lunes, 3 de agosto de 2020

Espacios vergonzosos


Estamos ya en agosto y lo lógico sería que los espacios dedicados al esparcimiento de los lucenses estuvieran en estado de revista, sobre todo si tenemos en cuenta que este año tan raro mucha gente no se atreve a viajar y ha decidido quedarse en casa, o directamente no ha podido hacerlo por circunstancias económicas, personales o laborales.

Sin embargo uno de los principales lugares donde ir de paseo, el enorme terreno que está entre el puente romano y la fábrica de la luz, está muy descuidado. No es que pidamos césped, pero sí debería tener al menos algo más que un vulgar secarral de hierbajos en que no se puede uno tumbar junto al río.

También es llamativo que de las 13 mesas con bancos con que cuenta la zona haya pocas en buen estado. Unas directamente no tienen ya mesa, otras están rotas, desniveladas, les faltan listones madera o están en un estado lamentable, pidiendo a gritos un lijado y una mano de barniz.

Otros espacios, como el absurdo pedregal que se instaló tras el antiguo Cuartel de San Fernando, habrían sido magníficos para poner unos bancos, árboles, césped, columpios o incluso una pequeña cancha de baloncesto o de cualquier otro deporte, una propuesta para ese espacio que Lugo Monumental hizo ya hace unos años. Aunque el futuro del inmueble sea un museo, tardará todavía en cristalizar si es que se hace, y nos habría venido de maravilla tener ahí algo más útil que una rocalla llena de hierbajos.

Son cosas sencillas, muy alejadas de los enormes presupuestos que se malgastan en cuestiones accesorias y en campañas absurdas, pero tendrían una relevancia importante en un año como éste. Ahora no son más que unos espacios que deberían dar vergüenza a quienes los tienen en ese estado.

No deja de ser curioso que se haga ese "chamamento" mientras se mantienen las fincas públicas en tan lamentable estado.








Artículo publicado en La Voz de Galicia del 03 de Agosto de 2020

viernes, 31 de julio de 2020

Una playa fluvial pública en la fábrica de la luz


La Alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, anunció ayer en el Pleno que se abrirá a una consulta popular el futuro de la fábrica de la luz. También indicó que se había recurrido la sentencia que condena al Ayuntamiento a indemnizar a la concesionaria del concurso/chollo que en su día hizo la administración local, y que nos costará unos dos millones de nuestros euros que, sumados a los que se gastaron en arreglar el edificio, no han servido para nada. Como prenderles fuego. Bueno, sí, han servido para empeorar la situación porque ahora hasta se ha perdido la concesión de la explotación eléctrica que desde el siglo XIX había en ese edificio. Recordemos que en 1999 Joaquín García Díez dejó el edificio nuevo gracias a una escuela taller de la Consellería de Familia, con Manuela López Besteiro a la cabeza en esa época, que lo rehabilitó y hasta las turbinas funcionaban perfectamente. Se dejó estropear, se gastó una millonada en arreglarlo y ahora estamos así...

Cuesta ser positivo, e incluso cuesta fiarse de estos anuncios. Que se nos diga que se va a pedir opinión a la gente suena a "vamos a dejar esto para otro día y como no tenemos muy claro cómo salir del atolladero proponemos la consulta popular que suena democrático y moderno y a ver quién es el guapo que se opone a preguntar al Pueblo". Más que nada porque ya nos suenan estas cosas. No hay más que recordar la ronda de consultas para mejorar el servicio de autobuses urbanos que se hizo allá por el 2016 y ya ven, cuatro años más tarde seguimos exactamente igual, pero sin marquesinas digitales que nos digan a qué hora viene el autobús (si es que viene).

Pero también es cierto que si la consulta es en serio puede ser una buena ocasión porque las instalaciones son estupendas para albergar casi cualquier cosa que se nos ocurra… si bien esto también puede ser un peligro. Las ocurrencias, quiero decir. Me temo que podrían caer en la tentación de aceptar alguna propuesta extravagante, bajo el título de “innovadora” cuando el sentido común limita bastante los usos de ese edificio. Por ejemplo, parece lógico que sea la sede de lo que durante tantos años llevamos esperando: la playa fluvial.

Teniendo ahí ese edificio, teniendo ahí un caneiro, teniendo ahí incluso una lengua de terreno en que se puede hacer un merendero, teniendo ahí el paseo del Miño, teniendo ahí aparcamientos… ¿alguien duda de que sería un magnífico lugar para eso? En el interior caben más que sobradamente las instalaciones propias de este tipo de lugares: una buena cafetería, duchas, incluso salas de aparatos de gimnasio que se podrían utilizar todo el año… No parece ni tan difícil de llevar a cabo ni tan disparatado utilizar un edificio que está en el Río Miño para el aprovechamiento del Río Miño por todos los lucenses.

