martes, 26 de noviembre de 2013

Suicidios razonables

Hay sucesos terribles que tienen, paradójicamente, un componente de dulzura o de ternura difícil de entender para quienes nunca han reflexionado sobre el fin de nuestros días. El fin entendido individualmente, no me refiero a una catástrofe apocalíptica que se lleve por delante a la humanidad en su conjunto.

Una pareja de ancianos se suicidó en un hotel de París. Los encontraron juntos, tendidos en una cama del hotel donde se conocieron cuando eran jóvenes, cogidos de la mano, y habían dejado varias cartas explicando que lo hacían porque temían menos a la muerte que a la separación y a la dependencia. Tenían 86 años cada uno. Les comprendo, por aterradora que parezca la noticia.

Como saben, este año he tenido varias experiencias muy cercanas con el tema de la muerte, y me han hecho reflexionar aún más sobre esa cuestión, aunque aún me considero muy joven para darle vueltas a eso. Es difícil vivir bien, pero tan difícil o más es morir bien. 

El caso de mi abuela Emilia fue el más cercano. A pesar de que era una mujer llena de vida, tengo que reconocer que me preocupaba que lo llegara a pasar mal. Aunque les parezca increíble considero que tuvo la enorme suerte de morir sin esperarlo. Su marcha fue como era ella: serena, discreta y elegante. Se fue durmiendo tranquilamente la siesta y sin el más mínimo sufrimiento. Ya me gustaría a mí, y más si es a una edad avanzada como la suya (96 años).

La pareja de la noticia decidió consciente y libremente morir sosegadamente, juntos, enamorados y pacíficos. Si tienen ustedes a alguien en su vida quizás lo hayan pensado alguna vez, como lo he hecho yo en alguna ocasión: no sé si es más terrible verse solo tras una vida compartida o dejar sola a la otra persona. Cualquiera de las dos opciones produce una angustia, una congoja, que hace que se te salten las lágrimas sólo de pensarlo.

Desde ese punto de vista les diré que comprendo a estos ancianos. El fin de la vida es terrible, pero así es menos espantoso. Saber que puedes elegir el cuándo, el dónde y el cómo es un consuelo, frente a un panorama desolador que ofrece soledad, sufrimiento y separación.

Los hijos de la pareja afirman que hace años que tomaron esa decisión. Pues quizás sea hora de plantearse que es una opción para la que no hay que estar mal de la cabeza, sino justamente una opción tremenda para evitar una situación aún peor. Cuando leí la noticia me pareció triste, pero también muy dulce. Una historia de amor que duró hasta el último día.

¿Puede el suicidio ser una opción razonable? Quizás. Hay temas para los que no se puede tener una opinión cerrada hasta que llega el momento. Éste es uno de ellos.

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