miércoles, 19 de febrero de 2014

¿Dirigiendo el cansancio?

Ayer comenzó un interesante debate en un grupo de Facebook llamado “Lugo a Debate” sobre las nuevas agrupaciones y partidos que, como setas, están surgiendo en los últimos tiempos. La verdad es que es un tema bonito, y de ahí que lo traiga aquí, para darle una vueltecilla con ustedes, amigos lectores, que según Google me vienen siguiendo diariamente (he de decir que no sin cierto grado de sorpresa por mi parte).



Verán, hay dos posturas bien diferenciadas: la primera es la que ve estos movimientos con desconfianza, por no tener “pedigrí” o por sus cabezas de cartel, que suelen ser personas “revenidas” de partidos políticos por las razones que sean. La segunda es la que considera que los nuevos partidos son un síntoma de madurez democrática y de hartazgo de la ciudadanía, que por fin toma las riendas de su futuro y se agrupa para separarse de los viejos modos y maneras de los grandes partidos.

Personalmente creo que hay mucho más de lo primero que de lo segundo, aunque el argumentario se base más en lo segundo que en lo primero. Es decir, que si bien considero que el hartazgo de una buena parte de la ciudadanía es real, aunque a lo mejor no tanto como nos quieren hacer ver (creo firmemente en esa “mayoría silenciosa”, porque de otra forma los resultados electorales no se comprenden), también estoy convencido de que muchos de estos partidos surgen más por un “quiero ser Califa en lugar del Califa” que por otra cosa.

¿En qué me baso? Analicen los nuevos partidos que conocen y digan cuántos de ellos están formados por personas que no han puesto un pie en la arena política en su vida. Yo no conozco ni el primero. Evidentemente colgarles el sambenito de “cabreados” es una táctica de manual por parte de los partidos, que entiendo que están más nerviosos de lo que quieren traslucir, pero a mí no me miren que yo no soy precisamente el ideólogo de ninguna agrupación política. Lo que les digo se lo pongo porque lo creo, porque yo mismo apostaba por esas fórmulas pero no tardé demasiado en caer del caballo y ver que las que conozco suelen venir más de un “ya no me dan lo que pedía” que de un auténtico convencimiento democrático.

Claro que es una visión parcial, lo reconozco, derivada de las pocas experiencias que tengo razonablemente cercanas, pero es lo que pienso a día de hoy. Lo último lo digo porque dejo abierta la puerta a la esperanza.

Hay tres tácticas cuando en tu partido, asociación o lo que sea, te ningunean o directamente no estás de acuerdo con lo que se está haciendo. La primera es marcharte a tu casa, caso de María Sangil mismamente. La segunda es quedarte en un segundo plano aunque dando algún zapatazo de vez en cuando, como Esperanza Aguirre. La tercera es largarte y montar un partido “nuevo” como hicieron Rosa Díez u Ortega Lara.

Las tres opciones son respetables, como es evidente, aunque la última me cuesta un poco más tragarla porque me parece el reconocimiento de un fracaso en dirigir un grupo y una salida en plan “pues ahora me busco mi propio juego”, aunque hay matices. Por ejemplo, Ortega Lara se ha marchado del PP porque considera que existe una deriva en el partido de Rajoy, lo veo más un tema ideológico, mientras que Rosa Díez montó UPyD para luchar, presuntamente, con el nacionalismo que ella misma alimentó en sus altos cargos en el gobierno vasco cuando el PSOE pactaba con el PNV.

Las agrupaciones vecinales también tienen su punto, porque las que conozco vienen encabezadas por gente que lleva décadas en la arena política y que hace no mucho andaba por las sedes de sus expartidos con la gorra en la mano pidiendo favores que no se le concedieron, de ahí el cabreo y la revelación de que hace falta una nueva regeneración política. Como diría el Inspector Holmez (personaje de Superlópez) “Sospechoso, sospechoso”.

Francamente tengo que reconocer que me cuesta decir estas cosas, porque saben que siempre he defendido que la ciudadanía dé un paso adelante. El problema es que la masa tiene la tonta costumbre de dejarse guiar por espejismos y salir de la sartén para caer en las brasas, y no hará mucha falta que les recuerde mi ejemplo de cabecera: Hitler se presentó en su día como la alternativa a los “partidos tradicionales” y como la “voz del pueblo” y miren la que se lio.

No dejen que dirijan su cansancio, no lo permitan, úsenlo constructivamente y no sean vagos desde el punto de vista ciudadano. Entiendo que la gente está cansada y enfadada, y que los partidos, los grandes partidos, es decir, PP, PSOE, IU, BNG y el resto de la panda no dan muchas muestras de fiabilidad, más bien de lo contrario, pero insisto en algo que les he dicho más de una vez… para que esos partidos cambien han de cambiar sus componentes, sus bases y sus cargos. Si usted está enfadado con la política ejercida por otras personas intente ejercerla usted. Entre en el partido que menos le disguste y luche desde dentro para que funcione como debería.

El “aparato del partido” pesa mucho en todos ellos, pero a veces se lleva sorpresas. Miren lo que pasó en Madrid con Tomás Gómez, que se suponía que la dirección no lo quería pero ganó y era una de las voces críticas contra Zapatero. No siempre es todo tan fácil para el “aparato”, y menos si la población se lo toma en serio y entra en masa en los partidos.

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