lunes, 29 de noviembre de 2021

Lugo ha perdido al gran fotógrafo Carlos Valcarcel

Carlos Valcarcel retratado por su nieta Tere

Se nos ha ido Carlos Valcarcel, maestro de la fotografía, retratista de ese Lugo cambiante que él supo plasmar como nadie en unas imágenes que, por razones que soy incapaz de explicar, me transmiten más en blanco y negro que en color.

Un abrazo muy grande, Don Carlos, y muchísimas gracias por tanto.

Permitan que comparta aquí algunas de sus muchísimas fotografías, con las que nos obsequiaba a través de Facebook, y que reflejan una época y un sentir.


Arreglando Redes

Barco de Pesca años 70

Batuxo 1962

Cestos

El Calcetín 1980

El Gran Gatsby

Fiesta de san Lázaro 1968

El mapa

Lectura

Pareja 1968

San Froilán Años 70



viernes, 26 de noviembre de 2021

Guía del coleccionista de sellos I: Introducción

Cartel de la Exfilna 2021 y hoja bloque dedicada a Lugo

Lugo fue sede este año de la Exfilna 2021, la exposición nacional de filatelia, y muchas personas se acercaron por curiosidad y acabaron viendo que es un mundo apasionante y muy variado. A partir de la semana que viene iré explicando cómo se hace una colección de sellos y varios conceptos básicos sobre la filatelia, que seguramente podrán interesarles a algunos de ustedes.

Este blog no tiene una motivación económica, ni siquiera me repercute de manera alguna que tenga más o menos visitas, por lo que me puedo permitir el lujo de escribir sobre cosas que no son interesantes para el gran público, y así hay artículos con miles de visitas y otros con unas pocas decenas. Soy plenamente consciente de que los temas culturales son los que menos visitas generan (es curioso porque todo el mundo afirma estar muy interesado por esas cuestiones) pero ya les digo, me da bastante igual.

Así que, como les decía, voy a dedicar una serie de artículos a la filatelia. No sé ni cuántos ni durante cuánto tiempo lo haré, según me vaya saliendo, pero me gustaría que puedan tener una modesta referencia sobre el coleccionismo de sellos y las nociones básicas sobre esa afición que, asumámoslo, no está en su mejor momento y tiene un futuro bastante sombrío dada la involución del correo postal.

Hoy, a título de curiosidad, les voy a contar la historia (según se dice, real) de cómo se inventó el sello de correos moderno. Hay algunos hallazgos arqueológicos que hablan de sistemas similares de hace siglos, pero me voy a centrar en lo que es la filatelia tal y como hoy la conocemos.

Antes de la invención del sello de correos, los envíos los pagaba el destinatario según la distancia recorrida. Si éste rechazaba la carta, el servicio de Correos no recibía ni un céntimo por lo que hacía el trabajo sin contraprestación alguna.

Primer sello postal de la historia

El inventor del sello fue Rowland Hill, un profesor de matemáticas que a mediados de los años 30 del siglo XIX observó en una posada una cosa singular: el cartero llegó con un envío para la posadera, que ella rechazó afirmando  no tener dinero para pagar su coste. Amablemente se ofreció a pagarlo el señor Hill, pero ella le indicó que no era necesario, ya que la carta no tenía nada dentro. Era un sistema que usaba con su familia para, sin abonar coste alguno, recibir un mensaje de que todos estaban bien. Hacían el envío y tal y como escribían las señas en el sobre el receptor sabía que no había malas noticias sin necesidad de recibir la carta, por lo que cumplía su función sin pagar.

Esto hizo que Hill pensase en un nuevo sistema que evitase la picaresca, y su idea fue la creación del sello de correos, una forma de “prepago” por un envío. En febrero de 1837 presentó esta idea en su “Post Office Reform” que, tras una larga tramitación, dio lugar al primer sello de correos de la historia, el conocido como “Penny Black” (como es obvio por costar un penique y ser de color negro), con la imagen de la Reina Victoria y que comenzó a circular en mayo de 1840.

Diez años más tarde, el 8 de enero de 1850, España emite su primer sello utilizando el mismo sistema, el seis cuartos negro (de nuevo el valor y el color son los que denominan al sello) con la imagen de la reina Isabel II. 171 años después, el sello de correos sigue entre nosotros. Con sus altibajos, sí, pero ahí lo tienen.

Primer sello español

jueves, 25 de noviembre de 2021

Demuestra que eres ''De Lugo Lugo'' consumiendo en las empresas locales

Si compras en Lugo generas empleo en Lugo, riqueza en Lugo y servicios en Lugo. Nada es más lucense que eso.

Ayer la Asociación Lugo Monumental que tengo el orgullo de gestionar y que engloba a más de un centenar de locales del recinto amurallado de la ciudad, presentó una sencillísima campaña bajo el lema “De Lugo Lugo” que pretende recordar al público la importancia de hacer sus compras en el comercio local para, así, tener puestos de trabajo en Lugo, pagar impuestos en Lugo y generar riqueza en Lugo, lo que revierte en el conjunto de la sociedad.

Desde siempre la expresión "De Lugo Lugo” ha sido una de las peculiares formas de los lucenses de identificar a quien es de la ciudad y, por extensión, a todo aquello que es puramente local.

En una época tan crítica para el comercio como es la semana del “black Friday”, previa a la más importante de las campañas del año, la navideña, pretendemos así afianzar la concienciación que desde la pandemia que aún vivimos se ha generado.

Los ciudadanos vimos lo que son nuestras calles sin locales, sin tiendas ni bares, sin comercio ni vida… y no queremos que los retos a los que se enfrenta el comercio tradicional, siendo el más duro de todos el de la competencia (yo diría que desleal ya que pelean con armas diferentes) del comercio digital, hagan que aquel suceso extraordinario se convierta en nuestro futuro.

En un primer paso de la campaña se han editado 90.000 pegatinas, cuyo diseño es de Lucía Barrios, que los establecimientos utilizarán en paquetería, correo o de la forma que consideren oportuna para dar a conocer este lema. Tanto hostelería como comercio o servicios han querido participar en esta iniciativa, que esperamos mantener en el tiempo para convertirla en una seña de identidad de la ciudad.

