miércoles, 2 de diciembre de 2020

Los premios más caros

La foto de familia de la campaña que reparte 10.000 euros en premios... y nos cuesta 52.000.
Foto: El Progreso

Hoy voy a ser tremendamente breve porque si me extiendo puedo escribir cosas que me metan en un lío, así que sólo les pondré lo siguiente: La Diputación de Lugo firma un convenio con la Federación de Comercio por la que la primera aporta 52.000 euros para una campaña de compras navideñas en que se reparten en premios… 10.000 euros. Pues nos salen caros los premios, ¿no les parece?

La proporcionalidad parece que debería ser uno de los requisitos básicos para este tipo de cuestiones, y me pica la curiosidad por ver la justificación de cómo se pueden convertir esos 10.000 euros de premios en algo que implique gastar cinco veces más de dinero público… y eso suponiendo que no haya más “inversiones” por parte de otras administraciones, cosa que no podemos saber porque ni los que dan la pasta ni los que la reciben publican en ninguna parte las cifras, cosa que por cierto es ilegal.

Esto choca con el cierre de los “chiringuitos” anunciado por el señor Tomé, presidente de la Diputación, que está reintegrando en la estructura oficial todos los organismos y figuras jurídicas de derecho privado que había por ahí danzando lo cual, dicho sea de paso, no parece necesariamente malo si se hace bien.

En fin, ya saben, cuando vean la campaña de los 10.000 euros en premios piensen que nos han costado más de cinco veces esa cifra… o más.

martes, 1 de diciembre de 2020

Cae un arco en Las Catedrales

El derrumbe de Las Catedrales. Foto: Agencia EFE

Todos funcionamos con realidades palpables, pero también con alguna idea colectiva más o menos representativa, con símbolos. Esto hace que seamos contradictorios y, por ejemplo, si un futbolista que ha demostrado ser de los mejores de la historia se muere el día en que se celebra el día internacional contra el maltrato de la mujer, vemos innumerables muestras de condolencia hacia ese señor, de quien existen grabaciones en que golpeaba a una expareja suya. Algunas de esas mismas señales de duelo vienen de quien habla de tolerancia cero al maltrato, pero claro, si el señalado es no sólo un astro del fútbol sino un colega personal de Fidel Castro y demás, entonces podemos soslayar que fuera un maltratador.

Llevamos un año terrible. Esta pandemia se está llevando por delante a muchas personas que han fallecido por culpa del Coronavirus, a otras las ha dejado con secuelas, y también nos ha robado muchas cosas que nos son queridas. No sólo amenaza con condenarnos a sacrificar la Navidad precisamente por el bienestar de nuestra familia, sino que por el momento no tiene fecha de caducidad a pesar de las prometedoras palabras de las empresas farmacéuticas que, como es obvio, están compitiendo en una carrera a ver quién es la primera que es capaz de acabar con esta pesadilla... Y por si esto fuera poco, se nos derrumba un arco de Las Catedrales.

Sí, ya lo sé, es el menor de los males. Cuando hablamos de un millón y medio de muertos en el mundo (que, si los cuentan en todas partes como se hace en España, serán en realidad dos y pico) y de las innumerables vidas trastocadas por la Pandemia, parece anecdótico centrarse en la caída natural de un arco de piedra, un tema menor que no tiene relevancia alguna. Pero qué quieren que les diga, es otro símbolo de lo perecedero que es todo, incluso lo que nos parece sólido como la roca.

El mar y el viento han sido quienes crearon Las Catedrales (nombre artístico de la playa de Augas Santas) y parece ser que también son los que han provocado el derrumbe. Y nos tenemos que dar con un canto en los dientes porque la caída fue en la noche de un domingo al lunes de un día de noviembre. Si eso mismo llega a pasar a media tarde de Agosto se lleva por delante a unos cuantos visitantes.

La Playa de Las Catedrales es el monumento natural más visitado de Galicia y el segundo contando los hechos por la mano del hombre. Supera a las Islas Cíes y sólo se ve aventajada por un lugar de peregrinación, en este caso literal, que es otra Catedral, la de Santiago.

