viernes, 23 de noviembre de 2018

Viernes negro... '''no es no''

Si lo andas enseñando es para que los demás lo usen... ¿o no?

El otro día paseando por la noche, en una zona mal iluminada de una de las calles paralelas a la Avenida de la Coruña encontré el coche de mis sueños. Un Morgan verde oscuro, biplaza, de esos de corte clásico, descapotable y con la elegancia que solo los británicos son capaces de conservar década tras década. Estaba abierto, sin capota a pesar del frío, probablemente para que todos los que por allí pasáramos mirásemos al interior, nos diera envidia y sintiéramos esa punzada del deseo que tanto le gusta a algunos provocar.

Sentado en un banco justo frente al coche estaba un hombre disfrutando del plácido sueño que da el alcohol. Tenía en el bolsillo las llaves del Morgan, dejando a la vista el llavero con el logo de la marca en una clara invitación para que cualquiera que lo desease se las cogiera, se subiera en el coche e hiciera lo que le viniese en gana, independientemente de lo que su inconsciente dueño pensara. "¡Qué demonios!" , pensé, "si lo pone tan fácil es que seguro que incluso lo desea" así que cogí las llaves y me puse al volante. Me di un paseo por la ciudad, dando vueltas a la Ronda de la Muralla y conduciendo con una velocidad mucho más alta de lo permitido porque, total, el coche no era mío y la multa le llegaría al propietario nunca a mí.

Cuando me cansé dejé el coche en el mismo lugar en que lo había encontrado, pero cuando fui a dejar las llaves en el bolsillo del dueño éste se despertó y, con muy malos modos, me empezó a gritar que era su coche, que no podía usarlo sin su consentimiento y que el hecho de que estuviera dormido o borracho no me daba derecho a cogerlo por mi santa voluntad.

Le expliqué que la culpa era suya. Un coche tan bonito no se puede llevar descapotado, incitando, provocando, y mucho menos dejando a la vista las llaves, pero el muy exagerado no lo entendió. Me vino con no sé qué rollos del consentimiento expreso y de que yo tenía que haberle pedido poco menos que un papel firmado de que me lo prestaba. Excusas de quien no sabe ser responsable de cuidar lo suyo. Si no quiere que se lo usen que le ponga una lona por encima y que esconda las llaves, ¿no creen?

O quizá no fue él quien no entendió lo de “no es no”.

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