| Llenazo absoluto en Santa María |
La noche ha sido corta y no ha llegado a nada. La resaca me da que va a ser algo más larga, y no por beber, que no es lo mío, sino por la intensidad de la noche de ayer.
Si la pantalla gigante de Lugo Monumental fue un exitazo el martes, lo de ayer ya no sé cómo calificarlo. Miren que hubo gente en la final de la Eurocopa hace dos años… pues todavía más ayer. Me parece que la expresión de “no cabía un alfiler” se podía utilizar casi literalmente, porque aunque caber cabía, si se tirase uno en medio de la plaza fijo que se pinchaba a alguien.
Les voy a ser sincero, yo hasta lo pasé mal. Había tantísima gente que no vi ni un minuto del partido (lo que, en mi caso, tampoco es un drama porque no me gusta el fútbol) y sólo estaba pendiente de que no pasara nada malo porque las multitudes ya sabemos cómo son. Desde el chaval al que tuvimos que avisar reiteradamente para que se bajase de un cuadro eléctrico, al que encima golpeaba el muy melón, hasta los varios soponcios que hubo por el calor y algún elemento más. Nada grave por suerte, pero el susto no te lo quita nadie.
Pero todo mereció la pena. El rugido de alegría, la euforia compartida, el magnífico ambiente… han sido recompensa más que suficiente de todo el trabajo y sinsabores que estas cosas siempre llevan aparejadas. España es campeona del mundo y muchas personas pudieron disfrutar de esa celebración juntos en la Plaza de Santa María gracias a la asociación Lugo Monumental, que tengo el gran honor el presidir, y a los locales patrocinadores que son los que financiaron la pantalla.
El punto negativo fue, una vez más, la barbaridad de basura que quedó en la plaza y que, aunque recogimos con la ayuda de varias personas que allí estaban y a las que no sé cómo agradecerles su gesto y su amabilidad, daba una imagen terrible que se evitó con la colaboración de quienes entienden que el mundo no es un estercolero. Sé que es muy difícil que en una celebración como esta la gente se comporte con civismo, pero qué quieren que les diga, a uno le quitan las ganas de volver a poner la pantalla.
Mención negativa aparte merece alguna de las personas (concretamente un grupo de chicas que estaban allí) que no sólo no ayudaron a recoger, sino que, despectivamente, dijeron algo como “que lo recojan ellos que bastante les pagan”. Pues querida mía, ni un céntimo. Quienes estábamos allí recogiendo fuimos voluntarios a los que se nos caía la cara de vergüenza por dejar así la plaza. La mayoría de las personas que nos ayudaron ni siquiera eran de la organización sino gente que tenía más conciencia que vosotras. En cambio, flaco favor le habéis hecho vosotras a iniciativas como esta con vuestro poco civismo.
Todas las personas que nos ayudaron merecen un caluroso aplauso, sin ninguna duda. No tenían por qué remangarse y ponerse a recoger desperdicios, pero lo hicieron. Esa gente hace que al menos pienses que hay alguien que hace que esto merezca la pena. Entre esas personas estaba Elena Candia. No se puso los guantes para recoger basura por hacerse una foto, de hecho, no se la hizo nadie que yo sepa, pero se los calzó y se puso a recoger bolsas, botellas y latas como los demás. Cuando llegaron los de Ecolugo (a los que también hay que agradecerles su puntualidad y buena disposición) se quedaron boquiabiertos al reconocer a la primera edil recogiendo basura, y no es para menos.
Otro agradecimiento que tengo que hacer es a la Policía, tanto local como, sobre todo, a la nacional que estuvo allí al pie del cañón, atenta a todo y que intervino en algunas pequeñas cuestiones que, según me dijeron, no fueron de importancia pero que sin ellos podrían haberlo sido: alcohol y fútbol es mala combinación. No sólo fueron muy profesionales, sino además amables y no saben lo que tranquilizaba tenerlos allí. ¡Gracias!
No puedo tampoco menos que dar las gracias a Chiqui, de Escóitame Produccións, la empresa que puso la pantalla y que una vez más ha demostrado su buen hacer y al que agradezco enormemente su disponibilidad y profesionalidad. Con gente así las cosas salen bien siempre.
Por último, a Quique, Andrea y, cómo no, a Marcos, por estar siempre ahí y ser el pilar en que se apoyan estas iniciativas de las que a mí me toca ser la cara visible, pero en las que hay un enorme esfuerzo colectivo.
¡Gracias a todos!