viernes, 9 de octubre de 2026

Cada persona es un mundo

 

Hace unos días les contaba la historia de un desahucio en que nosotros éramos los “malvados propietarios” y echamos al “indefenso inquilino” por algo tan normal, natural y decente como montarnos un puticlub en la casa que le habíamos alquilado. Literalmente hablando. Hoy les voy a contar la otra experiencia de alquiler que tuvimos con esa misma casa.

Tras la traumática situación vivida con el proxeneta nos planteamos qué hacer con la casa. ¿Venderla? Difícil en aquel momento ¿Volver a alquilarla? Pues a pesar de los pesares parecía la única opción lógica, porque compartir el uso entre dos ramas de la familia iba a ser un problema sí o sí. Estas cosas no suelen acabar bien y menos aún teniendo en cuenta circunstancias agravantes que no vienen al caso.

Cuando nos planteamos ponerla de nuevo en alquiler, tras un esfuerzo importante (y costoso) para lavar las huellas del prostíbulo, la primera solicitud que recibimos fue de una familia de origen cubano, en que trabajaba el marido como jardinero. A pesar de ciertas reticencias de algún familiar para alquilar la casa a gente “de fuera” (que rebatimos con el inapelable argumento de que “claro, como con el nacional nos fue tan bien…”) se le arrendó, explicándole que nuestra intención era vender la casa.

Como bien sabrán, la normativa que había hasta ahora te obligaba a que el alquiler tuviese una duración mínima de cinco años prorrogables por dos más. No era opcional, y poner una cláusula que anulase el alquiler en caso de venta era ilegal, lo que se le expuso al candidato a inquilino. Nos dijo que no nos preocupásemos, que no hacía falta que lo pusiera el contrato y que si aparecía un comprador él se marcharía siempre que se le diera un plazo razonable de un par de meses para buscar una alternativa. Acordamos incluso que no se le cobraría el alquiler ese tiempo mientras buscaba otra casa.

Se mudaron a la casa y todo fue como la seda. De hecho, mejor incluso. Nos pidió permiso para hacer cosas en el jardín y lo dejó que daba gusto verlo.

Pasaron aproximadamente dos años y pasó lo que no nos esperábamos: apareció un comprador. Encima tenía prisa, por las razones que fuera.

Le explicamos al inquilino la situación y buscó una casa alternativa. Se mudó en menos de la mitad del plazo que habíamos acordado y como tenía que pagar la otra casa se le abonó el alquiler del mes que no “usó”. Por lo demás, no nos pidió un céntimo. Y podía haberlo hecho porque la ley estaba de su parte, pero su palabra, el pacto al que habíamos llegado, pudo más que cualquier otra cosa. Lo que antes se llamaba “persona decente” y que hoy se confunde con cosas menos amables.

Cuando entramos en la casa me dieron ganas de echarme a llorar, pero no por los daños sino por todo lo contrario: estaba perfecta. La habían cuidado como si fuera suya y la dejaron hasta limpia como los chorros del oro.

¿Qué pretendo explicarles contando esta historia, totalmente distinta de la de la semana pasada? Pues que cada persona es un mundo.

Tomar al casero como el malo de la película sólo es razonable si es el malo de la película. Pensar que el inquilino es un malvado aprovechado sólo es razonable si es un malvado aprovechado. En ambos lados hay gente buena y mala, en ambas opciones hay Tirios y Troyanos, en ambos mundos hay de todo, como en todas partes.

Nuestra sociedad busca etiquetas fáciles: empresario malo, trabajador bueno o, dependiendo de la tendencia, empleado vago, jefe sacrificado, pero también cura pederasta, sindicalista aprovechado, político corrupto, funcionario vago… ¿Por qué? Quizá porque es más fácil. Nos evita la trabajosa tarea de pensar o de valorar a cada persona por sí misma.

