| Las Icenas, como la mayoría de las asociaciones, dándolo todo en el montaje de su campamentos. Foto: El Progreso. |
Estos días ando un poco desaparecido, pero es que no me da la vida. Los preparativos que vamos haciendo para el Arde Lucus desde la asociación a la que tengo el placer de pertenecer (el Senatus Lucus Augusti) a veces son más complejos de lo que pudiera parecer, ya que no sólo se trata de montar el campamento sino también de preparar el local donde guardamos los trastos para cuando, la semana que viene, regresen al almacén. Eso se suma a los meses de ensayos, listados, encargos, trámites y demás...
Igual que nosotros andan todas las asociaciones que conozco, ajustando, atornillando, colocando, e incluso cosiendo y planchando. La tormenta del domingo no ayudó a que las cosas estén de la mejor forma posible, pero el sol salió el lunes y secó mucha agua así que esperemos que todo esté a punto para mañana.
Un pequeño aparte. Verán que he puesto “las asociaciones que conozco”, y el matiz es porque tengo que dar la razón a una persona que me ha reñido por hablar de “todas las asociaciones” en el artículo del viernes, porque se ve que no todas están tan contentas como afirmaba ese día (lo escribí porque es lo que yo veo).
Hay que decir que las percepciones son subjetivas (siempre he insistido en eso, en que nadie es objetivo, incluido un servidor) e incluso me llama la atención que todo el mundo ha dado por sentado que cuando hablaba de que se apartó a una persona de la organización entendieron que me refería a una funcionaria municipal. Es curioso cómo funcionan las cabezas, y que se dé por hecho que hablaba de ella y no de alguna de las personas que ya no están vinculadas a la organización de la fiesta. En fin, quien se dé por aludido quizá no tenga la conciencia muy tranquila. Fin del aparte.
Este año ha sido todo muy atropellado. Entre los vaivenes que hubo en la financiación, el cambio de gobierno (influyó más de lo que quizás hubiera debido), retrasos en la administración (que hay que decir que cuelan porque hay circunstancias atenuantes, pero que son difíciles de comprender e incluso de tolerar y que si hubieran hecho los anteriores gobernantes nos los comíamos)... Pero el Arde Lucus saldrá adelante igualmente por el trabajo incansable de la mayoría de las Asociaciones (no pongo "todas" por si acaso se me enfada alguna que sí se cansó).
El Arde Lucus del 25 aniversario tendrá, en mi opinión, una carencia importante que, hasta donde yo sé, nadie ha cubierto: un homenaje a los creadores de la fiesta. Quizá no se haga porque tras un cuarto de siglo de ponerse medallas hasta el gato es difícil rastrear de quién fue la idea realmente.
Hay, en general, dos versiones. Yo les cuento la que viví, y creo que tiene cierta credibilidad por dos motivos: porque estaba allí y porque no digo que nadie de mi entorno cercano tuviera nada que ver.
Pongámonos en contexto: hace poco más de 25 años la ciudad vivía un momento de alegría con la declaración de la Muralla de Lugo como Patrimonio de la Humanidad, lo que el entonces alcalde Orozco reconocía que “fixemos entre todos” porque de aquella el anterior regidor, Joaquín García Díez, no salía todos los días en el periódico a decir que recogían los frutos de su trabajo, algo que hoy está de moda. Eran otros tiempos, donde se entendía que la alternancia es lo que tiene, para bien y para mal.
Pero a lo que iba. Lugo miraba a su Muralla con otros ojos, con más respeto y con más cariño, y juntando eso con que la gente se marchaba en riadas a Sarria y a La Coruña por el San Juan surgió la idea de hacer una fiesta en esas fechas. La idea concretamente fue de Memel, el propietario de un local del Campo Castillo que yo adoraba y que sigo echando de menos: el Bonnie Scotland.
En aquella época mi familia tenía un restaurante en el centro, el Verruga, y estaba allí cuando vinieron los organizadores de la fiesta (particulares, hosteleros de la zona) a hablar con mi madre para participar en aquella primera edición, que consistió principalmente en sacar barras de bar a las calles del centro con el personal disfrazado de romanos. Sí, ahí sí puedo decir “disfrazados” porque no iban “caracterizados”: eran sábanas y cosas así para salir de paso. El Verruga no participó (por eso les decía que la historia no dice “y nosotros fuimos los primeros en apuntarnos”) porque no lo veían adecuado para un restaurante. Recuerdo que mi madre les felicitó por la iniciativa y sí que se ofreció a participar económicamente para ayudar en el pago de la cartelería o lo que hiciera falta, pero que entendía que era algo más de bares y pubs que de restaurantes y que el Verruga no pintaba nada.
La memoria es peligrosa. Siempre tengo mis dudas de si eso ocurrió en el 2001 o en el 2002, porque mi cabeza se empeña en decirme que en el primer año no hubo participación municipal y que fue el segundo año (o el primero “oficial) en el que se hizo una noche con conciertos de Ketama y otros grupos y cosas así. Ahí reconozco que no tengo muy claro el asunto. En todo caso, el éxito de aquella primera fiesta fue inmediato. Aunaba la historia, la fiesta, los disfraces, el inicio del calor, los días largos y la euforia de presumir de ciudad.
Si Memel fue el padre del Arde Lucus, en mi opinión la madre fue Rosana Rielo. La concejala socialista, una mujer encantadora, atenta, trabajadora y con una capacidad formidable, fue la que logró darle alas en sus primeros años a una fiesta que acababa de nacer y que tenía muchas posibilidades como se vio con los años. Rosana se desvivió por el Arde Lucus y aún hay muchos que la echamos de menos al frente del tema. Sin ella quizá la cosa no habría seguido como siguió.
Pero la criatura también tuvo dos padrinos que estuvieron a la altura. José López Orozco, alcalde de Lugo, y Carmen Basadre, concejala de Cultura, supieron ver la importancia del tema y, aunque es difícil creer que alguien se imaginase de aquella hasta dónde iba a llegar, apoyaron el Arde Lucus con presupuestos y pusieron al Ayuntamiento a la cabeza de la organización, un acierto que hizo que creciese exponencialmente.
Es probable que a nadie le interese realmente investigar cómo nació de verdad el Arde Lucus, porque incluso el relato que les acabo de hacer está basado en mis recuerdos, y la memoria es mucho más tramposa de lo que a todos nos gusta reconocer.
También influye aquella máxima de que el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano, por lo que todo el mundo se quiere anotar el tanto. Si encima mezclamos la política (algo inevitable visto lo visto) imagínense.
En todo caso, sólo es historia y no hay momento como el presente. Como estos días andaré liado no sé si escribiré algo, pero bueno, en todo caso… ¡Feliz Arde Lucus!