viernes, 7 de agosto de 2020

Monarquía o República IV: Conclusiones


Estos días hemos visto varias cuestiones relacionadas con las diferencias entre ambos sistemas, pero nos falta el más importante de todos, el de la legitimidad. Quienes proponen un sistema republicano se basan principalmente en un argumento muy válido y lógico: la democracia no es compatible con que una persona sea Jefe de Estado por haber nacido en determinada familia. Si además tenemos en cuenta que la propia Constitución Española establece una desigualdad de sexo inconcebible hoy día (si no fuera así la Infanta Elena sería hoy la Reina Elena) el argumento se refuerza más todavía, dando una sensación de institución trasnochada.

Pero la legitimidad de la Monarquía en España y del actual Rey Felipe VI no se la da el haber nacido hijo de Juan Carlos I y Sofía, se la da la Constitución Española. Nuestra norma fundamental establece esa forma jurídica para el Estado y cuela una reminiscencia de otras épocas dándole la mayor legitimidad a la Monarquía y a la Corona de Felipe VI.

Es que no se podía elegir, o votabas sí o no a todo el conjunto”, dirá un lector inteligente que quiere apostar por la República. Pues sí, tiene razón, pero es que tampoco preguntaron por separado si queríamos Comunidades Autónomas, si nos gusta más el Tribunal Constitucional que un sistema de jurisprudencia al estilo anglosajón, si creemos que el Senado tiene sentido en un país como el nuestro, si el Presidente lo eligen los diputados o nosotros directamente… Hay tantísimas cosas que no nos han preguntado que es llamativo que se centren únicamente en ésta.

La Constitución de 1978 fue un admirable equilibrio en una época difícil. Se llegó a un consenso en que nadie estaba totalmente satisfecho pero tampoco nadie estaba totalmente insatisfecho. Los comunistas abrazaron sorprendentemente la Monarquía y los franquistas tragaron a regañadientes con un sistema democrático que les escocía tanto como a los otros la Corona (probablemente más), y ahí seguimos.

¿Tiene hoy día sentido la Monarquía? Sí, claro que lo tiene, o al menos no tiene menos lógica que hace cuatro décadas cuando se reinstauró democráticamente. ¿Le gusta a todo el mundo? No, por supuesto que no, pero les vuelvo a recordar que hay mucha gente a la que no le gustan las Comunidades Autónomas y se las tienen que comer… salvo que quieran cambiarlo y la propia norma recoge el camino para hacerlo. Si quieren suprimir la Corona no hay que hacer un Referéndum, sino una reforma constitucional siguiendo lo previsto en el Título X. Es posible y es viable, así que si tan convencidos están, a ello.

No van a tener mejor momento que éste, en que la Monarquía está en horas bajas por culpa de Juan Carlos I “el Campechano”, al que ahora se une el título de “el escondido”, algo vergonzoso para la Corona y para España. Que haya sombras de dudas sobre su patrimonio, su ocultación a la Hacienda Pública del mismo y el cobro de comisiones ilegales es gravísimo. Que tome las de Villadiego y se largue de España es peor aún. Vería lógico que abandone el Palacio de la Zarzuela y que se vaya a otro sitio, pero no que deje el país del que ha sido monarca 40 años, ni es lógico ni es estético.

No hay a día de hoy ninguna acusación formal contra Juan Carlos I, y por lo tanto puede hacer lo que le venga en gana, pero no queda bien que se marche cuando estos temas están todos los días en la prensa. Nos importaba poco si tenía “amigas”, con esa complicidad que tenía con la sociedad española del amigo ligón, pero de ahí a “distraernos” impuestos media un abismo. Ahora sí que se ha equivocado. Y de qué manera.