Llama la atención que hace tan solo un par de años se hizo una revisión geológica de las formaciones rocosas y los expertos aseguraron que estaba garantizada su estabilidad por 100 o 200 años. Se ve que con contaban con uno de los años más gafes que recordamos la mayoría.

Siento pena por Las Catedrales. Sí, reitero que ya sé que son solamente piedras y que encima hoy día se han convertido en un parque temático, pero no puedo evitar sentir nostalgia de cuando hace casi treinta años iba con mi hermana y mis padres a aquella playa y estábamos solos en pleno verano. “¿En serio vais allí? Es una playa incomodísima que cuando sube la marea desaparece”, nos decían. Pues ya ven, algo tendrá para atraer a miles de visitantes al año. Bueno, ahora ya tiene algo menos.

Hasta en esto nos está jodiendo el 2020.


lunes, 30 de noviembre de 2020

La Muralla a oscuras

La Muralla, con las luces apagadas el fin de semana en que celebramos su aniversario como Patrimonio de la Humanidad...

Que veinte años no es nada”, reza “Volver”, uno de los tangos que mi cabeza relaciona con Carlos Gardel y, lamentablemente, con la extraña versión de Julio Iglesias. Claro, depende con qué lo compares. Si lo haces con los 17 siglos de la Muralla de Lugo es cierto que no significa gran cosa, pero nosotros somos humanos, y como tales tenemos un tiempo limitado (con los años te das cuenta de que es muy limitado de hecho) y para nosotros dos décadas sí es un tiempo más que respetable. 

Dos décadas después de que la UNESCO declarase a la Muralla de Lugo Patrimonio de la Humanidad deberíamos estar haciendo celebraciones pero el año de la pandemia, como siempre recordaremos al 2020, se ha llevado por delante tantas cosas que ésta sólo es una más. Aún así, hay cuestiones puntuales que no me cabe en la cabeza que no se cuiden un poquito más, y entre ellas está la iluminación de nuestro principal monumento. 

La Muralla es propiedad de la Xunta de Galicia, que es la responsable de su mantenimiento y limpieza, pero hasta donde yo sé la iluminación exterior, la que está abajo en la Ronda, es un tema municipal. En cualquier caso, al margen de quién sea el encargado de velar por sus horarios de encendido y apagado, parece poco acertado que ahora que a las siete de la tarde es noche cerrada tengamos las luces de la Muralla apagadas, y menos aún en estos días de celebración. 

Contrasta esa oscuridad con la “performance” que han instalado en algunas de las puertas, unos focos de colores para hacer juegos de sombras algo que, si bien no me disgusta, tampoco es que sea un envoltorio de Christo, y francamente me parece un poco pobre como acto en que hacer pivotar la celebración de estas dos décadas de Patrimonio de la Humanidad. 

No sé exactamente qué horarios de encendido y apagado tiene ahora mismo la Muralla, y quiero creer que no la tienen iluminada más allá de las once de la noche, principalmente porque sería malgastar el dinero porque seguimos con toque de queda y salvo que los gatos callejeros tengan sentido de la estética (y de tenerlo, seguramente estará bastante reñido con la luz artificial) no hay público que pueda disfrutar del espectáculo. Eso sí, después las luces navideñas son un malgasto… 

¿Dos décadas perdidas? Quizá sea excesivo decir eso, pero desde luego sí han estado totalmente desaprovechadas. Veinte años después Lugo no ha rentabilizado (y no me refiero al dinero) ni de lejos el tirón que podría tener este Patrimonio. Seguimos con campañas internas, dirigidas al votante y no al turista, mientras que por ahí fuera la gente sólo conoce las murallas de China y Ávila. Y así seguiremos mientras nadie se plantee aparcar las diferencias y sentarse a crear una estructura basada en profesionales del sector que busquen la promoción y no el voto. 

Encender las luces de la Muralla cuando oscurece y hay gente por la calle parece un primer paso más que evidente.

viernes, 27 de noviembre de 2020

¿A qué esperan para abrir el nuevo auditorio?

