| Uno de los escasos trenes que pasan por Lugo. Foto: La Voz de Galicia |
A veces, si no nos toman el pelo intencionadamente, lo parece.
Que nada menos que el presidente de Renfe, el Delegado del Gobierno de Galicia y el Alcalde de Lugo den una rueda de prensa conjunta para anunciar que un tren adelante su recorrido 6 horas suena a película de Berlanga.
Está claro que una buena puesta en escena justifica casi cualquier cosa y que la prensa, y sé que me arriesgo al criticar al mal llamado cuarto poder (porque es el primero), traga con una ausencia de espíritu crítico que a los periodistas de raza les tiene que revolver el estómago. Pero no hay más que ver los titulares triunfalistas y positivos de esta noticia, que en resumen supone que el tren de las 11 de la mañana se adelanta a las 5:18 de la mañana para poder llegar pronto a Madrid. Ni siquiera es una línea adicional, es que cambian la hora, sin más.
Nueve meses de intensas negociaciones, viajes a Madrid, reuniones, notas de prensa, fotos, anuncios grandilocuentes de que se iba a “pelear” contra todo y contra todos, para cambiar un tren de horario.
No me entiendan mal, me parece una buena decisión. No porque el tren sea más cómodo en plena madrugada, sino porque permite enlazar con otros servicios y, en la mañana, llegar a Málaga o a otros lugares porque una vez estás en Madrid puedes hacer trasbordo (aunque tienes que darte prisa porque llegamos a Chamartín y los otros salen de Atocha). Es un avance, claro que sí, pero un avance realmente anecdótico.
La obsesión con el tren a Madrid es algo que me cuesta trabajo entender. Ni que fuéramos allí lunes, miércoles y viernes.
Mientras nos distraen con eso, nos hace olvidar que seguimos tardando dos horas en llegar a Coruña en tren, tres a Santiago y cuatro en ir a Vigo (con trasbordo en estos dos últimos casos, por supuesto). Pero ni siquiera esto es lo fundamental.
Lugo es una ciudad no muy grande pero con un área de influencia bastante importante, y la gente que vive en Rábade, Sarria, Fonsagrada o Monforte no puede venir a trabajar en tren y volver a su casa en horarios razonables. No tenemos un servicio ferroviario decente que nos conecte con nuestro entorno más inmediato y que permita prescindir del coche, como hacen en la mayoría de la Europa civilizada, y también en la Galicia atlántica.
Vemos el tren como una cosa ocasional, para ir de viaje a pasar el fin de semana al quinto pino o para una visita puntual, pero no como un medio de transporte habitual y ese es precisamente el problema.
Tras gastarse cincuenta millones de euros en una estación intermodal que no intermodaliza nada porque no hay nada que intermodalizar, ahora nos vienen con esto como si fuera la caída del Muro de Berlín. ¡Paren las rotativas! ¡En Lugo adelantan un tren seis horas!
Y hay quien compra esto y aplaude con las orejas.
Tenemos lo que nos merecemos.
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