martes, 19 de julio de 2016

Iván y Alberto, o cuando la desgracia toca más cerca

La mayoría no escarmentamos en cabeza ajena, o al menos nos cuesta interiorizarlo. Solo cuando una cosa pasa en nuestro entorno o afecta a alguien a quien queremos nos damos cuenta de la importancia relativa de algunas cosas a las que damos mucho protagonismo en nuestras vidas y viceversa.

El otro día leí en la prensa la noticia de los dos chavales que murieron en un camión en la A6 en Madrid. Le di la importancia que tenía para mí en ese momento, en que piensas “pobres chicos” y al cabo de un rato se te va de la cabeza. Ese mismo día o al siguiente vi en Facebook un comentario de una persona que hablaba de que había llevado su tarta favorita a uno de los chicos y a los tres días una corona. Me tocó más de cerca, a pesar de que no identifiqué de primeras a quien hizo el comentario porque en su perfil tiene un tema profesional y me despistó. Hoy volví a ver el comentario y caí en la cuenta de que es una amiga, y que el fallecido es su primo. Y ahí es cuando empecé a sentirlo más cerca.

Sabiendo más de la historia es todavía peor. La madre del chico que conducía el camión falleció hace pocos años y él era hijo único, así que imaginen al pobre padre del muchacho cómo estará. Treinta y pocos años tenían tanto Iván como Alberto, el otro camionero que murió en el mismo accidente.

Cuando pones nombre y apellidos, caras y familias a las desgracias y las ves cerca te afectan más. Me sorprendo siempre que veo esos comentarios de que somos todos unos cabrones porque nos solidarizamos con lo de Niza pero no con atentados en países que mucha gente no sabe ni situar en el mapa, pero no deja de tener una cierta lógica ese comportamiento.

Hay una frase que decía House, el cínico médico de la serie de televisión, que me pareció cruel pero cierta aunque provenga de una ficción (como casi todas las obras maestras de filosofía, o ¿es que alguien piensa que la caverna de Platón existía realmente?). Creo que ya la mencioné alguna vez: “hay un imperativo evolutivo por el que nos importa nuestra familia y amigos, y hay un imperativo evolutivo por el que no nos importa una mierda nadie más".

Cuanto más lejana sucede una desgracia más muertes tiene que haber para que nos conmocione. Funcionamos en círculos concéntricos porque lo que nos afecta tangencialmente no nos influye y por eso no es portada de los periódicos un asesinato que ocurre en otros países pero sí el de nuestra ciudad.

Posiblemente esto nos indique que el ser humano es tremendamente egoísta, pero también puede que sea una forma de supervivencia. No podemos estar fustigándonos por todas las desgracias que en el mundo son, el problema es pasarse de frenada y que tampoco nos influyan las próximas. Por otro lado, es difícil definir “próximo” en estos casos.

El de Iván y Alberto desde luego lo es. Uno vivía en la Piringalla y otro en la zona del antiguo hospital. Vecinos nuestros, probablemente casi todos conocemos algún familiar suyo o algún amigo aunque no lo sepamos. Nos habremos cruzado por la calle que ellos y habremos ido a los mismos bares a tomar algo.
Dos chicos que han perdido la vida cuando empezaban lo mejor y que dejan dos familias hechas polvo y una enseñanza a todos: vive, disfruta cada día y recuerda que estamos aquí de prestado. Una enfermedad fulminante, un volantazo, una mala caída… y todos los “te quiero” que no dijiste se quedan para siempre en la nada.

No temas llorar, reír, amar y hasta sufrir. Es la vida, y si algo he aprendido con los años es que uno se arrepiente siempre mucho más de lo que no hace y no dice que de lo que hace y dice. El tiempo del que disponemos es limitado... utilízalo.

2 comentarios:

  1. Gracias Luis por el buen gusto que demuestras en este articulo. Lo mejor la foto que no es de la desgracia.

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    1. Gracias a ti por el comentario. Lo de la foto... la verdad lo pensé por un segundo pero me parece que es morbo puro y que no enseña nada que no sepamos o imaginemos.

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