miércoles, 19 de junio de 2019

Álvaro Santos, víctima de la pirámide

En todo partido político lo que cuenta es quién está en la cúspide de la pirámide. Todo lo demás es irrelevante.
Álvaro Santos ha dimitido como secretario de los socialistas lucenses, y reconozco que la noticia me ha sorprendido mucho. No lo he tratado demasiado pero lo poco que lo he hecho me ha parecido una persona práctica, resolutiva y decidida. También les puedo decir que tuvimos un desencuentro no causado por él ni por mí sino por circunstancias sobrevenidas originadas por terceras personas y sin embargo ha seguido siendo amable y correcto, que es muchísimo más de lo que se puede decir de la inmensa mayoría de nuestros mandatarios. Vamos, que no tengo mala impresión de él en lo poco que lo conozco.

Su dimisión me ha parecido chocante porque lo tenía por alguien ambicioso, sin darle tintes peyorativos al término. La aspiración de lograr hacer cosas, el anhelo por mejorar la sociedad en que vives se ve como algo negativo porque se asocia siempre a un intento de autopromoción personal, pero no siempre es el caso, y desde luego dar un paso atrás en lugar de marcarte el segundo capítulo del “caso Martínez” en tu propia casa demuestra que pones el interés común de tu agrupación por encima del particular, que ya es algo digno de valoración. Santos dimite y probablemente su caída arrastre la de Darío Campos al frente de la Diputación, a pesar de haber mantenido la plaza y de haber tenido unos resultados muy buenos en las urnas a nivel global. La política de partidos, esa perra traidora.

¿Qué pasará ahora? No tengo ni idea. Probablemente Tomé logre la presidencia de la Diputación de Lugo y los ciudadanos, meros espectadores en una elección en que no intervenimos, tendremos que aclimatarnos al nuevo escenario elegido por unos pocos. El tema no es ya que gobierne o no la lista más votada, sino que va a hacerlo una fracción (o una facción si prefiren) de la segunda. La que manda el partido, que es quien realmente tiene la sartén por el mango.

Los criterios de capacidad, eficiencia, profesionalidad, e incluso los resultados en las urnas son irrelevantes en la lucha por el poder en el seno de los partidos políticos. Da exactamente igual que uno triunfe o que fracase ante el electorado porque lo único que importa en la férrea pirámide del poder interno es la fidelidad indiscutible al líder. El líder nunca se equivoca, el líder jamás mete la pata, el líder es sabio e infalible y todo aquel que ponga en duda esos axiomas ha de ser purgado.

El problema es cuando se produce una elección interna y hay que decantarse por uno u otro aspirante al bastón de mando. Si te toca mojarte tienes que apostar todo a una carta y muchas veces quien ve peligrar su único sustento (los puestos elegidos dedocráticamente) ha de taparse la nariz y decantarse por quien cree que va a ganar, y no necesariamente por quien cree que es mejor para el conjunto, lo he visto demasiadas veces como para dudar de esta verdad universal.

Supongo que muchos están pensando “pues ya les vale”, pero somos todos los que estamos consintiendo que esto sea así. Además, pónganse en su piel por un momento. En infinidad de ocasiones hablamos de personas que salen de la nada y de repente gozan de un sueldo envidiable y, lo que es más atractivo para algunos, el poder de manejar las administraciones a su antojo sin más obligación que hacer notas de prensa que justifiquen día sí día también sus inutilidades y sus cambios de criterio, y les funciona. Se ven rigiendo los destinos de sus vecinos, pudiendo beneficiar a sus amigos y fastidiar a sus adversarios, vengándose de todas las afrentas reales o ficticias que hayan recibido y mandando sobre personas que, esas sí, aprobaron una dura oposición tras sacar una carrera y sumar más años de estudio para lograr su puesto y tienen muchos más conocimientos y experiencia que ellos, pero que se han de someter a sus mandatos, y eso mola, es la revancha del mediocre, el triunfo de la medianía disfrazada de democracia. Es gente que no conoce más profesión que la del sueldo público no logrado por oposición, y, por lo tanto, frente a la obediencia ciega no tienen más futuro que la fría calle, así que es muy complicado que su dignidad supere a su afán de supervivencia y elijan la coherencia o la nobleza frente al poder y el sueldo.

