viernes, 25 de septiembre de 2020

Lara Méndez interviene para abrir el paso a Quiroga Ballesteros

Obviamente nadie en su sano juicio pretende que la gente pase por el medio pero,
¿de verdad no ven espacio para que puedan pasar los peatones?

Lara Méndez ha intervenido en la polémica sobre el cierre del paso peatonal entre Quiroga Ballesteros y Armañá o Soledad, y lo ha hecho para corregir un grave error que está perjudicando notablemente a los industriales de la Plaza y el Mercado.

En una reunión mantenida el miércoles por la tarde con los placeros y representantes de Lugo Monumental (concretamente yo  mismo) asumió la postura de los perjudicados, a los que dio la razón en sus demandas, y se comprometió a tomar varias medidas entre las que hay que destacar la apertura de un paso peatonal antes del día 13 de octubre, día en que se cumplen las tres semanas del plazo que comenzó a contar el lunes 21 de septiembre que fue cuando habló con la empresa. También se comprometió a intentar que se abra el paso los fines de semana.

Más allá de que cuando se abra ese paso habrá transcurrido un mes desde que empezó todo este lío, el hecho de reconocer que se había producido un error en la valoración de la situación le honra.  El paso se cerró porque pensaron que sería suficiente con las alternativas que se daban, a través de la Plaza de Abastos (sin darse cuenta de que ahí no hay accesibilidad porque por la parte de Quiroga Ballesteros no hay rampas) o el callejón que da a Santo Domingo, donde se están haciendo unas obras que no se lo ponen fácil a nadie. Se equivocaron y ahora corrigen su error, lo que me parece una gran noticia.

También es cierto que la alcaldesa se ve obligada a intervenir porque los responsables de área, en este caso del BNG, han hecho oídos sordos a las peticiones de los afectados. Ni se han dignado reunirse con nadie, ni se han respondido a los escritos y correos enviados. Se ve que no han tenido tiempo, que todo puede ser. Es gente muy importante y está muy ocupada.

Se podría pensar que bien está lo que bien acaba, pero los cadáveres que quedan por el camino parece que no se tienen en cuenta. El Ayuntamiento corregirá, sí, pero tras un mes y pico de un daño totalmente innecesario causado a los placeros. No hablo del que toda obra causa, que ese ya se asumía y se daba por sentado, sino de incrementar esos problemas con acciones gratuitas fuera de toda lógica.

Escudarse tras los informes técnicos cuando se va contra el sentido común es una bajeza, y aquí se ha hecho. Decir que era “imposible” garantizar un paso seguro cuando ahora se va a hacer es una incongruencia, y más si tenemos en cuenta que me juego la cabeza a que cuando la obra se haga frente a grandes cadenas de perfumería y alimentación se tenía previsto habilitar un paso a los clientes, ya que de lo contrario se les obligaría a cerrar, lo que obviamente jamás iba a pasar.

Queda agradecer a la alcaldesa su intervención, que le honra, y el temple que tuvo en la reunión en que los ánimos estaban, lógicamente, muy caldeados. “Es su trabajo” podrán decirme, y tendrán razón, pero hay quien es capaz de afrontar una reunión en esas condiciones y quien no. Yo no sé si habría sido capaz, pero me da la impresión de que habría saltado.

Ahora que sea para bien.

jueves, 24 de septiembre de 2020

En el San Froilán de la pandemia pulpo... ¿¿y conciertos??



Se avecina un San Froilán peculiar, que el Ayuntamiento dice que va a convertir en una semana cultural con seis conciertos desperdigados por toda la ciudad. Y ya. Bueno, me refiero al ala nacionalista del ayuntamiento porque la otra, la socialista, ve las fiestas con una proliferación de calderos de pulpo por las calles. Personalmente me suena mejor lo segundo que lo primero.

El pulpo es al San Froilán de Lugo lo que los toros son al San Fermín de Pamplona, su mayor característica, su nota distintiva, su seña de identidad. Que se instalen por las calles calderos cociendo pulpo me parece un acierto porque ayudará a que se mantenga un guiño a la tradición y además a que muchos locales de hostelería sobrevivan. Probablemente tendrán que atender en terraza porque entrar en los interiores es espinoso, pero al menos podrán trabajar algo.

