viernes, 13 de marzo de 2026

La (desastrosa, penosa, nefasta) ordenanza de la ZBE - I

La calle del Teatro, "peatonal" según el Ayuntamiento...
Foto: El Progreso

La ordenanza de la Zona de Bajas Emisiones, aprobada en diciembre de 2025, es un desastre. Sin paliativos. No se trata de que tenga un detalle o dos mal planteados, es que directamente no hay por dónde cogerla. Lugo Monumental, la asociación que tengo el honor de presidir, ha presentado alegaciones para pedir que se retire o, en caso de que no acepten esto (que no lo aceptarán porque son incapaces de reconocer un error, por manifiesto que sea) que se revise entera porque de verdad, da vergüenza leer una ordenanza tan caótica, mal redactada, contradictoria y que incluye previsiones de dudosa legalidad.

Sé que soy habitualmente crítico y que alguno pensará “¡ya está éste…!”, pero les invito a leer el bodrio que han aprobado y después me cuentan qué les ha parecido, porque si son mínimamente objetivos creo que compartirán este análisis tan aparentemente tajante.

Como el tema tiene cierta enjundia voy a dividirlo por grupos, que así es más llevadero. Hoy les hablaré sólo de dos cosillas: la necesidad o no de la ordenanza y su mala, malísima, pésima redacción que si yo fuera jurista del ayuntamiento me avergonzaría firmar.

La ordenanza es confusa, utiliza terminología cambiante y hace una farragosa maraña intencionada con remisión a otros documentos para confundir al inocente ciudadano que pretenda saber cuáles son y cuáles no sus obligaciones. Supongo que lo han hecho para desanimar a cualquiera a intentar aclararse, pero eso se traducirá en una muy borrosa ejecución de la norma, en el mejor de los casos, y ya sabemos para qué vale eso, para sancionar o no al ciudadano según interese.

Una de las cuestiones más llamativas es la delegación de competencias encubierta que se hace en el Alcalde. Una ordenanza, por definición, es una normativa que aprueba el Pleno en uso de su competencia regulatoria y, aunque puede haber delegaciones, éstas están tasadas para no vaciar de contenido al máximo órgano municipal. Lo contrario sería crear una mini-dictadura, que es lo que se hace en este caso al permitir que un decreto de alcaldía modifique toda la ordenanza salvo el anexo I, que simplemente dice que el área de la ZBE es el recinto amurallado.

Todo lo demás, las sanciones, las infracciones, los procedimientos… todo lo puede modificar el Alcalde cuando le salga del bastón de mando, sin consultar a nada ni a nadie. Incluso los documentos técnicos “por coherencia”. Vamos, un pormishuevismo de manual, porque ni siquiera se le obliga a pedir nuevos documentos técnicos, los puede cambiar él porque sí. Con la gran preparación que caracteriza a nuestros líderes… ¿qué puede salir mal?

Tan sólo este último sería un motivo más que suficiente para tumbar la ordenanza en un juzgado, pero confiemos en que reparen el tamaño desatino antes de que la cosa llegue a tanto. No quiero exagerar, pero la única norma que conozco que sea comparable a esto en el sentido que les cuento son las “leyes habilitantes” que aprobaron en Alemania en los años 30 para dar el poder absoluto al gobierno de Reich en detrimento del Parlamento alemán. Ya saben de quién les hablo. Obviamente el trasfondo no es el mismo, pero la herramienta sí.

Más allá de esta cuestión, que es fundamental, está la de la nefasta redacción, que merecería un suspenso rotundo en cualquier facultad de derecho. Que un artículo de la ordenanza hable de las competencias para aprobarla es un desatino de tal calibre que revela la nula preparación de quien la redactó. Eso va en la exposición de motivos, de toda la vida. Sé que es un tecnicismo, pero muy revelador del nivel de chapuza jurídica del texto.

Dejo para el final el principal escollo para aceptar esta norma: que disfraza de obligatorio lo que no lo es.

Verán, declarar una ZBE en Lugo es forzoso por normativa europea y nacional… pero en esta ciudad ya cumplíamos los niveles permitidos de contaminación ambiental (somos una ciudad razonablemente limpia) por lo que no era necesario hacer nada más: ninguna obra, ni restricción, ni cambio de ninguna clase. En Ponferrada, por ejemplo, han aprobado una ZBE “sin restricciones” y tan ricamente.

Pero el Gobierno ha intentado camuflar sus decisiones de peatonalizar como si fueran una obligación legal de la ZBE y eso es, directamente, falso. Con el desastre que hicieron lo que quieren es que la gente se trague que estaban obligados, y no, no es cierto. Mentir está feo, y hacerlo en una ordenanza es peor aún.

No me entiendan mal, me parece estupendo peatonalizar, pero siempre que se haga con sentido común. Decir que Teatro es peatonal es como llamar jirafa a un león. El nombre no estira el cuello del animal, ni convierte peatonal a una calle que, obviamente, no lo es.

Aquí se usan intencionadamente los párrafos de la ordenanza para dar una sensación de obligatoriedad a lo que fue una mala decisión, que conllevó una pésima redacción de proyectos a toda prisa y una nefasta ejecución de los trabajos. La táctica es sencilla: la culpa siempre es de otros.

Así no se hacen las cosas y mucho menos las normas que todos hemos de cumplir.

Seguiremos con el tema.

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