Una vez más les invito a no caer en esa tentación. A valorar las cosas por sí mismas y a las personas por quiénes son y no a qué grupo pertenecen. No me las voy a dar de santo, yo mismo caigo ocasionalmente en ese pecado que hoy intento condenar, pero hay que luchar contra esa tendencia y para eso hay que empezar por uno mismo.

jueves, 8 de octubre de 2026

Falsificaciones con un (intolerable) barniz de legalidad

No deja de ser sorprendente que en puestos de titularidad municipal se permita la venta de falsificaciones

La competencia legítima es uno de los principios básicos del comercio, pero ese principio se rompe cuando a unos se les exigen unos requisitos, cada vez más duros, y a otros se les da carta blanca para hacer lo que les venga en gana.

En algunos de los puestos instalados en el recinto ferial, se están vendiendo prendas que son presuntamente falsificaciones de marcas que los comercios tradicionales venden legalmente en sus establecimientos. Estamos hablando de zapatillas, camisetas, chaquetas y otras prendas que imitan modelos que tienen actualmente a la venta en sus tiendas y que, a ellos sí, les hacen pasar controles de calidad y de autenticidad que todos agradecemos porque nos da la tranquilidad de saber qué estamos comprando.

Resulta difícil entender que, mientras los comerciantes asumen alquileres, impuestos, seguros, personal, proveedores, garantías y todos los costes derivados de desarrollar una actividad comercial legal, a otras personas se le permita la venta de productos falsificados en puestos autorizados durante unas fiestas que, además, tienen una enorme repercusión en el comercio de Lugo.

¿Cómo puede ser que esto esté permitido y que aparentemente nadie esté controlando ni actuando ante este tipo de situaciones cuando se ha advertido reiteradamente desde esta Asociación?

No estamos hablando simplemente de productos más baratos, sino de muy probables falsificaciones y de una competencia que puede perjudicar directamente al comercio local, y que además recibe un barniz de legalidad porque el consumidor puede creer que son prendas legítimas al verlas en puestos oficiales propiedad del Ayuntamiento de Lugo. Las bases de la licitación lo prohíben pero claro, si nadie lo vigila aquí no pasa nada.

Lugo Monumental, la asociación que tengo el honor de presidir, ha denunciado este tema reiteradamente durante los años 2023, 2024 y 2025. Se llegó a recurrir a la Valedora do Pobo ante la inacción de las administraciones, pero la Valedora también se lavó las manos, creando entre todos una situación de desamparo totalmente intolerable.

Se nos ha llegado a responder, por parte del Ayuntamiento, que la competencia de este asunto no es de la administración local. ¿Acaso no tienen que controlar la venta de mercancías ilegales en los puestos que licitan? ¿No está entre sus competencias el comercio que se desarrolla en casetas de su propiedad?

Hemos vuelto a denunciar esta situación, a ver si el nuevo gobierno hace algo al respecto, aunque tengo que decir que tengo mis dudas, porque se les advirtió de esto previamente (como a los anteriores) y parece que el pasotismo en este asunto sigue siendo marca de la casa, algo que me sorprende muchísimo, la verdad, pero que es lo que veo hasta el momento. Ha habido un intento de una concejala de movilizar a la Policía Nacional, pero le han dicho que "no pueden hacer nada si no denuncian las marcas". Una respuesta llamativa, como poco.

Las normas son para cumplirlas pero se ve que algunos tienen patente de corso para hacer lo que les salga de las narices, mientras a otros se les fríe a impuestos y normativas.

Tengo que añadir que he leído muchos comentarios en redes cuando salió esta noticia que usan tres argumentos, a cada cual más soprendente, para criticar la denuncia:

1- "Dejadlos en paz, no hacen daño a nadie". Bueno, a nadie salvo a los que venden las prendas auténticas y pagan sus impuestos y, con ello, nuestros hospitales y carreteras. ¿O creen ustedes en serio que las mafias que hacen prendas falsas pagan IVA y demás impuestos?

