viernes, 16 de septiembre de 2016

Vender tus ideas por un plato de lentejas

Vaya por delante que la objetividad de la que nunca he presumido hoy está quizá más ausente aún que de costumbre. Esto es un blog, y como tal es subjetivo, personal y de opinión, y cuando trato temas de personas a las que aprecio o por las que siento algo menos amable se nota. Tampoco es que lo intente disimular demasiado, aunque hay ocasiones en que por lo visto dejo entrever antipatías que no son reales.

Acto de Ciudadanos en Lugo
Ayer estuvieron en Lugo Albert Rivera e Inés Arrimadas arropando a la candidata de Ciudadanos por Lugo, Isabel Cendán (quien por cierto, ha mejorado extraordinariamente su discurso) y a la de la Xunta, Cristina Losada (sigue igual de mal, una pena). Pero no voy a centrarme en todo eso sino en algo relacionado con otra persona que también vino a poner su granito de arena: Marta Rivera de la Cruz, lucense por la que siento cariño aunque solo sea porque una de sus novelas “En tiempo de prodigios”, me ayudó enormemente a superar un duro trago cuando falleció mi abuela Emilia.

Pero vamos al tema. Estos días se constituyeron las comisiones del Congreso de los Diputados y en Lugo tenemos varios representantes en ellas. La más llamativa probablemente haya sido la de Marta como presidenta de la Comisión de Cultura, y no porque no tenga méritos más que suficientes para serlo (ser escritora de éxito debería puntuar para estas cosas, no sé si es el caso) sino por los apoyos recibidos, entre ellos el las Mareas, encarnadas en este caso en Fernández Bello, alias “Fernán Vello”.

La postura de este diputado es difícil de explicar y fácil de entender. Lo complejo de argumentar el apoyo a nuestra convecina se debe a que Marta, entre sus muchos méritos, tiene el haberse convertido en una de las bestias negras del nacionalismo excluyente, ese contra el que luchan muchos en diversas agrupaciones pero que elige cada cierto tiempo un pimpampún al que disparar colectivamente.

Ficha de Fernández Bello en el Congreso

Pero si tenemos en cuenta que sobre Fernández Bello recae la secretaría primera de dicha comisión a lo mejor se empiezan a aclarar las dudas. Es decir, un cambio de cromos en toda regla. El diputado del grupo de Podemos (por abreviar el nombre del grupo al que pertenece, que ya sabemos que según él no tiene nada que ver con dicho partido) ha dicho que en política hay que tragar sapos. Sin embargo si te lo sirven bien quizás hasta el batracio es digerible, y como decía la canción de Mary Poppins “con un poco de azúcar esa píldora que os dan, satisfechos tomaréis”. Cambien azúcar por carguito y la ecuación se resuelve sola.

Fernández Bello (lo dice la web del Congreso no yo), diputado por Lugo a pesar de residir en La Coruña (lo dice él no yo) no me cae bien. No me gusta que me pongan de cabeza de lista a alguien que vive en otra provincia, como si en vez de un representante al Congreso enviáramos a una modelo a un concurso de misses, donde es habitual el transplante de vecindad, pero no se trata de eso únicamente. De hecho no tenía referencia personal sobre Fernández hasta que intenté ayudarle a pulir una metedura de pata que tuvo y su reacción fue malísima, supongo que por no reconocer el error, pero oiga, yo qué quiere que le haga si se ha equivocado. Encima de que intentas ayudar...

Para que no piensen que la cosa va de ideologías les voy a poner otro ejemplo de gente que sí se hace querer a pesar de estar en las antípodas políticas: Ruben Arroxo. Hasta me voy a comprometer a no volver a escribir, salvo esta vez, lo de “antes Arrojo”.

Rubén es un tipo francamente simpático y afable. Ayer me lo encontré repartiendo propaganda electoral y fue tan amable como siempre. El cachondeo que me traía con el apellido lo podría justificar haciéndome el bueno y diciendo que lo ponía para que lo identificara todo el mundo, ya que antes de modificarlo era persona conocida por sus éxitos deportivos y el cambio podría inducir a error, pero sería una falsedad porque sí, es cierto, lo ponía porque me resultaba llamativo el asunto.

Rubén Arroxo. Foto: El Progreso
Sin embargo qué quieren que les diga, lo hiciera por lo que lo hiciera es muy libre de ponerse el apellido que le apetezca y al menos ha tenido la decencia de hacerlo legalmente, de cambiarlo de verdad y no de cara a la galería. Fernández Bello es Fernández Bello en su DNI, en la papeleta y en cualquier documento legal, y lo de “Fernán Vello” es una especie de seudónimo chuli, y encima le parece mal que se lo recuerden, igual que le parece mal que le traigan a colación que está en el grupo parlamentario de Podemos. Nada que ver con la normal aceptación de los dos apelativos de la que hace gala el amigo Julio Giz / Xulio Xiz, ni con el compromiso con sus ideas de Rubén Arroxo.

No me gusta En Marea, lo reconozco. No es un tema de ideas porque tampoco estoy de acuerdo con el BNG pero los respeto bastante más. No es que tenga miedo a los de Luis Villares ni que piense que como las encuestas les dan bien (dentro del fracaso) me preocupe por lo que vayan a hacer, es que simplemente me caen mal. Me parecen un grupo capaz de pactar con Satanás por el consabido plato de lentejas, y su discurso hace aguas por todas partes, ya que van de nacionalistas pero todo cuanto nos dicen que harán en el Congreso queda supeditado a lo que mande su jefe de filas, Pablo Iglesias. Es lícito, por supuesto, pero me molesta la propaganda en sentido contrario igual que me rechina escuchar a Rita Barberá que se mantiene en la poltrona por respeto a los ciudadanos.

Si yo fuera nacionalista, que no lo soy, no podría apostar por una agrupación con ese corte. Me iría sin dudar al BNG, que tiene sus cosas como todos pero al menos es coherente, para bien y para mal. No me gusta su ideología, claro que no, pero sí su capacidad de seguir el rumbo que se han marcado y, ya que estamos, me enamoran sus candidatas cada vez que las oigo hablar. Tanto Olaia Rodil como Ana Pontón son personas que se hacen respetar porque hablan con la autoridad que da la convicción y con argumentos, estés o no estés de acuerdo con ellos. Así da gusto escuchar.

Desde luego no veo a Ana Pontón de secretaria de una comisión de cultura presidida por Marta Rivera (no me saquen la frase de quicio, hablo desde su punto de vista, no desde el mío). Antes deja el cargo.

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