No entiendan que todo esto lo aplico al PSOE, en todas partes cuecen exactamente las mismas habas y sin excepción todos los partidos funcionan así. “El que se mueve no sale en la foto” decía Alfonso Guerra para poner por encima de cualquier otra cosa al Partido al que le debían todo. Y así seguimos.

Y la culpa es nuestra, que somos los que lo consentimos.

martes, 18 de junio de 2019

El Arde Lucus 2019 - Menos gente... pero mejor fiesta

El Circo, uno de los espectáculos más seguidos del Arde Lucus - Foto: La Voz de Galicia
Valorar el Arde Lucus no es fácil porque hay, al menos cuatro o cinco puntos de vista diferentes que tienen opiniones habitualmente dispares. Por un lado está la visión del participante, el que se implica en la fiesta metiéndose en una asociación y trabajando duramente para disfrute propio y ajeno; por otro la del profesional cuya actividad económica se liga a las fiestas, e incluso en esa categoría hay subgrupos porque no es lo mismo la mercería o la modista que el hostelero o el que tiene un puesto en el mercado que se pone en la Plaza de España, o el fotógrafo y el cámara de prensa y televisión para los que estos días suponen un desafío profesional; también tenemos el punto de vista del lucense que acude como público, con o sin vestimenta de época, el del que disfruta de la tranquilidad y considera una molestia los tambores, y el del visitante que viene a la ciudad; y por último está la visión del político y los medios de comunicación como tales.

Mi valoración es personal, no es de ninguna asociación a la que pertenezca o a la que represente (vamos, que hablo desde mi punto de vista y no soy portavoz del Senado ni escribo como presidente de Lugo Monumental), pero intento tener en cuenta todos los enfoques que les decía, aunque es muy difícil hacer una valoración conjunta, pero sí hay varias cuestiones en que están todos más o menos de acuerdo aunque haya matices sobre las consecuencias de los diferentes hechos. Vamos por partes:

1.- Hubo menos gente. Sin duda, el festival de Sons do Camiño que tuvo lugar en Santiago restó afluencia al Arde Lucus… pero eso no es necesariamente negativo. No hubo las riadas de otros años, así que ganamos en movilidad, en comodidad y en evitar pisotones y empujones. Paradógicamente para parte de la hostelería fue mejor así, porque se vendieron muchísimos menos barriles de cerveza pero se llenaron más los comedores. Esto tiene su lógica, ya que cuando está todo abarrotado la gente se marcha a lugares más tranquilos a comer, así que probablemente a los que tienen comedor les haya ido mejor. Otra cosa son los bares y los pubs, que se habrán resentido más, pero relativamente también porque el público que nos “robó” Santiago es de una franja de edad determinada que es más de botellón en el parque que de consumición en un local. 
Sorprendentemente esa menor afluencia de público no se notó tanto en los desfiles. Personalmente tuve la sensación de que había mucho más público, por ejemplo, en el central del sábado que en otras ocasiones. 
2.- Los lucenses cada vez se caracterizan menos. Es otra de las frases recurrentes, pero no estoy muy seguro de que sea cierta. En mi opinión no es que la gente se vista menos, es que el que quiere hacerlo a estas alturas ya se ha metido en alguna de las 18 asociaciones que cada año dan vida al Arde Lucus y por eso se ve menos lucense “libre” con ropa de época. Las hay de ocho personas pero también de varios centenares de miembros, con lo que hablamos de que, a ojo de buen cubero, unas 750 personas están implicadas directamente en la recreación del Lugo Romano.
3.- Hay más visitantes. Sí, esa sensación también la tuve yo. Hay más gente de fuera que viene a ver el Arde Lucus, y empieza a haber también habituales que repiten una y otra vez que son los que también se preocupan de traerse su ropa de época. La incidencia en las cajas locales es mayor con visitantes que con autóctonos, porque al final supone una entrada de dinero en la ciudad que, para algunos, es la justificación de estas fiestas. Afortunadamente desde hace ya varios años el Ayuntamiento ha desistido de hacer el ganso dando cifras imposibles de afluencia.
4.-  La fiesta siempre es lo mismo. Esencialmente claro que es lo mismo, como todas, o ya me dirán ustedes si en San Fermín un año salen toros y otro cocodrilos. Las fiestas son todas iguales año tras año con variaciones relativamente sutiles, pero decir que el Arde Lucus no ha evolucionado es una sandez. No tiene nada que ver con aquella modestísima fiesta que hicieron el primer año unos cuantos hosteleros del casco histórico.
Claro que ha cambiado, claro que ha mejorado, claro que cada edición tiene novedades. Negarlo es negar el trabajo de las cada vez más numerosas asociaciones, que presentan novedades, actividades y campamentos mejorados año tras año.
5.- La organización es un desastre. También hay que matizar esto. Han tenido grandísimos aciertos, siendo el mayor de todos, en mi opinión, realizar el acto final en la Plaza de España donde no solo más gente puede verlo mejor (en el Parque de la segunda fila para atrás no se ve nada) sino que se apreció mejor porque estaban más cerca y encima podían estar sentados en las escaleras. 
Sí han metido la pata en temas recurrentes que año tras año no se corrigen, aunque también se ha notado que las asociaciones cada vez hacen menos caso de esas cosas y trabajan conjuntamente al margen de las instrucciones que consideran absurdas. Curiosamente las acciones que las asociaciones hacen por sí mismas salen infinitamente mejor que los actos presuntamente coordinados, lo que indica el camino, dejar que se autoregulen dentro de lo posible. Pero seguimos con errores de novato de la organización en la 18ª edición que no comprendo que no se hayan corregido aún. El año que viene probablemente haya cambios importantes, y bienvenidos sean.

