| Un momento de la impecable actuación de la gala del sábado Foto: Instagram de canalarousa |
Los caprichos de la agenda hacen que el sábado coincidieran en Lugo dos galas: la entrega de los premios Maestro Mateo y la del 30 aniversario de la Asociación Down Lugo. A la primera, como es natural, no me invitaron y no puedo contarles nada que no hayan podido ver en la tele o en la prensa igual que yo, y aparentemente se puede resumir en una especie de carnaval de diseño súper ideal de la muerte… pero de la segunda sí les puedo contar, y todo es bueno.
Verán, estas galas bienintencionadas suelen ser un coñazo. Como representante de una asociación me suelen invitar a estos eventos que, francamente, no me suelen gustar porque habitualmente se trata de una sucesión de discursos aburridísimos, reiterativos y llenos de lugares comunes, donde la gente aplaude por compromiso y la tónica habitual es desear que se acabe.
Sin embargo, lo del sábado fue diferente, espectacular, perfecto y, sobre todo, emocionante. Bien es cierto que soy particularmente sensible con los colectivos con discapacidad, y siempre les hablo de las enormes virtudes de la gente de alguna de las entidades las que tengo mayor relación, pero hay que ser un trozo de madera para no haberse sensibilizado con lo que vivimos el sábado. Creo que desde el último concierto al que fui de Noemi Mazoy (casualmente a favor de ASPNAIS) no lloré tanto en un lugar público.
El acto se enfocó como si fuera la grabación de una película, homenajeando al cine, y de hecho a los invitados nos sentaron por secciones con nombres de salas de proyección históricas de Lugo. A mí me tocó en la zona del Kursal. Se iban presentando los diferentes actos como si fueran escenas de esa película, incluyendo proyecciones en pantalla, actuaciones en directo y sí, los consabidos y necesarios discursos de los representantes públicos que fueron lo único que sobró en la gala, porque ya sabes lo que van a decir antes de que abran la boca. Quizá sólo Javier Arias, el delegado de la Xunta, se salvaría de la quema porque rompió, literalmente, el discurso que llevaba preparado y habló en vez de leer, lo que se agradeció por parte de todos.
Pero a lo que iba. El espectáculo se desarrolló con números de baile, premios a Os Cachivaches (recogido por un conmovidísimo Álex Méndez) y la USC por su colaboración con la asociación, recitado de poesía, lectura de un manifiesto e incluso números musicales de Abraham Cupeiro, haciendo magia musical con su magnífico karnyx, y M.J. Pérez, que cantó “sólo pienso en ti”, emocionando a todo el que no tenga el corazón de piedra. Bailaron la Macarena, nos pusieron a todos en pie, y recitaron el famoso monólogo de Segismundo de La Vida es Sueño (Calderón de la Barca): “qué delito cometí contra vosotros naciendo”, que parecía escrito para la ocasión.
Me declaro totalmente incapaz de transmitirles lo que fue la gala. Lo emocionante de ver el afán de superación, de reivindicación y de valentía de las personas que la protagonizaron. Personalmente creo que el esfuerzo que hicieron es titánico porque yo mismo he vivido la presión e incluso la vergüenza de quedarse en blanco en una actuación (y más de una vez, que en el Senado del Arde Lucus ya se cachondean de mí por eso) y sé lo duro que es enfrentarse a un auditorio. No lo hicieron bien, lo hicieron impecablemente. Fue perfecto. La sincronización, con una precisión suiza, la elegancia de los movimientos, el contenido de las palabras… todo fue hermoso y conmovedor.
El mayor signo de que estas cosas van bien es que se nos pasó el tiempo como por ensalmo. Cuando nos dimos cuenta la gala había terminado y llegó el momento del largo, larguísimo aplauso a los protagonistas y a la coordinadora de todo, la directora de Palimoco Teatro, Paloma Lugilde, que a pesar de su gran experiencia sobre el escenario sigue llevando fatal que le den las gracias en público y se muere de vergüenza, pero que lo tendrá que aprender a llevar porque es magnífica y el agradecimiento es lo menos que se merece.
Quiero felicitar a María José Blanco, presidenta de Down Lugo, y a Delfina Pérez, su gerente, a toda la directiva, el personal, las familias… y sobre todo y ante todo a las personas con síndrome de Down que el sábado nos demostraron lo que supone el esfuerzo y el afán de superación.
Fue un auténtico privilegio poder asistir y tras el acto nos quedamos comentando el tema y todos coincidíamos en lo mismo, lo diferente y perfecto de la gala.
¡Muchísimas gracias, de corazón!
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