Estos días están siendo convulsos tanto literal (a los temblores de tierra me remito) como metafóricamente. No tengo intención de seguir hablando toda la semana de la anunciada y, si nada cambia, previsible moción de censura, que por interesante que sea el tema ya empieza a cansar, pero sí que es normal, creo yo, hacer una valoración de lo que ha pasado en estas últimas jornadas, con una considerable manifestación incluida.
En primer lugar, he de decirles que comprendo el shock, la rabia, el desconsuelo e incluso la sensación de impotencia que sienten cargos, asesores, afiliados, allegados, votantes, simpatizantes y periodistas afines al bipartito. Incluso personas ajenas a esos partidos que se hayan creído el discurso que están lanzando, y que es un punto de vista tan válido como cualquier otro. Es totalmente natural que tengan la sensación de que les “roban” el gobierno, igual que la tenían los del otro lado cuando veían cómo llegaba a la alcaldía quien tenía 4 concejales menos que ellos y tomaban decisiones, que nos obligan a todos, un grupo de 5 concejales de 25. Son las normas del juego tanto para los unos como para los otros, y si aceptas lo primero, aceptas lo segundo, no hay mucho más que decir sobre eso.
La manifestación que se convocó para el viernes fue mayor de lo que me esperaba en esta ciudad de pasotas que somos. No me arriesgo a avalar una cifra que, según los medios, va desde 1000 a 2500 personas. La organización habla de 6500 pero recuerden que son los que decían que al Arde Lucus venían 600.000 personas. Lo de contar no se les da bien.
También es cierto que sería triste que entre los dos partidos no consiguieran llenar la parte de arriba de la Plaza de España como hicieron. Influye, por supuesto, que muchos participantes se lo tomaron como un día de excursión a Lugo ya que en redes podíamos ver varias publicaciones de las agrupaciones de Coruña, Chantada o Barreiros que venían a “apoyar a sus camaradas”, por lo que estoy seguro de que no estaban todos los que son… pero más seguro aún de que tampoco son todos los que estaban.
El caso de Coruña tiene su chiste, porque su líder de expedición, Inés Rey, es la única alcaldesa de España condenada en firme por el Constitucional por transfuguismo. Se ve que es de los de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. También es curioso saber que la ley prohibía el transfuguismo, y que fue un recurso del PSOE el que llevó este tema al Constitucional y logró que se anulase esa disposición. Ya ven que les parece inmoral sólo cuando les toca a ellos.
A pesar de entender perfectamente el desasosiego y la rabia creo que se están pasando de frenada y que eso se les puede volver en contra porque han abandonado la cara de buenos que tan favorable resultado les daba. Acusar de delitos de corrupción, compra de voluntades, prácticas mafiosas y demás lindezas a quien lleva a cabo una maniobra perfectamente legal es de dudoso gusto e incluso me atrevería a decir que si fuera al revés lo estarían calificando como un delito de “hodio”, con investigaciones de fiscalía incluidas.
Que María Reigosa y Elena Candia particularmente estén recibiendo insultos y amenazas de todo tipo es intolerable. Se ve que la tesis de ciertos “feministas” de carnet es que a una mujer no se le puede faltar al respeto… salvo que sea por temas políticos, que entonces se le puede decir la mayor barrabasada que se te pase por la cabeza sin que seas un machista, ni siquiera una mala persona, porque estás “del lado correcto de la historia”.
El otro día quedé para tomar un café con una amiga que es concejal del PP. Cuando nos vimos tenía la cara desencajada, y no entendí el motivo hasta que me dijo que un tipo de unos 35 años (vamos, que no era un chavalito) le soltó un “estarás orgullosa, ¡puta!” que la descolocó. No es para menos. A la hija de María Reigosa la mamá de una compañera de estudios le llamó la atención por “lo que está haciendo su madre”.