El Senado en sesión. Foto: Facebook oficial Arde Lucus

No puedo dejar de cerrar esta valoración sin mencionar a mis compañeros del Senatus Lucus Augusti. Como les decía al comienzo del artículo, es totalmente diferente el punto de vista de un visitante o de alguien que no participe en primera persona, y el Senado funciona fantásticamente gracias a una organización estupenda, al durísimo trabajo conjunto de los compañeros y a que asumimos que si bien es relevante hacer bien las cosas no es menos importante disfrutar y pasarlo bien.

Todos y cada uno de mis compañeros son fundamentales para que esto funcione y si nos ponemos a personalizar seremos injustos porque es muy difícil saber si ha tenido más relevancia uno que otro. Desde el Presidente, Xurxo, que se pasa más tiempo en el Arde Lucus preocupado por los demás y vigilando que todo vaya bien que disfrutando de la fiesta, hasta nuestro Lope de Vega, Carlos, que escribe las obras que hacemos cada año, pasando por cada uno de los que trabajan muy duro por el bien común.

Pero sin duda este año, hay que hacer una mención especial a la querida Ligeria, la meretriz encarnada por nuestro compañero Antonio, que en la actuación del Senado dio una nota de color (¡y qué color!) a la representación y sin la que no habría sido ni de lejos el éxito que fue. Sin duda ha sido el papel más atrevido, más divertido y más destacado (y descarado, sí) de todas las actuaciones que hemos hecho en estos ocho años de andadura. Sin su desparpajo no habríamos triunfado. ¡Gracias Antonio!

Ligeria y el abogado del acusado - Foto:  Belén Cordero - publicada por Viva Lugo


viernes, 14 de junio de 2019

Una ocasión única para promocionar el Arde Lucus... desperdiciada

No les digo que vayan a tomar posesión en bigas, pero al menos podrían aprovechar la coincidencia de fechas...
En España hay un total de 8.131 ayuntamientos, por lo que es muy complicado hacer algo que llame la atención sobre uno de ellos, ya que los focos están centrados en las grandes urbes y las capitales más importantes, sobre todo con las alcaldías de Madrid y Barcelona en el aire.

Precisamente por eso, porque es harto espinoso poder ganar cierto protagonismo sin hacer el ganso, es importantísima la coincidencia de fechas que se produce este año, en que la toma de posesión de las nuevas Corporaciones es mañana, en pleno apogeo del Arde Lucus... ¿Se imaginan que los 25 concejales acudieran al Pleno ataviados con vestimentas de época? Quizá no nos ganaríamos las portadas de los periódicos nacionales, pero sin duda sí unos valiosísimos segundos de telediario que supondrían un impulso promocional a Lugo y a la fiesta romana que no se puede comprar con dinero.

No sé si es por un extraño sentido del ridículo, porque lo consideran una falta de respeto o porque, simplemente, no creen que vaya a funcionar, pero yo al menos lo intentaría. Una nota de prensa avisando a los medios para que manden fotógrafos y cámaras podría ser más que razonable y el riesgo de que la iniciativa no tenga éxito es un precio proporcional al mínimo esfuerzo que requiere el intento.

