viernes, 15 de mayo de 2015

365 días más

Dos años. Dos vueltas al sol que hemos dado desde que nos falta Doña Emilia y sigo con esa sensación de que por momentos parece que hace dos días y por momentos parece que hace diez años. Son otros 365 días. Nada más y nada menos.

Cuando pierdes a alguien a quien quieres piensas en lo importantes que son determinadas cosas y lo estúpido que es perder la de tiempo que desaprovechamos en otras que son totalmente accesorias. Entre las primeras están las vivencias, los recuerdos, el cariño, lo que aprendes, y entre las segundas casi todo lo demás.

Siendo brutalmente sinceros, dentro de cien años probablemente nadie se acuerde de la mayor parte de nosotros porque son pocos los que hoy recordamos aunque pasearan por nuestras calles hace un siglo. Pensar en eso puede ser muy triste para mucha gente, pero si les soy sincero a mí me resulta tranquilizador porque me ayuda a poner las cosas en su sitio, a relativizar los problemas y a apreciar en la medida de lo posible cada café, cada abrazo, cada beso, cada sonrisa…

Los bienes materiales solo serán curiosidades en el mejor de los casos, y como tales si nos sirven para algo que no sea para acumularlas como si fuéramos faraones esperando llevarnos un tesoro a donde quiera que vayamos. Al final resulta que muchas de las cosas a las que más aprecio les tienes no fueron ni las más caras ni las más útiles, sino las que te traen a la memoria a quienes quieres, estén o no estén. Un reloj del día de tu boda, un cuadro dedicado por una amiga, incluso un altavoz retro o una pequeña caja de madera que te trajeron de un viaje, o un pedazo de concha de una playa, se convierten en lo más preciado porque te recuerdan a las personas a las que se vincularon esos objetos.

Entonces, ¿qué es lo importante? La respuesta la aprendí de mi abuela y de mi madre: vivir. Aprovechar el tiempo y recordar que no puedes pasarte toda la vida fingiendo ser lo que no eres, posando para gente a la que le importas un comino. Si te dedicas a mejorar tu paso por este mundo y el de los que te rodean puedes llegar a conseguir el bien más preciado de todos, la felicidad, ese estado de gracia que siempre dura menos de lo que debería porque le permitimos esconderse detrás de la primera nube que aparece en el cielo. 

La vida es un camino que tiene tramos agradables y soleados, pero también curvas frías y en sombra. El truco es intentar caminar más despacio cuando disfrutas del buen tiempo y apurar en la lluvia, aunque sin pasarse para no resbalar y caerse.

Puede que haya a quien todo esto le parezca filosofía barata, y quizás tenga razón. Pero si a mí me sirve, ¿qué más da?

3 comentarios:

  1. Tanto tiempo ya. Gracias Luis me has hecho pensar

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  2. Ohhhhh, alentador y cierto. Pienso lo mismo que tú, aprendiendo a disfrutar también de la lluvia.
    Un beso muy fuerte y un abrazo cúralo-todo.
    María Buela.

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