lunes, 26 de julio de 2021

10 cosas que los lucenses nacidos en los 70 ya no pueden hacer

Los recreativos puede que sean el mayor símbolo de una época desaparecida

Lugo es una ciudad en que las costumbres son casi tan estables como la Muralla. Somos una población a la que le gusta insistir en sus hábitos, pero algunos de ellos, que eran prácticamente el pilar de la vida social de toda una generación, ya son imposibles de cumplir. Aquí hay 9 de las cosas que los lucenses nacidos a mediados de los 70 nos marcaban el día a día pero hoy ya no podemos hacer:

1.- Ir al Gran Teatro a ver un espectáculo.

Las grandes salas han desaparecido al perder la guerra contra los multicines. Aquellos enormes patios de butacas entre los que destacaba el Gran Teatro, son solamente un recuerdo, y también pasaron a la historia el Kursal, el cine Ronda, el Paz o el Victoria.

2.- Sabores que ya no existen

El cierre de establecimientos históricos también supuso la desaparición de tapas míticas como los mejillones del Verruga, los pinchos morunos de A Tasca o la tortilla del 14. Emblemas de una forma de hostelería que va desapareciendo y con ella muchos recuerdos. También eran míticos los cucuruchos del Papa’s, con su largo listado de salsas con nombres peculiares (yo tomaba la Ali-Vou).

En la Calle de la Reina, junto a Madarro, los helados de la Suiza fueron los que perduran en la memoria colectiva de nuestra generación. También los de la heladería de la calle Camiño Real (entonces 18 de Julio) y que combinaban la confección artesanal con un encantador local del que destacaban las sillas blancas de diseño de los años 70.

3.- Establecimientos inolvidables

Las bicis de Hijos de Félix Latorre en la Ronda de la Muralla, los estilógrafos de la Stende de Campo Castillo o la papelería de la Librería Celta, la ropa infantil de Las Gutiérrez… eran metas para los niños de Lugo en una época en que se consumían menos cosas.Míticos establecimientos a los que se acudía para comprar donde lo habían hecho nuestros padres e incluso abuelos, hoy desaparecidas. 

Algunas cerraron hace poco, como la tienda de las velas de la calle de la Cruz, una referencia del casco histórico hasta la jubilación de Víctor y Teté. Un negocio peculiar, con el irresistible encanto de las antiguas tiendas de barrio con un producto único que desde que cerraron ya no se puede encontrar.

4.- Alternar en locales bajo tierra

Bajar las escaleras del Quijote y calentarse ante su inolvidable chimenea, o las de La Bodeguita o el Ancla, que después se convertiría en el SuperFly, era otra cosa. Daban una sensación de club alternativo de película de espías de los años 40. Hoy día probablemente las normativas de accesibilidad los convirtieran en ilegales.

5.- Tardar 7 horas en llegar a Madrid por la Nacional VI y dos en ir a Foz

La autovía A6 supuso sin lugar a dudas un antes y un después en la ruptura del secular aislamiento de Lugo por carretera. Los impresionantes puentes y túneles de esa imprescindible obra de ingeniería acercaron Madrid en más de una hora y media, y sólo cuando ocasionalmente hay cortes que nos desvían por la vieja Nacional VI recordamos lo que eran aquellos viajes eternos llenos de curvas. Lo mismo pasaba para ir a la costa de Lugo, a la que se tardaba tanto que todos íbamos a Miño porque se llegaba antes hasta la apertura de la A8.

6.- Jugar en los recreativos

Los salones de máquinas, que estaban estratégicamente situados junto a los Institutos u otros más a desmano como el de García Abad, eran puntos de encuentro de expertos en videojuegos y otros que éramos menos duchos. El Bomb Jack, el Galaxy o el Super Mario Bros…

7.- Ir a los conciertos de Mecano en San Froilán

El grupo ya no existe y las tendencias lógicamente son otras, pero los inolvidables conciertos de las primeras figuras del panorama musical español eran uno de los grandes atractivos de las patronales de Lugo. Mecano, Miguel Bosé, Luz Casal, Hombres G y los primeros puestos de la lista de los 40 principales no dejaban de venir a Lugo a celebrar el San Froilán. 