Dejan pasar estas ocasiones, que son únicas porque dependen de coincidencias de calendario que no se pueden comprar, y despúes gastan ingentes cantidades de dinero público en campañas que no funcionan y que simplemente pretenden convencernos de lo mucho que les preocupa la promoción de la ciudad y de sus atractivos, entre los que está el Arde Lucus sin duda alguna.

Pero bueno, aún están a tiempo de reconsiderarlo...

jueves, 13 de junio de 2019

Y al día siguiente... ¿qué?

Primera reunión PSOE - BNG Foto: Europapress
Es un clásico, un cliché, pero es lo habitual. Las películas suelen terminar con el beso de los protagonistas, su romántico alejamiento hacia el ocaso la, cada vez menos, la consabida boda. Pero ¿qué pasa al día siguiente?

Una de las primeras películas que ví que trata eso es la segunda parte de la ochentera “Tras el corazón verde”. Se llama “La joya del Nilo” y comenzaba precisamente así, con el desengaño del día después, cuando los amantes, siempre perfectos durante el romance, se ven por la mañana recién despertados y conviven con las manías del otro. Algo mucho más prosaico, menos literario, pero, precisamente, más significativo y decisivo para una relación.

Salvo improbables sorpresas de última hora, el BNG apoyará este sábado la investidura de Lara Méndez como alcaldesa de Lugo, pero ahí no termina la novela, sino que comienza.

Según la prensa, los nacionalistas tienen más prisa por alcanzar un pacto de gobierno que los socialistas, y es lógico porque son estos últimos los que tienen la sartén por el mango, ya que son conscientes, como todo el mundo, de que el único escenario que no se contempla es que el BNG apoye una moción de censura con el PP, así que una vez Lara tenga el bastón de mando ya nadie se lo va a hacer soltar.

¿Es posible de nuevo un gobierno que cuente solamente con ocho concejales de los veinticinco de la Corporación? Sí, claro que es posible. Incluso tengo mis sospechas de que es deseable para algunos, porque pueden preferir gestionarlo en solitario con dificultades que perder la mitad del gobierno y, al tiempo, la única excusa que puede colar si no se hace nada: la culpa es de los demás.

Lara Méndez, que es inteligente y está bien asesorada por un buen estratega, está jugando sus cartas con una parsimonia que no es casual, sino una táctica muy hábil para marcar sus condiciones y sus límites. Sabe que una vez sea investida alcaldesa no hay posibilidad de que le quiten el cargo, ya que el Bloque jamás firmaría una moción de censura que hiciera alcalde a Carballo, y sabe también, por experiencia, que la llamada ley de grandes ciudades le da unos poderes muy amplios al gobierno, con lo que podrá vender sus éxitos de forma individual y culpar de sus fracasos o de la parálisis municipal a la malvada oposición, que no le vota los presupuestos. El victimismo no le ha ido tan mal, dentro de lo que cabe.

Rubén Arroxo, por su parte, está en una postura muy complicada. Si la noche electoral el único partido que se sentía realmente ganador era el Bloque, hoy también es quien está recibiendo toda la presión. Le quedan 48 horas para cerrar un acuerdo con el PSOE ya que, desde el sábado, perderá su mejor baza (de hecho su única baza) para la negociación. Una cosa es el poco creíble órdago de “a que me abstengo” y otra muy diferente sugerir un escenario de ciencia ficción como “a que te largamos y ponemos a Carballo de alcalde”. Yo lo sé, usted lo sabe, él lo sabe, ella lo sabe, todos lo sabemos, ustedes lo saben y ellos lo saben. No se puede conjugar de otra forma.

Por otro lado, el Bloque tiene que tener cuidado porque es un partido que habitualmente gana votos en la oposición pero los pierde en el gobierno, incluso aunque trabaje bien y haga sus deberes, porque no creo que olviden el ejemplo de los bipartitos anteriores en Lugo y su pobre aprovechamiento electoral de ellos.