Antes de que ayer se anunciara este permiso generalizado ya había esa inquietud. Se estaban planteando fórmulas que, en mi opinión, son muy inteligentes como la de contratar a profesionales del pulpo para instalar un puesto y atender a varios locales de determinadas zonas, una forma estupenda de dar visibilidad a la iniciativa y cooperar entre todos a trabajar conjuntamente.

El tema de los conciertos, que ya hemos tratado en otra ocasión, me chirría un poco la verdad. Mientras el Caudal Fest se aplazó, sin dar la menor información a los que tenemos entradas (ni, por cierto, darnos la opción de elegir entre la devolución del dinero o el mantenimiento del compromiso sin siquiera saber cuándo se programarán las actuaciones) es un poco llamativo que se planteen actuaciones musicales, que se entienden como concentraciones de público. También es verdad que las últimas actividades hechas en la placita de Santo Domingo (la que ahora conoce más gente por el desvío obligatorio a determinadas horas desde Quiroga Ballesteros) no había ni el gato, no sé si porque la gente tiene miedo (que también) o porque no eran lo bastante atractivas.

Aquí la lógica indica que convocar una concentración de público simultáneamente en un único lugar sólo tiene dos posibilidades: o es un fracaso o es un riesgo. Si no juntas gente has hecho el indio y si la juntas es un posible foco de contagios.

Entiendo que hay mucha gente que vive de esto, pero también hay muchos pubs que viven de abrir sus puertas y se les mantiene cerrados cuando hablamos de locales que pueden llevar un control razonable de sus actividades. No es lógico que el Dvorak o el Clavicémbalo (por poner dos ejemplos) estén cerrados cuando podrían, con aforos determinados y medidas preventivas, trabajar. A medio gas, sí, pero trabajar. Pues ahí está la contradicción. Podemos reunir desde la administración a quien nos salga de las narices pero los particulares, preventivamente culpables, no.

Si se quiere ayudar al mundo de la cultura y el espectáculo, cosa más que razonable, se pueden habilitar desde ayudas hasta otro tipo de acciones como se hace con las demás empresas. Pero también se les puede dejar trabajar al menos un poquito.

Esta pandemia nos está revelando que la administración, y no me refiero al Ayuntamiento sino a toda ella, es caprichosa. Ya lo intuíamos o incluso lo sabíamos, pero no se habían manifestado con tal claridad hasta ahora.


EDICIÓN:

No suelo editar artículos pero veo que éste se ha malinterpretado por los afectados. Verán, creo que este tema trata de dos cuestiones: la pandemia y sus medidas de seguridad por un lado y la supervivencia del mundo de la cultura por otro. Mi enfoque es que es ilógico plantear conciertos cuando se están suspendiendo y aplazando citas que, se supone, ya tenían todas las garantías (por ejemplo el Caudal Fest).

Comprendo la situación de los profesionales del espectáculo, en serio, similar a la de muchos otros negocios que siguen cerrados desde marzo y que no saben cómo van a sobrevivir (de ahí el ejemplo de los pubs que se pone en el artículo), pero la solución no necesariamente es abrirlos, sino dar ayudas a quienes no pueden trabajar. No es la panacea, claro que no, y entiendo que lo que la gente quiere es trabajar y ganarse dignamente su sustento, es lo lógico y además lo mejor en un mundo tan transversal como el de la cultura, pero "desde fuera" no parece razonable hacer cosas contradictorias.

Puede que en el "fragor" de la batalla mis palabras suenen mal, pero no están escritas con maldad ni por enfrentarme a ningún sector (ya me dirán qué gano yo con eso) sino porque me preocupa cómo se están haciendo las cosas.

En el casco histórico estamos promoviendo pequeños conciertos, actuaciones de grupos locales para animar zonas con enfoques de mínimos, sin aglomeraciones, lo que creo que es la meojr prueba de que no tengo el menor interés en fastidiar a nadie.

