lunes, 10 de enero de 2011

Bienvenido Mr. Jintao

China acaba de comprar una empresa gallega dedicada a la producción industrial de grandes estructuras. En nuestra ciudad, Orozco va a recibir a una delegación del país asiático para venderles lo maravilloso que es Lugo y para que metan aquí dinero, que nos viene de perlas. Viva, viva, viva. Lo que no nos cuentan, o lo dicen con la boca pequeña, es que no hablamos de una empresa extranjera que quiera invertir en España: es el Gobierno Chino. Allí las empresas no funcionan como aquí. Al menos no las que meten cuartos en nuestro territorio. Se trata de empresas públicas, o controladas en gran parte por el Gobierno de Hu Jintao.

Y no es un gobierno cualquiera, es la cabeza de una dictadura que ejecuta a sus vasallos, que no ciudadanos, o impide que un premio Nobel de la paz vaya a recoger su galardón, como ocurrió recientemente a Liu Xiaobo. China tiene agresivas políticas de control de la natalidad, recorte absoluto de derechos de su población, desprecio, ninguneo y esclavitud de las mujeres (cada cuatro minutos una mujer en China se quita la vida) , persecución de la homosexualidad como “una perversión capitalista”… podríamos seguir.

A esta gente es a la que abrimos nuestras puertas e invitamos a que compren nuestro suelo. Que nadie se confunda, no tengo nada contra los chinos como población, ni contra los asiáticos que se establecen aquí. Hasta donde yo conozco es gente trabajadora y que va a lo suyo. Hablo de la compra masiva de occidente por parte de una férrea dictadura, con el beneplácito de nuestros gobernantes por un ejercicio de “realpolitik” bastante discutible. En Lugo, además, no sólo no se les pide cuentas por su régimen totalitario, sino que encima nos hermanamos con ellos. Anda que no hay sitios con los que hacer migas sin tener que ir justo ahí.

Estamos en contra del imperialismo americano, pero apoyamos firmemente el de un país que ni siquiera tiene la decencia de preguntar a sus ciudadanos quién quiere que les gobierne, y muchísimo menos, cómo quieren que lo hagan. Si quieren venir a invertir, habría que hablar de en qué condiciones se lo permitimos, pero jamás haciéndoles la pelota de una manera tan descarada.

Esto es Europa, al menos hasta que terminen de comprarla.

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