, al margen de querer imbuirnos de un espíritu propio de Scrooge al final de Cuento de Navidad, en este puñetero año 2020 todos tenemos un carácter más parecido al de Ebenezer en los primeros capítulos del libro. En general estamos tensos, de mal humor, preocupados, nerviosos, tristes… y los casos más extremos mucha gente está pendiente de su propio futuro laboral y de su salud o de las personas a las que quiere.

En este escenario, ¿qué hacemos con las fiestas? Como es habitual se pueden ver las cosas de dos maneras. La primera es entender que precisamente por todo lo que está pasando necesitamos más que nunca una Navidad a la vieja usanza, con reuniones familiares, turrón, besugo al horno y pollo asado (era el menú de Nochebuena en casa de mis abuelos desde siempre), arbolito, espumillón y luces por todas partes. El problema es que la segunda forma de ver las cosas es que si se nos va la cabeza en estas fiestas señaladas y nos emperramos en mantener costumbres que a día de hoy son un peligro sanitario, enero puede convertirse en un desfile de ataúdes por una propagación descontrolada (la tercera al menos) del puñetero Covid-19. Y me temo que el segundo punto de vista es, si no el más realista, sí al menos el más prudente. Sólo falta que vengan los listos a saltarse las restricciones y ya verán qué bien lo vamos a pasar con las UCI llenas de familiares.

Este país es el de Rinconete y Cortadillo, el del ciego que sabía que su Lazarillo tomaba las uvas de tres en tres “porque yo las tomaba de dos en dos y tú callabas”. Cuando se nos imponen restricciones reaccionamos con críticas en los bares (menos ahora, que están cerrados) y buscando la forma de saltárnoslas porque estamos seguros de que no van con nosotros. El problema es que sí que van.

España es así. Además de hacer chistes de casi todo, por salvaje y desagradable que sea, tenemos la costumbre de dar por sentado que los que mandan están por fastidiarnos y que nuestro deber ciudadano es ejercer una rebelión oculta y violar cuanta norma se apruebe. Da igual que sea no pagar los impuestos (con esa frase que me desquicia: “si quiere factura le tengo que cobrar el IVA”) que respetar las normas de tráfico, la tendencia es el incumplimiento porque somos más listos que nadie.

Lamentablemente los titulares en que vemos cómo algunos de nuestros próceres se van de rositas después de habernos tomado el pelo a base de bien durante años no ayudan a confiar en el proceso. Ese rollo de que las leyes emanan del Pueblo a través de sus representantes está muy bien pero no deja de ser una forma bonita de vendernos esta partitocracia en que quien vota a los diputados, concejales y demás cargos somos nosotros… pero sólo tras una pre-selección por parte de los partidos políticos en que nos ponen a lo peor de cada casa (salvo honrosas excepciones) para que elijamos quién queremos que se ría de nosotros.

Los responsables políticos que hacen lo contrario de lo que ordenan a los demás son un primer ejemplo. Tener diputados condenados por haber evadido impuestos es grave. Que otros hayan sido sentenciados por pagar en negro a sus empleados mientras se autodenominan defensores del trabajador es peor. Sufrir a partidos políticos que pagan sus sedes con dinero de la caja B y que usan las instituciones del Estado para tapar sus vergüenzas ya ni les cuento. Así poca confianza generamos, porque incluso los que no han echado mano a la caja (al menos que sepamos por ahora) nos dan instrucciones contradictorias amparándose en comités de expertos inexistentes y ni se ponen colorados ni nada cuando les pillan.

Ya somos un país que se lleva regular con el cumplimiento de las normas, pero es que encima nos están dando excusas para avalar ese incívico comportamiento.


Así que olviden las normas y usen el sentido común. Piensen que ver a sus padres, abuelos, hermanos… en Nochebuena o en Fin de Año es un rato muy agradable que echarán de menos, pero que más echarán de menos a sus familiares si esa reunión se los lleva por delante. Y no, no vale “es que me hice una PCR para ir a cenar” porque desde que se la haga hasta que esté con los demás no puede estar seguro de no haberse contagiado, sobre todo por el maldito tema de los asintomáticos. Si quien tiene el bicho pingara el moco sería más fácil acabar con esto pero no es el caso.