Un saludo.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

El autobús urbano de Lugo podría ser gratuito todo el año

Los autobuses de Lugo son baratos pero ¿podrían ser gratis? Sin duda

El autobús urbano de Lugo es barato, muy barato. De hecho creo que es de los de menor coste de España y me atrevería a decir que quienes no lo han utilizado nunca se sorprenderían de que un viaje cueste 64 céntimos pagando a tocateja, si tienes la tarjeta (que se recarga en un cajero automático cómodamente) sale en 45 céntimos por trayecto (con descuentos aún mayores para ciertos colectivos como estudiantes y jubilados).

Sin embargo seguimos usando poco el autobús. Las caóticas líneas, las absurdas frecuencias y la falta de información fiable de este servicio hace que los lucenses sigamos optando por coger el coche, sea el turismo o el de San Fernando, pero no nos queda otra. Nadie en su sano juicio confía en el autobús urbano de Lugo para ir a ninguna parte si tiene un compromiso al que no puede llegar tarde, como por ejemplo el trabajo.

El BNG aseguraba, en campaña electoral, que era una mera cuestión de voluntad. Que eso se arreglaba en un periquete y que con cuatro móviles y un portátil podían crear un sistema de seguimiento de los buses urbanos que, si gobernaban, pondrían a funcionar antes de que puedas decir “¡Taxi!”. Llevan ahí año y medio y seguimos igual. Bueno, igual no, peor, porque las líneas se van adaptando a los cambios de circulación de la ciudad y las peatonalizaciones sin más plan que la santa voluntad de no se sabe muy bien quién, ya que los planes estratégicos, como el de movilidad, están en un cajón olvidados e ignorados (y el dinero que se gastó en ellos, por lo que se ve, despilfarrado).

"Muy pronto disponible" en realidad quiere decir "un año de estos..." o "estamos en ello..."

Pero vayamos a las propuestas en positivo, más allá de las obvias de poner las nuevas líneas a andar tras los años de espera (se ve que es como la fórmula de la Piedra Filosofal) y la información en los paneles que se utilizaron unos meses y ahora están ahí como muestra del fracaso de gestión municipal.

¿Qué les parece si ponemos los autobuses urbanos gratis? Y no me refiero a un día, como el de la movilidad que se celebró ayer, sino permanentemente.

¡Qué disparate!”, dirá alguno sin pensar ni medio segundo en el tema. Pero vámonos a las cifras.

En el año 2019 los autobuses urbanos de Lugo vendieron 2.156.828 billetes según el Ayuntamiento, un pelín más que en el año anterior. Con la transparencia que caracteriza al Ayuntamiento de Lugo, no he sido capaz de encontrar los datos económicos recientes, pero en 2015 (el más reciente que he podido localizar), en que hablamos de cifras similares, los ingresos fueron de unos 979.000 euros y los gastos de 2.220.000 euros. Nos vale de ejemplo. ¿Quién paga ese desfase? ¿De dónde salen los 1.221.000 euros que faltan? Obviamente de nuestros impuestos. El Ayuntamiento cubre la diferencia.

Es decir, que convertir el autobús urbano en gratuito todo el año no nos costaría 2.220.000 euros sino solo 979.000 euros más.

¿Se imaginan la repercusión de eso? ¿La reducción del vehículo particular? ¿La minoración de los atascos y de los conflictos del tráfico rodado? ¿La caída de la contaminación?… Convertiríamos un servicio actualmente poco menos que marginal en algo popular, porque somos como somos y lo gratis nos enloquece.

¿Y de dónde saldría el dinero? Pues qué quieren que les diga, viendo lo que se gastan aquí en caralladas como el edificio “eco-ilógico” que van a construir y aún no saben para qué lo van a usar, o de las bañeras colectivas de agua del grifo calentada con una caldera, me parece que sobra de dónde sacarlo.

Ni un millón de euros nos costaría convertir en gratis lo que ahora tenemos. Piénsenlo, den una vuelta y verán que no es el disparate que, estoy de acuerdo, puede parecer a primera vista.


martes, 22 de septiembre de 2020

¿Por qué es casi imposible repetir Comilonum?

