lunes, 19 de octubre de 2026

...y la Catedral de Mondoñedo latió

Abraham Cupeiro, un músico único y diferente. Foto: El Progreso

Con la de fiestas de las que les hablo en este blog de vez en cuando es curioso que, realmente, no sea yo una persona particularmente “festeira”. Más bien al revés. Me incomodan las multitudes, me agobian los empujones y soy más de un café tranquilo en una terraza solitaria que de agolparme frente a un escenario a escuchar música a un volumen excesivo.

Este fin de semana fuimos con unos amigos a Foz y aquello era un paraíso, a pesar del intenso viento que, si bien era algo molesto para andar por la calle, ayudaba dormir porque su fuerza tapaba otros sonidos menos acogedores.

Sin embargo, a pesar de esa paz focense, que encima estuvo acompañada de un radiante sol, el domingo nos acercamos a ver el concierto de Abraham Cupeiro en la Catedral de Mondoñedo. No fue lo que me esperaba (tampoco tenía muy claro con qué contar porque cada una de sus actuaciones es diferente), fue todavía mejor.

Estuvo acompañado de varios músicos: Alba Barreiro tocaba el arpa, Manuel Lorenzo el violonchelo y Sabela Caamaño el acordeón y el impresionante órgano de la Catedral. Por su monumentalidad destacaba, como es lógico, este último, que cuando sonaba llenaba el espacio con una sonoridad como pocas hay, y que complementaba perfectamente a los protagonistas, los instrumentos históricos que utiliza Cupeiro. También cantaron Davide Salvado y Matthew Ward, un músico originario de Irlanda pero que ahora reside en Galicia y que tiene una voz extraordinaria, además de tocar varios instrumentos con los que acompañó el concierto.

Hay dos cosas de la forma de tocar de Abraham Cupeiro que me fascinan. La primera es que es capaz de arrancar notas muy diferentes a instrumentos que no tienen ningún tipo de clavija o de mecanismo para modificar sus tonos. Es decir, que lo hace él. Podríamos decir que más que tocar, canta a través de esos instrumentos y si bien es bastante frecuente (los clarines, las cornetas…) no es tan habitual ver ese virtuosismo en tal cantidad diferente de elementos.

La otra es la llamada respiración circular, que me tiene descolocado. Para que nos entendamos es la capacidad de inhalar y soplar simultánea y continuamente, lo que hace que pueda tocar instrumentos de viento sin interrupción, lo que me parece totalmente de ciencia ficción.

Cuida muchísimo la puesta en escena, las entradas y salidas, las explicaciones de los instrumentos, la presentación del concierto... y eso se nota. La experiencia es totalmente distinta a la que ofrecen otros artistas y miren que es difícil ser único hoy en día, pero él lo es. Mezcla historia y leyendas, sonidos ancestrales y culturas diferentes, innovación y tradición al mismo tiempo, algo de lo que muchos presumen pero que sólo unos pocos logran. Si no lo han podido ver aún, no lo duden (tienen una ocasión magnífica para verlo en el Coliseum de Coruña el día 29 de enero de 2027).

Tuve el placer de conocer a Abraham Cupeiro y a su mujer, María Ruiz, que dirige con él su taller de recreación de instrumentos y que reconstruyó un cornu romano a partir de los restos encontrados en Pompeya. Le pregunté por esa respiración circular y me dijo que era muy sencilla (como cuando mi madre dice que hacer rape Santurce es sencillo, porque está aburrida de hacerlo), pero por mucho que lo he intentado desde aquella ni me acerco a la técnica.

El escenario de una catedral es la gloria para cualquier músico. Los templos, diseñados expresamente para engrandecer y ennoblecer los sonidos, parecen construidos para este tipo de eventos y de hecho Cupeiro agradeció la oportunidad que le dieron tanto la asociación As San Lucas, que organiza las fiestas, como la diócesis de Mondoñedo (el Obispo estaba entre el público), a la que reiteró su gratitud por su generosidad y su amabilidad.

En resumen, un concierto magnífico del que no tengo fotografías, mal que me pese, porque no era plan sacar el móvil, pero cuya iluminación y montaje visual fueron extraordinarios.

Felicidades a todos los que lo hicieron posible. Fue una velada fantástica y se notaba que estaban disfrutando del concierto tanto los músicos como el público. No se puede pedir más.

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