Este año no debería haber reuniones en Navidad ni en Fin de Año. Sacrifiquemos unas fiestas para intentar garantizar la supervivencia de nuestros familiares. A ninguno nos hace gracia no poder dar un abrazo a los que queremos, pero es lo que hay, un efecto negativo más de una pandemia y no un caprichito del gobierno de turno que, les diré, me parece que se está quedando muy corto con las medidas anunciadas para las fiestas. Y si quieren, las pasamos para mayo, junio, o cuando tengamos una vacuna funcionando. Lo que sea menos hacer el ganso en este momento.

Después no digan que no estaban avisados.

martes, 24 de noviembre de 2020

La 42º Semana de Cine de Lugo, una luz en la oscuridad

 

Ayer se inauguró la 42º Semana de Cine de Lugo que, organizada por el Grupo Fotocinematográfico Fonmiñá, trae un poco de normalidad a nuestras “anormalizadas” vidas.

La importancia de esta actividad no radica únicamente en su meritoria supervivencia, con más de cuatro décadas trayendo a nuestra ciudad una cita que ya es parte de nuestro paisaje cultural, sino en convertirse en un rayo de esperanza en medio de la espesa oscuridad en que nos encontramos.

El cine es, desde su invención, una fórmula mágica para llevar historias a la gente. Ha superado ya a la literatura en popularidad porque es más fácil sentarse delante de una pantalla que abrir un libro, pero eso no le resta profundidad necesariamente. Dar por sentado que un filme tiene menos matices que una novela me resulta elitista, porque si bien es cierto que la narración tiene que abreviarse en las películas, también es cierto que cada una de las imágenes que recoge describe con más rapidez que las habituales “mil palabras”. Además, no podemos olvidar que hay películas buenas y malas como hay letra impresa buena y mala. Y no olvidemos la música. Más que el acompañamiento necesario para cualquier película es una parte imprescindible de la misma, y ahí sí que la literatura ha perdido irremediablemente la batalla.

Lugo está unido al cine gracias a Fonmiñá y a la Semana de Cine de Lugo, que este año además rinde homenaje a dos vecinos ilustres en este mundo: Luis Tosar y Benedicta Sánchez. Del primero se proyectará “Quien a hierro mata” y de la segunda “O que arde”. Además, de Tosar se ha inaugurado una exposición en la Biblioteca de Ramón Ferreiro con el acertado nombre de “El desconocido más conocido”.

También se pueden ver en la Biblioteca los 20 libros que la Semana de Cine ha producido desde 2005, y que van desde los estudios de cine y fotografía en nuestra provincia hasta un recopilatorio de la cartelería de esta Semana.

Como no podía ser de otra forma tiene que haber un “pero”, en esta ocasión ligado a la inexplicable colisión de fechas que las propias administraciones han provocado. Mientras que por una parte el Ayuntamiento de Lugo subvenciona y ayuda a esta Semana de Cine de larga tradición, por otra la contraprograma organizando un festival de cine de mujeres, que me parece algo muy de los 90 y que me suena a gueto virtual. Pero más allá de compartir o no ese punto de vista sobre la oportunidad de enfocar con un prisma unidireccional esas campañas, creo que nadie puede rebatir que es un poco absurdo hacer dos semanas de cine en Lugo en todo el año y que las dos coincidan en cuatro de los cinco días de celebración.

Este año no habrá problemas con esa coincidencia porque el coronavirus se ha asegurado de que los aforos sean tan reducidos que haya público para ambas convocatorias, pero qué quieren que les diga, yo el año que viene lo solventaría para evitar un conflicto totalmente absurdo.