Poner ahora mismo en tela de juicio la Monarquía es lícito. Es un intento de legislar en caliente como tantas veces nos decían que no se debía hacer, pero allá ellos. Sí es cierto que choca un poco que los mismos que defienden la huída de Puigdemont (ese sí se escapó) y que hablan de “juicios políticos” a separatistas e incluso a terroristas, se pongan ahora tan exquisitos y hablen de la “huída” de Juan Carlos I, un señor que puede ir a donde le venga en gana, pero no olvidemos que ese “señor” ha sido nuestro Rey cuatro décadas así que tiene cierta lógica no medirle por el mismo rasero porque incluso la Constitución dice que él va por libre.

Pero claro, ese comportamiento ha provocado este lógico debate aunque no se ha permitido abrir el de si las Comunidades Autónomas tienen razón de ser cuando nos enteramos que el “España nos roba” de Pujol era una maniobra de distracción para llevarse, presuntamente, las sacas de dinero a Andorra, o de que en Andalucía el PSOE se gastaba en putas y coca cientos de millones que se suponían para los parados. Ya puestos a abrir debates, podríamos aprovechar para abrirlos todos.

Así que en resumen: ¿Monarquía o República? Personalmente me resulta bastante indiferente. ¿Creen que verdad nos cambiaría la vida pasar a un sistema republicano? En esa tesitura yo optaría por seguir como estamos. Es más barato, en la práctica las funciones son similares, y además creo que la Monarquía tiene un “je ne sais quoi” que da prestigio (al menos los días que no pensamos en meterlos en el trullo) y que hace rabiar a los americanos a los que, en el fondo, les da envidia la Historia de la vieja Europa a la que dicen despreciar. Eso sí, que los que la llevan se curren un poquito más la Corona y se dejen de tanta obsesión por los euros, que aunque sus caras salen en las monedas, no son suyos.

jueves, 6 de agosto de 2020

Monarquía o República III: Los costes


¿Los costes de la Monarquía son mayores o menores que los de la República?

Sin ninguna duda la Monarquía es más barata que la República. Es una cuestión de puro sentido común, ya que los gastos de “mantenimiento” del Rey y su familia son razonablemente parejos a los del Presidente de la República (me refiero a vivienda por muy palacio que sea, coches oficiales y servicios generales) y además en el segundo caso tenemos que sumar lo que cuestan unas elecciones.

En España tenemos una monarquía bastante “barata” en comparación a otros países. Los algo más de siete millones de euros anuales que se destinan a la Casa Real (a los que hay que sumar los gastos de viajes y seguridad, que no se pagan de ahí sino de los presupuestos del Ministerio del Interior) son mucho más bajos que los que cuestan otras monarquías vecinas. Noruega presupuesta unos 25 millones anuales, Holanda 39 y Gran Bretaña 42. Más baratas son las de Luxemburgo (unos 11 millones), o las de Dinamarca, Bélgica y Suecia (aproximadamente 14 millones). Todas ellas superiores al coste de la nuestra, al menos al coste “declarado”.

Si tenemos en cuenta, como decíamos antes, que los gastos en una República son similares en lo relativo a salarios, personal, sedes y demás la diferencia de gasto se dispara si tenemos en cuenta el coste de las elecciones Presidenciales. Por ejemplo en las del 28 de abril de 2019 nos gastamos casi 140 millones de euros, y además es habitual que tras su salida del puesto los Presidentes tengan un salario vitalicio y una serie de servicios.

Pero todo esto es paradójico. Se supone que un Rey no debería tener que preocuparse del dinero pero ya ven que donde ha caído Juan Carlos I “el campechano” es precisamente en eso. ¿Qué necesidad tenía este hombre de acumular cuentas en Suiza con comisiones presuntamente ilegales y presuntamente no declaradas a Hacienda? ¿Qué lógica puede mantenerse para juntar euros como una urraca cuando tiene no solo la vida solucionada sino tremendamente solucionada? ¿No se supone que precisamente lo vitalicio del cargo garantizaría que no hicieran estas cosas?