El exterior del Auditorio, cerrado a cal y canto. Foto: La Voz de Galicia

 El 17 de marzo de 1930, comenzó la construcción del Empire State Building, una mole de 102 plantas y 443 metros de altura que se terminó en poco más de un año. En Lugo han pasado cinco meses desde que el Ayuntamiento recibió las llaves del nuevo Auditorio, un edificio que, por razones que escapan a la comprensión de cualquiera, aún no se ha puesto a funcionar.

Cinco meses es poco tiempo si lo comparamos con los más de veinte años que llevamos esperando en Lugo por nuestra instalación cultural, que primero iba a ubicarse en San Fernando y después se movió al absurdo lugar que ocupa por razones que todos conocemos, pero aun así es mucho tiempo para estar mano sobre mano sin la puesta en marcha de una instalación que ha costado muchos millones de euros y que a este paso será una antigüedad cuando se inaugure.

Tenían una ocasión fantástica para ponerlo a andar a finales de este mes, con el 20º aniversario de la proclamación de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad, pero se ve que no les ha dado tiempo o que no saben muy bien cómo afrontar la gestión de estas instalaciones. Me inclino por lo segundo. Construir es relativamente sencillo, lo espinoso es mantener y dar contenido a otro edificio más y no sólo por la situación en que vivimos sino porque es otro gran espacio a rellenar.

Por ser constructivo les hago una propuesta en positivo: para su apertura cuenten con Noemi Mazoy. Tiene una voz privilegiada, que se podría arropar con músicos y corales locales, y lo que es más importante, es querida y admirada en nuestra ciudad. Si vamos a apostar por lo local podríamos empezar por ahí. Una semana de música de todos los estilos con Noemi como broche de oro parece una forma más que digna de inaugurar este auditorio. Y a poder ser antes de que se caiga de viejo.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 27 de Noviembre de 2020

Interior del Auditorio. No parece que le falte mucho por hacer... Foto: La Voz de Galicia

jueves, 26 de noviembre de 2020

El error de Feijóo con las terrazas

Han obligado a la hostelería a recoger sus terrazas... pero ¿es esto efectivo?

El Presidente de la Xunta ha asumido un riesgo muy grande al cerrar las ciudades, pero quizá ahí sí ha acertado. Es probable que eso haya evitado que el bicho se propague a poblaciones más pequeñas y, aunque no sea el caso necesariamente, comparto su criterio de que no se puede tratar igual a un lugar con 100.000 habitantes que otro de 200 porque el día a día no tiene nada que ver. Pero entre las medidas tomadas las hay poco razonables y la del cierre de las terrazas es una de ellas.

No está funcionando. La estrategia de clausura de la hostelería ha sido un error, porque los culpables de todo esto no son ni los pubs ni los bares, somos nosotros. Podría entender que se impida atender a los clientes en los interiores, pero no es razonable prohibir las terrazas por muchos motivos, y el primero de ellos es que no suponen ningún peligro.

Cada vez sabemos más (o eso parece) y lo que se nos cuenta es que los espacios cerrados, las conversaciones en voz alta en lugares mal ventilados y el confiarnos más de la cuenta son las tres claves para entender por qué no acabamos de dominar este asunto. Pero ninguna de ellas explica que se decrete el cierre de la hostelería “exterior”. Tomarse un café en un lugar abierto no sólo no entraña prácticamente peligro alguno sino que evitarlo es peor porque la gente está optando por coger los cafés para llevar sentándose en bancos y portales… lugares que nadie desinfecta como sí se hacía entre servicio y servicio en las terrazas.

Dar por sentado que una ligera mejoría en las cifras es consecuencia de “lo bien que se está gestionando esto” es como mínimo discutible. Hablamos de que hemos pasado de 1108 casos a 1102 porque ha habido 41 altas y 36 nuevos contagios, que suena más a lotería que a seriedad en la forma de llevar el tema. No vamos a peor, vale, pero tampoco podemos asumir que se ha dado con el foco principal de contagios porque haberlos, haylos. Y el sentido común nos dice que somos nosotros, con nuestros comportamientos poco apropiados los que estamos dando alas al contagio.

Se está ahogando a un sector del que vive muchísima gente y no olviden que esto es una rueda y que la ruina de una parte tan importante de nuestra economía se transmite tanto o más que el coronavirus. Tarde o temprano nos afectará a todos.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

¿Salvar la Navidad? No, ¡salvar la vida!


