miércoles, 26 de enero de 2011

Cuando la educación es políticamente incorrecta

Ayer por la tarde tuve que aguantar dos horas de un “módulo” sobre igualdad de género de un curso que estoy haciendo por razones laborales. Me costó callarme la mitad del tiempo, y no fui capaz la otra mitad. Después de estar aguantando que me insultaran durante una hora y pico (los hombres son tal y tal, todos tenemos tal forma de pensar…) y de escuchar clichés que a su vez también son clichés, llegó la famosa gota que colma el vaso. Según la docente, parar en el arcén para ayudar a una mujer que está cambiando la rueda es un insulto para ella. ¡Hay que joderse!.

Ahí sí que no fui capaz de callarme: parar a ayudar a una persona no es discriminación, es educación. Entiendo que la línea que separa ambas cosas es difusa para mucha gente, principalmente porque con el tema del sexismo ocurre lo mismo que con la censura: es en el ojo del censor donde suele estar el problema.

879083 Yo, personalmente, he parado en cuatro ocasiones a ayudar a gente: dos a cambiar una rueda, la tercera por un accidente bastante gordo y otra con un coche incendiado. En una de ellas era una mujer, en otra un señor mayor, el accidente era de un chico de unos 30 años y en la cuarta una familia que veía pasmada cómo ardía su coche por los cuatro costados. Evidentemente, según la profesora del curso mi intención no era ayudarles sino llamarles inútiles a todos con mi ayuda. Curiosamente, los muy idiotas encima me agradecieron mi insulto e incluso la familia me envió una carta de agradecimiento al devolverme unas mantas y una ropa que les presté. ¡Serán bobos!... Lo que son las casualidades, cuando llegué a casa del curso había un coche parado en el vado de mi garaje. Una pareja intentaba ayudar a una señora mayor a entrar en el coche y yo, ¡oh fascista!, me bajé a ayudarles. Supongo que si se enteran en en curso suspenderé el módulo por mi comportamiento ya que estaba llamando a todos incapaces.

ass Pues la cuestión es que pienso seguir parando. Lo siento pero me han educado en las retrógradas ideas de que ayudar al prójimo es bueno, sin distinguir edad, sexo ni esas cosas. La única razón que me lleva a no parar es que la persona ya esté auxiliada, que tampoco hay que exagerar y a veces en vez de ayudar, se estorba.

Respecto a los argumentos del curso, no discuto que habrá quien pare con aires de “quita, bonita, que tú no tienes ni idea”, pero eso no es sexismo, es imbecilidad. Igual que parar a ayudar a un señor mayor con la idea de “este vejete no puede”. La intención es lo que da el matiz, y esa intención sólo la conoce el que para. Supongo que lo políticamente correcto es que nadie eche una mano al prójimo, pero me parece triste. También hay que hacer que la persona que venga detrás se golpee con la puerta, no vaya a ser que se la sujetemos y nos denuncien por sexismo si coincide que es una mujer.

Estoy pensando que a partir de ahora sólo habrá que ser amable con los hombres, porque por ahora no te pueden acusar de machista… lo que son las cosas: cuando no ayudemos a una mujer si nos llama groseros le podremos contestar “no, estimada amiga igual en derechos, no es grosería, es que no le quiero insultar con mi ayuda. Usted puede, así que hala, ánimo”.

2 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo. Ni ceder el paso al abrir una puerta, ni el asiento, ni preguntar en el ascensor a que piso va, ¿acaso no puedes marcar tu el piso?. Que cada uno haga lo que tiene que hacer. Pero después que no nos tachen de mal educados. Es la igualdad. La no discriminación. Y me sorprendió el otro día ver en A Coruña que en los semáforos para peatones, hay el perfil de un hombre, y de una mujer. Uno para el rojo y el otro para el verde, y del otro lado, viceversa. ¿Eso no es llevar al límite la ley de igualdad?

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  2. ¿Cuantas señales deberían de cambiarse para que no se haga discriminación? Hagan una lista y pidan su cambio.

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