El gusto por el dinero es habitual, claro que sí, pero no tiene ningún sentido en personas que se supone que no solo tienen ya muchos recursos a su disposición sino que saben que tarde o temprano se iba a saber. No hablamos de un señor cualquiera que anda por ahí, sino del Rey de España…

Si les digo la verdad creo que les falta el asistente que acompañaba a los Generales y Césares victoriosos en los desfiles y que les iba diciendo “recuerda que sólo eres un hombre”. La gente se cree invulnerable, y encima con la Constitución en la mano el Rey tiene razón. Se ha creído que podía hacer lo que le venga en gana sin temor a consecuencias, y si bien es cierto que sería difícil meterlo en el trullo en que, si todo es cierto, merecería estar, el daño que ha hecho a la Corona es irreparable. Felipe VI podrá intentar desvincularse, podrá intentar recuperar el prestigio que su padre se ha cargado después de haber sido, curiosamente, el que lo logró reinstaurar, podrá trabajar por el futuro de la monarquía en este país, pero sin duda Juan Carlos I ha hecho muchísimo daño a la institución.

Siempre se rumoreó que el Rey Juan Carlos tenía innumerables amantes (“amigas”, dice la prensa poco menos que cortesana), pero eso se veía como un pecado “venial”. Realmente son asuntos privados, que no tienen una trascendencia directa en su función representativa, si bien es cierto que bien, lo que se dice bien, tampoco queda. Pero son cosas de su casa (con todos los “peros” que tiene que esa casa sea la Casa Real).

Pero echar mano a la caja… cobrar presuntas comisiones ilegales… eso es otro tema. Si los regalos son legítimos y sería un “insulto” no aceptarlos, no le costaba ningún trabajo registrarlos, pagar sus impuestos o incluso, lo que sería más lógico, donarlos a la Hacienda Pública porque se los han dado a la institución, no a la persona. Su “comisión” por los trabajos que hizo para lograr contratos para las empresas españolas ya la tiene en forma de Corona, así que no creo que sea lógico ni lícito que reciba ni un céntimo más. De todas formas, cualquier opción habría sido mejor que hacer esto, si es que lo ha hecho. La presunción de inocencia opera para todo el mundo, no lo olvidemos.

 En todo caso, la Monarquía como tal no es más cara que la República sino todo lo contrario. ¿Eso es un argumento en su favor? Sí, pero ¿es un argumento suficiente para justificar la institución? No, de ninguna manera.

Si aceptamos el argumento económico también es verdad que es más barata la dictadura que la democracia porque nos ahorramos las elecciones, un disparate en toda regla que no se puede aceptar. No todo es dinero.

Mañana hablaremos, como cierre, de la legitimidad de la Monarquía en España y de la conclusión sobre este tema, desde mi punto de vista, claro.


miércoles, 5 de agosto de 2020

Monarquía o República II: Las funciones del Rey y del Presidente

Interesante resumen que he encontrado en https://www.opoesquemas.es/funcionesrey/


Para hablar de sistemas políticos republicanos y monárquicos hemos de entender que dentro de cada uno de ellos hay diferentes tipos. Por ejemplo, no es lo mismo una monarquía absoluta que una parlamentaria, ni un sistema republicano presidencial de uno parlamentario (se repite el término, qué quieren que le haga yo).

Las funciones del Presidente de República:

Dependen del tipo de República. Las hay presidencialistas, en que se elige al Jefe del Estado en elecciones directas (el caso de Estados Unidos es el más obvio, pero también funcionaba así la República de Weimar, que desembocó en el nazismo, para poner otro caso extremo) y habitualmente éste ejerce el poder directamente o designa a un Primer Ministro que se encargue del poder Ejecutivo. También pueden ser Parlamentarias, donde se vota a los diputados del Congreso y ellos eligen al Presidente de la República. Esto último es muy parecido a lo que tenemos en España solo que a quién eligen aquí es al Presidente del Gobierno.