Personalmente pienso proponer esto al ayuntamiento en cuanto nos digan qué canal hemos de utilizar, pero les confieso que temo seriamente que opten por hacer un museo de rabos de boina, un albergue para gusanos de seda sin hogar o cualquier otro disparate equiparable a de las bañeras colectivas (pomposamente llamadas “caldas”) que pretenden hacer en esas inmediaciones. Confiemos en que el “sentidiño” impere y que se maten dos pájaros de un tiro: el aprovechamiento del edificio y la dotación para Lugo de la playa fluvial pública que cualquier pueblo posee y nosotros seguimos esperando.

jueves, 30 de julio de 2020

Un ''Mini San Vicente'' (no quedaba otra)

El encendido de la fuente y el título de Daniel. Fotos: La Voz de Galicia.

Ayer fue 29 de Julio, día de Santa Marta, patrona de la hostelería y fecha en que se celebra normalmente el “Milagro” de San Vicente. Pero este año el coronavirus, que todo lo ha trastocado, también ha dado al traste con esta costumbre, que comenzó en 1969 y que desde 2014 se celebra todos los años de la mano de Lugo Monumental.

Pero no podíamos menos que mantener algo, una cita por pequeña que fuera, para hacer un homenaje a Daniel Romay, que es la persona a la que se ha entregado el reconocimiento a toda una vida dedicada a la hostelería, y también para llevar a cabo un pequeño recordatorio del San Vicente para que la cosa no quedara sin referencia alguna. Vamos por partes.

Empezando por el tema de Daniel, pocas personas merecen ese reconocimiento como él. Empezó a trabajar en los años 60, con tan solo 14 años, como aprendiz en el Verruga. Hoy sería algo totalmente ilegal pero eran otros tiempos y se veía como algo normal. Aprendió el oficio de la mano de mis abuelos así que la vinculación personal con Daniel es muy grande y de hecho si tenemos en cuenta que mi abuelo Cándido murió cuando yo tenía solamente 10 años es justo reconocer que Daniel lo conoció mucho más que yo, lo que no deja de darme una terrible envidia porque era un tipo realmente único.

Después Daniel se fue a hacer la mili (donde también ejerció tanto en el propio cuartel como en el Hotel Meliá Castilla) y al volver a Lugo regresó al Verruga, de donde salió a finales de los 70 para establecer su propio negocio, la Taberna Daniel, que hoy sigue ahí y que pasa a manos de su hijo Pablo.

Más de medio siglo de profesión, de una persona que además se molestó en formarse, y mucho. Hizo cursos de todo tipo, de cualquier contenido relacionado con la hostelería buscando siempre perfeccionarse en la profesión, y después empezó a darlos él mismo, colaborando así en la mejora de la preparación de las siguientes generaciones de hosteleros de Lugo.

Ahora se jubila y estoy seguro de que sabrá hacerlo. Les parecerá una tontería pero no es nada fácil dejar la bandeja en un negocio tan absorbente como el de la hostelería, y sobre todo si es uno que has montado tú mismo. Renunciar a todo y marcharse a una jubilación no es tan sencillo como parece, pero estoy seguro de que Daniel también seguirá en eso los pasos de mi abuela y mis padres y sabrá disfrutar de la vida de otra forma a partir de ahora.

Cuando en 2015 el Verruga echó el cierre alguien me dijo que Daniel estaba pensando en coger el local. Me hizo una ilusión tremenda, y me habría encantado que lo hiciera. Hasta estoy seguro de que habríamos permitido que continuase con el nombre porque no es una persona ajena, sino alguien que, a pesar de los años pasados, sigue siendo “de casa”. Lamentablemente no fue así, pero las cosas vienen como vienen, y les confieso que fue una decepción para mí saber que finalmente no salió adelante. Estoy seguro de que para Daniel también fue un chasco porque creo que para él habría sido un orgullo regentar el local donde empezó como aprendiz, un símbolo de su evolución basada en el duro, durísimo trabajo de tantos años. En cualquier caso tiene algo más importante: el cariño de los compañeros, el aprecio de sus fieles clientes y la recompensa de que Pablo siga con una tradición que seguro que estará ahí durante muchos, muchos años.

En cuanto al tema del “mini San Vicente”, les cuento que la fuente en miniatura la hizo mi padre. Toda la vida le han gustado las maquetas, aunque antes hacía barcos, pero hace un par de años se puso a hacer una reproducción a escala de la fuente de las ranas, la de la plaza de la Constitución, y cuando la terminó empezó a pensar en qué hacer a continuación. Nos dijo que proyectaba meterse con La Cibeles, pero ahí sí que le pedí directamente: “hombre, haznos el San Vicente”… y no lo pensó ni un segundo, se puso a ello.