¿De verdad? ¿Vamos a normalizar el acoso, el insulto y la amenaza porque es “políticamente conveniente”? ¿Les parece bien que por una decisión política haya quien puede que necesite escolta? ¿Aquí no hay condenas públicas? No, no toca.
Bien es cierto que desde que los propios líderes políticos han abierto la veda con sus barbaridades, sus acusaciones de corrupción o de compra, sus referencias a “tres ataúdes” (eso sí es usar a los muertos, literalmente hablando), y otros disparates poco podemos esperar de quienes les siguen, que ven en los discursos de los líderes socialistas y nacionalistas la guía del autoestopista galáctico y la siguen hacia el infinito.
No dejan fuera ni a las instituciones. Se supone que deben ser neutrales políticamente, al menos esa es la idea general. O lo era. Si teníamos dudas sobre la filiación de algunas como el Eixo Atlántico, basta con leer la entrevista que se publica hoy en El Progreso a su secretario, un tal Xoán Vázquez Mao, que no deja la menor duda sobre el pie del que cojean tanto él como la propia organización. Eso sí, después se queja amargamente de que los ayuntamientos regidos por el PP no quieren formar parte de la organización, como extrañado y todo.
Están creando una crispación totalmente desaforada, vertiendo un odio que, si el karma existe realmente, se les va a volver en contra, así que yo les recomendaría muchas tilas y, si ven que no llega, acudir a un especialista para digerir el trauma, y lo digo totalmente en serio. Leyendo lo que se lee, hay quien necesita ayuda. Y no poca.
Estimado Luís;
ResponderEliminarAdmito que o argumento de "Dura lex, sed lex" é inapelable; pero os ánimos revoltos e as manifestacións de inquedanza, cabreo e outras entendo que non falan de lei senón de moral... e ahí hai tema para falar de todos.
O transfuguismo pode ser legal, xa que legalmente o posto de concellal é persoal e cada un fai con el o que lle peta, de xeito que pode votar en conciencia, cambiar de bando, etc.
Máis dado que se chega ó postol nun sistema de eleccións nas que se escolle partidos e non persoas o transfuguismo é contrario á moralidade en tanto que, no contrato tácito que son as eleccións ,o votante agarda que o seu voto quede no partido ó que llo otorgou (por moi mal avenidos que poidan ser os seus membros).
E outra cousa é a ética da persoa, que pode entender que no partido a escolleron para facer unha determinada cousa e na realidade ou lle piden algo distinto ou non lle deixan ou o que sexa; nese caso pode optar por votar en conciencia ou abandoar. Se vota en conciencia, en contra do partido que a acolle pode ser aceptado moralmente (pola sociedade) cando se explica ben ("os principios deste partido din A, eu voto A, aínda que os mues compañeiros agora voten B"). Se abandoa, tamén é aceptable socialmente en tanto que un marcha porque non lle deixan facer; en Lugo temos relativamente recente o caso de Miguel Couto, que creo que gañou respecto pola súa decisión de deixalo cando Lara o torpedeou.
E se abandoa (ou morre, como desgraciadamente pasou tres veces nesta lexislatura) a lista corre, dentro do partido que escollera ó dimisionario; porque lembremos que se escollen partidos, non persoas ("Dura lex, sed lex" tamén); de xeito que un tránsfuga que abandoe deixalle sitio a un concellal do partido que abandoou.
Ese mesmo tipo de razoamentos pódenselle aplicar á xente que se cabrea e ameaza; pero nese caso entendo que o cabreo e as manifestacións son lexítimos (alguén vai contra a moralidade e a confianza ca que votaron), ó igual que o é o transfuguismo ("o xa mencionado "Dura lex, sed lex") pero ninguén pode xustificar as ameazas, que tamén son inmorais e ademais van contra a lei.
E para rematar, esa crispación, como lle comentaba a semana pasada, interesalle ós políticos porque os que rematan decidindo as eleccións son un grupo de homes moi cabreados. Pero como sociedade (o moral) interésanos que esa crispación diminúa e se fale de proxectos para a cidade máis que de persoas.