viernes, 26 de mayo de 2017

Cuidado con los cebos envenenados para perros


Comida envenenada en la zona de Plaza del Rey
En redes sociales se está alertando de que en varios puntos de la ciudad algún desgraciado está sembrando comida envenenada para que las mascotas la tomen y mueran. Así de crudo y así de disparatado. Ahora se habla de la zona de Plaza del Rey y las calles de esa parte de la ciudad.

No es la primera vez que ocurre y lamentablemente no será la última. Una búsqueda de noticias relacionadas nos lleva a diferentes momentos en que se ha denunciado algo similar, como las aparecidas en Montirón hace tres años aproximadamente.

Los problemas de convivencia que generan las mascotas son reales. Los propietarios de perros que dejan las plastas de sus animales tiradas por ahí tensan la situación porque es natural que a la gente le de asco. Yo también tengo perro y me repugna ya no solo pisar la típica caca abandonada, sino incluso verla y olerla. No tengo ninguna necesidad de aguantar la porquería ajena.

Tener perro implica una serie de deberes muy serios: sacarlo a pasear varias veces al día, educarlo para que no dé el coñazo a terceros, y recoger sus cacas. Esto último no es agradable, por supuesto, pero es el precio que has de pagar si quieres tener perro, y si no estás dispuesto te quedan dos opciones: comprar una finca donde tenerlo encerrado (pobre animal) y que haga sus necesidades donde no moleste a los demás, o, mejor aún, no tener perro. Es lo que hay.

La noticia no es nueva, ni será la última lamentablemente
Sin embargo, dando por sentado todo eso, tengo que reconocer que me costaría muchísimo no inflar a bofetadas al cabrón que se dedica a poner trampas mortales para perros si lo llegara a pillar. Puedo entender su enfado, y hasta comprendería que se dedicara a hacer fotos o videos de quienes no recogen los excrementos de las mascotas y los colgara por ahí o hiciera denuncias en plan cruzada... pero matar al pobre animal...

Esta sociedad en que vivimos se radicaliza día a día. Probablemente la relajación en el cumplimiento de las normas tenga parte de culpa, ya que se crean situaciones que van tensando la cuerda hasta que un mal día se rompe, pero no hay justificación para ciertos comportamientos.

Les hablaba el otro día de las terrazas y hubo quien incluso aseguró que son “peligrosas”, un disparate que realmente me cuesta creer que se ponga por escrito... y sin embargo comprendo que haya gente que esté cansada no por el uso sino por el abuso. Que se pongan sillas y mesas entorpeciendo el paso en aceras estrechas o que no haya control alguno sobre los límites fijados para instalarse hace que la gente perciba una “selva” y reaccione cortando por lo sano: pidiendo que se eliminen.

Pero una cosa es una terraza, que es un tema serio porque es una forma de vivir de mucha gente, y otra una vida, aunque no sea humana, que es más serio todavía. Matar a un pobre perro porque su dueño es un cochino no es proporcional, lo miren como lo miren.

¿Quién puede querer dañarlo?
Tras un año en casa de su anterior propietario, desde primeros de mes volvemos a tener en casa (y ahora definitivamente) a Ducki, ese precioso labrador retriever al que estuvimos añorando durante los once meses que no estuvo con nosotros. Solo pensar que, como buen representante de su raza y por lo tanto glotón como él solo, nuestro pobre Ducki se coma un cebo envenenado y le pase algo me revuelve el estómago, literalmente. Y ahí ya no se trata de pillar al que lo hace y que lo multen. El dinero no devuelve la vida a los muertos ni mitiga el sufrimiento. Solo castiga levemente a quien provoca un daño desproporcionado al crimen cometido... y eso que ya ni hablamos de la posibilidad de que un crío toque algo de eso y se lleve las manos a la boca... después lloraremos y diremos que "no pretendía hacer eso".

Vigilancia, concienciación y empatía son las claves. Y humanidad, para respetarnos.

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