viernes, 27 de noviembre de 2015

Talibanismo gastronómico, pues vale

Aunque aún quedan unas semanas para el cierre del Verruga, que será lo que me permita soltar definitivamente la lengua sobre lo que pienso de temas de hostelería sin que nadie pueda achacar interés alguno, me cuesta callarme ante las tonterías que leo, puestas en boca de cocineros de campanillas que se creen más listos que nadie.

A esto en un restaurante normal le llaman "pincho"
 No sé si leyeron en La Voz de Galicia la entrevista a David Muñoz, uno de estos personajes que venden más su imagen de estrella de rock y sus supuestos sabores “extraordinarios” para paladares “educados” que comida de verdad.

Nos dice el supuesto genio, que colecciona estrellas Michelín como si fueran cromos, que en Galicia “tenéis una despensa brutal, pero sois un poco talibanes con el producto”. Quizás alguien debería explicarle que lo de defender la pureza de los sabores de un producto extraordinario es una postura bastante más digna que convertir una cocina en un laboratorio para sacar platos cuyo mayor mérito es que te tengan que explicar qué demonios estás comiendo.

La alta cocina es una tomadura de pelo. Que en una despensa tengas que tener nitrógeno y oro en láminas como si fabricaras baterías de coche es algo tan sumamente ridículo que solo se puede explicar bajo el prisma de una serie de afectados que se creen que hay que “transgredir” y “superar” la perfección.

No me entiendan mal, estoy totalmente a favor de que quien quiera comer esas cosas las coma, y que incluso puedan cobrarles auténticas fortunas por una estafa mal disimulada, allá cada cual, pero ya me tienen bastante harto de esa supuesta superioridad moral y técnica en la que te vienen a decir que para saber cocer bien un percebe hay que estudiar cinco años de hostelería, con un desprecio hacia las recetas “de toda la vida” que suena a trauma mal superado.

Lo que cuenta al final parece ser la fama. Que este señor se dedique a decir ese tipo de cosas responde más a la búsqueda de una notoriedad más o menos facilona que a otra cosa. Si es por eso algo ha conseguido porque por ejemplo aquí estamos dedicándole un tiempo que no merece.

Galicia cuenta con un producto inigualable, un mar excepcional, una carne envidiable y una huerta rica y variada. Si ser talibán es defender que las recetas han de buscar variar sabores pero sin cargarse la esencia de lo que estás comiendo porque entre otras cosas nos podemos permitir el lujo de elegir entre varias carnes y pescados porque tenemos para coleccionar, pues habrá que pensarse seriamente abrazar esa religión.

No tengo noticia de si las estrellas Michelín se dan a restaurantes “normales”. Me da a mí que es una especie de versión gastronómica de ARCO, donde la gente normal va a cachondearse y los que les sobra el dinero a comprar cosas tan interesantes como un vaso de agua en un estante, obra de 20.000 euros que, encima, compraron.

Pues nada, lo dicho, esto es un avance. Cuando pueda hablar… ¡ay cuando pueda hablar!...

2 comentarios:

  1. En algún lugar esa foto no es ni un pincho. Suscribo todas sus palabras.

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  2. Abundando en tus palabras, recuerdo un día en que salí de Arzack con hambre; solo recuerdo a los camareros/as repetir como loritos cada plato.
    Resultaría imposible saber que eran de no decírtelo; la factura si era fácil descifrarla; para dos en 1998, 28.000 pesetas. Una fortuna.
    En Lugo la foto que pones, es un pincho pequeño, no siquiera una tapa de cocina.
    Esperamos con ganas que puedas hablar y hazlo sin mesura.
    Saludos

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