Como cada año les dejo aquí la programación de nuestra Semana de Cine de Lugo, y si entran en la web de Fonmiñá (www.fonmiña.es) podrán ver toda la información de esta cita.

Más información en www.fonmiña.es

lunes, 23 de noviembre de 2020

Sí a las luces de Navidad

Iluminación de Navidad de 2019 en Lugo. Foto: La Voz de Galicia (Óscar Cela)


La discusión está en todas partes:¿debemos poner luces navideñas o gastar ese dinero en otras cuestiones más prioritarias como atender a la gente sin recursos? Si les digo la verdad creo que es un debate falseado porque esas necesidades se atendían sobradamente utilizando una fracción del dinero que se gasta en cosas más superfluas en Lugo, como una innecesaria pasarela de un millón de euros – habiendo un paso por debajo de la Nacional VI a pocos metros – o un edificio que no se sabe para qué se va a usar y que cuesta 1,5 millones.

Las luces navideñas van mucho más allá de la mera decoración. Son vitales para el comercio y para alentar a la gente a salir a la calle, más si cabe en un momento oscuro como el que vivimos en que necesitamos mucha luz y mucho colorido que nos levante un poco el ánimo.

En la Plaza de Abastos y el Mercado de Quiroga Ballesteros se inauguraron la semana pasada en un arranque de previsión, gratamente sorprendente por poco propio de nuestro Ayuntamiento. También hay que aplaudirles el resultado, unas magníficas luces navideñas que superan con mucho las del año anterior.

Sorprende para bien este cambio, aunque la explicación es simple: se han contratado a una empresa privada. No deja de ser chocante que para que algo se haga bien en Lugo tiene que gestionarse así, ya que aparentemente los servicios públicos, esos que siempre se afirma defender, no van bien. O están mal provistos o mal dirigidos porque no hay nada que funcione como es debido si no está detrás la empresa privada.

En todo caso son unas buenas luces que esperemos que sean el prólogo a un alumbrado navideño digno en nuestra ciudad, y esperemos también que permitan a los comerciantes poner adornos y luces en sus fachadas para, entre todos, colaborar a dar brillo a esta época. Lo necesitamos.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 17 de Noviembre de 2020


Nota: Hace ya casi una semana que publiqué este artículo en La Voz de Galicia, pero por diversas circunstancias llevo una temporada en que no he estado muy atento al blog. Espero recuperar a partir de hoy la frecuencia diaria pero no les garantizo nada, porque está todo tan revuelto que vayan ustedes a saber cómo terminamos cada semana. Gracias por los mensajes en que incluso se preocupaban por mi salud, todo está bien afortunadamente. Un saludo.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Más aclaraciones sobre los ERTEs (¿Limitación o impedimento?)

Cerrar o no cerrar, esa es la cuestión...

Ya ven que esta semana no he publicado casi nada, pero es que no doy para más. De todas formas sí me ha parecido importante aclarar ciertas dudas sobre los ERTEs (sí, al final el uso hace costumbre y si todo el mundo les llama así no voy a ser yo el Espartaco que siga insistiendo en la denominación "correcta", ya que son EREs). Espero que les resulte de utilidad.

Cada vez tengo más claro que cuando hay una nueva normativa sobre Regulación de Empleo es más rentable para todos esperar unos días para presentar una solicitud para dejar que se asiente el polvo levantado con las primeras consultas, y una vez despejado el horizonte, proceder con cierta seguridad.

En mi último artículo sobre los nuevos expedientes de limitación o impedimento daba por sentado que el nombre de ambas clases era tan evidente que no hacía falta mayor aclaración. Parece que es de Perogrullo afirmar que un expediente de limitación se tramita cuando una empresa ve reducida su actividad y uno de impedimento cuando la ve anulada. Pues no, no es tan sencillo porque hay casos puntuales en que se producen matices relevantes.