Dependiendo de esto las funciones varían enormemente. Por ejemplo en el caso de Estados Unidos el Presidente tiene un poder tremendo al ser jefe de Estado y de Gobierno al mismo tiempo. Puede incluso vetar cualquier ley que apruebe el Congreso y, aunque es un mito que pueda declarar la guerra (eso lo hace el Congreso) sí es cierto que comanda las fuerzas armadas y es quien lleva el peso de la contienda. No puede presentar leyes directamente (en España el Gobierno sí lo hace y de hecho su tramitación es más sencilla) pero sí suelen “encargar” a alguien del partido que lo hagan e influir para que se aprueben.

Un caso distinto es si el Presidente de una República no es al mismo tiempo jefe de Estado y de Gobierno, como en Francia. Allí el Presidente se elige en las urnas y él nombra al Primer Ministro, que puede ser cesado por la Asamblea (el Congreso en Francia). Esto es crea situaciones curiosas, como en los casos en que el Presidente es de un partido y la mayoría de la Asamblea de otro, y en esos momentos suelen ir con más cuidado, lo que no suena necesariamente mal. En este sistema el Jefe de Estado (el Presidente) suele ser más bien el responsable de las relaciones exteriores, pero también tiene poderes importantes como ser jefe del Ejército, puede convocar referédums, incluso puede disolver la Asamblea y provocar elecciones… Es un sistema más complejo pero en mi opinión más garantista que el de Estados Unidos.

Las funciones del Rey:

Aquí pasa lo mismo según hablemos de un tipo u otro de monarquía. En una monarquía absoluta el Rey ejerce todos los poderes: legisla, juzga y también es el poder ejecutivo. El Gobierno depende de su voluntad y a él se supone que lo ha designado Dios, así que es complicado rebatirle nada. Evidentemente hoy día es poco frecuente defender este tipo de gobierno, pero ya saben que hay gente para todo.

En la monarquía parlamentaria, que es el sistema que tenemos en España, hay un Rey que representa la unidad del Estado, pero realmente no tiene funciones propias. Depende enteramente de lo que le marquen el Gobierno y el Congreso de los Diputados (el Senado aquí ni pincha ni corta) y se reduce a funciones meramente simbólicas como la apertura de la sesión de las Cortes y esas cosas.

Es cierto que sanciona las leyes (es decir, las firma) pero la Constitución no le deja opción a no hacerlo. Es decir, que se dice que el Rey “sancionará las leyes”, no que “podrá sancionar las leyes”, es una obligación, no una elección.

Entonces, si el Rey está de adorno, ¿para qué sirve? Pues para nada, realmente (nunca mejor dicho). Es simplemente una figura, un símbolo, la personificación de la unidad del Estado y de la permanencia de España más allá de las luchas políticas y las veleidades de cada momento. Tampoco nos sirven para nada la Bandera o el Himno, y ahí están.

Hay una función del Rey que se basa en el ejercicio de la autoridad: el “arbitraje” entre las instituciones del Estado. Se entiende como en los sistemas clásicos que diferenciaban “autóritas” de “potestas”, es decir, la Autoridad del que habla con mesura, con juicio y con “sentidiño” frente a quien ejerce el verdadero Poder, que en teoría es el Congreso de los Diputados pero en la práctica, en España, son los partidos políticos.

En definitiva, podríamos resumir que el Rey, a día de hoy, no tiene funciones “prácticas” relevantes y simplemente es un mero ejecutor de lo que le mandan el Gobierno y el Congreso de los Diputados… pero con una autoridad importante, como es lógico.

Mañana hablaremos del coste de cada sistema.


martes, 4 de agosto de 2020

Monarquía o República I: Introducción al tema



El debate entre Monarquía y República en España vuelve a estar de actualidad, y a pesar de lo que digan los más acérrimos defensores de la Corona, no se ha puesto en el tapete por una malvada conspiración republicana de los terribles comunistas de Podemos y los “rompe-Españas” independentistas, sino porque han salido a la luz los presuntos asuntos turbios en que ha podido estar implicado el Rey Juan Carlos I “el campechano”, que ahora pone pies en polvorosa en un vergonzoso exilio que no cabe en cabeza humana.