8.- Colarte en la antigua FRIGSA

El edificio fantasmagórico de la vieja Frigsa, hoy demolido, era un escenario de película de terror que teníamos a un paseo de casa. Colarse en sus pasillos, bajar a los sótanos y curiosear por las enormes salas del antiguo matadero era un imán para los más atrevidos. Los rumores sobre ritos satánicos y prácticas ocultas en los pisos más bajos siguen presentes en el imaginario colectivo de nuestra generación.

9.- Quedar en Souto

Era el punto de encuentro por antonomasia. Muchas veces ni siquiera había que decir el lugar: con llamar por teléfono a casa de los amigos (y esperar que no te cogieran los padres porque inexplicablemente te daba corte) y decir “nos vemos a las cinco y media”, ya sabías que el punto de encuentro era el escaparate de la Librería Souto… para acabar sentados a pocos metros junto a los viejos leones metálicos que hoy están en el MIHL.

10.- Ir a las fiestas de tarde

Cuando éramos menores de edad las fiestas de tarde de Yguazú, Valentino o Studio 3 eran la alternativa de ocio que nos hacía sentir “mayores”. Ocio nocturno a plena luz del día con guiños a una edad adulta en que ahora a muchos les gustaría poder volver atrás en el tiempo.

Recuerdos irrepetibles, como ir a por cintas al videoclub, usar el locutorio para llamar a casa, conectarse a Internet en un ciber… que los años convierten en experiencias que atesoramos con el cariño de un tiempo que, mejor o peor, ya no volverá.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 25 de Julio de 2021

viernes, 23 de julio de 2021

La Xunta decreta nuevamente medidas, y algunas son absurdas

Demostración empírica de que anular una de cada cuatro mesas (en rojo) no varía las distancias entre las demás (en verde). Las medidas están muy bien si sirven para algo. De lo contrario es hacer daño por hacer daño.

El aumento de los contagios (¡quién se lo iba a imaginar!) ha hecho que la Xunta de Galicia decrete nuevas medidas para intentar contener esta quinta ola que, como todos sabemos, ha sido causada por los malvados hosteleros, en ese plan que tienen para acabar con la población y poder así dejar de trabajar por no tener clientes a los que atender. Es un plan absurdo, digno de un villano de James Bond, pero como todo enemigo de lo público el hostelero medio tampoco es que tenga que preocuparse de ser coherente.

La Xunta, en su infinita sabiduría, ha decretado que para contener los contagios hay que tomar medidas efectivas y rigurosas, como reducir los aforos en terrazas, ya que es evidente que si hay tres personas a dos metros unas de otras se contagian muchísimo menos que cuatro a dos metros unas de otras. Se ve que el bicho coge carrerilla cuando hay más gente y salta distancias más grandes.

Miren, casi voy a dejar la ironía porque he detectado que en ocasiones no se comprende, porque como lo escrito no se entona al leer alguien puede pensar que hablo en serio.

No suelo criticar las medidas de protección de la población porque todos entendemos que hay que hacer sacrificios. Si hay que cerrar locales, siempre que se les indemnice debidamente por esa situación, pues se cierran. Si hay que reducir horarios, con el mismo condicionante que en el punto anterior, pues se reducen. Pero lo que no es de recibo es aprobar medidas destinadas únicamente a tranquilizar a una población que asiste atónita a los mismos errores ola tras ola.

Si una terraza tiene las mesas a las distancias que se consideren convenientes (creo que son 1,5 metros en este momento) es irrelevante el número de mesas que haya. La bobada de anular mesas es tan sumamente arbitraria que no sostiene el menor análisis crítico. Poner mesas para tener que precintarlas después no sólo supone un trabajo adicional sin sentido (que claro, como lo hacen otros, es decretado sin rubor) sino que no es efectivo, que es lo más preocupante.

Por ejemplo, si el aforo es del 75% supone anular una mesa de cada cuatro, lo que no tiene ningún efecto ya que las distancias entre las tres mesas restantes son exactamente las mismas. Lo suyo sería que cuando hay una incidencia mayor las distancias entre mesas se aumentasen y que en vez de 1,5 metros sean 2, por poner un ejemplo.