Tras verse en un apuro para conseguir las medidas exactas (que le dio el arqueólogo del Ayuntamiento, Quique), se puso a ello y tras medio año de trabajo ahí la tienen, echando vino como la de verdad.

Les confieso que no pensamos en usar la fuente para esto. La idea original era que, si el Ayuntamiento se anima, la pudiéramos llevar a FITUR para promocionar el casco histórico y la fiesta del San Vicente en esa prestigiosa feria. Pero vino el coronavirus y nos fastidió el “Milagro” y como casualmente la terminó hace unas semanas coincidió todo tan bien que la utilizamos ayer para hacer ese recordatorio.

Así que gracias a mi padre tuvimos “mini Milagro”, y si todo va bien podremos difundirlo en las ferias y allá donde vayamos, porque hasta es fácil de transportar porque se desmonta. Está todo pensado (porque lo pensó él, a mí no se me habría pasado por la cabeza).

Termino dando también las gracias a la Alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, que nos dio más relumbrón ayer en estos modestos actos, a los concejales de los grupos municipales de Ciudadanos y el PP que también acudieron a la convocatoria, a todos los amigos que nos vinieron a acompañar, al Restaurante Campos por echarnos una mano con la intendencia y, por supuesto, a la APEC que, con su habitual generosidad desinteresada a través de su Fundación Lucus Augusti, nos ha prestado una parte de su local, y una magnífica ventana donde se puede ver la fuente hasta el domingo.

Veremos si podemos hacer el Milagro como debe ser más adelante, pero en todo caso seguro que en 2021 la fuente de San Vicente volverá a manar vino.

martes, 28 de julio de 2020

Comienzan los arreglos de las ventanas arqueológicas

Eso rojo no es un mosaico, es un vulgar cubo de plástico para recoger el agua, algo que era habitual y que espero que desaparezca.

Las ventanas arqueológicas de Lugo son una chapuza. Ninguna cumple adecuadamente su función. La de Santa María está siempre sucísima (y normalmente tiene algunos de los cristales de su perímetro rotos), la del acueducto de San Marcos tampoco se ve, la de la Ruanova lleva rota desde hace meses, y la de Doctor Castro tenía tales filtraciones que en vez de mosaicos normalmente veíamos plásticos negros y cubos de colores para recoger el agua. Vamos, todo un muestrario de lo que no deben ser los elementos que se instalaron, supuestamente, para enseñar orgullosos nuestro pasado.

Llama la atención que incluso cuando se avisa a las autoridades que se van a hacer grabaciones para promocionar la ciudad en esas ventanas la indiferencia sea la norma de la casa, y que ni se les ocurra algo tan sencillo como pasarles una fregona el día del rodaje, por aquello de que no den el asco que habitualmente dan.

La ventana de Ruanova lleva meses rota. Menos mal que debajo no hay nada que se estropee... demasiado

La de Doctor Castro jamás se ha visto bien. El cristal utilizado tiene que valer para poder andar por encima sin matarse, ya que es una zona de mucho tránsito peatonal, y eso es difícilmente compatible con la transparencia absoluta. Se optó por un cristal rugoso que siempre estaba o empañado o borroso así que sólo se veían las cosas (de aquella manera) por la noche y cuando encendían las luces, cosa poco habitual. Confiemos en que ahora se corrija.

La concejalía dirigida por Miguel Couto (y me atrevo a decir que bien dirigida), está cambiando los cristales de esas ventanas, las de la llamada popularmente calle de Las Dulcerías, aunque ya solo queda la confitería Ramón (donde compro yo las tartas de trufa de mis cumpleaños desde hace lustros). Confiemos en que las nuevas ventanas cumplan con su función y que se les haga un correcto mantenimiento. No quiero adelantar acontecimientos pero tengo el convencimiento de que los nuevos sí darán buen resultado porque Couto es una persona seria y rigurosa y me sorprendería que metiera la pata en algo tan notorio.

Le deseo que acierte, y confiemos también en que pronto se arregle la ventana de Ruanova, la que lleva rota desde el año pasado, y que se vayan corrigiendo estas cosas, importantes porque son imagen de la ciudad. Tal vez se tendría que haber afrontado esto antes del verano, que es cuando más visitantes tenemos pero bueno, este año es tan raro que es un pecado venial.