2- "¿Y os dais cuenta ahora? Esto pasa desde hace años".  Ya, y por eso desde el 2013 se viene denunciando esto...

3- "La gente no se puede permitir los originales así que está bien que vendan falsificaciones". Este argumento me parece más sincero, aunque más discutible aún. A la gente le importa una mierda el bienestar de quien vende esto, la realidad es que quieren comprar prendas para presumir de un logotipo falso, algo que me parece surrealista, pero es la sociedad que tenemos, donde lo importante es la apariencia, aunque sea falsa y se dañe a otros en el proceso. ¿Qué más da ayudar a las mafias si yo puedo llevar mi chaqueta falsa para fardar?

Y después nos quejamos de que la gente que cumple las normas se sienta abandonada.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Hoy va de nombres

La oficialmente denominada Plaza Mayor se conoce popularmente como Plaza de España. Curiosamente eso parece molestar a alguna gente.

William Shakespeare pone en boca de Julieta las siguientes palabras: “¡Solo tu nombre es enemigo mío: tú eres tú mismo, aunque no seas Montesco! ¿Qué es eso de Montesco? No es mano, ni pie, ni brazo, ni cara, ni ninguna otra parte que forme parte del hombre. ¡Ah, sé algún otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? Una rosa olería igual de dulcemente con cualquier otro nombre: igual Romeo, aunque no se llamase Romeo, conservaría la amada perfección que tiene sin ese título”. Lo mismo ocurre con algunos nombres para algunas personas.

De vez en cuando menciono en este blog localizaciones de Lugo cuyo nombre popular no se corresponde con el “legal”. Por ejemplo, cuando hablamos de la avenida Rodríguez Mourelo hay mucha menos gente que la sabe situar en el mapa que si le llamamos la avenida de Los Tilos, como ocurre con la plaza de la Estación de Tren (Conde Fontao), la Plaza Inútil (Horta do Seminario)… o la Plaza de España. Pero curiosamente sólo me salen indignados a protestar cuando uso este último nombre, lo que me hace pensar que no es que tengan una fijación con el nomenclátor oficial del callejero, sino una malquerencia por la palabra España.

Fue Orozco quien le cambió el nombre, demostrando una vez más que al PSOE le sobra la E en muchos temas, presionado por el BNG en su primer mandato, allá por 1999. No pasaba nada por ponerle un doble nombre, como ocurre en varios sitios, y llamarle Plaza de España, pero al mismo tiempo reconocer que es la Plaza Mayor de Lugo. Sin embargo optaron por eliminar a España del callejero, como si fuera algo negativo y muchas personas siguen comprando ese discurso de repugnancia al nombre de nuestro país (que, mal que les pese, es el suyo).

Los mismos indignados se ponen como hidras cuando menciono Orense o La Coruña. Me salen con que “los topónimos oficiales son Ourense y A Coruña”, en lo que tienen toda la razón del mundo… pero es que esto no es un texto oficial. La Real Academia de la Lengua ha aclarado esto definitivamente explicando que los topónimos oficiales sólo son de uso obligado en los textos oficiales (cosa que este blog no es) y que cuando se escribe en castellano lo correcto es usar el nombre en español.

Tiene cierta lógica, siempre que se use con cierto sentido común. Por ejemplo, si nos referimos a ciudades árabes, chinas, rusas… me juego la cabeza a que quienes me critican por decir Orense no escriben 北京,y si van a una agencia de viajes y dicen que quieren ir a Pinyin probablemente metan en un problema a quien les atienda. Tampoco los oigo respetando los topónimos de Alicante, ni diciendo New York. Ahí traducen.

Afortunadamente Lugo se dice igual en todos los idiomas, por lo que ahorro estar todos los días con la matraca.

martes, 6 de octubre de 2026

Publicidad para Lugo que no hay dinero que compre

La publicidad que se ha conseguido para las fiestas y para la ciudad no hay dinero que la pague.
Fotos laterales del Instagram de "Ahora Sonsoles" y foto central de La Voz de Galicia.