Esto haría que en aquellos sitios donde no quepan las mesas con esas distancias haya que retirar algunas, sí, pero “salvaría” a quienes tienen posibilidad de sumar algo más de espacio para compensar esa separación siempre que, por supuesto, los ayuntamientos lo permitan.

En Lugo, por ejemplo, el Ayuntamiento ha sido tremendamente sensible con este tema. Se han permitido situaciones que en condiciones normales serían un disparate, pero la Alcaldesa, Lara Méndez, ha tenido la empatía suficiente como para entender que sacrificar unas cuantas plazas de aparcamiento para salvar a muchos locales de hostelería era una buena medida y por eso permitió, temporal y provisionalmente, usar más espacio del que estábamos acostumbrados.

Las medidas nos pueden parecer exageradas o no, pero lo que nunca pueden es ser absurdas. Tomar decisiones que suponen poner en peligro a los pequeños autónomos y su actividad económica cuando no tienen la menor efectividad no sólo es un error, es una agresión injustificada.

Eso sí, del botellón no hablamos. Precintamos unas playas y unos parques y listo. Después aunque la gente se vaya a otro sitio a juntarse en manada a hacer el loco miramos para otro lado y listo. No sea que se pierdan unos votos.


jueves, 22 de julio de 2021

El retorno económico de la Muralla de Lugo (Ponencia del XV Curso de Primavera de la USC titulado ''Andar, caminar, marchar...'')

Portada de la publicación digital que recoge las actas del curso


En abril del año 2019 tuve el privilegio de participar en el XV Curso de Primavera de la USC, organizado por los profesores Felipe Arias y Max-Jean Zins bajo el título "Andar, caminar, marchar...". Fue una experiencia emocionante para mí, y como testimonio de la misma se han recogido en una publicación digital las actas con las ponencias de dicho curso, entre la que tengo el orgullo de que figure la mía.

Fue una aportación bastante dura con las administraciones (¡chopechaaaa!) en que quise trasladar la dura realidad de que la Muralla aporta menos al tejido empresarial de la ciudad que al contrario. Les dejo a continuación el texto y a ver qué opinan.

Me van a permitir, antes de proceder a incluir la ponencia, agradecer a la Universidad de Santiago de Compostela, a la Facultad de Humanidades y, particularmente, a los profesores Felipe Arias y Max Zins la oportunidad de participar en este curso y exponer un punto de vista diferente a lo probablemente esperado. ¡Gracias!

Pueden descargar el documento completo con las intervenciones de los ponentes en este enlace: DESCARGA ACTAS.

El retorno económico de la Muralla de Lugo

1.- La dificultad de establecer un marco de referencia.

La primera cuestión a abordar para tratar este tipo de asuntos, ciertamente difíciles de cuantificar siguiendo criterios objetivos, es el establecimiento de parámetros y marcos de referencia.

Hemos de comenzar por definir el concepto de “retorno económico”. Si entendemos el beneficio generado por la Muralla a la ciudad como tal, hay que valorar los ingresos que produce, tanto directos como indirectos.

Entre los primeros, consideraríamos los generados por entradas, rodajes, tasas… todo ello inexistente a día de hoy y difícilmente viable en el futuro, ya que la propia integración urbana de la Muralla en la vida cotidiana de los lucenses hace muy compleja su explotación económica. Por su parte, los ingresos indirectos serían los generados por los visitantes que vienen a verla y que repercutirían en las empresas locales.

Por otro lado, se suele ligar el retorno del turismo exclusivamente a la actividad hostelera, si bien revierte en todos los sectores económicos, entre los que cabe destacar el comercio, un elemento muy difícil de medir.

Sería injusto, por otro lado, basar nuestro análisis únicamente en la aportación que la Muralla hace a la hostelería sin tener en cuenta el balance final, en que habría que contabilizar también la reversión que la hostelería tiene en la propia Muralla.

