lunes, 5 de noviembre de 2018

Samhaín o Halloween... ¿A quién le importa?

¿De verdad una tradición necesita pedigrí para disfrutarla?

Si les soy sincero me chirría mucho que en España se celebre el Halloween, principalmente porque me parece una memez hacer aquí lo del “truco o trato” a menos que seas E.T. y tengas que salir a dar un paseo con una sábana que te disimule el alienismo (los que ya tienen una edad recordarán esa referencia, el resto, que vea la peli). Sin embargo, paradójicamente me vuelven loco las películas de Tim Burton (Pesadilla antes de Navidad es una obra de arte, sin ir más lejos) y el mundillo ambientado en esa peculiar tradición americana que nos meten con calzador a través de la globalización que el cine impone con arrollador éxito.

Alguno habrá saltado de la silla al leer lo de “tradición americana” porque, por supuesto, ya sabemos que bebe de una fuente europea, concretamente celta, que es el Samhaín. Vamos por partes porque esto es difícil de explicar.

Celebrar el Samhaín en España me parece estupendo, pero si lo que se hace es el Halloween me parece más discutible en principio. El matiz es saber qué demonios se celebra y las diferencias entre ambas cuestiones.

El Samhaín (o Samaín si quiren), término que viene del gaélico (“fin del verano”) es más difícil de encorsetar con una fiesta a celebrar hoy día. Su origen celta era el inicio del año, en la primera luna llena después de la última cosecha (los meses celtas siempre empezaban con la luna llena) y, como todas las celebraciones de cierta antigüedad está muy ligada a la supervivencia basada en la agricultura. A ver cómo meten eso en una fiesta comercial de hoy en día.

El Halloween, sin embargo, es algo más británico (luego exportado a Estados Unidos) y es la víspera de Todos los Santos, de ahí su nombre, una contracción de All Hallows (todos los santos) Eve (víspera). Los pobres salían ese día a pedir y se hacían pasteles especiales, lo que dio origen a lo del “truco o trato”, solo que la gente no iba disfrazada de Spiderman, eso fue una vulgarización estadounidense que, como todo lo que tocan, se convierte en una exageración.

Una vez tenemos esto claro vienen las confusiones. ¿Las calabazas son de Halloween o de Samaín? ¿Lo de vestirse de vampiro es nuestro o americano?... Pues qué quieren que les diga no tengo ni idea. Mi impresión es que lo nuestro es más espiritual, más relacionado con los difuntos y esas cosas, la Santa Compaña, las supersticiones gallegas... El nacionalismo nos pretende vender que de aquí salió todo, y me resulta chocante, como cuando oigo a los próceres catalanes decir que Cervantes era de Badalona o que inventaron la bombilla, exageraciones de autobombo que cuesta que alguien se trague.

Así que la cuestión es, ¿y si no está claro qué hacemos? ¿Nos resistimos con ese orgullo patrio que nos hace avergonzarnos de darnos los regalos en Navidad en vez de esperar a los Reyes Magos? ¿Nos dejamos llevar y nos ponemos a vaciar calabazas como enajenados y a disfrazarnos de brujas verdes y vampiros de cine de los años 40?...

Lugdunum, Trebas Galaicas, Mercenarios Galaicos y Clan de Breogán se unieron para organizar esta fantástica fiesta

Pues miren, cada uno que haga lo que le vengan en gana. El sábado en la Plaza de la Soledad las asociaciones Lugdunum, Trebas Galaicas, Mercenarios Galaicos y Clan de Breogán organizaron una actividad de lámparas de calabaza y pintado de caras que fue un éxito tremendo, con chocolatada incluida. ¿Quiénes somos nosotros para privar a los niños de una diversión como esa?

Digan a esos niños que no pueden pasarlo bien porque es "muy americano". Una chorrada.
Desde luego no seré yo quien les saque la ilusión, y si les digo la verdad tenía ganas de unirme y hacer mi lámpara-calabaza (no lo hice porque había mucha demanda y no era plan dejar a un crío sin la suya para hacer yo allí el indio). Así que no adornemos tradiciones que no tenemos, no exageremos su “nacionalidad”… pero tampoco nos cerremos en banda.

Si hay que pasarlo bien, ¿qué más da que sea una americanada que una tradición milenaria de los celtas? Mientras no nos hagan comulgar con ruedas de molino y sea una sana diversión, ya me dirán dónde está el problema.

Unos se lo pueden tomar como algo más místico, más ligado a la Iglesia, al cementerio y a recordar a nuestros difuntos. Otros pueden entenderlo como un Carnaval de Noviembre… ¿Quién tiene razón? Probablemente todos.

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