miércoles, 20 de junio de 2012

San Fernando

San Fernando 08-03-07 (1) El tema del futuro del cuartel de San Fernando va como el refrán: “un ratito a pie y un ratito andando”, es decir, que no va. Este edificio, declarado de Bien de Interés Cultural vaya usted a saber porqué (las comparaciones son odiosas, pero es una relación bastante caprichosa de elementos), iba a ser el futuro auditorio de Lugo. La historia viene de viejo, como casi todo lo que Lugo ve venir. Las cosas de Palacio van despacio, pero las de Muralla ni se imaginan.

Érase una vez una ciudad que tenía un teatro. Se llamaba, de forma rimbombante el “Gran Teatro”, y era bastante feo, sinceramente. Era un edificio de hormigón sencillo pero no excesivamente elegante. Pero era el único teatro de la ciudad. El problema es que estaba en manos privadas, y dichas manos decidieron venderlo para que se derrumbara y se hicieran pisos. Las administraciones, menos boyantes entonces porque no existían esas grandes, ingentes, cantidades de dinero que hasta hace dos días manejan, en lugar de comprar el edificio o protegerlo jurídicamente, nos dieron a cambio un auditorio en un antiguo matadero, el de Frigsa, y un sueño.

Este sueño sigue hoy renqueando: Un nuevo auditorio para la ciudad, que le visionario Joaquín García Díez emplazó en el Cuartel de San Fernando. Pero llegó el cambio de gobierno, y con él entró Orozco y su alergia a todo aquello que recordara a Joaquín, así que se dedicó a retrasar todo lo posible la idea para que los lucenses olvidaran su autoría, como olvidaron la de tantas otras cosas, como olvidaron el trabajo que el anterior alcalde hizo para lograr la declaración de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad. Y esa declaración fue un regalo para Lugo, pero un regalo envenenado para el proyecto del Auditorio porque, por lo visto, esa obra afectaba al entorno de la Muralla, lo cual sorprende bastante viendo lo que se ha hecho en Lugo mucho más cerca de nuestro bimilenario muro de piedra.

OBRAS EN LA PARCELA DEL AUDITORIO El nuevo auditorio de Lugo por fin parece que empieza a tener visos de realidad. En la enorme parcela de Aceña de Olga donde está previsto que se edifique enormes máquinas están haciendo unos espectaculares movimientos de tierras que empiezan a tener forma de algo más que un solar. Luego vendrá el turno del hormigón, pero hemos avanzado más en un año que en los 11 anteriores. “Sen tempo non foi”. Lo malo es que nos lo plantan en una zona bastante alejada del centro, que es lo que dicta la moda.

Ahora San Fernando duerme el sueño de los justos. Su nuevo uso será, aparentemente, el de Museo de la Romanización. No es mal sitio para que la Cohors del Arde Lucus guarde sus enormes trastos (me refiero a las piezas que reproducen armas de asedio, no me sean malpensados) durante los 362 días que no hay Arde Lucus. Lo malo es que no hay un duro y el edificio, mientras, se deteriora mientras su propietario, el Ayuntamiento de Lugo, con una desfachatez digna del Libro de los Records, carga tintas contra la Xunta porque, recordemos, aunque se está gastando un dineral en el nuevo auditorio hay que atacarla porque es “del enemigo”. No dicen en su nota de prensa que la propiedad no está transferida y, hasta donde yo sé, quien mantiene un edificio es quien lo tiene en su poder.

A mi, personalmente, no me acaba de convencer la idea del Museo de la Romanización, qué quieren que les diga. Creo que hay otros muchos, muchísimos usos mucho más interesantes para el edificio. Lugo tiene un pasado romano innegable, con nuestro principal monumento como testimonio, la Muralla, pero no es nuestro único pasado. La etapa medieval en la ciudad tuvo una enorme importancia que el magnetismo de Roma oculta muchas veces. Pero tampoco creo que un museo más en la ciudad sea necesario. Tenemos las salitas municipales, tenemos el espectacular Museo Provincial (que ya les gustaría en muchos sitios que por otros motivos admiramos), el desconocido museo diocesano, y en breve (es un decir) el surrealista MIHL. Creo que estamos servidos por el momento, la verdad.

Las decisiones en la administración no se pueden tomar diciendo “todo lo que sea cultura es bueno” o “siempre que sea un museo más es positivo”, porque aunque no guste oírlo, además de construirlo hay que mantenerlo. Ese dinero estaría muy bien gastando en otro tipo de dotación, desde una residencia de mayores (no me digan que no es un sitio espectacular), o un Parador Nacional de Turismo (idea de Joaquín García Díez pero que con los ajustes actuales dudo que se pueda llevar a cabo) hasta una fundación Duquesa de Lugo que podría mejorar la (escasa) relación de nuestra infanta con la ciudad y darnos una promoción que el dinero no puede comprar fuera de nuestras fronteras.

Infanta Elena La ventaja de esta fundación sería, además, que valdría tanto para un roto como para un descosido. Si se quiere que la fundación se especialice en el pasado romano de la ciudad podría albergar una exposición permanente (para los que les guste el museo de la romanización de las narices), pero además podría ser un eje en que pivoten más actividades: unos premios anuales “Duquesa de Lugo” de promoción de nuestra tierra, con la hija del Rey y futura hermana del Rey viniendo a entregarlos en una gala que nos daría minutos de telediario, un centro (serio) de estudios sobre la ciudad… El límite es la imaginación.

Si prefieren, ya que la Corona está en horas bajas y para no arriesgarnos a que nos peguen un “urdangarinazo” podemos hacer una fundación Lucus Augusti, que da mucho juego, y que la infanta siga viniendo de vez en cuando a lo de los premios mientras no se porte mal. Si eso ya dejamos de invitarla.

El Cuartel de San Fernando tiene una estructura perfecta para albergar casi cualquier cosa. Su distribución en torno a un patio central permite que con una mano de pintura y un repasito general valga para ponerse a andar con cierta facilidad. A menos que sigan dejando que se caiga en pedazos, claro. No me digan que no es una buena ocasión para convocar un concurso de ideas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Derecho a réplica:

Se admiten comentarios, sugerencias y críticas. Sólo se pide cierta dosis de "sentidiño" y cortesía.