Es innegable que, a día de hoy en Lugo genera más atractivo la propia hostelería que la Muralla, una afirmación dura pero fácil de contrastar si atendemos a la afluencia de fiestas patronales (San Froilán) y otras de nueva creación (Arde Lucus), fruto esta última de una idea iniciada por varios hosteleros del casco histórico que el Ayuntamiento tuvo la inteligencia de liderar, o la repercusión de eslóganes como “…y para comer, Lugo” creado en los años sesenta por Don Alfredo Sánchez Carro, frente a la escasez de visitantes que acuden a actos relacionados con la Muralla como puedan ser los organizados cada aniversario de su declaración como Patrimonio de la Humanidad o el desconocimiento general que hay incluso de su existencia.

Centrándonos en el retorno económico de la Muralla a la economía local, y aún dando por buena una mayor incidencia en restauración y hoteles como punto de partida, seguimos enfrentándonos a problemas, ya que no es sencillo cuantificar los ingresos en términos concretos y objetivos.

Si hay visitantes, ¿cómo podemos saber si vienen a Lugo por la Muralla o por otra causa? Y en su caso, ¿los ingresos que generan son a beneficio exclusivo de Lugo? Esto último es discutible, si tenemos en cuenta casos como el de las guías oficiales de turismo, que son uno de los sectores que parecerían directamente beneficiados. Es muy habitual que muchas de las excursiones que pasan por nuestra ciudad vengan con sus propios guías turísticos desde Santiago o Coruña, con lo que la repercusión económica de estos visitantes, que pasan apenas unas horas en la ciudad, es prácticamente nula.

Pero en definitiva, ¿de cuántos turistas hablamos? Es otra cuestión muy compleja dada la falta de credibilidad de los datos facilitados por las administraciones. Las cifras oficiales del Ayuntamiento de Lugo sobre los visitantes al Arde Lucus 2015 hablaban de 600.000 personas en tres días, lo que no resiste el más mínimo análisis crítico. La capacidad hotelera (incluso tomando la de toda la provincia), la imposible ubicación de los vehículos que supuestamente trasladaron a esas personas, la falta de recursos de restauración para atenderlos… hace incompatible esa cifra con la realidad. Baste como ejemplo que la Xunta calculó ese mismo número de turistas para toda Galicia en el mes de Septiembre de ese año 2015.

¿Cómo obtenemos pues cifras fiables? La hostelería lucense sufre vaivenes ligados tanto al turismo como a la actividad económica de la ciudad. No hay estadísticas de cada local que indiquen si su clientela es foránea o propia salvo, lógicamente, en los hoteles, que por su naturaleza se nutren de visitantes si bien no podemos conocer cuántos de ellos son turistas y cuántos se alojan por motivos profesionales vinculados a la actividad económica ordinaria de la ciudad. Con todas esas precauciones, y dado que son los únicos datos realmente objetivos, utilizaremos como base la evolución hotelera.

Por lo tanto, a la hora de hablar de datos objetivos utilizaremos únicamente las estadísticas de empleo y de afiliación a la seguridad social de trabajadores del sector servicios y la evolución del número de hoteles existentes en la ciudad.

 

Fuente: www.ige.eu – Instituto Galego de Estatística - Xunta de Galicia




Fuente: www.ige.eu – Instituto Galego de Estatística - Xunta de Galicia


Fuente: www.ige.eu – Instituto Galego de Estatística - Xunta de Galicia

2.- Patrimonio de la Humanidad: ¿la gran ventaja?

Se da por sentado, como axioma incontestable, que la declaración de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad supuso un antes y un después en la repercusión del principal monumento lucense en el mundo del turismo. Sin embargo, no todas las ciudades con patrimonios contemplan su impacto con el mismo optimismo.

La declaración genera una serie de obligaciones relativas a cuidado, mantenimiento y demás aspectos, que a efectos de este estudio, al ser asumidos por la administración titular (la Xunta de Galicia) no tienen una repercusión negativa en la ciudad.

Sin embargo sí ha tenido costes prácticos, por obligaciones derivadas sobre el supuesto impacto de proyectos urbanos en la Muralla, tal y como se dio a conocer al ser obligado el Ayuntamiento a renunciar a uno de los más ambiciosos y esperados proyectos, con la malograda construcción de un auditorio en antiguo Cuartel de San Fernando.