Comilonum en la Muralla en el año 2.000 - Foto: La Voz de Galicia


Nos recuerda La Voz de Galicia de hoy que hace ya 20 años, en septiembre de 2000, Lugo se sentó alrededor de la Muralla para compartir mesa y mantel. Comilonum fue una fantástica fiesta, idea de Alberto García del Mesón de Alberto, que se pudo hacer gracias a la colaboración de 17 restaurantes. Bueno, corrijo, se hizo entre 17 pero en aquel momento estoy seguro de que el propio Alberto lo podría haber hecho él solito en cuanto a capacidad de mover materiales y personal, otra cosa sería lograr que 5.000 personas se apuntasen al tema, pero probablemente también habría sido posible. Sin embargo no lo hizo y compartió su visión con todos, y sin duda fue un rotundo éxito.

Se unieron a la organización los hoteles (por orden alfabético tal y como se publicitó de aquella) Gran Hotel, Jorge I, Méndez Núñez, Roma y Torre de Núñez y los restaurantes A Muralla, Alberto, Campos, Caseta de Fidel, España, La Barra, La Palloza, Los Robles, Manuel Manuel, Parrillada Antonio, Porta Santiago y Verruga.

Entre todos reunimos a 5.000 personas para hacer esta enorme comida, y fíjense lo que son las cosas que quedó muchísima gente sin poder sentarse porque no había más capacidad. 300 camareros atendieron las mesas, y el despliegue de medios y de recursos fue tremendo. No es fácil montar cocinas improvisadas al aire libre para tanta gente, y menos para quienes no teníamos costumbre de salir a la calle y teníamos únicamente los recursos de nuestros locales. Como anécdota les diré que mi madre hizo por primera vez en su vida café “de pota” en la cocina que habíamos montado frente a la Muralla y, a pesar de su nula experiencia con eso, le salió tan rico que todo el mundo repitió y casi no llega la enorme cantidad que preparó. Las imágenes de tanta gente rodeando la Muralla, junto a los libros que en aquel momento estaban puestos en el monumento dieron, no sé si la vuelta al mundo, pero desde luego sí a toda España.

Entonces, ¿por qué Comilonum no siguió? Se repitió un par de veces más, cada vez con menor afluencia de público, y la última fue un desastre, con unas enormes calvas en la Ronda que hacían que perdiera totalmente su significado. Incluso en una ocasión el riesgo de mal tiempo hizo que se trasladase todo a la Feria de Exposiciones, lo que acabó de cargarse el asunto.

Comilonum no se volvió a repetir porque es una ruina, así de sencillo. Los restaurantes que participaron perdieron un montón de dinero, y si bien estás dispuesto a hacer algo así por un fin más noble (la primera comida se organizó para apoyar la declaración de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad) lo que no vas a hacer es palmar pasta todos los años, y mucha.

Foto de portada de La Voz de Galicia al día siguiente de Comilonum

Empezando por tener que cerrar tu restaurante si te coincide un día de trabajo (que es lo normal porque se hacía siempre en domingo, un día en que nadie de hostelería descansa) y dedicar todos tus esfuerzos a una fiesta en la que vas a perder dinero. Sería una opción que se podría barajar si se cobrase el cubierto cubriendo costes, pero dudo que la gente estuviera dispuesta a pagar 40 euros por persona para ese tema.

Quizás el mayor error fue repetirlo. Comilonum debió quedar como lo que se suponía que tenía que ser, una fiesta excepcional para un momento excepcional. Una unión sin precedentes de una ciudad para lograr un fin que se consiguió. Flor de un día que quedaría reflejada en las imágenes que hoy recoge la hemeroteca. Sin embargo el recuerdo es agridulce, porque se siguió haciendo y entró en lo peor que puede pasar a este tipo de actos: la decadencia. El último año la organización aseguraba que había 3.000 comensales lo que, incluso siendo cierto, es prácticamente la mitad del primer año.

¿Se podría volver a hacer? Sí, por poder claro que se podría. Evidentemente al pasar todo este terrible momento de la pandemia. Quizás para celebrar precisamente ese momento, o incluso en un Arde Lucus se juntaría la suficiente masa crítica como para conseguirlo, pero la parte económica será la más difícil de superar.