Ah, por cierto, esta campaña no ha costado ni un céntimo de dinero público ya que se financia con las aportaciones de los asociados. Por si las dudas...

miércoles, 24 de noviembre de 2021

¿Por qué aumentan las relaciones sexuales de riesgo?

 

Porcentaje de adolescentes que dicen haber usado el preservativo (solo o en combinación con otro método) en la última relación sexual coital en 2002, 2006, 2010, 2014 y 2018 en función del sexo.
Fuente: Estudio sobre la conducta sexual en España

Hoy hace 30 años que murió Freddie Mercury, el icónico cantante de Queen, que se convirtió en un símbolo no sólo por lo artístico (que también), sino por haber sido en el imaginario colectivo de varias generaciones la referencia de las consecuencias del SIDA, aquella otra pandemia que se vivió en el mundo y que hoy está casi olvidada contra toda lógica.

Las campañas que en los años 80 y 90 se hicieron para la protección de la salud sexual de la población, incluyendo aquella mítica del “pónselo pónselo”, tenían como trasfondo en nuestra mente la noticia del fallecimiento de Mercury. Supongo que, muy a su pesar, su fallecimiento tuvo como reacción una concienciación entre la gente joven de la época que hoy me temo que no se produce.

La aparición de medicamentos que reducen la mortandad e incluso los síntomas del VIH, como la famosa profilaxis de preexposición (PrEP) son algo fantástico, pero tienen como consecuencia negativa que los adolescentes de hoy hayan perdido en gran parte el miedo que teníamos nosotros al SIDA… y demás ETS. Evidentemente es bueno vivir con menos miedo, pero tal vez habría que delimitar mejor el temor de la precaución, porque aunque algunas enfermedades sean tratables a día de hoy las cosas no están bien enfocadas.

No todo es SIDA. La gonorrea, la sífilis y otras enfermedades de transmisión sexual han aumentado. En España la sífilis afectaba a 1,73 personas de cada 100.000 y en 2017 se multiplicó por 6 esa incidencia. En cuanto a la gonorrea pasó de 2,04 en 2001 a 18,74 en 2017.

Los hábitos sexuales están cambiando. No sólo la gente es activa sexualmente con menor edad, sino que creo que están peor enterados… no tienen menos información, sino que es de peor calidad porque un altísimo porcentaje de jóvenes conocen la sexualidad a través de la pornografía dada la facilidad con que acceden a ella por Internet, y eso no sólo crea problemas relativos a la protección sino también a las prácticas.

Tres décadas sin Freddie Mercury hacen que uno se sienta mayor, sí, pero también nos ayuda a apreciar todo lo que hemos vivido en estos treinta años y cómo han cambiado las cosas. Algunas para bien y otras para mal, como todo en la vida, pero habrá que buscar el medio de informar a los más jóvenes de lo que supone una sexualidad sana y libre pero con las debidas precauciones.

martes, 23 de noviembre de 2021

Lugo, la ciudad olvidada por el tren

Varios mapas de la Alta Velocidad en España. ¿les falta alguna ciudad que conozcan?

Vemos hoy las fotos de nuestros representantes públicos sonrientes en las pruebas del AVE a Galicia, para el que ya se ha comenzado a vender billetes que se podrán usar desde el 21 de diciembre. Puedo entender sobradamente la satisfacción del Ministerio, del Presidente de la Xunta y del Alcalde de Ourense… pero no soy capaz de entender por qué nuestra Alcaldesa, Lara Méndez, acudió a lo que supone para Lugo un nuevo acto de marginación de nuestra ciudad y provincia y, encima, el Ayuntamiento publicó su alegría en redes sociales. Exactamente, ¿de qué nos tenemos que alegrar? ¿De que le vaya tan bien al resto de Galicia mientras nosotros seguimos siendo más fea del baile?

Les diré que personalmente el trayecto a Madrid me importa un pito. No es precisamente el viaje que más me preocupa, ni creo que sea lo que vertebra un territorio. Ayuda, claro que sí, pero tampoco es que sea el objetivo a cumplir ni de lejos. ¿Cuántas veces va el lucense medio a Madrid? ¿Una al año, si es que va? ¿De verdad nos preocupa tantísimo que en vez de tardar 5 horas tardemos 3 y media?

Sí, ya sé… no sólo es ir de Lugo a Madrid sino también que la gente venga de allí a nuestra ciudad a hacer turismo, que se ve que es lo que nos queda para sobrevivir. Bonito panorama.

No, a mí lo que realmente me pone de mala leche es que Lugo tiene peores conexiones ferroviarias con el resto de Galicia ahora que hace años. Vamos a ver algunos datos bastante reveladores en una comparación con Ourense, la otra ciudad “interior y marginada” que siempre nos dicen que hay que comparar con Lugo.

Pues comparemos, comparemos. 

  • Desde Lugo a Coruña tenemos tres trenes diarios, siendo el más rápido el que tarda 1:42 horas y Ourense, que está a casi el doble de distancia, llega a esa ciudad en 1:08 horas, con lo que es obviamente más rápido que el coche y una alternativa realista.

  • Entre Lugo y Santiago nuestra única opción es tardar 2:43 horas, ya que sólo hay un tren que nos una (dando una hermosa vuelta por media Galicia) y los orensanos tienen 10 frecuencias a elegir tardando tan sólo 38 minutos en alguna de ellas (de nuevo, más rápido que el coche).

  • Por último, con Vigo desde Lugo NO tenemos conexión, mientras Ourense cuenta con 10 trenes diarios que, eso sí, tardan bastante para lo que están acostumbrados. 1:30 horas (recuerden que a nosotros nos lleva más llegar a Coruña).


Es una tomadura de pelo porque vamos a peor. Con la Pandemia han aprovechado para reducir frecuencias y líneas y nuestros dirigentes, en lugar de montar el sandios que deberían aplauden con las orejas y nos venden la fundamental importancia de una estación intermodal que no es más que un más que probable pelotazo urbanístico y que va a tener la misma utilidad que el Auditorio de Magoy a día de hoy. Ser un nuevo contenedor de aire carísimo que sólo servirá para hacer campaña electoral sin mayor utilidad.