Las ventajas de la Declaración como patrimonio de la Humanidad son, por tanto, inmateriales (promoción, orgullo, amor propio…) y materiales, con el supuesto aumento del número de visitantes, pero la falta de campañas orientadas al turismo por parte de las administraciones, que parecen vincular sus esfuerzos al consumo interno (recordemos que los turistas no votan en la ciudad), con lo que no se produce el deseado despegue en el número de visitas.


3.- La conclusión es una dura realidad: Lugo se queda descolgado.

Las estadísticas no apoyan la teoría de que la Muralla genera el excepcional retorno que debiera tras su declaración como Patrimonio de la Humanidad. ¿A qué podemos achacar ese fracaso colectivo en su explotación?

Como se ha indicado, no existe una política coherente y profesional de promoción de la Muralla de Lugo como marca propia y atractivo turístico, una obligación compartida por la Xunta de Galicia, titular del monumento pero cuya obligación quizá se puede entender cumplida con la promoción de Galicia en su conjunto, y por el Ayuntamiento de Lugo, principal interesado en la difusión de los atractivos locales.

No hay profesionales del turismo al frente de las áreas administrativas competentes, lo que genera absurdos como que las citas más importantes del mundo del turismo (FITUR) se enfoquen con una óptica meramente política y localista, que busca la difusión de la acción en la ciudad en lugar de los fines lógicos de promoción profesional. La foto en la prensa local es más importante que la acción en sí.

Tampoco hay conciencia empresarial de los beneficios que podría generar la Muralla. Apenas hay comercio de recuerdos o de actividad económica vinculada al monumento, lo que choca con su importancia histórica y cultural.


Una posible Solución:

La creación de un Patronato, dirigido por personal no político, sino profesional del turismo, nutrido con fondos públicos y privados pero con una gestión gerencial que permita la vinculación de su futuro a resultados cuantificables parece ser la forma más lógica de abordar esta cuestión.

La construcción de un espíritu común de difusión, promoción, explotación y repercusión económica de la Muralla de Lugo en el tejido empresarial local es una tarea compleja en una ciudad que no se caracteriza por su dinamismo emprendedor.

Sin embargo, entre todos podemos hacerlo mucho, muchísimo mejor.

miércoles, 21 de julio de 2021

El hundimiento (del presidente del Fluvial)

La obra del aparcamiento del Fluvial, ilegal según (por ahora) dos administraciones diferentes

Sé que es muy polémico decir esto, pero no puedo evitar comparar a Tito Valledor con el Hitler de los últimos días. No es que esté llamando nazi al presidente del Fluvial ni por asomo (de veras, no van por ahí los tiros) sino que me lo recuerda por su resistencia a asumir la realidad de sus actos. En los estertores de la contienda con Alemania, Hitler seguía fantaseando con las Wunderwaffen, las “armas milagrosas” que supondrían dar un vuelco a la guerra y recuperar el terreno perdido. Lo seguía afirmando incluso con las tropas soviéticas ganando Berlín metro a metro y cercando el búnker del dictador. Probablemente nunca sabremos si era una estrategia propagandística de alguien a quien eso le había funcionado de perlas en el pasado o el delirio final de un loco derrotado.

Tras cargar contra la Confederación Hidrográfica llamándoles de todo menos guapos, Valledor habla ahora de una demanda que salvará todos los males del Fluvial y corregirá todas las meteduras de pata tanto administrativas como urbanísticas cometidas por su directiva. Es su particular V-2, su cohete vengador que derrotará a sus enemigos y le alzará con una victoria aplastante que allane su camino a perpetuarse como Presidente del Fluvial e incluso optar a la Alcaldía si se pone a ello. Por soñar que no quede.

Hoy recoge La Voz de Galicia que Patrimonio de la Xunta también ha comunicado al Fluvial que hay problemas con el polémico aparcamiento que hizo junto al Camino Primitivo de Santiago sin las debidas autorizaciones. Habrá que ver la resolución a ver qué pone porque hasta el Club habla de “varias razones, sobre todo estéticas” con lo que hay razones que no son meramente estéticas.

Hacer las cosas mal trae estos resultados. Ahora tendrán que volver a levantar un aparcamiento que costó un buen dinero a los socios y que tendrán que abonar de nuevo para cumplir con las normativas, sin contar con las sanciones y demás que puedan tener por parte de Cultura y que se suman a las de la Confederación.