Mientras tanto nos queda ese precioso recuerdo, el de una fiesta que nos unió para luchar juntos por nuestra Muralla.

lunes, 21 de septiembre de 2020

No sé cómo no se les cae la cara de vergüenza

 


Esto es un blog, un diario, y como tal en él expreso mis impresiones e incluso en ocasiones mis sentimientos. Los míos no los de ninguna entidad ni asociación, sea yo miembro o presidente de alguna (sí, hablo del Senado y de Lugo Monumental). Hoy no me resisto a publicar aquí algunas cosas que escribí en Facebook el fin de semana, presa de la tristeza y la desesperación. He cambiado un poco la redacción de algunas cosas para dar una coherencia al conjunto pero en esencia es lo mismo, y me temo que seguiré sintiendo lo mismo durante mucho tiempo… y a mí ni siquiera me va a la cartera directamente, no sé cómo lo soportan los afectados en primera persona.

Cuando ves a personas adultas llorando porque se pone en peligro su medio de vida por la soberbia y la cabezonería de los "líderes" de las mismas administraciones que deberían velar por sus intereses se te cae el alma a los pies.

Cuando encima esos "líderes" tienen la osadía de sacar pecho y decirte los muchos desvelos que sufren por la gente mientras están haciéndonos la puñeta, entre otras cosas porque solo escuchan a los pelotas y a quienes pueden controlar o comprar te desesperas.

A veces pienso que no hay solución. Que esta ciudad no va a poder salir del pozo porque al mismo tiempo que se niega a la gente honrada ganarse su pan se gastan nuestros dineros en edificios que no saben ni para qué se van a usar y en barrios nuevos mientras el resto se caen en pedazos.

La política puede ser algo maravilloso cuando se piensa como servicio público. Cuando es un fin en sí mismo es un asco, y es lo que sufrimos en Lugo desde hace mucho tiempo con honrosas y puntuales excepciones.

Deberían recapacitar y corregir, pero no lo harán. Se refugiarán tras los parapetos de la administración, que se llaman "técnicos" y tragarán con sus ruedas de molino a pesar de que el sentido común y las pruebas indiquen que es un disparate cerrar una calle al tránsito peatonal innecesariamente. Se creerán esa milonga de que es imposible poner una puñetera pasarela a pesar de que se ha hecho en Lugo en decenas de calles y en situaciones mucho peores.

Y no lo harán por estupidez, ni siquiera por maldad, sino por algo peor, por cobardía. Por no querer ver la realidad y por esconderse para no afrontar una realidad que les supera y no saben cómo ayudar a controlar.

La situación global es terrible pero sólo se pide una cosa a la administración: no nos estorben. No parece mucho pedir.

“Tendrán que escucharos” nos dice mucha gente. El problema es que ya nos han escuchado pero se hacen los sordos. Saben con detalle cuál es el problema pero les da igual. Lo reducen todo al juego político, a "eso es competencia de los otros" como si hubiera dos gobiernos, y "los otros", con esa soberbia del nuevo rico que ejerce un poder para el que no está preparado, ignoran los problemas ajenos porque desde su recién adquirida altura ven todo plano. Y hagan lo que hagan seguirán cobrando sus sueldos, que pagamos todos porque han conseguido su único objetivo, el poder.

La decepción no puede ser mayor. Algunas de las personas responsables de lo que está pasando llegaron al Gobierno Local y, aunque sinceramente yo no les voté, pensé que harían las cosas de otra manera.  Sí, hablo del BNG. Fue al revés, se apuntaron de inmediato a la política de la foto y la nota diaria y de la imagen en vez del trabajo. Por su parte quien debe dirigir el cotarro, el PSOE, está más pendiente de aprobar los presupuestos y no cabrear a su socio que de corregir lo que saben perfectamente que es una barbaridad. ¿Y la Oposición? La digna Oposición está a por uvas, buscando un hueco junto a los nuevos líderes donde hacerse la foto y ser los sustitutos de esta política de chichinabo en la que estamos instalados. 

Personalmente creo que desear gobernar para hacer cosas por tu ciudad es un fin no sólo legítimo, sino incluso noble. Pero no sé qué les pasa a las personas que cuando lo alcanzan lo usan, no hacer las cosas bien, sino para dispararlo como arma contra todo el que se atreva a decir que el emperador está desnudo. Pues no sólo está desnudo, el emperador se mea en nosotros y aunque digamos que es orina encima nos exige que digamos que llueve.

