viernes, 22 de junio de 2012

Banquetes sumergidos

Pues no, hoy no hablo del Arde Lucus. Si tal el lunes, según me levante (que será tarde porque ya me he pedido el día en el trabajo, que no sé yo cómo acabará esto). Hoy les voy a explicar un tema que lleva dando que hablar unas cuantas semanas. Verán, hay una campaña de inspección de trabajo que se está centrando en la hostelería, particularmente en los banquetes, a donde están acudiendo por sorpresa inspecciones para ver si todo el personal tiene la documentación en regla y están dados de alta en la Seguridad Social.

Camarero Como suele pasar en estos casos, hay una parte de la población que ve esto un ataque a un sector, pero hay que decir que yo, que por lazos familiares estoy muy vinculado a la hostelería, creo que ya era hora de que se cogiera el toro por los cuernos y se ponga coto a tanta cara dura que hay por ahí. Lo malo es que no lo hagan con todos los sectores, pero imagino que es cuestión de tiempo, que Roma no se construyó en un día.

Los hosteleros que cumplen con las normas laborales, que son la inmensa mayoría, ven cómo hay unos cuantos personajes que se dedican a coger gente sin ningún tipo de contrato para hacer “extras” durante los banquetes de los fines de semana. Por si no conocen cómo funciona el tema se lo explico: un extra es un camarero que sólo trabaja puntualmente un mediodía o una noche para un banquete. Suelen cobrar en torno a los 90 euros por sesión, aunque esta cifra varía muchísimo en función de si tiene que ir temprano para montar la mesa o no, su experiencia, lo cotizado que esté el profesional y, por supuesto, la reducción que la crisis puede haber causado en estas cifras. La relación laboral de estas personas con el empleador es puntual. Sólo se les llama cuando hacen falta, con lo que de lunes a viernes están en sus casas, o estudiando, o haciendo otro trabajo, y los viernes noche, sábados y domingos se sacan un dinerillo que en muchos casos es vital para llegar a fin de mes.

Nada que decir respecto a este esquema, aunque reconozco que me rechina un poco si es algo muy habitual. Quiero decir que hay muchos negocios que funcionan más en épocas puntuales y no por ello se les permite contratar por horas, pero bueno, esa es otra guerra.

El problema es que aunque vayan a trabajar cuatro horas es obligatorio, sólo faltaba, darlos de alta en la Seguridad Social… y muchos no lo hacen. Evidentemente es por ahorrarse un dinero en prestaciones, claro, pero también hay otros motivos: un exceso de papeleo para algo que se percibe como una cosa puntual (aunque insisto que la reincidencia hace que no sea tan puntual) y, en muchísimas ocasiones, que el propio interesado no quiere que le den de alta porque está cobrando prestaciones por desempleo o de otro tipo, o porque ya tiene un empleo semanal. Los hosteleros que tienen plantilla fija, que son casi todos los que no dan banquetes, ven cómo se le exige el cumplimiento de una larga serie de normas laborales que algunos de estos “grandes hosteleros” no cumplen. Y ahí interviene la Inspección.

Economia sumergida La guerra contra el fraude es defendida por casi todo el mundo… hasta que le toca la china, claro. Pero es de justicia. Si todo el mundo hace las cosas bien, si la economía sumergida sale a flote en la medida de lo humanamente posible, es obvio que habrá que presionar menos sobre la gente honrada, que les juro que alguna queda. De todas formas, antes de poner el grito en el cielo y decir que “vaya morro tienen algunos” piensen en la nueva norma sobre el personal doméstico. Ahora hay que asegurar al personal de casa, con lo que media España se ha convertido en empresaria. Y muchas personas empleadas de hogar no quieren que se les asegure, pero es lo que hay. Antes de ponernos locos a gritar a los que defraudan pensemos bien qué hacemos nosotros mismos y si alguna vez hemos pedido que “no necesito factura, no me cobres el IVA”. Que nos vamos conociendo…

No me entiendan mal ni tiren a la generalización. Conozco a grandes hosteleros de esta ciudad que dan banquetes desde hace muchos años y que aseguran a sus empleados. No es una condena indiscriminada. Yo me meto con el chorizo, me da igual que sea hostelero, político, panadero o guardia civil. Lo que estamos hablando es que se tiene que acabar la vista gorda en todo. Si todos cumplimos hay dos efectos beneficiosos: un incremento de la recaudación sobre quienes estaban distrayendo dinero de todos, y que se acabe esa sensación de que quien cumple la norma es idiota.

1 comentario:

  1. Vamos Luis levántate que ya es hora, queremos leer tu comentario del Arde Lucus

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