El problema para la directiva de Valledor es que ya no cuela la persecución por parte de “unos” salvo que se enroque en un discurso delirante de que “van todos a por mí”, cosa que no descarto visto lo visto hasta el momento. Dos administraciones diferentes, de dos niveles totalmente distintos (estatal y autonómico) y dirigidos por colores diversos (PSOE y PP respectivamente) van en la misma dirección: se hizo todo mal. Falta saber si el Ayuntamiento ha tomado cartas en el asunto, porque me sorprendería bastante que la licencia esté bien dada (si es que hay tal licencia, que a lo mejor es una mera comunicación previa) con lo que se sumaría otra administración a este sainete. Con la Diputación ya tendríamos el póker completo.

Por cierto, sigo sin ver el menor movimiento por parte de la directiva ni de los socios del Fluvial para restituir su condición de miembros del club a los injustamente expulsados por decir la verdad. Ese borrón no se puede lavar, pero sí al menos se puede tener una reacción más o menos digna y, a la vista de todo esto, reconocer que fue una expulsión injusta e inmerecida. Una vergüenza, de hecho.

Volviendo al comienzo, creo que no se toma esa medida porque nadie se atreve a decir al emperador que está desnudo. Tampoco los altos cargos de la Alemania que perdía la guerra tuvieron el coraje de corregir al Fürer, y así les fue. Esperemos que esto no sea "el Hundimiento" del Fluvial, como lo fue el de un país entero.

martes, 20 de julio de 2021

Las playas ''para perros''

Punta Corveira, una de las escasas playas de nuestro litoral en que se puede ir con perros.

En ocasiones los debates se falsean porque partimos de puntos de vista parciales y sesgados. Por ejemplo, cuando se habla de las “playas para perros” parece que estemos poniendo sobre el tapete una cuestión básica de derechos de los animales, lo que es un soberano disparate. Los animales no tienen derechos, por definición. El derecho es una creación artificial, humana, social y que la naturaleza no comparte. La prueba más palpable es que niega a unos el derecho a la vida para que otros se alimenten, pero no es el único ejemplo.

Ya, ya, sé que una afirmación como esa puede crear polémica. “¿Cómo que no tienen derechos los animales?, ¿Entonces puedes hacer con ellos lo que quieras?”. Como respuesta a esas preguntas les diré que ya hacemos lo que queremos con ellos. Los criamos, los domesticamos, los hacinamos, los matamos en masa y nos alimentamos de ellos. Si les parece poco… Pero, sin defender los abusos a los que hemos llegado por la superpoblación humana de la Tierra, hay que asumir que es en parte el ciclo de la vida y, como en cualquier ecosistema del planeta, unos mueren para que otros sobrevivan de forma totalmente arbitraria ¿o acaso creen que los leones sólo se comen a las gacelas que han hecho algo malo?

Una vez aclarado esto, creo que sí es lógico que existan delitos que penalicen el maltrato animal o comportamientos contra su bienestar más allá de lo estrictamente necesario. ¿Cómo se casa eso con la afirmación de que los animales no tienen derechos? Pues es sencillo: tampoco tienen derechos la Gioconda o el Caballero de la mano en el pecho y nadie en su sano juicio vería lícito que vaya cualquiera con un spray a cargárselos. Ya no por ser un elemental daño a una propiedad, sino porque hablamos de bienes que son patrimonio de la Humanidad, en su conjunto, y nuestros compañeros de planeta también lo son.

Si esto no es la felicidad absoluta, se le parece muchísimo

Volviendo al principio, no creo que el término de las “playas para perros” sea el correcto. Los perros no tienen derechos, pero nosotros, sus dueños, sí. El enfoque cambia entonces: ¿tenemos derecho a ir a la playa con nuestro perro? Pues parece que si unos pueden ir con su altavoz portátil a dar por saco tiene lógica habilitar espacios para ir con nuestras mascotas (que para los que tenemos una, son más que eso) a bañarnos.