Habitualmente soy crítico, pero es la punta del iceberg. Estos días han superado mis peores temores. Escuchar a un concejal decir a una persona a la que están obligando a cerrar "es que ese no es mi problema" me revuelve el estómago. Y me ha pasado estos días en la Plaza de Abastos, en un edificio municipal, propiedad del Ayuntamiento al que todos pagamos nuestros impuestos y del que esperamos que, al menos, tenga un mínimo de decencia.

La culpa también es de quienes lo aceptan. Y por una vez no sólo son los partidos políticos que aúpan a quienes no tienen más méritos que ser los perros falderos del líder de turno, sino también de los cobardes que, dentro y fuera de los partidos, aplauden decisiones que saben incorrectas porque no quieren perder la oportunidad de ser los siguientes en recibir las ventajas que saben que no merecen. Y así hemos llegado hasta aquí.

No sé cómo no se les cae la cara de vergüenza.


viernes, 18 de septiembre de 2020

Obras sí, aislamiento no

Poner de acuerdo a los placeros e industriales de la zona no es algo fácil pero en esto están unidos.
Por algo será.

El lunes publiqué un artículo en que daba mi opinión favorable a la peatonalización de Quiroga Ballesteros. Hoy es viernes, y ya hay que salir a decir que lo están haciendo mal. No la peatonalización, sino la forma de enfocar las obras. Precisamente el problema de raíz con este asunto es diferenciar ambas cosas. Criticar cómo se están haciendo las cosas no es criticar la peatonalización, podemos estar de acuerdo con el objetivo sin compartir la forma de llevar a cabo la ejecución y ese es el tema.

A principios de esta semana, el mismo lunes, se cerró al tráfico Quiroga Ballesteros y también se impidió el paso a los peatones. Se creó una especie de “valla de Berlín” que obliga a la gente a cruzar a través de la Plaza de Abastos para llegar a Santo Domingo. Suena muy bonito hasta que recordamos varias cosas:

- No hay rampas, solo escaleras, desde el lado de Quiroga Ballesteros con lo que no es accesible. Las personas en silla de ruedas, los que lleven carritos de bebé, los que usen carro de la compra, o incluso quienes tengan perro no pueden acceder por ahí. Cuando se hizo la reforma del edificio se habilitó una pasarela provisional que conectaba el callejón de Telefónica con Tuñas Bouzón. Ahora no lo han hecho por razones que ignoro.

- La Plaza cierra a las ocho de la tarde y no abre algún día como los domingos, lo que condena esa calle a ser un callejón sin salida al que no irá ni el gato.

- No han señalizado absolutamente nada. Lo lógico, digo yo, sería poner unos grandes carteles al inicio de las calles que vas a cortar diciendo “La Plaza y el Mercado siguen abiertos, en horario de tal a tal, y el acceso más fácil desde este punto es por aquí”. Y añadiendo “si desea ir a tal sitio, la ruta alternativa es por tal lado”. Es algo de puro sentido común. Tanto sentido común que se le dijo a los concejales Rubén Arroxo, Cristina López y Alejandro Penas el jueves pasado (cuando nos informaron de este asunto, así, en plan hechos consumados sin que pudiera opinar nadie más que ellos) nos respondieron que “por supuesto eso está previsto”… y no, no lo estaba porque no lo hicieron.

Lo absurdo de la cuestión es que el cierre es totalmente innecesario, al menos en esa dimensión, fechas y horarios. No permitir pasar de la Soledad a Santo Domingo directamente, o de Armañá a Quiroga Ballesteros andando cuando tienen los coches de los obreros aparcados en esa zona porque saben que no van a trabajar allí es una estupidez y causa un daño tremendo a un área enorme. No solo se perjudica a Quiroga Ballesteros y a la Plaza, que también, sino a todo el círculo que va desde Santo Domingo a Soledad y desde Montevideo a Armañá.