Mientras tanto, las polisubvencionadas plataformas que aseguran estar para defender los intereses de los lucenses en este tema, mandan una discreta nota de prensa porque gobiernan los que les firman los talones.

Y así seguimos, sonriendo para las fotos y diciendo lo bien que les va… a otros. Pero no se preocupen, ya vendrán a tirarnos la estación de autobuses del magnífico lugar en que está para alejarnos los transportes de la mayoría de los usuarios y seguiremos diciendo que es en nombre de la “modernidad”.

Si es que tenemos lo que nos merecemos.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Orgullo de ciudad: vuelven los premios ''Lucenses del Año''

Foto de familia de los premiados y las autoridades de la gala Lucenses del Año 2020
Foto: El Progreso

Organizados por el grupo El Progreso, se entregaron en Lugo el viernes los premios de Lucenses del Año 2020, aplazados, como tantísimas cosas, por esta larga situación sanitaria. Los premios se entregaron en una gala presentada por Paco Rivera y Sabela Corbelle, que tuvo lugar en el Eurostars Gran Hotel Lugo y fue extraordinariamente agradable (algo a tener en cuenta porque en estos actos es fácil caer en la monotonía).

La organización fue perfecta. Tuvieron detalles como comunicar los asientos previamente por correo electrónico, con lo que se evitaron las habituales aglomeraciones en la entrada para consultar el plano de las mesas y la distribución de los invitados fue muy acertada, mezclando a gente de diversos ámbitos, pero con cosas en común que hicieron de la velada un grato recuerdo para todos. Y eso no es nada fácil.

En cuanto a los premiados, el nivel de excelencia de los que recibieron los premios es tan poco discutible que, aunque nos genere a algunos una sana envidia (nada es más bonito que recibir una distinción en tu propia tierra), no hay celos posibles porque muy pocas personas tienen méritos para entrar en esta constelación de estrellas locales.

Los premios se otorgaron por sectores y los merecidos titulares fueron los siguientes:

  • Sonia Villapol (ciencia)
  • DiegoAS (arte)
  • Olga Novo (letras)
  • Carmen Lence (empresa)
  • Guido Álvarez (turismo)
  • Rubén Blanco (empresa y deporte)
  • Mariluz Abella (solidaridad)
  • Abraham Cupeiro (música)
  • Jorge y Pepe Coira (cine)
  • Antón Sanjurjo y Teresa Astorgano, de Traxandaina (etnografía).

Hubo además un premio de honor que se otorgó, como no podía ser de otra manera en este momento, a los servicios sanitarios que nos han dado su esfuerzo y, en ocasiones, su salud e incluso su vida para atendernos en esta pandemia. Lo recogió el gerente del Hula, Ramón Ares, en nombre del colectivo sanitario.

Verán que no hay ningún representante político en el listado ya que, como nos recordó Paco Rivera, desde su creación, los gestores de estos premios tomaron la adecuada decisión de soslayar ese sector para evitar tener que andar con compensaciones o temer represalias, que de todo hay…

Los premios son algo muy complicado de otorgar. Algunos reconocimientos, como el que te dediquen el Día de las Letras Gallegas o una calle en Lugo, se hacen únicamente a título póstumo, algo que personalmente no me ha gustado jamás. Sé que es una forma de disuadir a los demás aspirantes de tener celos (lo de tener que morirse primero hace poco apetecibles esas distinciones) pero también es verdad que le quita toda satisfacción a la persona a la que se quiere agasajar.

Pero precisamente por no temer ese juego de celos de “por qué ese sí y yo no” tan egoísta y tan humano, El Progreso ha sido acertadamente valiente recuperando estos premios que se comenzaron a dar a mediados de los años 60 y que desde 2007 no se habían vuelto a otorgar. Es una enorme satisfacción ver que los lucenses volvemos a sacar pecho y que reconocemos a los convecinos que tienen una trayectoria destacada en su campo y que hacen patria de su ciudad.

Esperemos que se mantengan año tras año y que tengan como protagonistas a nuestros vecinos más destacados, que verán reconocida así su valía y su cariño hacia Lugo.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Los usuarios del banco de alimentos bajo el punto de mira de los inquisidores digitales

Colas en el banco de alimentos de Lugo
Foto: El Progreso

Estos días circula por las redes un vídeo de un coche aparentemente lujoso, un vehículo enorme (había puesto que es un Audi pero por lo visto es un Mercedes, realmente no creo que eso sea lo relevante), recogiendo bosas en el banco de alimentos, lo que ha despertado la indignación de muchas personas. No es nada nuevo, de vez en cuando leemos comentarios sobre la cilindrada y precio de los vehículos de que bajan las personas que van a por artículos de primera necesidad, y el poco control que hay sobre los destinatarios de las donaciones. Les diré que me parece una barbaridad dar por sentadas tantas cosas juntas.

Para empezar, antes de hacer una crítica tan demoledora deberían asegurarse de que los que recogen los alimentos son los usuarios finales. ¿Quién les dice que no es una persona del propio banco de alimentos que está llevando bolsas a alguien que, por lo que sea, no se puede desplazar? ¿Por qué damos por sentada la peor versión de la historia cuando puede haber puntos de vista más amables?

En segundo lugar, vamos a suponer que sí, que el coche es de quien va a por los alimentos para su casa… ¿han pensado en la posibilidad de que el coche no sea tan lujoso ni tan caro como ustedes piensan? ¿Han visto el mercado de segunda mano y los precios de coches que hace no demasiados años eran extraordinariamente caros?

Sigamos con suposiciones. Vamos a pensar que sí, que la persona compró el coche con su dinero porque tenía un negocio que iba bien y que tiene un Audi, un BMW o un Mercedes… pero que las cosas le han salido mal porque la vida da muchas vueltas. ¿Consideran los tribunales de lo correcto que ha de vender el coche (por una fracción de su valor) para comprar otro “inferior” para así estar acorde con su nueva situación? ¿De veras? ¿Qué es lo siguiente? ¿Les miramos si la chaqueta es de marca (que pudo comprar en otro momento de su vida o haber recibido en el ropero de Cáritas) o si tienen empastes de oro?