Si no se hubiera dedicado a matar elefantes, o a, supuestamente, dar millones de euros a sus “amigas” (que es como la prensa parece denominar a las que todos entendemos como supuestas amantes del monarca) obtenidos de aparentes comisiones de monarquías absolutistas como la marroquí o la saudí, probablemente este tema no estaría abriendo telediarios en un momento en que coleccionamos problemas mucho más importantes que éste.

Pero intentemos darle una vuelta al tema con algo de objetividad, algo difícil en estos asuntos en que uno intenta apuntalar su opinión y no formarla. Empecemos por el principio: hay que diferenciar entre “monárquicos” y “juancarlistas”. Los primeros son los que defienden la permanencia de la Corona como institución mientras que los segundos, entiendo que cada vez más escasos, son los que basan dicha continuidad en el discurso de “con todo lo que hizo el Rey Juan Carlos en la Transición…”, un argumento que pudo tener una validez más que asentada en su día pero que hoy no justifica la permanencia de la Corona como tal. Sería como permitir a un héroe de guerra ir pegando tiros por la calle a quien le apetezca porque ha ganado una batalla importantísima para la supervivencia del país. Tenemos que separar a la persona del organismo, algo harto complejo en la monarquía, que se basa precisamente en la personificación de la institución.

Para analizar un sistema hay que evitar caer en argumentos de bar. Si tenemos un desastre de gestión al frente de un Ayuntamiento, una Diputación, una Comunidad Autónoma, un Gobierno, un Congreso, un Senado o incluso una Corona, no parece lógico pensar en cargarse los Ayuntamientos, las Diputaciones, las Comunidades Autónomas, el Gobierno Central, el Congreso, el Senado o incluso la Corona. Si el problema no es institucional sino personal habrá que sustituir a las personas y no a las instituciones.

Pero es muy espinoso porque tenemos el control de todas ellas (hasta cierto punto porque quien realmente manda son los partidos políticos) salvo de la Corona. No podemos obligar al Rey a largarse… ¿o sí? Juan Carlos I abdicó en su hijo, el actual Felipe VI, y dudo mucho que lo hiciera porque no quería seguir saliendo en los sellos. Fue la ola de indignación que provocó una foto suya en una cacería de elefantes la que trasladó a la opinión pública a una realidad que en el fondo no querían ver: mientras los españoles lo pasaban mal con una crisis económica terrorífica, el Rey no solo nadaba en la opulencia sino que hacía gala de ello, en un error de imagen muy poco propio de él pero que le pasó una gran factura que desencadenó en su abdicación.

Sin embargo eso fue la punta del iceberg. La que tendría que ser una familia ejemplar se está demostrando todo lo contrario. Los negocios de Urdangarín, que lo llevaron a la cárcel, en que estaba implicada la Infanta Cristina (aunque ella “no sabía nada” y libró en lo que muchos seguimos pensando que fue un “por ser vos quien sois”) abrieron la caja de Pandora y las supuestas comisiones multimillonarias que parece haber recibido el Rey Juan Carlos I ponen en peligro una institución que ya estaba bastante tocada gracias a los propios beneficiarios, algo incomprensible.

Pero por increíble que parezca, todo esto no deja de ser anecdótico. Supongamos por un momento que el Rey Juan Carlos sí hubiera recibido comisiones ilegales, que hubiera defraudado, que haya ocultado dinero a hacienda y a todos españoles… que cometiese delitos de todo tipo… ¿eso es motivo para elegir la República en vez de la Monarquía? Rotundamente no. La elección entre uno u otro sistema ha de basarse en argumentos lógicos e institucionales, no en sus titulares.

¿Qué argumentos deberían ser decisivos para elegir un sistema entre esos dos? ¿Es la República, por definición, más “moderna” que la Monarquía o más progresista? Parece que los ejemplos Corea del Norte o los Estados Unidos bajo Trump diluyen la impresión de que necesariamente es más “progre” la república, si bien es cierto que cada ciertos años pueden cambiar al titular (bueno, en Corea no). También hay que recordar que Hitler, por ejemplo, era “Führer” de Alemania, un cargo que se inventó para unificar el de Presidente y Canciller, y muy progresista no es que fuera.