Puede parecer que el BNG tiene igual de cogido al PSOE que el PSOE al BNG pero solo lo parece. La situación no es ni siquiera comparable. Los nacionalistas, que estaban muy rufos la noche del 26 se van desinflando ante la dura realidad, y el buen rollo que, según ambas partes, caracteriza las reuniones para alcanzar un acuerdo no quita para que todos sepan que aquí quien tiene las de ganar es Lara Méndez.

miércoles, 12 de junio de 2019

Asco de normas


Supongo que cuando uno es representante público en un alto estamento como pueden ser las Cortes Generales pierde un poco el sentido de la realidad. Sueldos jugosos, prebendas, ventajas, móviles de alta gama… aunque todo ello algo menos exagerado de lo que la mayoría de la gente piensa, sí son salarios y retribuciones muy altas en relación a lo que viven muchísimas personas día a día. Todo depende de con quién se compare.

Les voy a contar un caso de una persona real, una mujer de algo más de sesenta años en una situación terrible. Esta persona trabajó durante mucho tiempo como asistenta de hogar, y aunque cotizó, al haberlo hecho por horas es muy difícil sumar días trabajados, así que para el Estado es como si nunca hubiera dado un palo al agua, lo cual es una falsedad inasumible.

Le han diagnosticado un cáncer, con no muy buen pronóstico. Estuvo de baja por esa causa desde hace algo más de un año y medio y ahora se enfrenta a un doble drama: por un lado, le dicen que la quimioterapia no está funcionando y que no es operable, lo que supone una probable sentencia de muerte… y por otro le han dado el alta con lo que vienen a decir que para la Administración está en condiciones de trabajar.

Sí, ya sé que no es exactamente así. Cuando pasa un año y medio, la baja se convierte en alta o en invalidez. El problema es que como tiene poco tiempo cotizado esta invalidez no se la pueden dar. Si no puede trabajar, según la Administración, tiene que pedir una Pensión No Contributiva (las conocidas P.N.C.) pero como esta mujer cobra una pensión de viudedad, no puede recibir esa PNC.

Y ahora me pregunto yo… ¿qué clase de desalmados han redactado esas normas? ¿Me están diciendo que como tiene una pensión de viudedad (que es la que es, como imaginarán no llega para nada) no pueden darle un céntimo más? ¿No sería lógico que esas pensiones se pudieran sumar hasta llegar a un mínimo digno?

No soy partidario de dar sueldos Nescafé a lo loco. No se pueden crear vagos y sostener con dinero público a todo aquel que no tenga ganas de trabajar, pero es que no estamos hablando de eso. No es el caso de un tío de treinta años que puede desempeñar una función (quizá no en lo que le guste, pero puede aunque no le da la gana), sino de una mujer enferma. Pues nada, ¡que se apañe! ¡Que con ese dinero pague una vivienda, luz, agua, calefacción y comida!… y ya no hablemos de salir a tomar un café o, por supuesto, ir al cine. Eso son lujos reservados a gente de bien.

Mientras esta mujer, que encima es una persona extraordinaria que ha cuidado de los demás durante años y que siempre tiene una palabra amable para cualquiera, tiene que apañarse con una limosna pública, se despilfarran millones en maquetas y proyectos que nunca se harán, en obras faraónicas totalmente absurdas o innecesarias, en campañas que van a parar a manos de intermediarios o en subvenciones millonarias para partidos políticos, sindicatos y asociaciones chupópteras que destinan ese dinero a irse de putas y a cenas con marisco. Y sin entrar en la corrupción pura y dura, que también tiene mucho que rascar, pero solo con quedarnos en la “corrupción legal” nos llega para el ejemplo.

Este país se va al carajo, pero no porque la macroeconomía no funcione, sino porque lo que no funcionan son las escalas de valores y las normas.

¡Qué asco de normas!

martes, 11 de junio de 2019

La plaza está de luto



El pasado viernes día 7 falleció Olga Díaz Fouz, a la que ustedes seguramente conocerán por haber estado muchísimos años al frente de la Carnicería Olga de la plaza de abastos. En una de esas terribles e inexplicables injusticias, falleció a los pocos meses de jubilarse y no pudo difrutar de su más que merecido retiro tras una vida de madrugar, trabajar y cuidar de los demás.

El sábado el tanatorio se quedó ridículamente pequeño para albergar a la marea de personas que fueron a dar su último adiós a quien dejó huella en todos los que tuvimos el placer de conocerla. Olga despertaba el cariño y la simpatía en quienes la trataban y no hay mejor legado en esta vida ni mejor consuelo para amigos y familiares.