La ventana de Santa María está rota habitualmente. Quizá podría protegerse mejor...

lunes, 27 de julio de 2020

Cara y cruz en A Mariña

No, no es el Caribe, ni falta que hace. Es Foz.

Este fin de semana nos fuimos a la playa de Punta Corbeira con Ducki, ya que es una de las poquísimas que en la Mariña está habilitada para ir con el perro. Pasamos un día magnífico con unos amigos y terminamos quedándonos en Foz a dormir.

Les diré la verdad, teníamos ciertas reservas con el tema de hacer esa pequeña excursión porque nos daba algo de miedo que, al ser un puente tan importante (el sábado era el día del Apóstol y, por lo tanto festivo) en que incluso las personas que trabajan habitualmente el fin de semana se lo tomaron como libre, estuviera todo lleno de gente hasta la bandera. Pues no.

En la playa había hueco para aparcar, algo tan habitual como ver un delfín en el mar de Lugo (no es extraordinario pero sí es raro), y una vez abajo se estaba de maravilla. Gente, pero sin exagerar, todos a distancias más que respetables y guardando unas distancias extraordinariamente prudentes, que a menos de seis o siete metros no había nadie. Por la tarde en Foz había más gente sí, pero en general todos muy bien, con sus mascarillas y apartándose unos de otros por la calle.

Por supuesto siempre hay quien da la nota. En la Taberna, el local de referencia de Foz desde que empezamos a ir hace casi treinta años, estábamos sentados en una mesa tranquilamente y en la de al lado se nos puso una pandilla que no solo no guardaba distancia alguna, sino que encima bromeaba con el tema, y más porque uno de ellos era de Burela y venía a decir que “¡anda que os contagio a todos!, jajaja”. Una pandilla que estaría entre los 30 y los 40 años, con sus niños pequeños por allí tocando todo, sentándose a la mesa sin dejar que la limpiasen primero, dándose ostentosamente abrazos y besos… Vamos, todo lo contrario de lo que nos están recomendando machaconamente y que, por lo visto, no acaba de calar.

No me entiendan mal, todos cometemos imprudencias y el riesgo cero no existe. Llevamos desde marzo con esto y aquí el que más y el que menos ha dado un abrazo que no debía o un beso que puede ser un riesgo, no nos engañemos, pero una cosa es que cometas una breve imprudencia (que te tiras después dos semanas dándole a la cabeza) y otra muy diferente que te lo tomes a chirigota y estés poco menos que lamiendo las mesas de los bares.

Ayer venía en la prensa que un señor se murió por un abrazo de una nieta. La chica, de 20 años, fue a verlo antes de presentar síntomas, con toda su buena fe. Le dio un abrazo al señor, y hala, los dos al hospital. La chica estuvo ingresada en la UCI 10 u 11 días y cuando salió su abuelo ya había fallecido.

En un fin de semana he visto la cara y la cruz de la crisis en A Mariña. Bravo por los unos, muy mal por los otros. Esto no es una broma. Sean prudentes y no bajen la guardia.

viernes, 24 de julio de 2020

La Muralla volverá a oler a pizza

La Muralla con sus inquilinos, los vencejos

En esta época en que el buen tiempo hace que levantarse temprano dé menos pereza me gusta salir de casa a primera hora (bueno, tampoco es que me quede otra, que hay que ir a currar) porque el aire está más respirable y el ambiente es muy agradable. Y por los vencejos. De camino al trabajo me alegra la mañana verlos volar a toda velocidad, haciendo quiebros en el aire y hasta sus sonidos, que no son estridentes, dan sensación de naturaleza y de satisfacción.

La anidación de vencejos en la Muralla abre todos los años el mismo debate: el Ayuntamiento sale a protestar porque el monumento está lleno de hierbajos (en lo que tiene toda la razón) y la Xunta, propietaria de la construcción, responde que no se puede limpiar en el momento en que lo dicen porque los pájaros están de inquilinos y es un disparate medioambiental echarlos de allí. Todos los años la misma historia. Cansina de hecho.

Pero puede que todo esto se termine, por fin, y cambien el sistema de limpieza de la Muralla, utilizando productos naturales que en lugar de obligar a arrancar las hierbas, en un proceso que siempre he visto más que discutible (no veo sostenible estar arrancando raíces con tierra año tras año, eso tiene que afectar a la estabilidad del conjunto tarde o temprano) evitan que nazcan las malas hierbas. Son derivados de aceites esenciales de romero y tomillo, lo que hacen que la Muralla huela a pizza recién horneada, lo que no solo no tiene nada de malo sino que la puede convertir en el primer monumento con aroma propio.

