Verán, mis abuelos construyeron, trabajando, una preciosa casa en Miño para ir en verano. De aquella, antes de la A8, era una de las playas más populares para los lucenses porque se llegaba antes allí que a la costa de Lugo. Cuando fallecieron quedó para sus hijas que, como veían que compartir su uso iba a ser un problema, decidieron ponerla en alquiler.
Hubo dos inquilinos. El primero era “perfecto”: funcionario de alto nivel, recién casado, con un bebé, iba a vivir allí con sus padres. Todo precioso. Se firmó el contrato y se hizo un seguro de impagos por si las moscas, al que la compañía puso una alfombra roja por las características del inquilino. Pasaron los meses y todo iba de fábula. La renta se ingresaba puntualmente en el banco y no tuvimos noticia de ningún problema.
Paseando un día por Coruña me encontré con un conocido de una casa vecina y nos paramos a hablar, y en la conversación me dijo: “¡qué pena que hayáis vendido la casa!, con lo buenos vecinos que siempre fuisteis”. Le respondí que no la habían vendido, que estaba alquilada, y me miró raro. “¿Pero tú sabes lo que tenéis allí?... ¡Una casa de putas!” (conservo la literalidad que registró mi memoria).
Primero pensé que se refería a que eran vecinos ruidosos o molestos, pero me aclaró que no, que literalmente me estaba diciendo que había un lupanar en la casa. Reconozco que pensé mal de la persona que me lo dijo, porque la mujer del que firmó el contrato era extranjera y me lo debió de notar en la cara porque también me especificó que no se refería a eso sino a que había prostitutas en la casa. Quise seguir dudando (me costó mucho aceptarlo) y le dije que si querían llevar chicas a la casa no era cosa nuestra. “No, Luis, no, no van de visita, trabajan allí”.
La realidad se impuso. Nos enteramos de que no sólo nos montó un prostíbulo en la casa de mis abuelos, sino que además convirtió el garaje en un apartamento totalmente ilegal, así que nos pusimos en marcha: le enviamos una comunicación diciéndole que o legalizaba esas obras (lo que dudábamos viable por las características del “apartamento”) o tenía de dejarlo como estaba… y que no podía ejercer actividades económicas en la casa y mucho menos ilegales.
Su respuesta fue dejar de pagar la renta, con lo que se activó el seguro y la compañía se encargó de ir al juzgado y pedir el desahucio, que se logró unos meses más tarde. Con bastante celeridad, he de decir, pero es que el caso era bastante obvio visto lo visto.
Cuando entramos en la casa el panorama era para echarse a llorar. Los suelos de madera pintados de oscuro, muebles destrozados, las paredes con humedades en una casa que jamás las tuvo (ni siquiera pasando los inviernos cerrada, no quiero ni imaginar cómo pudieron salir), las habitaciones con cerradura y numeradas, la cocina con carteles en las puertas pegados... Costó un trabajo tremendo devolver la casa a su estado y obviamente la indemnización del seguro no llegó para cubrir los gastos.
¿De verdad creen que generalizar “ni un desahucio más” es razonable? Si en vez de ser un funcionario de alto nivel (y para mayor fantasía relacionado con la seguridad) el inquilino fuera una persona mayor e hiciera exactamente lo mismo ¿nos veríamos con un problema añadido? No tengo la menor duda.
La casa, como es natural, se vendió. La vida ya tiene bastantes problemas como para buscarte otros nuevos pero ya ven, un inmueble menos en alquiler, como los miles que estos dos últimos días se dieron de baja en los portales inmobiliarios por el justificado y razonable miedo que tienen los propietarios.
Y si la oferta baja, los precios suben. Alguien debería explicar un principio tan básico de la economía a los que redactan normas a lo loco.
Verán, esto no pretende decir que los inquilinos sean "los malos" y los propietarios "los buenos", ni viceversa como nos quieren vender ahora. Hay de todo en todas partes, y la ley tiene que ser justa, no dar por sentado que quien alquila es un cabrón con pintas o que el inquilino es un aprovechado que va a dejar de pagar si le dan la excusa. No hay colectivos buenos ni malos, hay gente decente y desgraciados en todos ellos. Ni más, ni menos.
No se dejen engañar ni polarizar.