Por ejemplo, una cafetería que sólo hace cafés para llevar, ¿se considera limitación o impedimento? La primera interpretación, basada en el sentido común, dice que es limitación porque trabajar trabaja, por poco que sea. Genera ingresos, así que no tiene cerrado el local. Pues casi pero no exactamente: si quien atiende el negocio es el autónomo en persona y tiene a toda su plantilla en suspensión de contratos se entiende que es impedimento.

¿Eso quiere decir que en cualquier caso el impedimento implica que todos los trabajadores tengan su contrato en suspenso? Pues tampoco, porque hay casos, muy excepcionales eso sí, en que se permite que haya trabajadores. Imaginen por ejemplo un gran salón de banquetes que tiene cerrado porque este mes no les queda más remedio, pero que necesita una persona para tareas mantenimiento de maquinaria o de limpieza. Pues también se considera impedimento.

Aplicando el sentido común tiene lógica. Eso sí, cuidado con intentar colar lo que no es porque luego vienen las sanciones, las anulaciones de expedientes y los problemas. Aunque sólo sea por decencia, a pesar de que ésta va muy cara, no abusen. Utilicen esta herramienta de los EREs/ERTEs como se debe y será lo mejor para todos.

En cualquier caso la previsible avalancha de expedientes con las nuevas restricciones está siendo mucho menor de lo que se preveía, y quizá la explicación más sencilla sea que una empresa que tenía un ERE/ERTE aprobado en marzo y no hubiera renunciado a él prefiera incluir nuevamente a los trabadores en ese expediente en lugar de hacer uno nuevo. Es cierto que no tiene reducciones en las cotizaciones de este mes en que no trabajan… pero también que no adquiere otro compromiso de mantenimiento de seis meses de los puestos de trabajo.

Eso hace temer que si la campaña navideña es mala empecemos a tratar, ya no de un montón de expedientes de regulación de empleo temporales, sino de despidos masivos, lo que es un tema mucho más serio.


lunes, 9 de noviembre de 2020

Los efectos del cierre de la hostelería

Ejemplar manifestación de los hosteleros de Lugo. Foto: La Voz de Galicia

Sólo lleva la hostelería cerrada dos días y ya se notan los efectos en muchas costumbres y hábitos de los lucenses. Sí, ya sabemos todos que había estado cerrada antes, cuando el confinamiento, pero de aquella todo el mundo estaba metido en casa y no se apreciaba tanto lo mucho que influye en nuestras vidas ese sector.

Dejando a un lado la parte económica, la importancia de los empleos, las rentas, el movimiento financiero y demás la hostelería es sin duda alguna uno de los sectores más maltratados e incluso me atrevería a decir que despreciados pero sin embargo de los más usados en el día a día. Usted se cortará el pelo una vez al mes y comprará una prenda de ropa de vez en cuando, pero pocas cosas en nuestra vida son tan agradablemente frecuentes como ir a “tomar algo” con los amigos.

¿Dónde van a tomar ahora sus cafés de media mañana en el descanso de las oficinas? ¿En qué lugar quedarán las pandillas para tomar algo por la tarde? Por no entrar en detalles escatológicos, ¿dónde harán sus necesidades los ciudadanos cuando se vean en un apuro por la calle teniendo en cuenta que en Lugo ya no existen baños públicos? Porque les recuerdo que los quioscos de la ciudad, están cerrados desde hace años y la única alternativa que había, el edificio municipal, ya no permite la entrada para hacer uso de los aseos porque valoran particularmente su pellejo y en una pandemia cuanta menos gente pase por allí mejor.

Cuando estén paseando y se cansen, olvídense de tomarse algo agradablemente sentados al aire libre en una terraza, todas están cerradas contra toda lógica. Pueden, eso sí, comprar un café para llevar a los locales que estoicamente permanecen abiertos con servicio de recogida, pero recuerden que el banco en el que se van a sentar no está desinfectado entre uso y uso como sí lo estaban las mesas y sillas de las terrazas.

Ese es el auténtico valor de la hostelería, mucho más allá de un negocio es un servicio público que sin embargo, casi nunca es valorado como tal y no comprendo el motivo.