La defensa de la Monarquía no es entendible desde el punto de vista puramente lógico (sí, sé que antes puse otra cosa, pero a eso me refiero precisamente, a que esto no es una cuestión meramente racional), pero algo tendrá si Reino Unido, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Suecia, Noruega y Luxemburgo son monarquías. No son precisamente los países más carcas ni más tontos del planeta, ¿no les parece?

Como ya me voy estirando y este tema da para mucho si les parece vamos por partes y estudiaremos mañana la función de un Rey frente al de un Presidente de República y pasado lo que más parece interesar a todo el mundo: los costes… aunque si les soy sincero creo que todo esto es mucho más sencillo que el análisis de factores.

lunes, 3 de agosto de 2020

Espacios vergonzosos


Estamos ya en agosto y lo lógico sería que los espacios dedicados al esparcimiento de los lucenses estuvieran en estado de revista, sobre todo si tenemos en cuenta que este año tan raro mucha gente no se atreve a viajar y ha decidido quedarse en casa, o directamente no ha podido hacerlo por circunstancias económicas, personales o laborales.

Sin embargo uno de los principales lugares donde ir de paseo, el enorme terreno que está entre el puente romano y la fábrica de la luz, está muy descuidado. No es que pidamos césped, pero sí debería tener al menos algo más que un vulgar secarral de hierbajos en que no se puede uno tumbar junto al río.

También es llamativo que de las 13 mesas con bancos con que cuenta la zona haya pocas en buen estado. Unas directamente no tienen ya mesa, otras están rotas, desniveladas, les faltan listones madera o están en un estado lamentable, pidiendo a gritos un lijado y una mano de barniz.

Otros espacios, como el absurdo pedregal que se instaló tras el antiguo Cuartel de San Fernando, habrían sido magníficos para poner unos bancos, árboles, césped, columpios o incluso una pequeña cancha de baloncesto o de cualquier otro deporte, una propuesta para ese espacio que Lugo Monumental hizo ya hace unos años. Aunque el futuro del inmueble sea un museo, tardará todavía en cristalizar si es que se hace, y nos habría venido de maravilla tener ahí algo más útil que una rocalla llena de hierbajos.

Son cosas sencillas, muy alejadas de los enormes presupuestos que se malgastan en cuestiones accesorias y en campañas absurdas, pero tendrían una relevancia importante en un año como éste. Ahora no son más que unos espacios que deberían dar vergüenza a quienes los tienen en ese estado.

No deja de ser curioso que se haga ese "chamamento" mientras se mantienen las fincas públicas en tan lamentable estado.








Artículo publicado en La Voz de Galicia del 03 de Agosto de 2020

viernes, 31 de julio de 2020

Una playa fluvial pública en la fábrica de la luz


La Alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, anunció ayer en el Pleno que se abrirá a una consulta popular el futuro de la fábrica de la luz. También indicó que se había recurrido la sentencia que condena al Ayuntamiento a indemnizar a la concesionaria del concurso/chollo que en su día hizo la administración local, y que nos costará unos dos millones de nuestros euros que, sumados a los que se gastaron en arreglar el edificio, no han servido para nada. Como prenderles fuego. Bueno, sí, han servido para empeorar la situación porque ahora hasta se ha perdido la concesión de la explotación eléctrica que desde el siglo XIX había en ese edificio. Recordemos que en 1999 Joaquín García Díez dejó el edificio nuevo gracias a una escuela taller de la Consellería de Familia, con Manuela López Besteiro a la cabeza en esa época, que lo rehabilitó y hasta las turbinas funcionaban perfectamente. Se dejó estropear, se gastó una millonada en arreglarlo y ahora estamos así...