Si esta pandemia debería haber servido de algo era para entender que mucha gente que jamás pensó que se vería en las colas del banco de alimentos está allí. Empresarios, trabajadores de altos sueldos… personas que daban por sentado que nunca recurrirían a la caridad se ven en la tesitura de tener que recurrir a este servicio porque pintan bastos y las cosas no les han ido bien. Salvo Amancio Ortega y cuatro más, todos podemos vernos en esas así que les recomiendo un poquito más de empatía y un poquito menos de mala leche.

¿Existen abusos en los servicios sociales? Por supuesto que sí. ¿Hay quienes se aprovechan del sistema y piden ayudas cuando tienen recursos suficientes? Desde luego, es indiscutible. El problema es filtrar el trigo de la paja. ¿El usuario ha de vestir harapos y acudir en un viejo utilitario para ser digno de recibir ayuda? ¿Cómo sabemos en qué situación está la persona que tenemos delante?

El banco de alimentos hace una más que noble labor, es lamentablemente necesaria, y estoy seguro de que ellos mismos ven casos sospechosos o de los que directamente tienen certeza sobre su mal proceder, pero ¿qué pueden hacer? ¿pedirles documentos oficiales que certifiquen su mala situación? Es que ya lo hacen…

Hay profesionales de la ayuda social, claro que sí, y son los que sirven de excusa a los más radicales para condenar al sistema entero, pero si no fuera por ese sistema habría gente que no sé cómo iba a sobrevivir.

Si una persona ha caído en desgracia, bastante tiene con tener que pasar el mal trago de ir a por alimentos de la caridad como para que encima le miren mal por tener un coche “caro” por el que no le darían ni el dinero suficiente para comprar uno “barato”.

Un poquito de empatía, coño.

jueves, 18 de noviembre de 2021

Cuando un bus pasa antes de la hora es peor que si se retrasa

Hace ya unos cuantos años hicimos un viaje por Austria en que fuimos a Viena, Graz y Salzburgo. Entre las ciudades nos desplazábamos en tren y creo que me va a costar olvidar que en uno de los trayectos escuchamos decir por megafonía algo del estilo de “señores pasajeros, lamentamos informarles de que sufriremos un retraso de DOS minutos en la llegada a la estación de XXX, tiempo que recuperaremos antes de la siguiente estación”. Sí, sí, se disculparon por dos minutos de retraso…

Publicaba ayer una persona en un grupo de Facebook un suceso en que la conductora de un autobús urbano de Lugo se negó a abrir la puerta fuera de la marquesina a un pasajero habitual que acudía a su trabajo, a pesar de estar detenido en un semáforo en rojo a pocos metros de la parada. Es perfectamente comprensible que no sea abra la puerta fuera del lugar indicado para ello, y de hecho entiendo que no lo tienen permitido por muchísimos motivos, siendo el primero de ellos que es un peligro para el propio usuario y un despiporre si se convierte en costumbre, que nos conocemos.

Sin embargo, hay un elemento que hace que lo que se podría entender como una pretensión exagerada del usuario sea más comprensible (aunque no por ello aceptable): el autobús pasó por la parada antes de tiempo, algo que es bastante habitual en Lugo.

Quiere la casualidad que este mismo domingo a mediodía no sólo me pasó a mí lo de que el bus llegase antes de la hora, sino que tuve ocasión de documentarlo. Verán, quería coger el bus 1.4 en la Ronda de la Muralla para bajar a casa de mi suegra en Fingoy, y consulté Moovit, la aplicación israelí (por cierto es gratuita y muy recomendable) que te dice todas las combinaciones posibles e incluso si te merece la pena ir andando. La aplicación me indicaba que el 1.4 pasaba por la ronda a las 15:09 y allí me fui. Era algo pronto pero tampoco tenía otra cosa que hacer.

Mi sorpresa fue ver que en la pantalla que indica las próximas llegadas de buses cada poco tiempo decía una cifra diferente. Por ejemplo, a las 14:56 decía que el bus llegaría en 12 minutos y a las 14:57 que tardaría 7. A las 15:02 afirmaba que llegaría en 1 minuto y llegó realmente a las 15:05, es decir, con adelanto a su supuesta hora de paso, tanto la indicada por Moovit como la que ponía en la pantalla inicialmente. Para mayor fantasía, a los pocos metros, en la parada frente a Obras públicas, estuvimos parados 10 minutos porque había cambio de conductor y, ahí sí, se arrancó a la hora.

Comprendo que es muy difícil que el bus pase a la hora exacta cuando hay mucho tráfico, porque puede haber embotellamientos o circunstancias que hagan que se retrase, pero soy totalmente incapaz de comprender que pase antes de la hora. Lo suyo, entiendo yo, es que si el trayecto se hace más rápido de lo previsto, algo razonable en un día como ese (un domingo a mediodía en que podías tumbarte en medio de la Ronda sin peligro alguno), lo suyo sería hacer una mayor pausa en las paradas para cumplir con el horario, ya que no sólo es una cuestión de inicio y fin de trayecto, sino que para muchos usuarios es importantísimo el punto donde lo van a coger.

“Que vayan antes a la parada” es una solución sencilla y que parece de sentido común, no se lo voy a discutir, pero si hablamos de gente que va o viene del trabajo y que tiene probablemente otras obligaciones es espinoso que estén sujetos a variaciones caprichosas del servicio. El horario está para lo que está, y si bien, insisto, está fuera del control de la organización un retraso, sí que está en su mano evitar adelantos sobre el horario.

