martes, 11 de octubre de 2011

¡Vivan las casetas del pulpo!

Llámenme loco, pero a mi me gusta tomar el pulpo en las casetas. Ya, es caro, es ruidoso, es incómodo… pero es lo que es, parte de las fiestas. Si uno va al pulpo a tomar pulpo la cosa no sale barata, el producto no es lo más económico que hay, pero tampoco es un atraco. Claro, si se pone a pedir entrecot, vinos caros y esas cosas, la factura se dispara escandalosamente, es cierto. Bueno, no puedo hablar mucho porque fui invitado (tocó pulpada familiar, con invitación de mi abuela, la matriarca del clan).

casetas No es que sea excesivamente mayor, pero ya voy viendo los cambios que hacen que uno diga “cuando yo era más joven…”. Cuando yo era pequeño las casetas del pulpo eran más caseta y menos restaurante de banquetes. Tenía un encanto que, en mi opinión, se ha perdido un poco, porque a veces las comodidades se cargan las tradiciones. Son más cómodas las sillas, pero tenían más gracia los bancos, y lo de la copa de agua, copa de vino y cubertería a juego me parece excesivo.

Se siguen manteniendo algunas costumbres muy de pueblo y que tanto gustan en Lugo como la tradicional foto en el periódico (para los que no son de aquí, pasa un fotógrafo de El Progreso tomando fotos de las pandillas y al día siguiente publican una página de cada caseta con algunas). Nos encanta, para qué nos vamos a engañar. Esos cinco minutos de fama…

El problema de las casetas es la dinámica en que se ha entrado que permite montar auténticos restaurantes temporales. Este tema lo conozco un poquito y la verdad es que lo que se hace en Lugo no veo que se haga en ningún otro sitio. Tradicionalmente todos los de aquí estamos acostumbrados a ver cuatro casetas. Sólo cuatro. Cada vez se estira más el tiempo que están y ahora se instalan a finales de septiembre y se quedan hasta el 1 de noviembre, es decir, más de un mes, y por eso merece la pena montar esos mamotretos gigantescos que sólo se ven en Lugo.

Al ser un plazo generoso, y una oferta limitada, los precios se disparan alegremente (salvo lo más básico como el pulpo y los cachelos, que están tasados por el Ayuntamiento) y las colas a la puerta garantizan una generosa entrada económica. Me parece muy bien, que cada uno haga su vida y que ganen mucho dinero, que también lo trabajan (y de qué manera).

Lo que no comprendo muy bien es porqué se limita tanto el número de casetas, ni porqué se permite que se instalen durante tantísimo tiempo. Les voy a poner un ejemplo: en la Feria de Abril, que dura menos de una semana, se montan y desmontan más de 1.000 casetas todos los años, y están abiertas estrictamente los días de la feria. En Lugo las fiestas suelen durar un mínimo de 9 días (del 4 al 12 más o menos) al estar el Día del Pilar como cierre de la semana grande, y sin embargo no parece suficiente y se estira y estira el plazo para comer pulpo durante mes y pico. Lo del plazo tiene lógica por el limitado número de plazas, pero no parece muy normal obligar a que sólo cuatro casetas den servicio a los miles de visitantes de nuestras fiestas. Sería más razonable poner menos tiempo y más espacio.

No se entienda una crítica a las casetas, sino una extrañeza. Con todos sus defectos me siguen gustando mucho más que los garajes que tan de moda se han puesto en los últimos años, sobre todo por el precio. Tampoco tengo ningún interés en montar yo una, que dan un trabajo que no vean, pero es llamativo porque no es algo muy normal por el mundo adelante. Pero bueno, Lugo parece que no es muy normal, y menos últimamente que no salimos en los telediarios más que para contar barbaridades o cosas… poco agradables. Si no me creen, pregunten a Rubalcaba.

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