lunes, 5 de agosto de 2013

Partidos y movimientos ciudadanos...

Hay un creciente interés por cargarse a los “partidos tradicionales” y crear “movimientos ciudadanos”. No lo veo claro porque no acabo de entender en qué se diferencia lo uno de lo otro. Me explico: un partido político es una agrupación de personas con una determinada ideología y que tienen unos cauces de elección de representantes, que luego concurren a unas elecciones y, si obtienen la confianza suficiente, gobiernan donde toque.

Los “movimientos ciudadanos”, hasta donde entiendo, son exactamente lo mismo, sólo que cambiándoles el nombre, y sin una ideología concreta ni antecedentes. Es decir, que no sabemos muy bien qué es lo que pretenden hacer salvo cargarse a los que están ahora y ponerse ellos.

En un mundo de consumismo donde la palabra “nuevo” encabeza casi cualquier anuncio que se precie, parece que lo que mola de todo esto es que los que se quieren presentar ahora son diferentes de los que hay, a ver si así. Los detergentes llevan usando esa táctica durante décadas y les va de fábula, ¿por qué no iba a funcionar en política?

Supongo que cualquiera que lea esto podrá pensar que estoy defendiendo el sistema de partidos y que soy un vendido, un aspirante a corrupto o que busco un puestecillo por ahí. Si piensa eso es que lee poco este blog, lo cual es perfectamente lícito, por otra parte. Nada más lejos. Lo que pasa es que tengo muy poca fe en los iluminados, salvadores de la patria y otras malas hierbas que suelen crecer en momentos como este.

De hecho mi ejemplo de referencia, Hitler, ganó las elecciones en un momento como el actual, en plena crisis económica de gravedad, empeorada en Alemania con una serie de problemas nacionales derivados de varios factores (uno de ellos el Tratado de Versalles y sus gravosas condiciones). El nazismo se aupó al poder gracias a un discurso que seguramente a ustedes les podría sonar actualizado: contra el capitalismo, el liberalismo, el sistema de partidos, erigiéndose en abanderados (únicos representantes reales, de hecho) del pueblo, con fuerte exhibición de la cultura “local”, populismo absoluto en sus arengas… ¿Les suena?

Verán, los partidos políticos, como concepto, no tienen nada de malo. Si se fijan el mismo Hitler y otros colegas suyos de profesión como Franco, Fidel Castro, Stalin y todos los demás dictadores del mundo tienen en común su alergia a los partidos políticos ajenos; de hecho todos los sistemas dictatoriales coinciden en que el único partido legal es el que gobierna. Sin embargo no existe ni una sola democracia en el mundo sin partidos políticos. Ninguna. Piénsenlo bien. Lo de los sistemas asamblearios no rige en ningún sitio que se llame democrático.

Otra cosa es si estoy de acuerdo con el actual sistema de partidos. Claro que no. Nuestra democracia, que ya no es tan joven como quiere aparentar, se basa en el absoluto y omnipotente dominio de los partidos sobre todos los aspectos de las administraciones, la justicia, la sanidad, la educación y, lo que es peor, la vida del ciudadano. Teniendo en cuenta que la democracia interna consagrada por la Constitución es inexistente, el esquema cae por la base. Es ahí donde hay que atacar.

Se nos habla de que unas nuevas entidades sustituyan a los partidos. Asambleas ciudadanas, iniciativas populares o como les quieran llamar. Pero, ¿qué nos garantiza que serán diferentes? De alguna manera se tendrán que estructurar, elegir a sus representantes, tomar decisiones por mayoría… y es ahí donde está la cuestión.

Piensen en la mayoría de las asociaciones que conocen… ¿son democráticas? ¿Cuánto tiempo llevan sus dirigentes al frente? ¿Convocan elecciones enviando una carta a todos sus asociados y explicando cómo hay que hacer para presentar una candidatura? ¿Realmente facilitan la “alternancia” al frente de la misma? Muchas presumen de defender las listas abiertas pero cuando hay una baja en la directiva ¿abren la puerta a que entre alguien nuevo de “las bases” o sustituyen al saliente por designación divina? Las que yo conozco, en su inmensa mayoría, ni siquiera hablan con los asociados antes de plantear una postura públicamente, así que mucho menos todo lo demás. Eso sí, luego esas mismas personas suelen rasgarse las vestiduras, pedir limitación en los mandatos y decir que son la “voz del pueblo”. Pues está aviado el pueblo.

La democracia es una actitud, una forma de ver las cosas basada en que no siempre se es más listo que los demás y que a veces le toca llevar la batuta a otro. Pero eso choca de frente con el autoritarismo que nuestro país tiene incrustado en el genoma. Si esto se va a convertir en una lucha de caudillos, que aproveche la situación para quitar a un figura para ponerse otro, no arreglaremos nada, y ya puestos recuerdo aquello del “malo conocido”.

Hace tiempo publiqué un artículo en defensa de los sindicatos, pero por supuesto nadie en su sano juicio puede pensar que los considero buenos tal y como funcionan ahora. Defiendo la figura sindical, pero no la especie de mafia esa en la que se han convertido. Con los partidos igual.

Sé que en este momento queda mal defender a los partidos políticos porque se entiende que defiendes a los actuales tal y como funcionan, pero ya saben que eso no me suele preocupar demasiado. Yo defiendo su existencia, pero también su reforma. Creo que hay que hacer una revisión en profundidad de los cauces de participación, prohibir tajantemente el manejo de dinero en efectivo, regular la información que se da a los afiliados (para ampliarla, claro), facilitar la presentación de candidaturas internas alternativas, generar debates domésticos… todo ello desde el respeto a las diferentes ideologías, pero teniendo claro que si quieres jugar en democracia, has de hacerlo desde el principio.

Las Diputaciones, el Senado, los Ayuntamientos, los Partidos, los Sindicatos, incluso la moral… todo está en crisis y parece que hay que tirar con todo y empezar de cero. Pues yo no creo que tenga que ser así: estoy absolutamente convencido de que con reformar lo que hay y controlarlo mejor llegaría. Por el mundo adelante cosas como estas u otras similares funcionan razonablemente bien, no creo que aquí seamos necesariamente más tontos que el resto. Tampoco más listos.

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