viernes, 24 de agosto de 2012

Patrimonio común


Los humanos en general y los españoles en particular tenemos una natural tendencia al maniqueísmo. Nos pasamos media película intentando aclarar quién es “el bueno” y quién “el malo” y aunque desde los tiempos más remotos hay autores que utilizan este esquema para intentar descolocar al público dando un bandazo a media obra (ahora me acuerdo de la Reina de la Noche, el irrepetible personaje de La Flauta Mágica de Mozart, que parece buena y resulta ser un bicho) lo normal es que haya un héroe y un villano claramente identificables. 

La vida suele ser muchísimo más complicada que eso, e incluso las mejores personas tienen un mal día, una mala semana o, en casos extremos, un mal año. Eso no quiere decir que pasen de buenos a malos, sino que todos tenemos luces y sombras. 

Pero asumir esto último es complicado por la carga que lleva de autocrítica. Todos queremos ser buenos. Quizás por esto cada vez que sale una noticia la opinión pública se polariza y se divide entre los que atacan y los que defienden, con argumentos incluso insostenibles, para apuntalar la imagen que se han formado de la persona en cuestión. Recientemente tenemos los ejemplos del fundador de Wikileaks, Julian Assange, o de la anciana Cecilia Giménez, la “restauradora” del Ecce Homo de Borja. 

Tengo que reconocer que esta buena señora me ha llegado al corazón. Obviamente no puedo defender lo que hizo (que a mi me recuerda a una caricatura de Paquirrín), pero tampoco la satanizo como parece que es el otro polo del asunto. Ella hizo lo que su buen saber y entender le dijo que era lo correcto, y se ha cargado una obra de arte que hasta hace dos días nadie conocía, de un autor que en vida no sé lo conocido que era, pero que desde que dobló la servilleta es de tercera fila, y que habrá visto (desde donde pueda estar) cómo se le ha buscado más en Google en estas 48 horas que en todo el tiempo precedente. Por si fuera poco, como efecto colateral ha puesto a Borja en el mapa y les garantizo que esto será un atractivo turístico de primer orden para el pueblo. Ya veo los carteles en la carretera anunciando el “Ecce Homo Naif de Borja”. 

Hay una campaña para mantener el actual aspecto de la pintura, y francamente, si partimos de la base de que dan por imposible recuperar el fresco original, no me parece descabellado. La opción no es elegir entre uno u otro, sino entre lo que hay y no se sabe lo qué, pero probablemente un manchurrón en la pared. 

Pero más allá del tema del mantenimiento o no de la “obra”, creo que la reflexión debería ir un poco más allá. No sé si conocen la iglesia de Vilar de Donas. Si van a Santiago por la nacional deberían hacer un alto un día y parar a verla, es preciosa. Está abandonada. Tiene unos frescos medievales impresionantes que con el tiempo se están tiñendo de un precioso verde musgo que no debería estar allí. Ya se ha perdido una parte importante de los murales, y al resto no le auguro un gran futuro. 

La señora de Borja se ve en el paredón por haber intentado echar una mano, aunque sea mal, pero no se hace nada ante la desidia y el abandono del patrimonio común. Si tan importante era la pinturita de marras, ¿cómo es que estaba en un estado tan lamentable? ¿No será que la valoran ahora porque fue destruida? ¿Cuántos cuadros del siglo XIX no se estropean y destruyen cada año? Tampoco estamos hablando de que la buena mujer pintara sobre los frescos de la Iglesia de San Antonio de la Florida (de Goya, para el que no lo sepa). 

Todos nos rasgamos las vestiduras cuando pasa algo así, pero callamos día a día mientras se hacen auténticas barbaridades arquitectónicas o se tiran muros, se tapan frescos o simplemente se dejan morir con el mero paso del tiempo. El arte es una gran cosa, pero en España quizás tenemos demasiado patrimonio y no hay dinero que llegue para mantener todo eso. Y menos en las condiciones que debería. Si no que le pregunten al Códice Calixtino que ahora parece que sea el original de la Biblia firmada por los cuatro evangelistas a pie de página y hasta que lo robaron el año pasado estaba en una estantería cogiendo polvo. Y pasamos de eso a que no se pueda exponer porque se estropea. 

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