El San Froilán difícilmente podían comenzar mejor. Un absoluto éxito de público en el pregón y el arranque oficial de las fiestas, con la música de la Real Banda de Gaitas de Orense (nunca los había visto, la verdad, son magníficos) y la Banda Municipal que hacía una década que no tocaba en el templete de la Plaza de España.

Me llamaron la atención algunas cosas sueltas, sin seguir un orden específico.

La primera fue lo tardísimo que empezaron los de Orense a tocar. Estaba previsto para las 11 y comenzaron a las 11:30. Me dijeron que había sido por un problema en el autobús que los traía, no tengo ni la menor idea de la fiabilidad de la explicación. Lo bueno es que como fui temprano estuve tomando un café cómodamente en la cafetería de la calle de la Reina, así que tuve asiento de primera fila para ver pasar a la comitiva.

Lo que sí empezó con una sorprendente y elogiable puntualidad fue el pregón. Sonsoles Ónega nos habló de su padre, como era previsible, y elogió a la ciudad, sus recuerdos heredados, y agradeció reiteradamente el honor de, 38 años después que él, de pregonar las fiestas patronales.

Que se eligiera a Sonsoles Ónega a Lugo le vino muy bien, seamos sinceros. Más allá de los méritos de la presentadora, que no van más allá de ser hija de Fernando (algo en lo que ella misma hizo hincapié), fue un acierto desde el punto de vista de la publicidad de la ciudad y de nuestras fiestas. ¿Cuántas veces ha salido el pregón del San Froilán en un magazine de los más vistos de la televisión? ¿Cuántas veces ha comentado una revista de tirada nacional el modelito de la pregonera de quien comienza las fiestas de Lugo? Creo que, con esta, una.

Tampoco es que se trate de andar a la caza del famoso para que las fiestas se vean por ahí, pero no ese un mal efecto secundario y, tras escuchar a Sonsoles en la tele, no sólo es positivo, sino que se lograron unos minutos en televisión que no hay dinero que pague.

En cuanto al resto de las fiestas, parece que se ha acertado con los conciertos que ha habido hasta ahora, al menos por los comentarios que leo y la crítica de personas cercanas que no se pierden nada y a las que les han encantado. Reconozco que aquí hablo por terceros porque soy poco de esas cosas.

El clima en San Froilán lo es casi todo, y con eso también está habiendo suerte. Calor, pero sin pasarse y, lo más importante, no llueve, o lo hace a ratitos y con mucha moderación. Leí que Javier, el concejal del cultura, llevó huevos a Santa Clara, y qué quieren que les diga, aunque me parece una superstición como cualquier otra al final somos gallegos y aunque no creamos en las meigas, “habelas, hailas”. Tampoco creo que sea un gasto tan tremebundo como para no probar.

Queda una semana por delante de festejos, barracas, conciertos, pulpo e, insisto, si el tiempo acompaña, el que será el fin de semana más grande al coincidir el Pilar en lunes y siendo su víspera el Domingo das Mozas.

Disfruten de las fiestas.

viernes, 2 de octubre de 2026

Miguel Fernández y el Lugo a 10 años

Foto de familia del acto de ayer en la Milagrosa. Foto de El Progreso

Ayer por la tarde salí de paseo con Spock, nuestro cruce de labrador y cabra loca, y enfilé por Camiño Real callejeando por esa zona y desembocando en la Plaza de la Milagrosa. Había una enorme pantalla y escuchaba a alguien hablar, pero no sabía de qué iba el tema hasta que rodeé el tema y vi a Miguel Fernández, candidato a la Alcaldía de Lugo, explicando a los asistentes, unas 150 personas, sus planes para el Lugo de los próximos 10 años.