Pero vayamos más allá. La gente que vive fuera de Lugo y trabaja en la ciudad, ¿dónde va a comer a mediodía? Sí, puede cogerse un bocadillo y comerlo en la oficina o en la trastienda pero… ¿un mes a bocatas? ¿y si esto se estira, dos, tres…? Muy agradable no es. Seguro que echarán de menos el menú de 10 euros que les arreglaba la papeleta. Ya no hablemos de los comerciales y viajantes que no tienen otro recurso que hacerse un mantel con servilletas en la habitación del hotel. Vaya panorama.

Sí, claro que el hostelero vive de ese servicio público, pero igual que el bombero o el policía. Pero es curioso porque a la gente se le atraganta muchísimo pagar dos euros por un café en la Plaza de España pero no tiene en cuenta todo lo que recibe a cambio.

Espero que este mes de sequía hostelera ayude a muchas personas a recapacitar sobre lo que supone la hostelería en nuestras vidas. Incluso los propios hosteleros deberán empezar a sacar pecho y sentirse más orgullosos aún de su profesión y hacerse valer.

Los bares, restaurantes, cafeterías, locales de copas… son fundamentales en nuestras vidas porque en ellos es donde socializamos con nuestros amigos y muchas veces con la familia. De hecho me preocupa que esta medida haga que aumenten las comidas en domicilios y ahí es precisamente donde bajamos la guardia porque nos sentimos “a salvo” y no, no lo estamos.

Ojalá todo esto sirva para algo. Para frenar los contagios pero también para aumentar el respeto hacia la hostelería. Lo merecen.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Guía rápida de los nuevos EREs/ERTEs



Los nuevos decretos aprobados para hacer frente a la segunda ola obligan al cierre de muchos negocios, principalmente de hostelería, y limitan la actividad de casi todos los demás, sobre todo comercios ya que las restricciones de aforo y de horarios (para los que trabajan en franjas nocturnas) les impiden desarrollar su trabajo con normalidad.

Afortunadamente por una vez la legislación ha sido razonablemente previsora y el Real Decreto-Ley 30/2020 de 30 de septiembre aprobó nuevas tipologías de Expedientes de Regulación de Empleo (los llamados EREs o ERTEs) que permiten a las empresas tramitar con sencillez estas herramientas para intentar evitar el cierre definitivo. Como ha habido mucha confusión y diversas normativas vamos a hacer un repaso rápido sobre la situación a día de hoy.

1.- ¿Quién puede tramitar un ERE/ERTE?:

A día de hoy casi cualquier empresa. La inmensa mayoría tiene alguna limitación que justificaría un expediente por fuerza mayor y las que no, se ven perjudicadas en la caída de ventas, salvo casos muy puntuales.

2.- ¿Qué tipos de expedientes hay?

En realidad, todos los expedientes son EREs (expedientes de regulación de empleo), si bien según sean de extinción de contratos popularmente se les llama EREs y si son temporales ERTEs. Pero la distinción legal a efectos de procedimiento no se basa en los efectos, curiosamente, sino en las causas e incluso se tramitan de forma diferente.

Hay dos tipos principales de causas para justificar un expediente: las de fuerza mayor y las económicas, técnicas, organizativas o de producción (ETOP). Las primeras necesitan convalidación por parte de la autoridad laboral (la Xunta en este caso) y las segundas las toma la empresa negociándolas con los trabajadores, y aunque también es obligatorio tramitar un expediente en la Xunta, no están sujetos a autorización por parte de ésta que en la práctica actúa poco más que de depositaria de la documentación.

A su vez, la fuerza mayor a día de hoy se justifica en dos vertientes: limitación o impedimento de la actividad. El nombre es lo bastante obvio como para no tener que extenderse mucho en su explicación. Si hay una orden de una autoridad posterior al 1 de octubre que obliga a cerrar (caso de la hostelería en los 60 ayuntamientos decretados por la Xunta) es una fuerza mayor de impedimento de manual. Si por el contrario solamente se reduce algún aspecto de la actividad (aforos, horarios…) es de limitación y la medida deberá ser proporcional a la reducción. Cuando decimos proporcional hablamos de medidas razonables, no de una regla de tres matemática.

