jueves, 31 de octubre de 2013

Obstrucción a la justicia

Aunque uno dejó la religión porque le cuesta creer en cosas, ya no sólo sin pruebas si no sin un fondo teórico más o menos lógico, sigue siendo creyente en otras cosas, entre ellas la justicia. Pero al igual que las dudas me asaltaron al ver las barbaridades que pasan en el mundo y no encontrarles encaje en la idea de un Dios bondadoso, están poniendo a prueba día tras día la fe que se puede tener en el sistema judicial con las cosas que ves.


Primero fue el tema de Estrasburgo, una sentencia técnicamente impecable pero que tiene unas consecuencias desastrosas por la aplicación de nuestro propio derecho. Tan grandes han sido estos efectos “secundarios” (las comillas son porque de secundarios no tienen nada) que se ha alimentado la teoría paranoide de la conspiración sobre pactos con ETA y cosas por el estilo, como si estuviera en la mano de nuestro actual gobierno, o el anterior, influir en el tribunal de derechos humanos. Ya les gustaría.

Pero en escala local, que a fin de cuentas ya saben que a mí es lo que me apasiona, nos encontramos con otra versión del absurdo jurídico en el sainete montado en la trama de presunta corrupción que envuelve a, nada menos, que el Alcalde de Lugo e importantes figuras de su gobierno como era el señor Liñares.

Los hechos son los siguientes: uno de los socios de Liñares, Miguel García Gesto, tenía una empresa de publicidad llamada Artenosa que se llevó crudos unos jugosos contratos para poner anuncios en los buses urbanos en la época en que Liñares era omnipotente en la administración local. La jueza Pilar de Lara está investigando el tema dentro del voluminoso expediente de presuntas tramas de corrupción municipal.

En agosto, el señor García Gesto y su madre estaban cenando en el centro (impecable gusto, por cierto) y se encontraron con un grupo de amigos entre los que estaba la jueza, y acabaron, literalmente, a bofetadas, por iniciativa del señor García Gesto. Pues, pásmate, ante un pleito por agresión el abogado del atacante pidió la recusación de Pilar de Lara en el tema del Pokemon… y ganó, con lo que la jueza se tiene que abstener de entrar en el tema en lo que atañe a García Gesto.

Contado así suena a cachondeo, pero es cierto. Con lo que si te toca un juez del que sabes que es duro, sólo tienes que buscarlo un día que estés de vinos y montarle un buen cirio, con agresión incluida, con lo que tienes la recusación garantizada. ¡Alegría!

De todas formas, vamos a poner las cosas en su sitio. Lo primero que hay que aclarar es que Pilar de Lara no va a sentenciar a nadie, ni a Orozco, ni a Liñares, ni a García Gesto. La jueza está únicamente instruyendo el caso, lo que viene a ser hacer la investigación y esas cosas, pero será otro juzgado (el de lo penal o la audiencia provincial) quien examine esa investigación y dicte sentencia en su caso. Así que todo ese rollo de la persecución judicial se diluye afrontando que esta buena señora no va a mandar a nadie a prisión, salvo la preventiva, como es lógico.

La segunda cuestión a tener en cuenta es que la recusación le puede salir muy cara a García Gesto. Primero porque para que haya tal figura tiene que haber una “enemistad manifiesta”, cosa que aquí no sucede según el juzgado, o un pleito pendiente, lo que sí se da, y ahí está el nudo gordiano del asunto: que el ataque a un juez vaya a ser sentenciado por otros jueces no te garantiza pero sí te da muchas papeletas para una condena dura. ¿Corporativismo? Tal vez, pero en este caso creo que es el más elemental sentido común.

La justicia ha de ser ciega. Obviamente en ciudades como Lugo es, como mucho, muy miope, ya que es fácil que nos conozcamos todos. Los jueces en ciudades pequeñas tienen complicado alternar por ahí con amigos, ya que tarde o temprano, y más si los amigos son abogados, es probable que acaben viéndose en su propia sala y eso crea problemas.

Personalmente soy un convencido de ciertas doctrinas que son los pilares del Estado de Derecho: la presunción de inocencia, la irretroactividad de las normas desfavorables, la objetividad de los jueces, la proporcionalidad de las sentencias y el imperio de la ley.

Como teoría todo el mundo suele estar de acuerdo (me refiero a gente que sabe de lo que habla, no a la conversación del bar) pero cuando se dan paradojas como la actual, la que hace que un acusado pueda recusar a un juez por el sistema de liarse a bofetadas, te tienta replanteártelo. 

Pero no, la respuesta dada es la correcta: se acepta la recusación y le cae una condena adicional por agresión, atentado contra la autoridad y, aunque no creo que sea aplicable en este caso, no estaría de más ese que sale tanto en las películas: “obstrucción a la justicia”.


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