Desde que supera la adolescencia, que es cuando quieres que el tiempo se acelere para poder tener carnet de conducir y sentirte mayor, a nadie le gusta cumplir años. Al menos no le gusta hacerse viejo, y es muy complicado asumir que las estaciones van pasando cuando llega un punto en que el cuerpo empieza a hacerte la pascua.

El perfil del señor no puede ser menos propenso a hacer tal cosa, porque es una persona mayor pero fue policía nacional durante muchos años en ciudades como Madrid o Bilbao, con lo que no estamos hablando de un paisano que sólo ha conducido un chimpín, que, con todo el respeto, es el que se nos viene a la cabeza a la mayoría cuando vemos una noticia de este tipo.
Tampoco ayuda el hecho de que los psicotécnicos son una máquina de hacer dinero donde ni te miran a la hora de ir a renovar el carnet. A mí, por ejemplo, no me pusieron que tengo que llevar gafas “porque te resulta incómodo y así si te paran y no las llevas no te multan”. El problema es que si no llevo las gafas o me ponen delante un autobús blindado de esos con las ventanas tapadas o no me consiguen parar porque no veo como para coger un coche.
Hay casos más sangrantes, de personas de avanzada edad con problemas médicos que deberían inhabilitarlos para conducir, pero a los que, tras el cobro de la oportuna tarifa, les renuevan alegremente el carnet con una indolencia que choca frontalmente con las campañas de tráfico para que seamos prudentes.

Desde luego, cualquier cosa antes que la tomadura de pelo que supone el pasarte por la oficina del psicotécnico en cuestión, pagar las tasas y marcharte a tu casa como buenamente puedas, que es lo que están haciendo ahora.
Las familias de las personas a las que contra toda lógica les renuevan el carnet de conducir se ven impotentes. ¿Qué haces en una situación así? ¿Denuncias a tu propio abuelo, padre, madre o hermana? ¿Le dices que no está en condiciones para que te conteste que pasó el psicotécnico sin problema alguno y que eres un exagerado? Hasta que pase algo, claro. Entonces vendrán los lamentos.
Tráfico nos dice que no bebamos, que descansemos y que estemos en perfectas condiciones para conducir, y tienen razón. Pero luego nos dejan seguir al volante cuando nuestro cuerpo no responde, y eso es una temeridad.
Tiene que ser muy duro llegar a ese punto en que la edad te impide hacer ciertas cosas, pero también les diré que, como decía mi abuela, al menos llegas hasta ahí mientras que otros se han quedado por el camino, y saber cumplir años es una forma de sabiduría al alcance de unos pocos. Ella supo hacerlo siempre y con sus 96 años era toda una señora que no tenía reparo alguno en saber hasta dónde podía llegar. Debería cundir el ejemplo.
No podría estar más de acuerdo...
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