Sé que con lo de los buses siempre se monta lío porque hay a quien ha perjudicado la nueva distribución de las líneas. No es mi caso, la verdad, porque uso el autobús poco (tengo la suerte de poder ir andando a casi todas partes) y cuando lo necesito apaño bastante bien con Moovit y no suele ser una cuestión a contrarreloj. En lo que yo conozco el nuevo sistema está muy bien, pero deberían pulir estas cosas que tienen fácil arreglo. Los buses: a su hora por favor.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Mentir está feo

Mentir está feo. Hacerlo groseramente es, además, contraproducente

El nuevo lío que ha montado el Gobierno de Lugo con las ordenanzas sobre vados ha llevado a la concejala Paula Alvarellos a protagonizar una pirueta que le abre las puertas del Circo del Sol como futuro profesional: defiende dos posturas contradictorias de forma simultánea.

Mientras en la ordenanza de vados afirma que es lógico que cobren lo mismo en todo Lugo porque el coste que tiene para la administración local prestar este servicio “es el mismo en cualquier punto de la ciudad, ya sea en la Calle de la Reina o en la Piringalla”, en la ordenanza que regula la ocupación de vía pública defiende sin rubor lo contrario: que es lógico cobrar una tasa superior por una mesa en una zona que en otra. Personalmente comparto este último criterio, pero lo que no tiene sentido es aplicar dos puntos de vista opuestos al mismo tiempo.

Para mayor fantasía la concejala afirma que “los cambios introducidos no recibieron, en su día, ninguna alegación por parte ni de ningún colectivo, entidad, asociación ni tampoco de particulares y, menos aún, de la oposición”.

Vamos a saltarnos la incoherencia de decir que unos no presentan y otros “menos aún” (¿han “despresentado” algo?), porque lo primero es directamente falso. La aprobación definitiva, cuya propuesta está firmada por la propia señora Alvarellos, desestima las alegaciones, esas que dice que no existieron, presentadas por la APEC. Y no sólo sí había esas alegaciones, sino que el asunto está recurrido ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia junto a la ordenanza de ocupación de vía pública y es probable que en pocos días sepamos el fallo del más alto tribunal autonómico.

Mentir está feo. Hacerlo sobre algo que es fácil de comprobar es, además, inútil y te deja quedar fatal, siempre que alguien se moleste en rebatir la mentira, por supuesto, lo que no siempre ocurre.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 17 de noviembre de 2021

martes, 16 de noviembre de 2021

Salvavidas que no lo son tanto


Que la administración pretenda ayudar a las empresas es, en ocasiones, para echarse a temblar. En lugar de rebajarles la carga fiscal, que es algo que genera pocas fotos y aún menos anuncios publicitarios, tienen la costumbre de usar campañas difíciles de explicar y nefastas cuando se entra al detalle.

Me vienen a la cabeza tres ejemplos que les relato a continuación. El primero es que, para la realización de un sorteo de 30.000 euros en premios por parte de la Federación de Comercio, la Diputación ha concedido una ayuda de… 50.000. Es decir, que si la propia Diputación hiciera el sorteo y se ahorra 20.000 euritos de nada.

El lector avispado me dirá “es que además del dinero de los premios hay que hacer carteles, papeletas, anuncios…” cosa que podría tener sentido, no se lo discuto… pero entonces ¿para qué están los fondos propios de las asociaciones, federaciones y demás chiringuitos? Porque si nos cuesta 50.000 euros públicos sortear poco más de la mitad, las cosas no encajan. También hay que decir que antes era peor. Hace unos años daban 52.000 para sortear 10.000, lo que fue un escándalo mayúsculo que, por supuesto, quedó en nada porque ya sabemos que el dinero mueve voluntades y amordaza críticas. Así nos luce el pelo.

El segundo ejemplo es aquel pomposo plan de ayudas municipales que se aprobó al principio de la Pandemia. El “Reanima” Lugo fue un magnífico proyecto que inyectó dinero en las empresas locales, algo digno de aplauso y que si se hubiera quedado en eso habría sido perfecto. El problema es que se les llenó la boca cuando lo anunciaron y explicaron que iban a sufragar lo que los trabajadores dejasen de cobrar en los ERE/ERTE (como sabrán el SEPE abona en sus prestaciones el 70% del sueldo), lo que era obvia y evidentemente falso. Lo malo es que generaron esa expectativa y hubo muchos problemas por parte de los empresarios para explicar a sus trabajadores que no se estaban quedando con “su dinero” de las ayudas, y sólo una campaña explicativa intensa ayudó a superar el lío que montaron… y estoy seguro de que algún trabajador todavía piensa que le han robado ese 30% que se le prometió.

El tercero y más reciente son los bonos impulso de la Diputación. Este tema es terrible y lo que era una magnífica campaña se ha convertido en una fuente de pérdidas para las empresas. Verán, el funcionamiento parecía sencillo: el ciudadano pedía el bono, lo gastaba en los comercios adheridos a la campaña, éstos presentaban los bonos a la Diputación y la entidad les pagaba ese dinero. Fácil, ¿verdad? Evidentemente el beneficiario del bono es el ciudadano que lo solicita y para el comercio es una forma de pago de parte del producto vendido.

Hasta ahí bien, si no fuera porque la Diputación, en un proceder digno de la estulticia pública, decidió que el dinero se tramitaría como subvenciones a los comercios. Es decir, que según la Diputación quien recibe la subvención es el comercio, no el ciudadano que se beneficia del bono, por lo que ese establecimiento ha de declarar ese dinero como ingreso (cuando en realidad no lo es, es una forma de pago). En sociedades se tributa el 25%, así que si tienes 1.000 euros en bonos vas a perder, de entrada, 250 en impuestos y eso sin contar el IVA que ya pagaste y el retraso en el cobro de un bien que ya entregaste hace meses. Vamos, que pierdes dinero.

A la Xunta le pasó algo parecido con los bonos que sacó hace unos meses, pero rectificó y cambió las bases para que tributase por esos bonos el beneficiario, es decir, el que los disfrutó y no la empresa para la que no deja de ser un medio de pago. ¿Se imaginan que MasterCard les cobrase un 25% de comisión? Sería usura, pues es lo que ha pasado.

Ese es el problema de los planes diseñados sin conocer el mundo real, el ajeno a la administración pública donde los ingresos están garantizados y los gastos pueden ser caprichosos y responden sólo a un criterio: la foto.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Los tejados de la Catedral de Santiago

Santiago como no solemos verlo, desde el tejado de la Catedral

Las vacaciones son algo maravilloso. Jamás he comprendido a los que dicen que si les toca la primitiva seguirían trabajando… pero oigan, tiene que haber de todo en el mundo.