Hace algún tiempo les propuse en este mismo blog lo que alguna gente se tomó como una ironía y otra como un disparate: encalar la Muralla. Revestirla de mortero y después pintarla de blanco, como hicieron los romanos cuando la construyeron, no era una broma sino algo totalmente serio, que no solo evitaría el deterioro del monumento sino que daría una imagen mucho más acorde con la original. Pero bueno, se ve que nadie se lo plantea en serio (quizá por lo “atrevido” de poner las cosas como estaban, no lo sé, o tal vez porque cuesta ver un cambio tan radical) así que seguiremos debatiendo año tras año si hay que arrancar los hierbajos y si los vencejos son más importantes que la foto, que lo son.

Con algo hay que entretenerse en los meses de verano.



jueves, 23 de julio de 2020

El negro panorama: ni Renfe pondrá trenes ni la Diputación mejorará carreteras


O problema das estradas da deputación é o firme, non é a anchura lamentablemente porque se valeron hasta ahora van a seguir valendo. ¿Por qué? porque cada vez hai menos población no rural así que a necesidade de ampliar, pues home, non é tanta.” Cita literal de Don José Tomé, Presidente de la Diputación de Lugo.

Las frecuencias de ferrocarril que se ofrecen en Galicia “tanto de servicio público como los comerciales, dan respuesta a la demanda actual existente”. Isaías Táboas, presidente de Renfe.

De las declaraciones recogidas en los dos párrafos anteriores podemos entender claramente que al desmantelamiento de la red ferroviaria de Lugo (que había tenido una sensible mejora en algunas conexiones, como por ejemplo con Madrid, pero que ahora se han ido deteriorando a un ritmo alarmante) se une también la falta de mejora de carreteras provinciales ya que, según dice el señor Presidente de la Diputación como “cada vez hai menos población no rural así que a necesidade de ampliar, pues home, non é tanta”.

Ni tren ni carreteras. Estamos aviados.

Desde un punto de vista liberal, la administración no se ha de meter donde no la llaman, pero cualquier concepto de Estado, por mínimo que este sea (recuerden que no es lo mismo liberalismo que anarquía) incluye como función básica “que los trenes salgan a su hora”. Eso da por sentado, por supuesto, que haya trenes.

En Lugo estamos viendo una vez más cómo se nos venden maquetas grandiosas de una estación Intermodal al mismo tiempo que se nos quitan servicios ferroviarios, en un engaño colectivo en el que el ciudadano medio pica (hasta cierto punto que ya vamos avanzando) cegado por esa supuesta “modernidad”, que así en genérico es como no decir nada.

Lugo está perdiendo el tren, con el silencio cómplice de la plataforma que supuestamente nació para defenderlo pero que es como el Guadiana: sólo protesta cuando no gobiernan los que les firman los cheques, es decir, el PSOE, así que ahora toca estar callados como muertos o, como mucho, hacer algún tímido acto en que aseguran que se les garantiza el mantenimiento de los servicios pero no abrir la boca cuando se viola flagrantemente esa promesa, como está pasando ahora mismo.

La postura de RENFE y la del señor Tomé es la misma: “pa’ qué, si sois cuatro gatos”. Todos esos foros tan sesudos sobre la grave crisis de la despoblación, esas declaraciones rimbombantes de que pondrán “todos los medios” y esas cosas se quedan en meras soflamas políticas que no sirven absolutamente para nada, más que para intentar arañar los votos de algunos cándidos que siguen creyéndose el cuento de la buena pipa. Pero mientras se dice eso con una mano se afirma sin sonrojo que “a necesidade de ampliar, pues home, non é tanta”. Y así estamos.

Que esas declaraciones las hiciera otra persona sería grave, pero que las haga el Presidente de la Diputación de Lugo, una provincia eminentemente rural, con población dispersa en pequeños núcleos y con un peliagudo problema de futuro… es para echarse a temblar. Incluso me atrevería a decir que hay quien ha dimitido por mucho menos, porque por si fuera poco esas declaraciones incluían la advertencia de que ese es el criterio que regirá para lo que resta de mandato. Tres años.

La administración ha de dotar de una serie de servicios básicos a los ciudadanos, independientemente de su rentabilidad, y decir esas cosas es, cuanto menos, discutible.

“¿Pero tú no eras liberal?”, dirá alguno. Sí, claro que lo soy, pero les repito lo que puse antes: no es lo mismo liberalismo que anarquía. Obviamente creo que ha de haber un Estado, mucho más reducido que la todopoderosa mole que tenemos ahora, pero que cubra ciertas cuestiones básicas. De todas formas habría que preguntarse no por mi planteamiento, sino por el del señor Tomé, que se dice de izquierdas pero ya ven, se ve que no.