jueves, 14 de enero de 2016

Una imagen vale más de mil votos

Igual que la corbata es un símbolo para mucha gente mientras vale como prenda que meramente protege el cuello para otras personas, hay diferentes distintivos alternativos que reflejan lo que uno pretende transmitir.

El contraste deseado
La vestimenta de Pablo Iglesias, por ejemplo, con su eterna camisa sin corbata y su vaquero, es un uniforme como otro cualquiera, pero quiere transmitir una sensación de normalidad con un perfil con el que el ciudadano de a pie (más de camisa que de corbata) pueda identificarse. La cosa no es quitar hierro a la importancia de la vestimenta sino todo lo contrario, usarla como una herramienta de comunicación, lo que Iglesias ha hecho con acierto para el público al que se dirige. Y tras él, otros líderes como los de las mareas, que han seguido su estela también con éxito más que razonable. 

Indumentaria sencilla y única condecoración
Esto, por supuesto, ya estaba inventado. La sencillez calculada es algo que ya hacían en el pasado algunos líderes, entre los que destaca Hitler por su habilidad en el manejo de esos temas. Era habitual verlo rodeado de militares cargados de medallas y distintivos propios de su rango mientras él vestía un sencillo uniforme o incluso un traje civil con una única medalla: la cruz de hierro de la primera guerra mundial. También utilizaba esa estrategia en sus encuentros con Mussolini, que era más dado a la ostentación. Obviamente no comparo a Iglesias con Hitler como ideología, sino como habilidad para el manejo de la imagen, cosa en la que sí se parece bastante.

Es algo que funciona, porque esa sencillez aparente lo que logra es transmitir una imagen de humildad, de “normalidad”, que en determinadas épocas es más apreciada, sobre todo cuando el ciudadano medio lo está pasando mal o tiene una sensación de crisis, aunque no la sufra en sus carnes. Contrasta enormemente con la opulencia y el boato de ciertas instituciones, e incluso con esas molduras barrocas decoradas con pan de oro que tanto caracterizan a los edificios públicos en este país.

Sin embargo todo tiene un límite. La línea que separa la estrategia de comunicación de la payasada es realmente difusa y muchas personas aprecian una cosa o la otra en función de sus propias simpatías. Ayer puede que ese límite se cruzara con el bebé de Bescansa, la diputada compostelana de familia bien (los de la farmacia del mismo nombre), que ha entrado en el Congreso de la mano de Podemos.
La foto buscada. Foto: La Voz de Galicia

La diputada logró lo que buscaba, ser el centro de todas las miradas y reclamar para sí una atención mediática que en estos temas es tan sumamente previsible que se convierte en manejable. Siguiendo el principio de Oscar Wilde de que “es mejor que hablen mal de ti a que no hablen en absoluto”, ha optado por utilizar a su hijo en un foro en que era lo más procedente y se ha comido muchos minutos de telediario así como tertulias, periódicos e incluso blogs modestos como el presente.

Francamente, un bebé en el Congreso no pinta nada. Me parece muy bien todo lo de la conciliación, pero esto no va por ahí. En el Congreso de los Diputados hay una enorme guardería que está preparada para atender a bebés y niños de corta edad, a donde los llevan todas sus señorías y el personal del Congreso, salvo Bescansa, que quería la foto. Eso sí, después “exigió” que se pixelara la cara del crío. “Lo llevo a donde sé que me van a hacer más fotos que a los leones de la puerta, pero que no se le vea la cara”.

¿Que por qué estoy tan convencido de que era todo fachada? Porque el otro día, en la toma de credenciales como Diputada, también lo llevó y lo tuvo con ella… hasta que le hicieron las fotos, momento en que se lo pasó a una acompañante.

Tengo que reconocer que me parece repugnante usar así a un bebé y me recuerda a aquellas personas que llevaban un niño para pedir por la calle y lo pinchaban con un alfiler para que llorase, que así sacaban más limosnas. Aquí al menos por ahora lo del alfiler no parece que se haya usado, pero esperen al debate de Presupuestos y a ver qué pasa.

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