3.- ¿Cómo se tramita un ERE?

Aunque la información detallada está en la web de la Xunta, las claves rápidas son sencillas: si es un expediente de fuerza mayor (de cualquier tipo) hay que tramitar en la sede electrónica un procedimiento TR820C en que se aporta la información en el formulario a cubrir y se adjunta la documentación que justifique de la causa (por ejemplo el DOG que obliga al cierre o la limitación), el anexo II con la relación de afectados y la comunicación hecha a cada uno de ellos y firmada por los destinatarios. No puede ser más sencillo.

Si se trata de un ETOP es más complejo ya que hay dos pasos: un inicio (procedimiento TR820A) y, tras una negociación con los trabajadores o sus representantes, una decisión final (TR820B). Insisto en que en este caso no es necesaria una resolución de la Xunta que autorice el expediente pero hasta que se registra esa decisión final no puede tener efectos.

4. -¿Puedo tener varios EREs al mismo tiempo?

Sorprendentemente sí. Esto probablemente es lo más confuso que hay ahora sobre la mesa. Muchas empresas mantienen desde marzo un expediente abierto, incluso aunque no tengan trabajadores afectados en este momento, cosa perfectamente lícita. Pues bien, a día de hoy, y de forma excepcional por la situación, no tienen que renunciar a ese expediente para hacer uno nuevo.

Esto quiere decir que, por ejemplo, una empresa a la que se le autorizase un ERE por fuerza mayor el 18 de marzo y lo mantuviera abierto podría hacer otro por impedimento e incluir en este último a toda la plantilla. Una vez finalice el impedimento (en un mes, en el caso de un bar pongamos por caso) podría incluir nuevamente a parte de la plantilla en el expediente de marzo y recuperar para trabajar a los que necesite. La diferencia es que en los de impedimento y limitación actuales hay bonificaciones en las cotizaciones de seguridad social que están agotadas en la mayoría de los expedientes de marzo.

5.- ¿Qué plazo tengo para tramitar el expediente?

Si es de fuerza mayor no se agobien, su eficacia es retroactiva. Es decir, si hoy viernes les obligan a cerrar pueden tramitar el expediente la semana que viene con más calma y que sus efectos surtan desde el día de hoy. Esto permite que tengan un margen razonable para reunir la documentación y presentarla bien a la primera, lo que redunda en que todo el proceso sea más ágil para todos.

 

Espero que estas breves claves les ayuden a entender mejor el proceso y si hacer un expediente de este tipo salva a su empresa de la ruina, bienvenido sea, para eso se crearon.

Muchos ánimos a todos en estos tiempos tan oscuros.

Artículo publicado en El Progreso del 6 de Noviembre de 2020

jueves, 5 de noviembre de 2020

Un mes sin hostelería

Las terrazas no entrañan peligro pero también tendrán que cerrar. Foto: El Progreso


Mañana cierra la hostelería de casi toda Galicia durante un mes. Mejor dicho, mañana cierran a la hostelería de casi toda Galicia durante un mes.

Cada vez que leo estas noticias no puedo evitar tener un sentimiento de profunda tristeza, ya que durante toda mi vida he estado metido de lleno en la vida de un restaurante y por lo tanto no es que sienta empatía con la hostelería, es que me considero más vinculado a ese sector que al que me da de comer desde hace 15 años, lo que no deja de ser curioso. Pero es que estas cosas hacen mella y el Verruga no era solamente un negocio sino una forma de vida que influía en todas y cada una de las cuestiones familiares ya que al ser un sector tan peculiar en cuanto a horarios y calendarios condicionaba desde las fechas de las vacaciones hasta la rutina que podías hacer.

