miércoles, 1 de abril de 2026

El clamor

Foto: El Progreso

No estoy de acuerdo con Elena Candia. No percibo un “clamor” para que se produzca una moción de censura que la haga alcaldesa. Sí creo que lo hay (y cada vez más) pidiendo un cambio, que en Lugo se hagan las cosas de otra manera lo que, tras tres alcaldes en dos años, parece que sólo se logrará con un cambio de gobierno y no sólo con la persona que lo encabeza porque tras tanta novedad todo sigue igual.

Sin embargo, el matiz está en cómo se haría ese cambio. Parece que un pueblo tan poco dado a las revoluciones como es el lucense apuesta por esperar a mayo del 27, no por un puñetazo en la mesa basado en que una persona abandona su grupo político.

Por supuesto las mociones de censura son una herramienta perfectamente válida, a pesar de que la parlamentaria y exalcaldesa de Lugo, Lara Méndez, pretenda denostarlas hablando de entrar “por la puerta de atrás”. No sé qué le parecerá a su jefe de filas, el presidente Pedro Sánchez, que una insigne socialista descalifique su entrada en el Gobierno de España de esa manera, pero eso pueden arreglarlo en la comisión de asuntos internos, ya saben, esa que funciona intermitentemente, según interese. Pero a lo que íbamos: aunque la herramienta es válida no pega nada con la calma y sosiego tan propia de los lucenses.

Motivos no sobran para pedir un cambio. Es difícil de rebatir que Lugo está hecho un trapo. Los baches ya son focanchas y las calles se rompen, tanto las viejas como las nuevas. Los servicios funcionan regular tirando a mal y las colas en el padrón son un síntoma de mala organización. Por si fuera poco con los líos del día a día, los concejales del gobierno se las apañan para provocar nuevos incendios y así complicar más aún la gestión de lo que ya de por sí no es sencillo, como el puteado Arde Lucus o la ignorada Plaza de Abastos, y se crean problemas nuevos como el del traslado de la estación de autobuses que ahora costará una millonada compensar con escaleras mecánicas, rampas móviles o ascensores que serían innecesarios si la hubieran dejado tranquila en su magnífica ubicación.

El clamor que detecta Elena Candia, que sí comparto que lo hay, es el del hartazgo de que se gaste el dinero en chorradas innecesarias, en las mal llamadas (y cerradas) Caldas o en convertir la vieja fábrica de la luz en un sitio para irse de vinos o, como dijo un señor en el debate de la semana pasada, hacer tortillas francesas, mientras para bajar al río nos ponen una rampa de madera que da incluso más vergüenza que risa, que ya es decir.

Muchos lucenses estamos hartos y queremos que esto se acabe, pero estamos dispuestos a esperar el natural devenir de las cosas, porque lo que necesitamos es claridad y contundencia de un electorado que es el único juez válido, y no un voto bailón, que, por legal y respetable que sea (que lo es) tampoco daría la estabilidad que pedimos y necesitamos.

Además, se dan por sentadas cosas que no son. Quien piense que el pase de María Reigosa a su actual condición de concejala no adscrita es un pistoletazo de salida para una moción de censura es que conoce muy poco a Reigosa, si bien yo tampoco la seguiría provocando a lo tonto, que la última vez que lo hicieron el resultado no fue muy allá. También hay que tener en cuenta que hay más opciones que la de su firma para que prospere el derribo, y más fáciles que conseguir dentro de alguno de los partidos del propio gobierno… Y hasta aquí puedo leer, que diría Mayra Gómez Kemp (cómo se nos notan los años…).

En todo caso esa maniobra sería, creo yo, un tiro en el pie para Elena Candia. Veamos por qué.

¿Qué tiene que ganar? Muy poco. Es mejor dejar que los actuales dirigentes se cuezan en su salsa. El gobierno estaba ya bajo mínimos mucho antes de que María les hiciera perder el rodillo que siempre han usado en los plenos, pero eso es la puntilla. La descomposición, sobre todo en la parte socialista, es evidente… aunque tampoco es ajena en el otro lado, donde hay cuchilladas, más discretas eso sí, pero puñaladas a fin de cuentas, para echar a Rubén y poner en su lugar a quien quiere mudarse de San Marcos a la Plaza de España. Pero como decía, se ve mejor en el PSOE, donde algunos de los pocos concejales que quedan no se hablan e incluso en el “núcleo duro” empieza a haber roces y recelos, probablemente fundados, de que a alguna persona se le ha subido el cargo a la cabeza y pretende sustituir a Miguel en el primer puesto de la candidatura para el año que viene.

¿Qué tiene que perder? Mucho, porque Elena no tendrá una segunda oportunidad si meten la pata, y el listón, por bajo que esté, sigue siendo alto al ser obligatoria una mayoría absoluta. Para lograrla, Candia necesitaría que en esos pocos meses que faltan hasta el inicio de la campaña electoral (que cada vez empieza antes) se demostrase que su entrada imprime al Ayuntamiento un giro tan grande, tan notorio, tan vistoso… que es prácticamente imposible llevarlo a cabo en ese breve plazo. También necesitaría un equipo de trabajo eficiente y bien preparado… que hoy en día no veo, aunque cuente con algunas piezas importantes de lo que podría venir. Todos tendrían que ser brillantes y no es el caso. Con que uno la fastidie en algo más o menos gordo, adiós… y eso casi se puede garantizar, lamentablemente.

El único argumento para que se presentase la moción de censura antes de las municipales podría ser que en mayo las cosas se pueden complicar más aún. Todavía no sabemos si se elegirán 25 o 27 concejales, ni si VOX se terminará de desintegrar a tiempo para no hacer su habitual función de apoyo a quienes dice querer vencer. Su papel se resume en quitarle votos al PP para que vuelva a gobernar un bipartito, como ocurrió hace tres años, o a espantar al electorado y movilizar a la izquierda porque “viene el lobo”.

Ciudadanos ya está liquidado, aunque su extinción puede modificar la ecuación de formas imprevistas, porque sus saldos de fin de temporada le pueden hacer un flaco favor al PSOE, ya que hay quien no vio con buenos ojos la maniobra de pasar de la crítica al servilismo más absoluto (nómina mediante, eso sí).

En resumen, no tengo la menor duda de que el clamor que detecta Elena existe, un clamor por el cambio en Lugo, pero por un cambio ordenado, tranquilo y sin sospechas y eso sólo puede venir de las urnas.

Falta saber si el interés por el cambio es “absoluto” o si simplemente será de esas cosas que se dicen en los bares pero que después permitirá que Lugo siga como hasta ahora, hundiéndose en “iniciativas pioneras” y caralladas varias.