viernes, 28 de febrero de 2020

Promesas, promesas, promesas...

Si no fuera por Forges...
Los “compromisos” son relativos cuando hablamos de dinero público. Pueden venir a prometer, anunciar y jurar ante los Santos Evangelios lo que quieran que no te puedes creer nada hasta que veas las máquinas trabajando. Ni siquiera se puede uno fiar del Boletín Oficial, que antes al menos era la prueba palpable de que se iba a gastar la pasta, porque con la táctica de meter un dinero en los presupuestos y no ejecutarlo nos siguen tomando el pelo. Por eso es tan importante aplaudir las obras cuando se ejecuten y no cuando nos dicen que las van a hacer. Lo primero es la realidad, lo segundo es campaña electoral.

En Lugo tenemo muchísimos ejemplos de todos los gustos y colores sobre cómo se cachondean del personal. En enero de 2007, por ejemplo, el entonces alcalde Orozco aseguraba que las obras del nuevo auditorio en San Fernando comenzarían en un plazo de dos meses y que no había paralización alguna. En la campaña electoral de 2009 Feijoo aseguraba que si el Estado no electrificaba la vía Orense-Lugo lo haría la Xunta si él era presidente… hay tantos ejemplos de todos los partidos que no sabe uno por dónde empezar y solo pongo estos dos como muestra llamativa.

Pero la ciudadanía olvida algunas de esas promesas, y se centra solo en la de sus “adversarios” o las de aquellos partidos políticos con los que no comulga, es algo más que chocante, es incluso preocupante.

Por ejemplo, no he visto que nadie recuerde en ninguna parte aquel anuncio de que el Ministerio de Cultura aportaría 3 millones de euros para el auditorio de Lugo. La promesa se hizo hace ya unos añitos, cuando iba a hacerse en San Fernando, pero entiendo que es aplicable para su nueva ubicación. Cuando hubo la polémica sobre quién pagaba el equipamiento del Auditorio, no recuerdo que ni la Xunta ni el Ayuntamiento pusieran sobre la mesa ese compromiso estatal, quizá porque o gobernaba Rajoy o lo hacía Sánchez y no era prudente comprometer a los “propios”. También callaron como momias el resto de grupos, quizá por desconocimiento o falta de recuerdo de aquella promesa, no tengo ni idea.

Lo que está claro es que al final aquí se usan los compromisos como armas arrojadizas, con una peculiar amnesia de los propios para exigir los ajenos. No se trata de que la palabra dada tenga un valor o un peso específico, no, sino de arañar un puñado de votos porque es lo único que realmente importa.

Y los lucenses, convidados de piedra a todo esto, tragamos. Seguimos tragando con todo porque quienes aseguran defender nuestros intereses desde la sociedad civil, natural contrapeso del poder político, están enfangados mayoritariamente en esa lucha porque responden ante quienes les pagan las subvenciones de las que viven, y así nos va.

Yo también he faltado a mi compromiso: en varias ocasiones les he dicho que intentaría ser positivo los viernes, pero me lo ponen muy difícil por no decir imposible.

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