Veo hoy la prensa que al evento se invitó a asociaciones y entidades de los barrios. Supongo que la invitación a Lugo Monumental, la asociación que tengo el honor de presidir, se debió perder en el correo, pero para compensar tenían a Jesús Vázquez entregado a la causa, que las ayudas hay que justificarlas documentalmente, pero también aplaudiendo calurosamente a quien firma los talones.

Supongo que ese olvido se compensará en la ronda de contactos y diálogo con los barrios y los colectivos locales que anunció, pero vayan ustedes a saber. Desde luego, desde la asociación jamás hemos dicho que no a una reunión con nadie y hay un acuerdo de la asamblea para aceptar todas las convocatorias que se nos hagan, por lo que nos hemos sentado tanto con VOX como con Unidas Podemos, pasando por todo lo del medio, para compartir nuestros puntos de vista.

Miguel tiene razón en muchas cosas (como todo el mundo) pero me gustaría destacar una que dijo ayer: el diálogo es fundamental, y pensar las acciones también. Dijo ayer que “Non queremos unha cidade construída a golpe de ocorrencia. Queremos decidir con datos, con estudos e falando coa veciñanza”. Es fantástico que haya reflexionado de esa manera y no puedo estar más de acuerdo con él. No sé qué le parecería a Lara Méndez escuchar eso en su asiento de primera fila, porque es justo lo contrario de lo que hizo ella con tantas y tantas cosas de las que se suele poner como ejemplo sus tres mayores fracasos: las mal llamadas Caldas, el carril bici o la reforma del casco histórico, un disparate que todavía estamos pagando (y lo que nos queda) en losas rotas y tropezones.

Aprovecho que hablo de Miguel para afear un tema que sus detractores sacaron a la palestra cuando habló de sus propuestas para 10 años en Lugo: la edad. Me parece inconcebible que alguien se meta con él por eso. Me recuerda a las críticas que Beiras hacía de Fraga y de la “gerontocracia”, algo que pagó en las urnas porque en Galicia a los mayores se les respeta (al menos habitualmente se hacía).

Caer en la misma burla no sólo es reírse de una característica, los años cumplidos, que ojalá todos podamos llegar a celebrar (y muchos más a poder ser) con la misma salud que tiene Miguel, es que además es un error estratégico porque, insisto, nuestra cultura más arraigada contiene un respeto a los mayores que no es opcional.

El sosiego que da la edad, la sabiduría que aporta la experiencia, el bagaje de los años, no son algo que menospreciar sino todo lo contrario. La persona más inteligente que conozco, que es mi madre, le lleva a Miguel cinco años y ya nos gustaría tenerla en un puesto de mando en Lugo. La ciudad sería infinitamente mejor.

Miguel es una persona habitualmente calmada, que en condiciones normales es respetuoso y que suele responder civilizadamente a todo. Eso lo da el carácter, pero los años ayudan y criticar eso es una bobada como un castillo.

Si esas burlas vienen de personas del PP me parecen todavía peor, porque ni siquiera son sinceras, o al menos ellos mismos defendían lo contrario en la época de Fraga, y con razón. Me revienta que se cambie de opinión según conviene sobre cuestiones idénticas.

Un respeto, por favor.

jueves, 1 de octubre de 2026

Historia de un desahucio

A la izquierda pueden ver una foto del contrato de cómo se entregó una habitación y a la derecha cómo la devolvieron (sí, es la misma). Observen que hasta pintaron el suelo de madera y que a una casa que jamás tuvo humedades le aparecieron... prefiero no saber cómo.

Hoy les voy a contar la historia de un alquiler que acabó en desahucio. Nosotros fuimos “los malos”, los caseros sin corazón que echaron al inquilino de su propiedad.

Verán, mis abuelos construyeron, trabajando, una preciosa casa en Miño para ir en verano. De aquella, antes de la A8, era una de las playas más populares para los lucenses porque se llegaba antes allí que a la costa de Lugo. Cuando fallecieron quedó para sus hijas que, como veían que compartir su uso iba a ser un problema, decidieron ponerla en alquiler.