La semana pasada estuvimos de vacaciones, en Lugo, sin viajar ni nada, simplemente disfrutando de unos días libres, tomándonos las cosas con calma. La única cosa extraordinaria que hicimos fue ir un fin de semana a Santiago, y de eso les voy a hablar.

Hace algunos años, no demasiados, hice la visita a los tejados de la Catedral de Santiago y el sábado pasado la repetí porque el grupo de amigos con el que fuimos de fin de semana no los conocía. Pues comprobé que yo tampoco. El cambio ha sido tan brutal que si han hecho esa visita les recomiendo repetirla.

Tuvimos una suerte extraordinaria con la guía que nos tocó, ya que no sólo era interesante lo que decía, sino que transmitía pasión por la historia de la Catedral y, por extensión, de la ciudad de Santiago y la época en que se hizo el edificio y se acometieron sus transformaciones. Les voy a destripar un poco la visita, pero aun así les recomiendo que la hagan, merece la pena.

Santiago, una ciudad creada a la sombra de su Catedral

Lo que vemos de la Catedral de Santiago es, en gran parte, una ilusión. La fachada del Obradoiro, por ejemplo, una de las imágenes más icónicas del templo, es simplemente un montaje que oculta la primitiva fachada románica, que sigue ahí debajo (de hecho el Pórtico de la Gloria es parte de la misma) y no se destruyó para hacer la nueva, solamente se “tapó”. Lo mismo ocurre con casi todo el contorno del templo, que disfraza su estructura románica con añadidos de otras épocas.

Desde el tejado se aprecia todo esto perfectamente. Se ve la planta del edificio original, que ya era peculiar en sí mismo (es altísimo, algo que contradice lo que damos por sentado en el románico, y tenía muchísimas ventanas y luz, otra cosa que nos choca en un edificio de esa época).

En los últimos años no sólo se ha acometido una restauración integral de la Catedral, sino que se ha sustituido completamente el techo de piedra aligerando el peso en nada menos que 750.000 kilos de piedra, reemplazándola por otro sistema más liviano y que permite que el tejado “respire”, lo que reduce los problemas de humedades y demás.

El nuevo sistema de colocación de piedra en railes.

La visita es cara, realmente cara. 12 euros la entrada es un dineral a pesar de que incluye la visita al Museo, donde pasan casi desapercibidas innumerables joyas y reliquias como piezas del Maestro Mateo que se desmontaron del templo original e incluso tapices de Goya. Si además quieres ver el Pórtico de la Gloria tienes que pagar 20 euros en total (la entrada del Pórtico son otros 12 euros pero si coges las dos te “rebajan”), que es una fortuna sobre todo si tenemos en cuenta que esas obras las hemos pagado entre todos.

Uno de los rosetones románicos primitivos
Museo de la Catedral de Santiago

Sin embargo la entrada a la Catedral sigue siendo gratuita. Cruzar la Puerta Santa, visitar el supuesto sepulcro de Santiago, pasear por la Catedral… no te cuesta ni un céntimo a diferencia de lo que ocurre en Lugo, algo que como quizá recuerden siempre he criticado. Santiago no ha cometido ese error porque es un templo de peregrinación (se supone que el de Lugo también) y no tendría sentido. Cobrar por ver cuestiones anexas es otra cosas: museo, tejados, torres… es un tema diferente y sólo me chirría el caso del Pórtico de la Gloria.

El Pórtico es una parte inherente de la Catedral de Santiago y si bien su restauración ha sido multimillonaria y es comprensible que se busque su mejor conservación, no es menos cierto que esa inversión ha sido soportada en gran parte por el dinero de todos y que visitar la Catedral sin ver la obra del Maestro Mateo es, como mínimo, raro. Si además le sumas que a cambio de tus 12 euros sólo te dejan entrar a hacer una visita de media hora, con una audioguía que te tienes que bajar al móvil (lo que, por cierto, deberían indicar en la entrada para que lo hagas antes de ir, que si no te pasas media visita esperando a que bajen los audios) suena a tomadura de pelo.

La Catedral de Santiago es un espectáculo, y como tal se comercializa casi todo. De hecho fuimos a la misa del Peregrino con la esperanza de ver el Botafumeiro en acción… y no. Sólo lo ponen en días señalados y si algún grupo de peregrinos lo solicita… y lo paga. Esto último es lo que más chirría.

Tal vez las subvenciones e inversiones públicas deberían ir condicionadas a la gratuidad de la entrada o, al menos, a fijar precios razonables, pero claro, si tenemos en cuenta que nos cobran por entrar al Museo del Prado tampoco es que podamos sostener ese argumento con facilidad.

En todo caso y a pesar de los pesares, si van a Santiago con calma les recomiendo muy vivamente hacer la visita de los tejados y el Pórtico. Si hay que elegir me quedaría con la primera, pero quizá sea algo muy particular porque el Pórtico me lo conozco de memoria. Cuando estudiaba en Santiago rara era la semana que no iba a visitarlo (pasaba por allí delante a diario) y uno tiende a ir a los sitios “nuevos”.

Merece la pena.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Tractoradas: Así, sí

La tractorada de ayer estuvo muy bien organizada. Felicidades.
Foto: La Voz de Galicia

Voy a ser breve que el tema hoy es sencillo: cuando uno se equivoca pues se equivoca y hay que decirlo. Ayer les explicaba por qué no veía útiles las tractoradas… pensando en que se repetiría el desmadre del 2015 que fastidió a la ciudadanía durante bastante tiempo, pero esta vez ha sido totalmente diferente.

Los empresarios de la ganadería que se manifestaron ayer lo hicieron de forma ordenada, pacífica, y haciendo el menor daño posible a la ciudadanía de a pie, que de esta forma estamos más dispuestos a solidarizarnos con ellos. A ver, como les decía ayer nadie (o casi nadie) duda que tienen razón y que no es posible mantener esta situación eternamente, pero de hacer las cosas de una forma a hacerlas de otra la diferencia es que te granjeas o no las simpatías del público.