 “Salvar el verano”, “salvar el puente de Noviembre”, “salvar la Navidad”… y así todo. Estamos en un mundo tan sumamente obtuso que nos empecinamos en dar importancia a cuestiones menores como la celebración de determinadas fechas arbitrarias.

En cualquier caso, al margen de querer imbuirnos de un espíritu propio de Scrooge al final de Cuento de Navidad, en este puñetero año 2020 todos tenemos un carácter más parecido al de Ebenezer en los primeros capítulos del libro. En general estamos tensos, de mal humor, preocupados, nerviosos, tristes… y los casos más extremos mucha gente está pendiente de su propio futuro laboral y de su salud o de las personas a las que quiere.

En este escenario, ¿qué hacemos con las fiestas? Como es habitual se pueden ver las cosas de dos maneras. La primera es entender que precisamente por todo lo que está pasando necesitamos más que nunca una Navidad a la vieja usanza, con reuniones familiares, turrón, besugo al horno y pollo asado (era el menú de Nochebuena en casa de mis abuelos desde siempre), arbolito, espumillón y luces por todas partes. El problema es que la segunda forma de ver las cosas es que si se nos va la cabeza en estas fiestas señaladas y nos emperramos en mantener costumbres que a día de hoy son un peligro sanitario, enero puede convertirse en un desfile de ataúdes por una propagación descontrolada (la tercera al menos) del puñetero Covid-19. Y me temo que el segundo punto de vista es, si no el más realista, sí al menos el más prudente. Sólo falta que vengan los listos a saltarse las restricciones y ya verán qué bien lo vamos a pasar con las UCI llenas de familiares.

Este país es el de Rinconete y Cortadillo, el del ciego que sabía que su Lazarillo tomaba las uvas de tres en tres “porque yo las tomaba de dos en dos y tú callabas”. Cuando se nos imponen restricciones reaccionamos con críticas en los bares (menos ahora, que están cerrados) y buscando la forma de saltárnoslas porque estamos seguros de que no van con nosotros. El problema es que sí que van.

España es así. Además de hacer chistes de casi todo, por salvaje y desagradable que sea, tenemos la costumbre de dar por sentado que los que mandan están por fastidiarnos y que nuestro deber ciudadano es ejercer una rebelión oculta y violar cuanta norma se apruebe. Da igual que sea no pagar los impuestos (con esa frase que me desquicia: “si quiere factura le tengo que cobrar el IVA”) que respetar las normas de tráfico, la tendencia es el incumplimiento porque somos más listos que nadie.

Lamentablemente los titulares en que vemos cómo algunos de nuestros próceres se van de rositas después de habernos tomado el pelo a base de bien durante años no ayudan a confiar en el proceso. Ese rollo de que las leyes emanan del Pueblo a través de sus representantes está muy bien pero no deja de ser una forma bonita de vendernos esta partitocracia en que quien vota a los diputados, concejales y demás cargos somos nosotros… pero sólo tras una pre-selección por parte de los partidos políticos en que nos ponen a lo peor de cada casa (salvo honrosas excepciones) para que elijamos quién queremos que se ría de nosotros.

Los responsables políticos que hacen lo contrario de lo que ordenan a los demás son un primer ejemplo. Tener diputados condenados por haber evadido impuestos es grave. Que otros hayan sido sentenciados por pagar en negro a sus empleados mientras se autodenominan defensores del trabajador es peor. Sufrir a partidos políticos que pagan sus sedes con dinero de la caja B y que usan las instituciones del Estado para tapar sus vergüenzas ya ni les cuento. Así poca confianza generamos, porque incluso los que no han echado mano a la caja (al menos que sepamos por ahora) nos dan instrucciones contradictorias amparándose en comités de expertos inexistentes y ni se ponen colorados ni nada cuando les pillan.

Ya somos un país que se lleva regular con el cumplimiento de las normas, pero es que encima nos están dando excusas para avalar ese incívico comportamiento.


