miércoles, 22 de julio de 2020

El pequeño comercio como hecho diferencial

Tobarix echa el cierre


Es preocupante echar la mirada a nuestro pasado más reciente. Los que ya vamos teniendo unos años recordamos un Lugo con muchísimos comercios pequeños, bares y restaurantes… un Lugo vivo que desde finales de los 90 ha visto cómo paulatinamente se iba sustituyendo por una ciudad más triste, más vacía y con menos personalidad.

A los grandes errores que como sociedad estamos cometiendo al asesinar nuestro futuro, comprando a distancia a cambio de rebajar unos pocos euros en algunos productos, se unen los que la propia administración ha llevado a cabo en Lugo. Autorizar en una ciudad como la nuestra varios centros comerciales (a los que se unen los rumores de otra gran superficie en el entorno del río Miño) ha sido un disparate que ha dañado al modelo de comercio tradicional, ya machacado inmisericordemente por impuestos y condicionantes que no se exigen a las grandes cadenas. Baste, como muestra, darse una vuelta por el recinto amurallado para ver que los letreros luminosos, supuestamente vedados por el PEPRI, se permiten para las todopoderosas cadenas con grosera impunidad, mientras se impide a los pequeños comerciantes hacer cosas bastante menos dolorosas a la vista como tener puertas de madera, que están inexplicablemente prohibidas en el casco histórico de Lugo.

Vamos perdiendo nuestros locales de referencia. La jubilación de los propietarios de muchos locales que no tienen “repuesto” generacional hace que perdamos personalidad. Vemos que Tobarix se une a la ya larga lista de nombres que todos recordamos empezando, permítanme la licencia, por el Verruga y continuando por otros que están a punto de desaparecer como la joyería Honorino Freire o Calzados Doval. Empresas que llevaban décadas y que resistieron graves crisis no han podido con la peor de todas, la provocada por una sociedad que, en conjunto, vende su alma a un consumo basado en el coste y no en la calidad.

Tampoco ayuda que algunos propietarios de locales, que no todos, pretendan obtener un beneficio disparatado que jamás lograrían trabajando ellos directamente en el negocio. Hemos visto recientemente las cifras que se piden por el alquiler de algún bajo que espantan a cualquiera que pretenda lanzarse a la aventura del emprendimiento. Así no hay forma.

Es cierto que en este momento hay una sensibilidad hacia el comercio local tras la mala experiencia del confinamiento, y ojalá que dure mucho ese buen espíritu. A ver si es verdad que entramos en razón y nos damos cuenta de que sólo hay dos opciones sobre la mesa: o apostar por el comercio local o buscar trabajo el día de mañana en multinacionales que harán con nosotros lo que más convenga a sus intereses, como estamos viendo en San Cibrao.

La administración tampoco es que ayude demasiado. Los supuestos planes pensados para dar oxígeno a las empresas que tuvieron que cerrar en Marzo y Abril empiezan a cobrarse en Julio (y a cuentagotas, como el cacareado plan Reanima)  y no cumplen con sus promesas, ya que por ejemplo no se volvió a saber nada de aquella promesa del Ayuntamiento de Lugo de completar a los trabajadores el 30% de su sueldo que no paga el SEPE, ni tampoco funcionó bien el prometido adelanto de la prestaciones a que se comprometió la Xunta de Galicia y que llegó tarde, mal y a rastras (a los que llegó). Por otro lado, aunque los titulares y la preocupación de los gestores se hace patente en casos llamativos como el de Alcoa, se olvidan de los cientos de pequeños negocios que, sumados, son muchísimo más relevantes para nuestra economía y nuestro futuro que un mastodonte que, no lo olviden, se lleva el grueso de sus beneficios muy lejos de aquí.

El cierre de Tobarix, de Doval, de Honorino Freire… son malas noticias para Lugo y no solo en lo económico, que también. Perdemos recuerdos, experiencias, personalidad… y todo para verlos sustituidos por tiendas diseñadas en serie que puedes encontrar en cualquier ciudad o, lo que es peor aún, por luces apagadas y escaparates vacíos.

Ese es nuestro gran desafío a corto y medio plazo como sociedad: recuperar lo que nos hace diferentes, únicos, lo que convierte un paseo por Lugo en algo distinto a cualquier otro sitio y, además de la Muralla y la fuente de San Vicente, nadie puede negar que el comercio es un hecho diferencial.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 22 de Julio de 2020

1 comentario:

  1. Tobarix, El Nevada, Doval, Lolita Blu, Pasos, Dayaday, La selva de clérigos, Galwy, Centro Xogo, Black Market, Almacenes Galán, Amorissimi, Dolores Promesas, Gayoso, Pronovias,...

    Non tería máis importancia que a perda dunha imaxe mental do centro, da morriña por cando estaban, se eses peches se substituísen por novas aperturas; o problema é que pecha moito máis do que abre, o que abre é un clón de calquera outro sitio a base de cadeas foráneas (que ademais se levan os cartos fora, por suposto) e por riba semella que as regras son distintas, e menos esixentes, para eses de fora que para os de aquí.

    Para outras cosas a solución é sinxela, para esta non: fai falla que un negocio poida ser viable, que os alugueres sexan razoables, que Concello e Xunta axuden en vez de poñer trabas, que facerse autónomo non sexa suicida, que as regras sexan as mesmas para todos (especialmente os impostos a pagar e as condicións administrativas), que sexa atractivo para a xente estar nas rúas deses negocios, que non se fomenten os Mall por riba do pequeno comercio, etc.
    Moitas frontes, e todas cheas de inimigos para o "emprendedor" (palabro que se usa para non dicir "tolo que non sabe onde se está metendo").

    Disto tamén habería que falar nesa reflexión colectiva que temos pendente en Lugo sobre a cidade que queremos ter no futuro; porque sen facer nada, nada amañamos.

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