Hubo dos inquilinos. El primero era “perfecto”: funcionario de alto nivel, recién casado, con un bebé, iba a vivir allí con sus padres. Todo precioso. Se firmó el contrato y se hizo un seguro de impagos por si las moscas, al que la compañía puso una alfombra roja por las características del inquilino. Pasaron los meses y todo iba de fábula. La renta se ingresaba puntualmente en el banco y no tuvimos noticia de ningún problema.

Paseando un día por Coruña me encontré con un conocido de una casa vecina y nos paramos a hablar, y en la conversación me dijo: “¡qué pena que hayáis vendido la casa!, con lo buenos vecinos que siempre fuisteis”. Le respondí que no la habían vendido, que estaba alquilada, y me miró raro. “¿Pero tú sabes lo que tenéis allí?... ¡Una casa de putas!” (conservo la literalidad que registró mi memoria).

Primero pensé que se refería a que eran vecinos ruidosos o molestos, pero me aclaró que no, que literalmente me estaba diciendo que había un lupanar en la casa. Reconozco que pensé mal de la persona que me lo dijo, porque la mujer del que firmó el contrato era extranjera y me lo debió de notar en la cara porque también me especificó que no se refería a eso sino a que había prostitutas en la casa. Quise seguir dudando (me costó mucho aceptarlo) y le dije que si querían llevar chicas a la casa no era cosa nuestra. “No, Luis, no, no van de visita, trabajan allí”.

La realidad se impuso. Nos enteramos de que no sólo nos montó un prostíbulo en la casa de mis abuelos, sino que además convirtió el garaje en un apartamento totalmente ilegal, así que nos pusimos en marcha: le enviamos una comunicación diciéndole que o legalizaba esas obras (lo que dudábamos viable por las características del “apartamento”) o tenía de dejarlo como estaba… y que no podía ejercer actividades económicas en la casa y mucho menos ilegales.

Su respuesta fue dejar de pagar la renta, con lo que se activó el seguro y la compañía se encargó de ir al juzgado y pedir el desahucio, que se logró unos meses más tarde. Con bastante celeridad, he de decir, pero es que el caso era bastante obvio visto lo visto.

Cuando entramos en la casa el panorama era para echarse a llorar. Los suelos de madera pintados de oscuro, muebles destrozados, las paredes con humedades en una casa que jamás las tuvo (ni siquiera pasando los inviernos cerrada, no quiero ni imaginar cómo pudieron salir), las habitaciones con cerradura y numeradas, la cocina con carteles en las puertas pegados... Costó un trabajo tremendo devolver la casa a su estado y obviamente la indemnización del seguro no llegó para cubrir los gastos.

¿De verdad creen que generalizar “ni un desahucio más” es razonable? Si en vez de ser un funcionario de alto nivel (y para mayor fantasía relacionado con la seguridad) el inquilino fuera una persona mayor e hiciera exactamente lo mismo ¿nos veríamos con un problema añadido? No tengo la menor duda.

La casa, como es natural, se vendió. La vida ya tiene bastantes problemas como para buscarte otros nuevos pero ya ven, un inmueble menos en alquiler, como los miles que estos dos últimos días se dieron de baja en los portales inmobiliarios por el justificado y razonable miedo que tienen los propietarios.

Y si la oferta baja, los precios suben. Alguien debería explicar un principio tan básico de la economía a los que redactan normas a lo loco.

Verán, esto no pretende decir que los inquilinos sean "los malos" y los propietarios "los buenos", ni viceversa como nos quieren vender ahora. Hay de todo en todas partes, y la ley tiene que ser justa, no dar por sentado que quien alquila es un cabrón con pintas o que el inquilino es un aprovechado que va a dejar de pagar si le dan la excusa. No hay colectivos buenos ni malos, hay gente decente y desgraciados en todos ellos. Ni más, ni menos.