Cuesta ser positivo, e incluso cuesta fiarse de estos anuncios. Que se nos diga que se va a pedir opinión a la gente suena a "vamos a dejar esto para otro día y como no tenemos muy claro cómo salir del atolladero proponemos la consulta popular que suena democrático y moderno y a ver quién es el guapo que se opone a preguntar al Pueblo". Más que nada porque ya nos suenan estas cosas. No hay más que recordar la ronda de consultas para mejorar el servicio de autobuses urbanos que se hizo allá por el 2016 y ya ven, cuatro años más tarde seguimos exactamente igual, pero sin marquesinas digitales que nos digan a qué hora viene el autobús (si es que viene).

Pero también es cierto que si la consulta es en serio puede ser una buena ocasión porque las instalaciones son estupendas para albergar casi cualquier cosa que se nos ocurra… si bien esto también puede ser un peligro. Las ocurrencias, quiero decir. Me temo que podrían caer en la tentación de aceptar alguna propuesta extravagante, bajo el título de “innovadora” cuando el sentido común limita bastante los usos de ese edificio. Por ejemplo, parece lógico que sea la sede de lo que durante tantos años llevamos esperando: la playa fluvial.

Teniendo ahí ese edificio, teniendo ahí un caneiro, teniendo ahí incluso una lengua de terreno en que se puede hacer un merendero, teniendo ahí el paseo del Miño, teniendo ahí aparcamientos… ¿alguien duda de que sería un magnífico lugar para eso? En el interior caben más que sobradamente las instalaciones propias de este tipo de lugares: una buena cafetería, duchas, incluso salas de aparatos de gimnasio que se podrían utilizar todo el año… No parece ni tan difícil de llevar a cabo ni tan disparatado utilizar un edificio que está en el Río Miño para el aprovechamiento del Río Miño por todos los lucenses.

Personalmente pienso proponer esto al ayuntamiento en cuanto nos digan qué canal hemos de utilizar, pero les confieso que temo seriamente que opten por hacer un museo de rabos de boina, un albergue para gusanos de seda sin hogar o cualquier otro disparate equiparable a de las bañeras colectivas (pomposamente llamadas “caldas”) que pretenden hacer en esas inmediaciones. Confiemos en que el “sentidiño” impere y que se maten dos pájaros de un tiro: el aprovechamiento del edificio y la dotación para Lugo de la playa fluvial pública que cualquier pueblo posee y nosotros seguimos esperando.

jueves, 30 de julio de 2020

Un ''Mini San Vicente'' (no quedaba otra)

El encendido de la fuente y el título de Daniel. Fotos: La Voz de Galicia.

Ayer fue 29 de Julio, día de Santa Marta, patrona de la hostelería y fecha en que se celebra normalmente el “Milagro” de San Vicente. Pero este año el coronavirus, que todo lo ha trastocado, también ha dado al traste con esta costumbre, que comenzó en 1969 y que desde 2014 se celebra todos los años de la mano de Lugo Monumental.

Pero no podíamos menos que mantener algo, una cita por pequeña que fuera, para hacer un homenaje a Daniel Romay, que es la persona a la que se ha entregado el reconocimiento a toda una vida dedicada a la hostelería, y también para llevar a cabo un pequeño recordatorio del San Vicente para que la cosa no quedara sin referencia alguna. Vamos por partes.

Empezando por el tema de Daniel, pocas personas merecen ese reconocimiento como él. Empezó a trabajar en los años 60, con tan solo 14 años, como aprendiz en el Verruga. Hoy sería algo totalmente ilegal pero eran otros tiempos y se veía como algo normal. Aprendió el oficio de la mano de mis abuelos así que la vinculación personal con Daniel es muy grande y de hecho si tenemos en cuenta que mi abuelo Cándido murió cuando yo tenía solamente 10 años es justo reconocer que Daniel lo conoció mucho más que yo, lo que no deja de darme una terrible envidia porque era un tipo realmente único.

Después Daniel se fue a hacer la mili (donde también ejerció tanto en el propio cuartel como en el Hotel Meliá Castilla) y al volver a Lugo regresó al Verruga, de donde salió a finales de los 70 para establecer su propio negocio, la Taberna Daniel, que hoy sigue ahí y que pasa a manos de su hijo Pablo.