Así que olviden las normas y usen el sentido común. Piensen que ver a sus padres, abuelos, hermanos… en Nochebuena o en Fin de Año es un rato muy agradable que echarán de menos, pero que más echarán de menos a sus familiares si esa reunión se los lleva por delante. Y no, no vale “es que me hice una PCR para ir a cenar” porque desde que se la haga hasta que esté con los demás no puede estar seguro de no haberse contagiado, sobre todo por el maldito tema de los asintomáticos. Si quien tiene el bicho pingara el moco sería más fácil acabar con esto pero no es el caso.

Este año no debería haber reuniones en Navidad ni en Fin de Año. Sacrifiquemos unas fiestas para intentar garantizar la supervivencia de nuestros familiares. A ninguno nos hace gracia no poder dar un abrazo a los que queremos, pero es lo que hay, un efecto negativo más de una pandemia y no un caprichito del gobierno de turno que, les diré, me parece que se está quedando muy corto con las medidas anunciadas para las fiestas. Y si quieren, las pasamos para mayo, junio, o cuando tengamos una vacuna funcionando. Lo que sea menos hacer el ganso en este momento.

Después no digan que no estaban avisados.

martes, 24 de noviembre de 2020

La 42º Semana de Cine de Lugo, una luz en la oscuridad

 

Ayer se inauguró la 42º Semana de Cine de Lugo que, organizada por el Grupo Fotocinematográfico Fonmiñá, trae un poco de normalidad a nuestras “anormalizadas” vidas.

La importancia de esta actividad no radica únicamente en su meritoria supervivencia, con más de cuatro décadas trayendo a nuestra ciudad una cita que ya es parte de nuestro paisaje cultural, sino en convertirse en un rayo de esperanza en medio de la espesa oscuridad en que nos encontramos.

El cine es, desde su invención, una fórmula mágica para llevar historias a la gente. Ha superado ya a la literatura en popularidad porque es más fácil sentarse delante de una pantalla que abrir un libro, pero eso no le resta profundidad necesariamente. Dar por sentado que un filme tiene menos matices que una novela me resulta elitista, porque si bien es cierto que la narración tiene que abreviarse en las películas, también es cierto que cada una de las imágenes que recoge describe con más rapidez que las habituales “mil palabras”. Además, no podemos olvidar que hay películas buenas y malas como hay letra impresa buena y mala. Y no olvidemos la música. Más que el acompañamiento necesario para cualquier película es una parte imprescindible de la misma, y ahí sí que la literatura ha perdido irremediablemente la batalla.

Lugo está unido al cine gracias a Fonmiñá y a la Semana de Cine de Lugo, que este año además rinde homenaje a dos vecinos ilustres en este mundo: Luis Tosar y Benedicta Sánchez. Del primero se proyectará “Quien a hierro mata” y de la segunda “O que arde”. Además, de Tosar se ha inaugurado una exposición en la Biblioteca de Ramón Ferreiro con el acertado nombre de “El desconocido más conocido”.

También se pueden ver en la Biblioteca los 20 libros que la Semana de Cine ha producido desde 2005, y que van desde los estudios de cine y fotografía en nuestra provincia hasta un recopilatorio de la cartelería de esta Semana.

Como no podía ser de otra forma tiene que haber un “pero”, en esta ocasión ligado a la inexplicable colisión de fechas que las propias administraciones han provocado. Mientras que por una parte el Ayuntamiento de Lugo subvenciona y ayuda a esta Semana de Cine de larga tradición, por otra la contraprograma organizando un festival de cine de mujeres, que me parece algo muy de los 90 y que me suena a gueto virtual. Pero más allá de compartir o no ese punto de vista sobre la oportunidad de enfocar con un prisma unidireccional esas campañas, creo que nadie puede rebatir que es un poco absurdo hacer dos semanas de cine en Lugo en todo el año y que las dos coincidan en cuatro de los cinco días de celebración.

Este año no habrá problemas con esa coincidencia porque el coronavirus se ha asegurado de que los aforos sean tan reducidos que haya público para ambas convocatorias, pero qué quieren que les diga, yo el año que viene lo solventaría para evitar un conflicto totalmente absurdo.

Como cada año les dejo aquí la programación de nuestra Semana de Cine de Lugo, y si entran en la web de Fonmiñá (www.fonmiña.es) podrán ver toda la información de esta cita.

Más información en www.fonmiña.es