| Cambiar el tipo de suelo es la única opción para no repetir continuamente esta imagen. Son la reparaciones que se hicieron en San Fernando en febrero, menos de un año después de inaugurarse |
Parece que lo que muchos llevamos reclamando años por fin se va a abordar con seriedad: la supervivencia del casco histórico como lugar vivo, con negocios y vecinos que, ¡locos ellos! pretenden cometer tropelías tales como rellenar su calefacción de combustible o recibir mercancías en sus tiendas.
La ordenanza de la Zona de Bajas Emisiones aprobada inicialmente por el Pleno del Ayuntamiento de Lugo es un documento que no hay por dónde cogerlo. No sólo tiene una pésima redacción (confusa, contradictoria, incorrecta…) sino que en todo su articulado no recoge ni una palabra sobre las emisiones contaminantes, lo que no deja de ser chocante.
Para que se hagan una idea, en el largo (larguísimo) listado de “excepciones” que hacen que la restricción de vehículos sea más una declaración de intenciones que una realidad, sólo hay un veto a una clase: los que pesen más de 5.500 kilos. ¿Eso tiene algo que ver con la ZBE? No, obviamente no, es una limitación que se establece porque si pesan más rompen el suelo.
Si ustedes tienen un autobús que funcione a queroseno y contamine como no está escrito pueden entrar al casco histórico a dejar viajeros en un hotel sin que la ordenanza diga ni pío, pero como se les ocurra meter un camión para rellenar un depósito de pellets de una comunidad de vecinos, les sancionan. Así está escrito.
El cambio de gobierno ha abierto la puerta a la esperanza de que eso se modifique. El propio Ramón Cabarcos, ahora concejal de urbanismo, presentó alegaciones que presumiblemente se aceptará a sí mismo, pero también tiene un amplio abanico de posibilidades de modificar la disparatada ordenanza mediante las alegaciones presentadas por otras entidades, como puede ser Lugo Monumental, la asociación que tengo el honor de presidir.
Estas alegaciones le permitirían, por ejemplo, establecer un sistema como el de Ponferrada, donde son listos como un ajo y nos han dado una buena lección en este tema: al igual que en Lugo no tienen un problema de contaminación, pero sí de normativa, ya que al superar un nivel de habitantes la ZBE es obligatoria por ley. Pues lo que han hecho, muy inteligentemente, es aprobar una ordenanza leonina y restrictiva… que sólo se aplica si los niveles de contaminación suben por encima de lo marcado por la ley. Es decir, nunca.
Ese mecanismo es tan sencillo como efectivo y, además, perfectamente legal. Nadie puede obligar a restringir el tráfico en una zona alegando motivos medioambientales si no hay un problema medioambiental. Eso es lo que nuestros tres gobernantes anteriores no fueron capaces de entender.
La ZBE no se debería usar como camuflaje de lo que se pretendía una peatonalización, totalmente fracasada como demuestra el ejemplo más palmario: la calle Teatro. Llamarle a eso peatonal es como calificar de jirafa a un león: puedes llamarle como quieras, pero si te acercas te come.
La calle Teatro, el carril de Santo Domingo, el acceso por San Fernando a la Plaza del Ferrol o la calle Montevideo no son peatonales, por mucho que insistan. Como mucho serán de “prioridad peatonal”, pero nada más.
¿Qué consecuencia lógica tiene esto? Que toca cambiar los pavimentos que llevan ahí un año y ya se están rompiendo por todas partes porque no fueron diseñados para la realidad sino para los mundos de Yupi.
El centro no se muere, lo están matando, y si el gobierno de Elena Candia consigue corregir esto habrá hecho una gran cosa.