miércoles, 9 de septiembre de 2015

Cuando "okupan" algo que apreciabas

Uno ve las noticias y las recibe como buenamente puede, y en ocasiones te afectan mucho más si hay gente conocida implicada. Por ejemplo, si ustedes conocían a algún fallecido en lo del Rally de Carral es de suponer que la noticia les habrá afectado muchísimo más que al resto del público, a pesar de que ha sido uno de esos temas que nos tocan a todos.

Pues eso me ha pasado con una noticia que para muchos será una mera curiosidad. Los okupas han tomado varios edificios de la Casa de Campo de Madrid, y entre ellos el antiguo Pabellón de Vizcaya que durante muchos años fue más conocido como el restaurante Currito.
Currito era el mejor restaurante de España, a menos de los que yo he probado, y he probado unos cuantos. Es el único al que siempre he reconocido incluso ser mejor que el Verruga (salvo la brocheta de rape, que esa no la hace nadie mejor), y eso que cuando naces en un sitio acostumbras tu paladar, lo que explica que como la comida de mamá no haya ninguna. Bueno, pues Currito era insuperable en mi modesta opinión.

Es cierto que no soy objetivo, ya que tanto el propio Curro, que ya falleció hace unos años, como el auténtico “alma mater” del local, su sobrino Carlos Rodríguez, son muy amigos de mis padres desde hace muchísimos años, y además una parte importante de la carta del Verruga es heredera de sus muy sabios consejos y sus inigualables recetas. En los años 80 Currito vino a Lugo a hacer unas jornadas de cocina vasca, y allí empezó esa relación entre las familias. 

Carlos Rodíguez - Foto: Deia
También fue donde mi hermana nos invitó a comer el día de su boda. Ya que no podía hacerlo en “casa” eligió lo más parecido, y el cariño y la confianza que había en aquel local lo convertía casi en el propio. De hecho cuando mi madre iba a visitar a Carlos entraba directamente por la cocina. Por eso ya les digo que no soy objetivo.

Sin embargo hay cosas que me hacen pensar que tampoco estoy siendo tan subjetivo. Para que se hagan a la idea, en Currito fue donde el Rey Juan Carlos hizo su cena de despedida con un grupo de amigos, así que malo, malo no debía de ser.

Currito era el modelo en que siempre pensé que se deberían basar los restaurantes: calidad, cocina cuidada pero sin chorradas, producto excelente y una buenísima atención. Y si era tan bueno ¿por qué cerró? Pues ya saben, la crisis se llevó por delante muchísimos negocios que eran buenísimos, y debería preocuparnos que McDonald’s siguiera abriendo chiringuitos mientras locales de la categoría de Currito caían como moscas. Es lo que hay.

Cena de despedida del Rey Juan Carlos en Currito
Hoy ese pabellón, el restaurante que para cualquiera que supiera de lo que hablaba estaba sin duda entre los mejores de este país, es una sede de los okupas, a los que nadie puede o quiere echar. Una buena metáfora de lo que España hizo durante los últimos años: cerrar empresas y puestos de trabajo y sustituir las cuberterías por jeringuillas y los buenos vinos por cartones de Don Simón.

Sé que suena elitista, pijo y lo que ustedes quieran, pero me dolió ver un local al que teníamos tanto cariño convertido en un basurero, y no puedo evitar pensar que es una versión cutre de la toma del palacio de invierno de 1917. De aquella nació el estado soviético, que tantos momentos negros de la historia protagonizó durante su existencia. Ahora a ver qué sale, pero nada bueno.

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