Que la mala pata es seña de identidad del gobierno local en este mandato es cosa sabida. La cadena de desgracias y mala suerte, en algunos casos más graves que en otros como es evidente, ha sido la tónica que marca el devenir del día a día municipal.
Pero como en muchas cosas en la vida, y sin negar la influencia de la suerte, también se pueden comprar papeletas para que ésta se decante en uno u otro sentido. Por ejemplo, baste ver el vídeo del tenso, bronco y desagradable Pleno del pasado jueves, en que el concejal de urbanismo Jorge Bustos, afirmaba categóricamente que los accidentes de la calle Quiroga Ballesteros no eran para tanto y que “sólo” hay 40 denuncias… para que al día siguiente se les escoñase otra persona y las ambulancias volvieran a ser necesarias. Lo dicho, hasta en eso les persigue la mala pata. A la persona que se escoñó, más aún, claro.
Sentarse en un Pleno a afirmar con toda firmeza que la cosa no es para tanto es buscarse un titular en poco tiempo. Ese karma del que tanto hablan los trolls y que disimula (o lo intenta, con escaso éxito) deseos de muerte para los rivales ha tardado muy poquito en pasarle la factura al concejal, que ha visto cómo la realidad desdecía en tiempo récord sus palabras. Una dura realidad, tan dura como el suelo de piedra que han puesto (mal) en todo el centro.
En algo sí tiene razón Bustos: hay pocas denuncias (y miren que se avisó). La gente es muy reacia a tramitar una queja formal por muchos motivos, que van desde la pereza hasta que les preocupe que parezca que quieren dinero, o incluso que les da vergüenza su propia caída y prefieren seguir adelante sin meter a terceros. Pero las caídas existen, ¡vaya si existen!
Hace algún tiempo se había publicado que había más de 125 partes policiales, que tampoco son reflejo absoluto de la realidad porque en muchas ocasiones tampoco se llama a la policía, pero ya es más del triple de las que aseguraba Bustos. Salvo que las trituradoras funcionen también en esto a buen ritmo, quizás en unos días sepamos la verdad.
En todo caso negar un problema o minimizarlo es una táctica peligrosa, sobre todo en un tema que no hay que ser muy espabilado para comprobar “in situ”. Si se toman un café en una de las terrazas de Quiroga Ballesteros casi les puedo garantizar que verán una caída.
¿Exageración? Bueno, he metido un “casi”, pero si les sirve de algo lo mismo me decía un equipo de la TVG que hace un año casi exacto (fue el 11 de mayo de 2025) me llamó para hacer un reportaje sobre este tema y, justo cuando me estaban entrevistando, casi se esnafra un señor en directo.
A micrófono cerrado y cámara apagada les explicaba que era el pan nuestro de cada día, a lo que respondieron con razonable incredulidad (a mí también me costaría creerlo) pero justo cuando el cámara estaba terminando la frase “hombre, no será para tanto”… se pegó un bofetón de campeonato una buena señora que no sólo dio con sus huesos en el suelo sino que se rompió un diente. Esa sí es una de las 40 denuncias porque me aseguré yo de que llamase a la policía e hiciese un parte de lesiones. Me veía venir que usarían el número de denuncias como si fueran los Santos Evangelios.
El primer paso para solventar un problema es tenerlo presente. Si lo negamos públicamente o reducimos su importancia vamos a actuar sobre ese supuesto de “no pasa nada”. El rollo “fake news”, “fango” y demás puede ser una útil táctica política, pero desde luego es un disparate desde el punto de vista ejecutivo.
Y si nos mienten o se mienten a sí mismos con esto, tan obvio, tan evidente, tan pedestre, tan del día a día… ¿cómo vamos a fiarnos en temas que no vemos en primera persona?
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