Por eso me pongo con cierta facilidad en la piel de quienes están pasando por ese trago y se me encoje el corazón y pienso, no sin cierta dosis de egoísmo, en la suerte que han tenido mis padres jubilándose hace unos años y evitándose este terrible trago en que sólo las ayudas públicas (a las que en general tengo alergia pero que en este caso son la única posibilidad de supervivencia) y la comprensión de los arrendadores de los locales (si es el caso, en el nuestro estoy seguro de que no contaríamos con tal cosa como está pasando a mucha gente que tiene la empatía de una alpargata con sus inquilinos) pueden evitar el cierre definitivo.

A la hostelería siempre le ha tocado bailar con la más fea. Es la diana de todas las críticas en cuanto pasa cualquier cosa, y si hacen porque hacen y si no hacen porque no hacen. Cuando vienen las fiestas de San Froilán o el Arde Lucus, en que son los únicos de la ciudad que están ganándose el pan mientras el resto estamos de fiesta nos vienen con la coña de que “tienen que pagar ellos las fiestas porque son los que se benefician”, como si estar currando cuando todos estamos de jarana fuera jauja. Si hablamos de las terrazas “se benefician del suelo público”, como si las empresas que explotan los autobuses o la publicidad urbana lo hicieran únicamente en locales privados, y sin tener en cuenta que esas mismas terrazas no dejan de sr también un servicio público como se demostrará en este mes, en que las echaremos de menos como nunca. Y así todo.

Por si eso fuera poco, y aunque por supuesto estoy generalizando y hay de todo, la educación con el hostelero brilla por su ausencia. Las mismas personas que en la gran cadena de ropa le piden a la dependienta que “por favor, si es tan amable, me gustaría saber si tiene una talla más de este pantalón” se transforman en groseros que entran gritando “¡caña aquí, chaval!” en cuanto entran en el bar de al lado. Lamentablemente en esto he de reconocer que las cosas se están igualando, pero no para tratar mejor al camarero sino para rebajar la educación con los dependientes de los comercios. Parece que los “por favor” y los “gracias” los cobrasen, y de las sonrisas ya ni hablamos.

El mundo de la hostelería es bastante hermético, en el sentido de que normalmente quienes se dedican a esa profesión no tienen muchas posibilidades de hacer amistades ajenas al sector. La explicación es sencilla: a las muchas horas de trabajo se suma que cuando la gente “normal” descansa, es decir, en fines de semana, festivos, puentes, vacaciones… el hostelero es cuando más trabajo tiene y viceversa. Cogerse las vacaciones en noviembre o febrero hace que coincidas con gente de hostelería normalmente, y claro, así no hay forma de tener una relación de amistad habitual con alguien que se dedique a otra cosa. Eso tiene unas consecuencias sociales tremendas, que normalmente la gente ignora cuando sólo protesta porque “el pincho de tortilla era algo pequeño”.

Ahora les toca cerrar, pero muchos llevan así desde agosto, por ejemplo los pubs. Por mucho ERE o ERTE que hagan, el alquiler, los impuestos, seguros y gastos generales los tienen que pagar igual sin tener un céntimo de ingresos, con lo que evidentemente una parte importante no volverá a abrir. Y ya no sólo hablamos del impacto que esto puede tener en la futura recuperación del país, sino en el drama de las familias, empresarios y empleados, que dependen de esa tarea para poder cobrar a fin de mes.

Esperemos que al menos esto sirva para algo, que se frene esta segunda ola que, como era previsible, aumenta a mayor ritmo que la primera si bien parece que por ahora tiene una menor letalidad. Esperemos también que la Xunta, que ha decretado este cierre, apruebe hoy un paquete de ayudas razonables que evite la ruina absoluta de muchas familias. Esperemos que el Ayuntamiento de Lugo recapacite sobre su decisión de duplicar el precio de las terrazas para el año 2021, algo que no es precisamente una ayuda para la supervivencia. Y esperemos que el futuro sea más luminoso, que buena falta hace.