| Fragmento del vídeo del discurso del Rey Melchor |
Probablemente les ha pasado lo que a algunos sacerdotes en los funerales concurridos, que para una vez que ven la iglesia llena se vienen arriba y en lugar de consolar a los allegados al difunto se centran en hacer apología de su causa y a amenazar a los atónitos presentes con que solo bajo la única y verdadera religión podrán salvar sus almas de la condenación eterna.
Era un día para los niños, una actividad para los niños y tendría que haber sido un discurso para los niños. No era ni el momento ni el lugar de ponerse a hablar del Museo de la Romanización, de la Intermodal, el Auditorio, del AVE y mucho menos del Garañón o de las elecciones municipales, temas tan ajenos al interés de los más pequeños como la física de partículas o la receta del bacalao a la bilbaína.
También es cierto que los adultos no estuvieron acertados poniéndose a silbar y gritar a un Rey Mago en presencia de los niños. Ya estamos en un mundo descreído en que los infantes saben a veces demasiado porque acceden a Internet con pasmosa facilidad, pero pocas cosas tienen que poner más a prueba la fe que les quede en la mágica existencia de estos entrañables personajes que ver a sus padres gritar iracundos a Melchor o que se los lleven de allí con un cabreo monumental.
Artículo publicado en La Voz de Galicia del 7 de enero de 2019