No se dejen engañar ni polarizar.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

''Consenso ciudadano''

Las dos fotos de la izquierda, que publicó El Progreso, son de los actos de nombramiento como hijos adoptivos de Xesús Alonso Montero y Fernando Ónega. La de la derecha la inauguración de la estatua de Moncho Reboiras. ¿Qué actos consideran que "generan consenso" y cuáles no?

Al BNG de Lugo le parece fatal que la Real Banda de Gaitas de Orense abra el San Froilán porque, según dicen, dicha agrupación “no genera consenso”. Tampoco “generaba consenso” en su opinión que Sonsoles Ónega dé el pregón de las fiestas, ni que Fernando Ónega fuese nombrado hijo predilecto de Lugo, al igual que también carecía del “consenso ciudadano apropiado” dar dicho título al profesor Alonso Montero. Sorprendentemente la formación nacionalista sí vio suficiente “consenso ciudadano” para dedicar un monumento a Moncho Reboiras, a cuya inauguración sólo fueron ellos (48 personas para ser exactos), lo que contrasta con el abarrote del Círculo de las Artes o de la Vieja Cárcel los días que se nombraron hijos predilectos a las “discutidas” figuras que ellos no apoyaron.

Quizá lo que quieren decir cuando hablan de que “no hay consenso” es que a ellos no les gusta y viceversa: si quieren poner un monumento a un señor, es por “xustiza” y entonces con que lo diga el BNG es suficiente. Se erigen por lo tanto en jueces, censores y ejecutores de lo correcto, lo “consensuado”, y lo sorprendente es que los demás se lo consienten. El PSOE, que cogobernaba la ciudad hasta mayo con los nacionalistas, se tragó que usasen nuestro dinero común para hacer la estatua de una persona que, aquí sí lo podemos decir sin miedo a equivocarnos, no genera consenso. El PP pidió en el Parlamento de Galicia que se retirase dicho busto pero, ahora que gobierna, no lo hace, quizá por no abrir un nuevo melón y dar armas a los nacionalistas para poner el grito en el cielo. Ellos no se anduvieron con tantos miramientos para poner ahí la discutida estatua.

Pero volviendo a las fiestas patronales, es llamativo cómo los discursos varían según interese. Por ejemplo, es totalmente cierto que la Real Banda de Gaitas de Orense no sigue algunos patrones de la gaita tradicional gallega, pero la cosa tiene su explicación. Las gaitas que usan tiene ciertas características cercanas a las de Escocia porque están diseñadas para tocar en grandes grupos, mientras que la más tradicional de Galicia se suele usar en pequeños grupos o en solitario. Si quien organizase el tema fuera el BNG me juego la cabeza a que lo verían como “a unión dos pobos de raigame celta de Europa”, al igual que fuerzan modificaciones del gallego para acercarlo al portugués, por poner un ejemplo.

De la misma forma, también critican que venga una entidad “de fuera” a inaugurar las fiestas. “De fuera”… son de Orense, parte del “país galego” que tanto afirman tener como seña de identidad…

La Real Banda de Gaitas de Orense tiene una lista de premios más larga que mi brazo, es una formación que reúne solemnidad, espectacularidad y hasta diría que engrandece el inicio de las fiestas.

En todo caso, veremos si el pueblo responde y acude a la llamada del evento, como hizo en los anteriores que, según el BNG, no tenían “consenso ciudadano” pero en que había bofetadas para entrar. De hecho, en ambos eventos de nombramiento como hijos adoptivos de Xesús Alonso Montero y Fernando Ónega quedó mucha gente fuera por completarse aforo. En el otro... no.

El BNG está confundiendo, de forma interesada, el poder desproporcionado que le otorgan sus acuerdos con el PSOE, al que puede chantajear cuando suman lo suficiente, con una representatividad real de la mayoría de la sociedad. No lo son, mal que les pese.