Las excusas habituales son que molestan o que ensucian mucho. Sobre lo primero no voy a caer en la habitual comparación con los niños revoltosos, no me hace falta porque los adultos también somos bastante molestos cuando nos ponemos a ello: que si los gritos, que si la manía de convertir la playa en un polideportivo, que si las tablas que te pueden dar en la cabeza para “coger una ola”… Todo nos puede molestar si lo intentamos con ese ahínco que desde que empezó lo de la Pandemia ponemos en ofendernos por todo.

En cuanto a la limpieza, les invito a visitar playas en que se permite el acceso con perros. Están como una patena porque todos somos conscientes de que si dejamos las cacas nos quitan la entrada. De hecho habitualmente no se ve ni una colilla en el suelo porque una vez que te acostumbras a no manchar lo extiendes a todo, y así da gusto.

Tampoco estoy diciendo que todas las playas tengan que permitir el acceso con mascotas, pero sí bastantes más de la que habitualmente tenemos, que suelen ser playas bastante malas, la verdad. Anímense a visitar una y verán lo felices que están y eso es contagioso.

Playa perruna en San Vicente del Mar, una de las mejores a las que hemos podido ir

lunes, 19 de julio de 2021

La fiesta de Coeses y el Arde Lucus: una norma, dos resultados

La fiesta de Coeses, celebrada con todas las precauciones Foto: El Progreso

Que la normativa se usa a capricho de los próceres que la tienen que hacer ejecutar es una realidad tristemente palmaria. No debería, pero es. No se puede, pero se hace. Es incluso un delito tipificado en nuestra normativa bajo el nombre de “prevaricación”, pero día sí y día también se viola sin que nadie mueva un dedo.

La muestra más reciente de esa tendencia a hacer cumplir o no determinadas normas según el día con que se levante el concejal de turno o según quién sea el presunto infractor, algo que realmente es inasumible en un Estado de Derecho, la tenemos con el sainete que se montó el viernes con la fiesta de Coeses. Primero se les dijo que no se podía hacer y después que sí. El cambio no es el problema, ya que se explica por el cambio normativo que la Xunta de Galicia publicó en el DOG de ese mismo día (no tengo ni idea de a qué hora se hizo, pero normalmente suele ser por la tarde) bajo uno de esos números “bis” que nos traen por la calle de la amargura.

No entro a juzgar si en plena quinta ola, con mil contagios diarios en Galicia, en Coeses hicieron bien o mal en organizar la fiesta. Por personas que fueron a los actos me entero de que fueron muy escrupulosos a la hora de tomar precauciones y, desde el momento en que el DOG permite su celebración, poco hay que añadir sobre eso.

Pero como decía, ni si debió hacerse o no, ni el cambio de criterio son la cuestión… ¿entonces dónde está la clave? Pues en la prohibición de esa fiesta en Coeses amparándose en eso cuando en Lugo se celebraron fiestas como el Arde Lucus cuando también estaban vetadas por la normativa gallega, como yo mismo les expliqué en un artículo publicado en aquellos días. ¿Por qué unas sí y otras no? ¿Acaso cuanto más importante es la fiesta más bula tenemos para saltarnos la norma? ¿No debería ser justo al revés?

El viernes a las 14:00 horas Rubén Arroxo comunicó a la comisión que no podría celebrarse la fiesta. Se le ha criticado mucho por eso pero parece que tiene cierta lógica esperar al último minuto si tenía información de que se iba a abrir la mano, como de hecho se hizo. Tampoco hay nada que decir sobre el excepcional trabajo de los funcionarios de Cultura que por la tarde, fuera de su jornada, estuvieron pendientes del tema para, en cuanto salió el DOG "bis", tramitar la autorización de la fiesta… Creo que precisamente el viernes se hizo todo bien, por el manual e incluso mejor aún de lo que indica éste.

Sin embargo, nos quedarán muchas dudas que ya nadie podrá resolver. Si se hubiera mantenido la prohibición, ¿habrían celebrado su fiesta los nacionalistas detrás del ayuntamiento el sábado? ¿Tenían permiso desde antes o también se lo autoconcedieron el viernes a última hora? ¿Qué pasa con quienes autorizaron el Arde Lucus, una fiesta que estaba vetada por la administración autonómica cuando se celebró?

