| El tramo de Muralla donde ocurrió la desgracia y un fotograma del vídeo con la mujer intentado no caerse. |
La muerte de una mujer, que se cayó de la Muralla de Lugo hace unos días, sacude conciencias y nos hace reflexionar sobre la sociedad que estamos construyendo entre todos. Sí, entre todos, no crean que por rasgarnos las vestiduras y decir “yo la habría ayudado” tenemos menos responsabilidad colectiva en esto. Habría que haber estado allí para saber qué habríamos hecho realmente.
Por si no conocen la situación, aunque lo dudo porque no se habla de nada que no sea esto y la moción de censura, fue la siguiente: circula un vídeo en que se ve que una mujer, por razones que desconocemos, está descolgada de la Muralla de Lugo intentando agarrarse como puede y que, finalmente, no consigue sujetarse y se precipita al suelo. El núcleo de la polémica surge del hecho de que se ve a un montón de gente mirando, algunos incluso riéndose y grabando con sus móviles en lugar de intentar ayudarle.
La crítica es tan sencilla como demoledora. ¿Qué clase de personas pueden estar viendo esto y cachondeándose de la situación en lugar de intentar ayudar a la buena señora? ¿Hasta qué punto nos hemos deshumanizado tanto que ni siquiera somos capaces de acercarnos y, entre un grupo, echar una mano a alguien en un apuro?
No seré yo quien defienda la inacción en esto, aunque sí he de decirles que creo que hay un problema de percepción: no creo que la gente que estaba allí se imaginase que había un riesgo de muerte. Desde la barrera todos somos Manolete, y nos gusta mucho el “yo habría…” a toro pasado. De hecho, aunque la altura no es poca (unos 3 o 4 metros diría yo) a la vista tampoco parece mortal de necesidad y de hecho si esta persona no hubiera tenido la mala suerte de voltearse al caer probablemente el tema se habría saldado con un coscorrón o una pierna rota, pero, para su desgracia, no fue así y se pegó un golpe grave por el que falleció antes de llegar al hospital.
A esa probable falta de percepción de riesgo de muerte hay que añadir que cuando hay mucha gente viendo algo como esto es menos probable que alguien ayude. Es un efecto psicológico real y medido, por contradictorio que pueda parecer. La situación se convierte en un espectáculo y todos piensan “si no se mueven todos para echar una mano es que no es para tanto”, por lo que la masa borrega en que nos hemos convertido opta por no hacer nada con un resultado trágico en este caso. Quizá si en vez de tanta gente hubiera tres o cuatro personas no estaríamos hablando de esto.
La cuestión es si eso justifica el pasotismo colectivo. En el vídeo se ven un par de meritorias personas con los brazos en alto, intentando ayudar a la mujer, pero el resto pasa de todo. Bueno, no, aún peor: se ríen. Si en vez de esta actitud se hubiera juntado toda esa gente bajo el adarve de la Muralla y hubieran levantado sus brazos habrían salvado a la mujer.
No me atrevo a decir lo que habría hecho yo, porque hay que estar en el momento y el lugar. Quiero pensar que habría reaccionado de otra forma, pero no estoy seguro. Todos vemos ocasionalmente situaciones en que piensas “mira ese, se va a matar”… y no hacemos nada.
Cuando nos adelanta un Fittipaldi en la autovía no llamamos inmediatamente a la guardia civil para denunciarlo, aunque en el fondo seamos conscientes de que a lo mejor en la siguiente curva se mata o, lo que es peor, se lleva a alguien por delante. No subimos a la Muralla a reñira a alguien si le vemos caminando por el murete (y no es infrecuente) ni tampoco avisamos inmediatamente a los socorristas si vemos a alguien acercándose a las rocas en la playa, ni denunciamos a inspección de trabajo si al pasar por delante de una obra nos fijamos en que un albañil no lleva el arnés de seguridad. Sacudimos la cabeza y pensamos “hay que estar loco”… y seguimos andando. No queremos problemas, nos gusta la comodidad de nuestras vidas y tampoco somos los policías del mundo.
No justifico la actitud de los mirones y mucho menos sus risas, pero cuando condenemos su actitud pensemos si realmente en nuestro día a día nosotros hacemos otra cosa. Quizá, si somos sinceros, no nos guste la respuesta.
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