Toca por lo tanto felicitar a la organización y a los participantes en la manifestación y, sin lugar a dudas, ponernos todos a disposición de sus reivindicaciones en lo que podamos echar una mano. Estoy absolutamente convencido de que tendrán mejor acogida en esta ocasión de la que tuvieron en 2015 en que, aunque les asistía la razón igual que ahora, hicieron rehenes a unos ciudadanos que no sólo no tienen culpa de nada sino que tampoco pueden solventarles la papeleta.

Quizás ahora tocaría convocar una nueva protesta invitando a la ciudadanía en general a apoyarles, y a todos nos tocaría entender que sin el campo no somos nada, ni metafórica ni literalmente, sobre todo en una pequeña capital de provincias como es Lugo.

jueves, 4 de noviembre de 2021

¿Es efectiva una tractorada?

La tractorada de 2015. Foto: Economiadigital.es

Hoy Lugo volverá a albergar una tractorada que, es más que probable, colapsará la ciudad, como si no estuviera ya bastante liado el tráfico por las obras y los cambios de los últimos tiempos.

La organización que convoca la manifestación/tractorada pide el apoyo de la sociedad, pero francamente lo ponen muy difícil porque incluso los que nos solidarizamos con su situación y sus reclamaciones, que consideramos lícitas y razonables, no vemos qué podemos hacer desde la ciudadanía de base para solventar el problema, salvo servir como rehenes involuntarios en una guerra que, con esto, no van a lograr que sintamos como nuestra, aunque realmente lo sea.

Aunque últimamente parece que no hablamos de otra cosa, hemos de insistir sobre lo mismo. Habrá ciudades con gran fuerza industrial que no dependan tanto del sector primario (aunque literalmente todos dependemos de él), pero ningún lucense puede ignorar que vivimos fundamental y directamente del campo. Por muy funcionario, abogado o lo que sea cualquiera sus ingresos se originan en el campo, en el bosque o en el mar, que son la fuente de nuestra riqueza. Lugo es una pequeña capital de una provincia eminentemente forestal, agraria, ganadera y pesquera y por mucho que algunos se quieran dar aires de cosmopolitas no dejamos de ser lo que somos… y oigan, a mucha honra.

El problema no está ahí, creo yo. Hacer sentir cercano el campo a un lucense es una tarea sencilla ya que todos estamos, como máximo, a una generación o dos del rural así que, salvo los negacionistas de lo obvio, no vemos como ajena a la aldea de que venimos. Pero colapsar Lugo no creo que ayude a despertar la simpatía de la ciudadanía incluso, repito, de los que compartimos el fin de la misma.

Las manifestaciones populares son una herramienta útil de la sociedad civil para luchar por sus derechos e intereses, baste recordar las movilizaciones por los servicios del HULA y su éxito para no necesitar más ejemplos y sin salir siquiera de Lugo. Pero no siempre pasa eso, y si no pensemos en la manifestación de la hostelería, que no sirvió absolutamente para nada. Hacer ruido genera titulares y portadas, pero no necesariamente resultados. De hecho, si se fijan en la tractorada de 2015 parece que tampoco tuvo gran éxito en cuanto a resultados, ya que la situación sigue siendo similar (por eso regresan).

Tal vez el problema sea de qué lado hacen situarse a la ciudadanía. Si está tras la pancarta o mirando desde un lateral impotentes no sólo para resolver el problema sino para hacer su vida diaria. Si el problema son los grandes conjuntos empresariales, ¿por qué no se les bloquea a ellos? ¿Qué culpa tiene una persona que quiere acudir a su trabajo o a llevar a sus hijos a donde sea de la situación? Piensen en la reacción de esas personas, que es posible que carguen contra quienes les entorpecen su vida diaria y no en quienes generan la situación que les lleva a ello…

Puede que si convocasen una manifestación popular, sin dañar a la ciudadanía, e invitasen a los lucenses a unirse se encontrasen con un resultado mucho más favorable. Ya no digo que regalen cosas como vemos a veces con las producciones de hortalizas o frutas (aunque eso es éxito seguro porque muchos irían al margen de cualquier reivindicación), no creo que sea necesario. Me refiero a que, si nos invitan a ponernos de su lado en una demostración popular, probablemente tendrían más apoyos de la gente.

En todo caso, una vez más y para que no haya dudas, creo que tienen razón en sus reivindicaciones. No se puede consentir que el durísimo trabajo que llevan a cabo los ganaderos les haga trabajar a pérdidas o con unos márgenes miserables. En ello va nuestro futuro como lucenses porque está inextricablemente ligado al campo.

NOTA: Como me conozco el percal, les recuerdo que este blog es personal, mío, no de ninguna organización o asociación a la que pertenezca o incluso gestione yo… Más vale prevenir que curar, que nos conocemos.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Gallego lapidario

Cementerio de San Froilán. Foto: web municipal

El Ayuntamiento de Lugo va a conceder subvenciones de 200 euros para poner las lápidas del cementerio en gallego… ¡y la que se ha liado!...

Cuando les digo que el Covid, además de a mucha gente, se ha llevado por delante nuestra salud mental colectiva me refiero a estas cosas… no tenemos ya la menor tolerancia con nada, y a la mínima saltamos como hidras de siete cabezas por cosas que, en realidad, no tienen la menor importancia. Ésta es una de ellas.

Que el Ayuntamiento destine 10.000 euros, que es el presupuesto de la iniciativa, a esta promoción del gallego es algo prácticamente irrelevante. Del presupuesto municipal se gastan millones de euros en chorradas (las bañeras colectivas, el edificio de madera que no tiene uso previsto que se sepa, la pasarela que arranca en una isleta de una carretera nacional, las indemnizaciones multimillonarias de la fábrica de la luz, la planta de generación energética que consumía en vez de generar…) y no pasa absolutamente nada. Ni una dimisión, ni un escándalo… nada de nada, nuestros bienamados líderes siguen cobrando sus nóminas y los “técnicos” que informan esas barbaridades continúan informando otras nuevas sin la menor consecuencia. La gente sigue tranquila en sus quehaceres por temas que deberían hacerles hervir la sangre, pero se destina una mínima fracción del dinero despilfarrado a esto y se arma la de Sanquintín.