Es una impresión, no un hecho, pero creo que la fiesta del BNG del sábado se habría celebrado dijera el DOG lo que dijera...  Foto: El Progreso

Estamos en una época convulsa, en que la mala leche reinante tampoco ayuda a ver los temas con cierta mesura y distancia. Estamos todos muy nerviosos y saltamos como hidras por cualquier cuestión, pero al final es lógico que quienes están preparando una fiesta con toda su ilusión y ven que no se les permite cuando otras sí tienen lugar se pongan de uñas.

En todo caso Coeses ha tenido sus fiestas y con el Arde Lucus no hubo, que se sepa, un aumento en la incidencia (al menos no uno debido a esa fiesta). En Lugo seguimos bajo esa calma tensa a la espera de ver qué pasa con los contagios y confiemos en que la progresión de las vacunas nos ayude a superar este momento.

Cuídense mucho.

viernes, 16 de julio de 2021

Nadie es perfecto

"Bueno, nadie es perfecto" es la última frase de "Con faldas y a lo loco". Una genial película y un final totalmente perfecto, además de una reflexión que debemos tener en mente.

Al hilo del artículo de ayer me gustaría hacer una serie de reflexiones sobre el cumplimiento y el incumplimiento de normativas y cómo a veces vemos la paja del ojo ajeno y no la viga en el nuestro.

Estoy totalmente convencido de que nadie cumple todas las normas al 100%, entre otras cosas porque es imposible ya que algunas de ellas se contradicen y hay que elegir. Es por lo tanto una falacia ir de santo por el mundo con el soniquete de “yo soy bueno y cumplo todo así que puedo juzgar al resto”.

Una vez aclarado eso, hay que tener en cuenta también que hay incumplimientos e incumplimientos. No es lo mismo saltarse el quinto mandamiento que el tercero, aunque parece que Dios no se preocupó en ordenarlos por importancia porque qué quieren que les diga, veo más grave matar a alguien que trabajar un festivo. Serán cosas mías.

Entonces, ¿qué criterio seguimos? ¿Por qué ayer escribí un artículo sobre bicicletas y patinetes y no mencioné a peatones, conductores de turismos o los demás protagonistas de la circulación de la ciudad que también se saltan las normas? Es más fácil preguntar eso que responderlo. Supongo que a veces uno se fija en algo determinado porque le molesta más o porque le llama más la atención, pero es un criterio arbitrario y subjetivo. Es innegable.

No hará falta que les diga que un coche en dirección prohibida me parece peor que una bici haciendo lo mismo, principalmente por las consecuencias de uno u otro. Sin embargo, la frecuencia del incumplimiento tampoco es la misma. No se suele ver a muchos coches a contrasentido, y si fuera tan habitual como lo otro créanme que sí lo pondría sobre la mesa.

Pero hay otras cuestiones que nos saltamos tradicionalmente en Lugo. No sé si recuerdan la que se montó cuando Orozco dio instrucciones para sancionar a quien no llevase el cinturón de seguridad. Se escucharon gritos y lamentos, denuncias de “¡qué exagerado!” y otros disparates que se dicen cuando se pretende hacer cumplir una norma que, por lo demás, es de pura lógica. Hoy creo que nadie lo discute y tenemos interiorizado el automatismo de subirnos al coche y ponernos el cinturón, y en gran parte gracias a que Orozco hizo cumplir una normativa.

Menos arreglo ha tenido una fea costumbre de los peatones, que es la de cruzar en rojo. Ahí me declaro culpable y les diré que la misma excusa que ponemos los que hacemos eso (“es que no venía ningún coche”) es la misma que dirá el del patinete o la bici que hace lo que no debe. Quizás, y entiéndanlo como una autocrítica y una reflexión, debemos intentar ser más empáticos, pero en lugar de contemporizar con quienes incumplen porque nosotros lo hacemos, pensar en cumplir todos las normas. Tal vez esa sea la forma de llegar a una sociedad donde se pueda convivir.

Ponemos unos listones muy altos en exigencias a terceros que muchas veces creemos que no van con nosotros. Es un mal de esta sociedad de la pose, la foto y el perfil de una vida perfecta e irreal que colgar en redes sociales. Quizá la clave esté en ser mesurados y reconocer que nadie es perfecto, y que aunque sea una aspiración, jamás lo lograremos.