Hasta el mismísimo día de su jubilación e incluso después de dejar el puesto de la Plaza, Olga siguió aportando su energía y su apoyo a sus compañeros, luchando por el bien común de un espacio que, aunque iba a abandonar profesionalmente, fue toda su vida.

Tuvimos el privilegio de contar con su consejo, su apoyo y su trabajo en Lugo Monumental y hemos perdido a una amiga leal, una compañera generosa y una luchadora incansable.

Muchas gracias por todo, Olga. Descansa en paz.

lunes, 10 de junio de 2019

Quo vadis, Albert?

Hace seis días Ciudadanos rechazaba pactar con Vox. Hoy levantan el veto...
No me disgustaba Ciudadanos, su mensaje sonaba bien y parecía demostrar que el aire fresco no solo puede venir del ala izquierda. Parecía una agrupación joven, sin ataduras, sin los clichés y las herencias de otros partidos, limpia, respetuosa sin embargo con el pasado del país y sin grandes estridencias para llamar la atención. Pero ven ustedes que hablo en pasado.

Aunque todavía no me ha dado una gran decepción tampoco mantengo esa cierta esperanza que me causó en principio, expectativa, todo hay que decirlo, matizada por la experiencia. Uno ya empieza a peinar canas (o a no peinar nada que es peor) como para creer en unicornios y príncipes naranjas, así que desde el comienzo me tomé con cierta prudencia el mensaje de bienaventuranza que nos lanzaba Albert Rivera.

Como politólogo, lo primero que me escamó fue ese cambio de la noche a la mañana de estatutos en que se pasó de autodefinirse como partido “socialdemócrata” a “liberal”, como si fuera una cuestión de matices y no una profunda revisión de la base del ideario. Vale que a la mayoría de la población le importa un cuerno eso, pero oigan, algo significa. Sin embargo hasta podríamos entender ese cambio como una evolución positiva.

Lo que no es tan positivo es que la única constante de Rivera parece ser el cambio de discurso. Me gustaba aquel Albert que aplaudía el pasado de PP y PSOE en lo bueno y criticaba lo malo, sin cortarse a la hora de reconocer los grandes logros de España en los últimos cuarenta años de democracia y haciendo guiños a los ciertos de los dos grandes partidos del país. Ahora vemos un líder que traza líneas rojas a un partido socialista que, si bien no es ni de lejos el de Felipe González, dista mucho de otros grupos mucho más tóxicos y sin duda más discutibles a la hora de sentarse a negociar como puede ser Vox.

Cuando se creó aquel “cordón sanitario” contra el PP a muchos nos pareció un disparate pretender ignorar a una gran parte del electorado, y los mismos que lo protagonizaron usaron esos mismos argumentos para criticar la línea roja contra el PSOE. Ya saben, las veleidades de la política, basadas en oportunismo y no en principios. Eso es lo que me ha molestado de Ciudadanos, que se ha apuntado al carro del cortoplacismo político en lugar de dar ese ejemplo de coherencia del que tan necesitados andamos.

Los platos rotos los han pagado sus candidatos locales. Olga Louzao ha mantenido sus meritorios dos concejales (si alguien opina que es un fracaso que le pregunten a Lugonovo si no sacrificaría una cabra por haber tenido esos números), y si no ha crecido no ha sido por demérito propio, sino por el mensaje de la central. También es cierto que logró sus magníficos resultados de 2015 gracias a la marca, pero eso no quita que lo que en un momento suma en otro reste, y aquí les ha pasado eso.

Ciudadanos necesita sentarse a pensar seriamente qué quiere hacer. Lo primero debería ser entender que no puede dar criterios absolutos desde Madrid para que en un sitio u otro pacten de determinada manera, porque no conocen las realidades de los más de 8.000 ayuntamientos de este país, y precisamente la capacidad de decir en un sitio que el PSOE tiene que marcharse y en otro que el PP ha de dejar el poder es lo que les tiene que diferenciar de otros grupos.

Pero su pensada ha de ir más allá del momento actual, tiene que dar una vuelta a su estrategia y sus principios reales de cara al futuro. Si pretenden ser una verdadera alternativa para España en su conjunto, han de demostrar que los únicos enemigos que tienen, las únicas líneas rojas que trazan, son las que aislan los que quieren hacer daño al país, a los ladrones, a los corruptos, y a los que desean romper la unidad de la nación. El resto han de ser bienvenidos a hablar y actuar en consecuencia de lo que digan.