Qué quieren que les diga, esa maldita guerra de fondo con el idioma en Galicia, esa lucha eterna de tirios y troyanos, se me antoja desfasada. La exageración, el victimismo y la costumbre de comportarnos como si Franco hubiera muerto el martes pasado y no hace casi medio siglo no busca otra cosa que lo que está logrando: la confrontación, el ruido y, en última instancia, el voto.

Si el BNG quiere usar su poder en el Gobierno local para esto, qué quieren que les diga, me parece muy bien, siempre y cuando no sea obligatorio poner la lápida en el idioma que a ellos les apetezca. Que promocionen la traducción de lápidas me parece razonable y proporcional, porque habrá gente que no pudo ponerlas en el idioma que quería en su momento y ahora a lo mejor se anima a hacerlo. Nada que objetar.

El problema en estas cosas no suele ser la medida en sí, sino el trasfondo. ¿Por qué me subvencionan la lápida en gallego y no en castellano? Pues porque es el BNG quien lo hace y el PSOE quien lo consiente sin abrir la boca (la moqueta es la moqueta), y los que le votaron supongo que sabían que lo hacían para estas cosas, así que oigan, mientras no afecte a mi derecho en ponerla en el idioma que me venga en gana, que den esa ayuda me parece bien.

Otra cosa es un asunto ajeno a esto, que calienta los ánimos: la imposición de un idioma sobre otro desde la administración. Es un hecho innegable, que va mucho más allá de la promoción que implica esta acertada medida (acertada, repito por no ser obligatoria), que hay ámbitos en que se hace obligatorio un idioma u otro y eso no es normal, pero pasa. Es un disparate imponer el castellano, pero es otro del mismo calibre imponer el gallego. Incluso esto último quizá sea peor porque lo hacen quienes afirman haber sufrido “persecución” por usar una lengua y se pasan de frenada, lo que vemos habitualmente. Resulta que quienes “exigen” que los demás utilicen sus nombres en gallego tienen la mala costumbre de traducir los del resto. Por ejemplo, Rubén Arroxo se cambió el nombre y, aunque yo mismo cometí el error de meterme con él por eso (lo que, insisto, fue una equivocación) es lógico usar el que él desea. Pero lo gracioso del tema es que quien exige ese respeto (con razón) al presidente de la Xunta le llama “Feixoo” porque “yo tengo razón en galleguizar su nombre porque me lo ha dicho Dios”. Ese es el problema, el de la “verdad absoluta” y la aplicación de la ley del embudo. Como el pobre Juan Montes, al que han rebautizado como “Xoan” porque sí, porque les ha dado la gana.

Todo se politiza. Hay mucha gente que come de azuzar persecuciones fantasma, pero se lo consentimos día a día. No creo que nadie tenga ningún problema en estas fechas para desarrollar su vida en gallego o en castellano, salvo que dé con el típico cabezota (que los hay de ambas facciones) que se emperra e imponer sus derechos y deseos sobre los de los demás. El rollo de “si le hablo en castellano es de mala educación que me conteste en gallego” funciona exactamente igual al revés, pero lo veo reducido a los talibanes que no sólo quieren tener derecho de usar su idioma preferido (algo lógico y normal) sino que pretenden imponer a los demás su uso (algo menos lógico y desde luego nada normal). El problema está ahí, en la imposición.

Echo de menos los tiempos en que el idioma no era un arma arrojadiza. Ahora parece que si hablas castellano votas a VOX y que si lo haces en gallego tienes que ser nacionalista. Pues no, para nada. Cada uno habla en lo que le da la real gana sin tener más trasfondo que el de expresarse como le apetece. Sin más. Dejemos de politizar absolutamente todo, por favor.

En todo caso, volviendo al principio, la iniciativa de subvencionar el cambio de idioma en las lápidas no me parece mal. Es algo voluntario: el que quiera lo hará y el que no quiera no. Sin más.

martes, 2 de noviembre de 2021

Yo no vivo en la Galicia profunda... y usted probablemente tampoco

Precioso lugar de Pazos de Arenteiro... para ir un fin de semana.

Tengo la impresión de que el orgullo que de repente nos ha entrado a todos para reivindicar la “Galicia Profunda” no deja de ser una pose en redes sociales y de cara a la galería, porque la  inmensa mayoría de quienes firman esas expresiones no viven en ella. Yo tampoco.

Me ha molestado como al que más esa referencia despectiva en nada menos que una sentencia judicial, pero no se me ocurre ponerme a colgar banderitas, al menos no viviendo en una capital de provincia con todos los servicios públicos deseables. Tampoco lo haría si viviera en Viveiro, Foz, Rábade, Piedrafita o cualquier otra población que tiene de Galicia Profunda lo que yo de obispo.

No defiendo a la jueza, cuya sentencia por lo demás parece que nadie rebate más allá de esa expresión fuera de lugar, pero tampoco seré cómplice del postureo que, estoy totalmente seguro, muchos de ustedes han respaldado de buena fe porque el primer impulso es ese: defendernos de otra agresión que asocia nuestra tierra con un mundo marginal y abandonado. El problema no está ahí.

La Galicia Profunda, esa que tanto dicen amar, es la misma de la que la población se marcha por falta de oportunidades y servicios, algo complicado de revertir. La que no tiene cobertura de Internet ni un ambulatorio a una distancia razonable. La que hace que los escasos niños que quedan se tengan que levantar dos horas antes que el resto de sus compañeros para ir a una escuela que les queda en el quinto pino…

Sí, tiene la belleza de lo natural, lo bucólico, de lo más hermoso de Galicia… para irse un fin de semana de turismo rural a manchar de barro las botas de trekking y subir fotos al “Insta” en cuanto se pisa la civilización, explicando al mundo que somos super rurales de la muerte, pero la única defensa que vale de la Galicia Profunda es vivir en ella, y eso ya no apetece tanto.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 30 de Octubre de 2021