Se nos dijo, en esa reunión, que se cerraría el tráfico peatonal a lo mínimo indispensable, lo que parecía lógico. Todos somos conscientes de que las obras causan molestias e incluso asumimos que puede haber cortes puntuales por necesidades de seguridad, solo faltaría. Pero no tiene la menor lógica cerrar al tráfico peatonal una calle de esa anchura cuando en otras como Doctor Castro o la Calle de la Cruz, infinitamente más angostas, jamás se obligó a cerrar el paso. Se pusieron pasarelas y se las ingeniaron para evitar condenar a la más absoluta de las ruinas a los de la zona. Aquí parece que les importa un pimiento.


A ver si alguien es capaz de explicar por qué pasaron días cerradas al tráfico peatonal estas zonas.
Y aunque la obra se complique, siempre hay formas y maneras de solventarlo.


Lo más grave de todo es que se les avisó. El 28 de mayo hubo una reunión en la plaza en que los concejales del BNG Rubén Arroxo y Cristina López se comprometieron a llamar a los representantes de la zona a ver con antelación qué se iba a hacer y cómo para que pudieran aportar sus opiniones y sugerencias. Pues nones, no hubo tal reunión, y se avisó del comienzo de las obras el jueves 10 por la tarde, es decir, con un día hábil por el medio (el viernes) y a partir de ahí que el Diablo reconozca a los suyos.

El autoritarismo está muy feo, sobre todo cuando viene de quienes van de “asamblearios” y de ser gente “del pueblo”. Pues están jodiendo ustedes al pueblo a base de bien, señores.

Sé que soy desacostumbradamente duro, pero cuando ves a mujeres y hombres hechos y derechos que todos los días madrugan para servirnos las mejores mercancías en un edificio que es de todos al borde del llanto porque en 20 años de profesión no habían tenido la bajada en las ventas que han tenido no hay cabida para ser blando. El Ayuntamiento está hundiendo a muchas familias por falta de previsión, por soberbia y por pensar que sólo ellos están en posesión de la verdad.

Como pasó con el tema del carril de la Ronda, sólo nos queda una esperanza, que Lara Méndez tome el mando de SU gobierno y ponga solución a este desaguisado, porque es tan responsable como SUS concejales de lo que está pasando.

Peatonalización sí, obras sí, aislamiento no.


miércoles, 16 de septiembre de 2020

Si Lugo no tiene moneda en 2021 es por vagancia

 

En la moneda de 2021 no sale Lugo... porque ni lo han intentado. Vergonzoso.

Hace más de un año, concretamente en Junio de 2019, la Asociación Lugo Monumental propuso a todas las administraciones que se impulsara una iniciativa tan efectiva como poco costosa: la acuñación de una moneda de dos euros conmemorativa de nuestros tres elementos declarados Patrimonio de la Humanidad para que se pusiera en circulación en el año 2021.

Esta iniciativa, que no tendría coste alguno porque ya se programan una serie de emisiones anuales entre las que hay una dedicada a Patrimonios, daría una repercusión enorme a Lugo en toda Europa, puesto que estas monedas son de libre circulación por el espacio Euro y, además, son atesoradas por coleccionistas.

Ha pasado más de un año. El Pleno del Ayuntamiento de Lugo trató el asunto pero no se nos ha informado de que se haya dado ni un solo paso adelante en esa dirección. La Diputación Provincial de Lugo y la Xunta de Galicia por su parte, ni siquiera se dignaron contestar a la solicitud. A nivel estatal, el diputado Joaquín García Díez fue el único que se lo tomó en serio y presentó una proposición no de ley en el Congreso de los Diputados pero, hasta donde sabemos, el Gobierno no ha acusado recibo de la misma…

No es comprensible. Renunciar  a una promoción tremenda para nuestra ciudad, sin coste alguno para las administraciones sin mayor explicación que la más absoluta de las desidias es algo que no cabe en cabeza humana.

Ahora probablemente ya sea tarde, pero aunque no lo fuera si no hay interés en lo propio no hay recorrido alguno para estas iniciativas. Eso sí, después gastan ingentes cantidades de dinero público en campañas cortoplacistas que no valen absolutamente para nada, pero que permiten dar ruedas de prensa y hacer muchas fotos para lograr votos.

Así se gestiona todo. Así nos luce el pelo.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 16 de Septiembre de 2020