Más de medio siglo de profesión, de una persona que además se molestó en formarse, y mucho. Hizo cursos de todo tipo, de cualquier contenido relacionado con la hostelería buscando siempre perfeccionarse en la profesión, y después empezó a darlos él mismo, colaborando así en la mejora de la preparación de las siguientes generaciones de hosteleros de Lugo.

Ahora se jubila y estoy seguro de que sabrá hacerlo. Les parecerá una tontería pero no es nada fácil dejar la bandeja en un negocio tan absorbente como el de la hostelería, y sobre todo si es uno que has montado tú mismo. Renunciar a todo y marcharse a una jubilación no es tan sencillo como parece, pero estoy seguro de que Daniel también seguirá en eso los pasos de mi abuela y mis padres y sabrá disfrutar de la vida de otra forma a partir de ahora.

Cuando en 2015 el Verruga echó el cierre alguien me dijo que Daniel estaba pensando en coger el local. Me hizo una ilusión tremenda, y me habría encantado que lo hiciera. Hasta estoy seguro de que habríamos permitido que continuase con el nombre porque no es una persona ajena, sino alguien que, a pesar de los años pasados, sigue siendo “de casa”. Lamentablemente no fue así, pero las cosas vienen como vienen, y les confieso que fue una decepción para mí saber que finalmente no salió adelante. Estoy seguro de que para Daniel también fue un chasco porque creo que para él habría sido un orgullo regentar el local donde empezó como aprendiz, un símbolo de su evolución basada en el duro, durísimo trabajo de tantos años. En cualquier caso tiene algo más importante: el cariño de los compañeros, el aprecio de sus fieles clientes y la recompensa de que Pablo siga con una tradición que seguro que estará ahí durante muchos, muchos años.

En cuanto al tema del “mini San Vicente”, les cuento que la fuente en miniatura la hizo mi padre. Toda la vida le han gustado las maquetas, aunque antes hacía barcos, pero hace un par de años se puso a hacer una reproducción a escala de la fuente de las ranas, la de la plaza de la Constitución, y cuando la terminó empezó a pensar en qué hacer a continuación. Nos dijo que proyectaba meterse con La Cibeles, pero ahí sí que le pedí directamente: “hombre, haznos el San Vicente”… y no lo pensó ni un segundo, se puso a ello.

Tras verse en un apuro para conseguir las medidas exactas (que le dio el arqueólogo del Ayuntamiento, Quique), se puso a ello y tras medio año de trabajo ahí la tienen, echando vino como la de verdad.

Les confieso que no pensamos en usar la fuente para esto. La idea original era que, si el Ayuntamiento se anima, la pudiéramos llevar a FITUR para promocionar el casco histórico y la fiesta del San Vicente en esa prestigiosa feria. Pero vino el coronavirus y nos fastidió el “Milagro” y como casualmente la terminó hace unas semanas coincidió todo tan bien que la utilizamos ayer para hacer ese recordatorio.

Así que gracias a mi padre tuvimos “mini Milagro”, y si todo va bien podremos difundirlo en las ferias y allá donde vayamos, porque hasta es fácil de transportar porque se desmonta. Está todo pensado (porque lo pensó él, a mí no se me habría pasado por la cabeza).

Termino dando también las gracias a la Alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, que nos dio más relumbrón ayer en estos modestos actos, a los concejales de los grupos municipales de Ciudadanos y el PP que también acudieron a la convocatoria, a todos los amigos que nos vinieron a acompañar, al Restaurante Campos por echarnos una mano con la intendencia y, por supuesto, a la APEC que, con su habitual generosidad desinteresada a través de su Fundación Lucus Augusti, nos ha prestado una parte de su local, y una magnífica ventana donde se puede ver la fuente hasta el domingo.

Veremos si podemos hacer el Milagro como debe ser más adelante, pero en todo caso seguro que en 2021 la fuente de San Vicente volverá a manar vino.