| Los personajes de Aquí no hay quien viva se han convertido ya en parte de la iconografía popular |
La vida está llena de responsabilidades. Los estudios, la familia, el trabajo, la hipoteca, las facturas… A mayores están aquellas en que nos metemos voluntariamente como las actividades que hacemos, asociaciones, grupos, aficiones… y ya no les cuento nada de las personas que deciden meterse en política o similares asuntos, que les ponen bajo el foco de la opinión pública y son convertidos en diana del odio de gente que no tiene más que hacer que sentarse tras un teclado, amparados por el supuesto anonimato que da un perfil troll, para vomitar su odio y su rencor.
Pero todo esto palidece ante la más terrible, la mayor, la más difícil responsabilidad que a uno le puede caer encima y que, desde ayer, me ha tocado a mí: ser presidente de tu comunidad de propietarios. Si piensan que Elena Candia tiene una tarea complicada en el próximo año, no es nada comparado con lo que me ha caído a mí.
Las series como Aquí no hay quien viva y La que se avecina (primas hermanas, por otro lado), ridiculizan la convivencia vecinal… y la retratan más que acertadamente. Como en otras ficciones tipo Torrente o las comedias de los Monty Python, la realidad ha superado ampliamente lo que hace no mucho eran desvaríos que nos hacían reír. Hoy ya no nos reímos, lamentablemente.
Mi edificio es pequeño. Somos tan sólo seis vecinos, pero cada reunión es un desafío al temple de todos nosotros, principalmente porque nos ha tocado una versión gañana (si es que es posible) de Antonio Recio.
Cuando una de las viviendas se vendió y la compró una chica muy maja que vino a saludarnos a todos, le pusimos en antecedentes para que no se asustase cuando conociera a nuestro particular Rancio. Pensó que exagerábamos… y después vio que nos quedábamos cortos. De hecho, esta misma persona, por avatares de la vida ajenos a este asunto, vendió la vivienda y las nuevas propietarias fueron advertidas por ella de la situación. Ayer, en nuestra primera reunión con “las nuevas” vieron que la cosa era escandalosamente cierta.
Pero es lo que hay. Todos somos especialitos en algún momento de nuestra vida y toca convivir como buenamente se pueda. Intentar responder con sonrisas a las provocaciones, con educación a los insultos, con argumentos a la cerrazón. Es complicado y en ocasiones hay que reconocer que no tenemos la paciencia necesaria, sobre todo si, como es el caso, te mentan a la madre en una reunión. Literalmente.
Santiago Segura optó por un policía para encabezar su sátira sobre España, pero también podía haber optado por el vecino tocahuevos que todos tenemos y cuya única virtud es que nos une a todos en su contra, así que en el fondo sí “hace piña”.
Deséenme suerte porque éste es uno de los más grandes retos a que se puede enfrentar alguien.
Pues menos mal que en esa comunidad de vecinos en los últimos años las derramas no suman más de medio millón de euros …
ResponderEliminarEse es mi caso. Cuando hay junta de vecinos, el ambiente es "interesante", en el sentido de un conocido proverbio chino.